Sobran bolsillos para la pitada desesperada que cada vez se termina, y es la única salvación de aquel momento de satisfacción.
Un encierro de la verdad, inconveniente.
De madres heridas, cuerpos ultrajados sin piedad, y con la gracia de lo absurdo (nos reímos). De iras, y un amor verdadero.
Una mala noche... Los barcos suben y bajan redes. La profundidad no esconde maldad, la empuja, en su abundancia, y la suerte negra tiene el amuleto de la muerte. Anima el demonio que ladra, y otra realidad iracunda resuena en un hallazgo macabro.
Desde aquel pasado de carrozas, princesas, amigos, amigas, vecinos y vecinas festejando en los barrios del mar cuando el carnaval florece de baile caliente, minifaldas peludas de una noche y sentimientos raros, encontrados.
Amores inesperados, amores esperados, en la brisa salada de los amantes, en el humo de un lugar perfecto.
Y caer, caer en la penumbra de la noche, caer como quien mira las estrellas en el mar, caer de amor, de tristeza, de ganado y perdido, de saber de lealtad, de amistad, e ingenuo. Y levantarse a la luz de la escena, de impermeable y goma, y pitar la seca apagada.
Sandrina Gallego.

Comentarios
Publicar un comentario