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miércoles, 19 de julio de 2017

La Religión de la Música y el Sacerdote de los Sonidos


Coltrane, o cuando el jazz es el ritmo de la vida. Hace 50 años atrás, un 17 de julio de 1967, se apagaba la existencia terrenal de John Coltrane... Para recordarlo, publicamos otra nota sobre su sagrada visión de la música, los sonidos y el alma. El lenguaje de John Coltrane pasaba por las vibraciones, su modo de expresión era la música. Por eso, su respuesta fueron aquellos seis minutos de belleza que registró bajo el nombre de “Alabama”. El nombre del tema era un mensaje directo al corazón de su pueblo: apenas un mes antes, el 15 de septiembre de 1963, una docena de cartuchos de dinamita habían estallado en el sótano de una iglesia en Birmingham, la ciudad más grande de Alabama; el corazón de un estado enfermo de racismo que reservaba para los negros el peor de los infiernos, el núcleo duro de un poderoso Klu Klux Klan que extendía sus brazos de sangre y terror gracias a la complicidad de la policía y al generoso financiamiento de la comunidad blanca local. La bomba mató a cuatro nenas de entre once y catorce años y dejó una veintena de heridos. Por ello, hablar de "A love supreme" es hablar no solamente de un disco, sino de toda una experiencia que va más allá de la música, que tiene un trasfondo espiritual sin el que resultaría imposible entender lo que sin duda es una de las obras cumbres del jazz.

"Una de las cosas más incomprensibles de Estados Unidos es el hecho de que, a pesar de su perfil despreciable, todavía exista aquí tanta belleza".
Amiri Baraka, al definir un concierto de John Coltrane


No había palabras para definir la barbarie. Pero tampoco el silencio parecía el refugio ideal para tanto dolor acumulado, para tanta bronca contra el blanco asesino, para tanta tristeza por aquella historia de pequeñas mártires. Coltrane lo sabía, por eso tomó su saxo y dibujó una melodía conmovedora. Un himno al dolor sin una sola palabra, un canto a la rebeldía sin una sola consigna. Apenas el sonido de un saxo que lacera el silencio, que sigue la cadencia de otra melodía, como si la acompañara en un ritual. Coltrane, como tantos otros, escuchó el discurso de Martin Luther King la tarde del funeral de las cuatro chiquitas. Escuchó sus palabras de dolor y su vibrante exposición, de frente a las familias de las víctimas, y usó su música para transmitir su mensaje y su religiosidad, como un sensible sacerdote de los sonidos.

"La música de Coltrane representó para muchos negros el fuego, la pasión, el odio, la ira, la rebeldía y el amor que ellos mismos sentían, sobre todo los jóvenes revolucionarios negros de la época. Él expresó mediante la música lo que Stokeley Carmichael, los Panteras Negras y Huey P. Newton decían con palabras, lo que Amiri Baraka decía con su poesía. Era el abanderado del jazz, entonces ya por delante de mí. Tocaba lo que ellos sentían en su interior y manifestaban en los disturbios, en ese burn, baby, burn! que en este país se repetía por todas partes durante los años sesenta. Para muchos jóvenes negros significaba la revolución: peinados afro, túnicas dashiki, Poder Negro, puños alzados al aire. Coltrane era su símbolo, su orgullo; su hermoso, negro y revolucionario orgullo".
Miles Davis

Coltrane, o "Trane", tenía una particular visión de la existencia y de todo lo que lo rodea, donde nada estaba desligado entre sí, con una concepción más parecida a la visión árabe o asiática, donde todo se relaciona con todo: el arte, la espiritualidad, la política, lo social, lo personal, la música, lo interno y lo externo formaba parte de un mismo todo, muy distinta a la concepción occidental donde todo está compartimentado: una cosa es lo psicológico que lo atiende el psicólogo, otra es la esperitualidad que lo atienden las religiones, otra es la política que para ello están los políticos, en una postura realmente esquizofrénico y transtornante: como si nuestra cabeza, nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro corazón sean departamentos separados con pocos puntos en común (por algo aumentan los trastornos mentales en los países occidentales).

Hay algo mágico en la música de Coltrane, en la que se fusionan un espíritu profundamente religioso, la búsqueda de sonidos nuevos y un enorme talento interpretativo. De la conjunción de estos tres elementos surgió una de las aventuras musicales más intensas y conmovedoras de la historia, cuya belleza trasciende el territorio del jazz.



El annus mirabilis del jazz tal vez haya sido 1959. Vieron la luz varios de los discos más extraordinarios del género. Allí están Time Out de Dave Brubeck; Ah Um de Charles Mingus; Kind of Blue de Miles Davis; y Giant Steps de John Coltrane. El saxofonista había sido parte del disco de Davis mientras grababa su primer gran LP, que se publicó en enero de 1960.
En rigor, el primer disco de Coltrane para Atlantic Records contó con otros nombres que también habían estado en las sesiones de Kind of Blue: el contrabajista Paul Chambers, el pianista Wynton Kelly, y el baterista Jimmy Cobb. Estos dos últimos sólo tocaron en el tema “Naima”. Tommy Flanagan en piano y Art Taylor en batería completaron el combo de uno de los álbumes más influyentes de Coltrane y fueron puntales de “Giant Steps”.
Ya desde el arranque, con el tema que da nombre al disco, Coltrane profundiza algunas líneas esbozadas en Blue Train con cambios de acordes a enorme velocidad, siempre sobre la base del piano y la batería. El saxofonista solía tocar casi sin ensayar y “Giant Steps” no fue la excepción. De allí que Flanagan tratara de improvisar sobre la línea del saxo, algo que trató de mejorar en las versiones posteriores que el pianista habría de grabar.
Para muchos, al menos para quien escribe, Giant Steps es una de las mejores puertas de entrada al mundo de Coltrane. O, en otras palabras, uno de los mejores discos para empezar a disfrutar el jazz. Los pasos del gigante siguen sonando, aun a casi seis décadas de su grabación.
Para 1960, Coltrane ya había formado su cuarteto. Junto a él estaban McCoy Tyner en piano, Elvin Jones en batería y Steve Davis en contrabajo. Este último instrumento sería el que traería más cambios en los años siguientes. Después de Davis estuvieron Art Davis,  Reginald Workman y Jimmy Garrison. La formación inicial es la de las sesiones de My Favourite Things.
No es tanto el tomar una canción de un musical de Broadway como materia para el disco, al punto de bautizar así al trabajo, como el uso de un saxo soprano lo que llamó la atención cuando se editó el álbum en marzo de 1961. El instrumento había sido un regalo de Miles Davis y la discografía de jazz apenas presentaba registros con ese tipo de saxofón. Coltrane se lanzó a experimentar y decidió tocar el saxo soprano en un disco que reunió cuatro covers: el tema del musical, “Summertime” y “But Not For Me” de Gershwin, y “Ev´ry Tme We Say Goodbye”, de Cole Porter.
En los 13 minutos de su lectura de “My Favourite Things”, Coltrane encontró en Tyner al socio ideal. El pianista acompaña con un ostinato los largos solos de saxo soprano.
El tema elegido para el debut discográfico de Coltrane en saxo soprano es del musical The Sound of Music, estrenado en 1959 con música de Richard Rodgers y letra de Oscar Hammerstein II. Casi al mismo tiempo, la versión cantada por una de las grandes voces de jazz también se grabó: fue la de Sarah Vaughan. Para 1965, millones de personas en todo el mundo conocerían la canción en la voz de Julie Andrews, cuando The Sound of Music llegó a las pantallas y aquí se la conoció como La Novicia Rebelde.



Jimmy Garrison ya era el contrabajista de Coltrane cuando el cuarteto, completado por Jones y Tyner, se abocó a la grabación de una de las obras más extraordinarias de la historia del jazz: el 9 de diciembre de 1964 grabaron para Impulse! A Love Supreme.
Todo el disco es una obra de arte, pero en el último tema, “Psalm”, se vuelve algo estremecedor. El acorde inicial en el piano de Tyner da paso a la percusión de Jones, y a partir de allí entra el saxo para completar la meditación esbozada desde el comienzo del LP, una suite que combina misticismo y espiritualismo en “el disco que para muchos fue el punto más elevado en la creación de Coltrane”, como apuntó el crítico alemán Joachim Berendt.
Coltrane describió como “narración musical” lo que se escucha en “Psalm”, tomando como base un poema que incluyó en la contratapa del disco. Lewis Porter llamó “recitado sin palabras” al saxo que trata de recrear (uno diría que lo logra) los versos. Según Coltrane, “Psalm” respeta la métrica de ese poema, con lo cual no se podría disociar la música de los versos.
El poema arranca así: “Voy a hacer todo lo posible para ser digno de Ti, oh Señor”, impregnando de religiosidad un disco que desde el comienzo está marcado por la búsqueda de la espiritualidad. Y termina con un “Amen”, que bien podría entroncar con el poderoso “Amen” con que concluye “Lacrimosa”, el pasaje del Réquiem que fue lo último que llegó a escribir Mozart.
Claro que Coltrane vivió dos años y medio más después de completar A Love Supreme, antes de morir prematuramente a los 40 años. Dejó más grabaciones después de su obra maestra. Ya se había ganado un lugar en la historia y la muerte prematura impidió que aumentara su legado musical, uno de los imprescindibles de la música popular en el siglo XX.


Alabama forma parte de la banda sonora armada por Spike Lee para contar la vida de Malcolm X. Las notas a “Live in Birdland”, el único en que Coltrane incluyó este tema fueron escrita por Leroi Jones, un gran poeta y un incisivo ensayista que formó parte de las Panteras Negras. Allí dice: “No me había dado cuenta hasta entonces cuán hermosa es la palabra Alabama. Esa es una de las funciones del arte: revelar la belleza ya sea la común o la no común de una forma poco común. Eso es lo que hace Trane.” Cuando se  le preguntó a Coltrane si el título aludía a los sucesos de la ciudad sureña donde una bomba puesta por un militante racista había matado a varios niños, respondió “representa musicalmente algo que vi allí afuera traducido a la música desde dentro de mí.” Si bien no fue un militante activo por los derechos civiles, Coltrane participó en ocho conciertos en apoyo a Martin Luther King, a quien le dedicó su álbum Cosmic music.. Son poco más de cinco minutos de una tristeza introspectiva pero arrasadora, que se abre con un solo de Coltrane mientras detrás golpean suavemente la batería de Elvin Jones y el canto del contrabajo de Jimmy Garrison.
“No sé lo que estoy buscando pero será algo que no haya tocado nadie antes. No sé lo que es, pero sé que sentiré eso cuando lo encuentre”. Esto declara Coltrane en la nota que acompaña al disco Crescent –grabado en 1966- del cual forma parte el bellísimo”Lonnie’s Lament” y que es una buena muestra de esa búsqueda que llevaría al paroxismo y la desesperación en sus últimas grabaciones. Aquí el  piano de McCoy Tyner adquiere un lúcido protagonismo hacia la mitad del tema antes de dejar paso a un  extenso solo del  bajo de Jimmy Garrison, mientras que el cierre queda a cargo del saxo tenor que eleva la melodía como si se tratara de una especie de plegaria extendida que llena de tristeza el final de la interpretación. Más adelante, Nat Hentoff, el autor del texto que acompaña el disco, hablaría de la preocupación de Coltrane por no saber qué sentían aquellos que lo escuchaban. Hay algo de búsqueda de respuesta en esta composición, de la que hay una versión extendida en Afroblue Impressions y que es la melodía elegida por la iglesia John Coltrane para abrir sus servicios.
Juan Pablo Csipka




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