Ir al contenido principal

Egberto Gismonti - No Caipira (1978)

Cada cual tiene su Gismonti preferido, para mí quizás sea el disco "Academia De Danças" o "Corações Futuristas", para muchos el top compositivo llegó con "Sol Do Meio Dia", y así siguiendo. Pero para muchos la joya de la corona es este "No Caipira" con que nos toca cerrar la semana; increíblemente variado, abarcando desde folk hasta jazz y donde vive tanto la música orquestal como la extraña fusión entre un space-funk con la vanguardia, con el Avant Garde, la música clásica y la música contemporánea, pero donde todo encaja perfecto y hasta con temas interconectados, siempre rico en arreglos, armonías y melodías. En nuestro espacio referido a la obra de Gismonti, dentro de nuestra saga de lo mejor de la música brazuca, este es un infaltable... dejate llevar por un viaje increíble de imágenes y sonidos a lugares que nunca has visitado pero te esperan dentro de este disco.
 
Artista: Egberto Gismonti
Álbum: No Caipira
Año: 1978
Género: Jazz Fusión / Latin Jazz
Duración: 50:39
Nacionalidad: Brasil



Una joya tremenda, pero no voy a hacer un comentario del disco, sólo diré que me parece genial y que por ninguna razón se lo deben perder, ecléctico, inclasificable, majestuoso, impresionante, me suena como un Astor Piazzolla brasilero.
Among Gismonti's best records, Nó Caipira is great, though one can't help but feel that it could be even greater.
A great variety of sounds and songs, from saudades to improvised parts, from chamber music to orchestrated parts, intense and challenging, not as coherent as infancia but nevertheless beautiful.

Después que termines de escuchar el disco completo, creo que compartirás conmigo que no hay muchos álbumes que fusionen cosas distintas tan hermosamente y creen algo realmente especialcomo este trabajo. Y puede que no sea el álbum más vendido de Egberto, pero musicalmente es algo increíble... y algo que no todos los músicos tienen la imaginación para hacer... y por ello seguramente para muchos es uno de los álbumes más especiales que han escuchado, a la par de ser amado profundamente, una especie de banda sonora para una película imaginaria, con multitud de fragmentos extraños que en teoría no deberían encajar en la pieza completa, añadiendo un toque muy diferente a cualquier idea que pudieras tener de la armonía. ¿Es jazz, es música clásica, es música brasilera? te preguntarás qué estás escuchando, porque seguro es experimentación y vanguardia pero por sobre todo es música emocional, muy especial, sentida, definida y diseñada para que la escuche el alma sin importar los conflictos que le pueda traer a la mente tratar de desentrañar sus fraseos y definirla como algo conocido por la conciencia y el intelecto, pero al que siempre el corazón le gana y simplemente disfruta y goza sin categoría alguna. Y su interpretación y ejecución es magnífica.Así que al terminar quizás no tengas muchas palabras para describir la obra, pero sí podrás recordar cómo te sentiste a través de tantas partes.

Y claro, el tipo es tan grande que todo comentario le queda chico, sobré se ha escrito, por ejemplo, lo siguiente:
He aquí un compositor que se desdobla en cada oportunidad para caminar por caminos diferentes, por senderos que le llevan siempre a otros lugares. Y, aunque enclavado en la gran tradición singular y colectiva de su país –pocos músicos mostraron tanto interés en abrazar sus raíces–, su formación musical y su larga y prolífica carrera lo han llevado a la universalidad. Hay pocos, en este continente, de la anchura y amplitud del brasileño Egberto Gismonti.
He aquí, además, uno de los más sencillos y aplomados seres humanos en esta tierra. Su música se basa en el placer de hacerla –por más compleja que esta sea– y jamás ha sido movido por los artificios de la potencial celebridad. Ha hecho mucha música seria, popular, orquestal, como solista, electrónica, para filmes, danzas y ballets, se introdujo en la amazonía para procurar de allí los sonidos de la selva primitiva, se introdujo en Viena para procurar los sonidos de Grieg y Ravel, tocó con los grandes del jazz y con los desconocidos de su pueblo, y sobre todo con su hijo, Alexandre, para algunos potencial merecedor de su estirpe. Todo y con todos tocó Gismonti.
He aquí un hombre al que las etiquetas no le caben. Tampoco los géneros que la industria musical ha catalogado. Por ejemplo, su álbum “Dança das cabeças”, junto con Nana Vasconcelos, fue premiado en Alemania como el mejor disco del año de 1976 en la categoría de música culta, en Inglaterra como el mejor disco folklórico, en Francia como mejor grabación de música contemporánea y en Estados Unidos ganó un premio como mejor álbum de jazz. “Y en Brasil nos premiaron –acota Gismonti– por las dudas”.
¿Cómo hacer, en estas palabras, justicia frente a una obra capital, prolífica –más de 60 álbumes editados, la mayoría para la prestigiada disquera alemana ECM–, y sobre todo una cuyo repertorio –el célebre repertorio gismontiano– indagó en los laberintos sonoros de su patria a partir de un reconocimiento de contrastes, logrando así una extraña síntesis donde cabían el aborigen junto al africano, el árabe junto al europeo, el pobre junto al rico, la etnia junto al mestizaje? Sólo se me ocurre dejando un poco las palabras a un lado y presentando este programa sobre su música.
El suyo es un país de mezclas. Allí se confunden europeos, africanos e indios brasileños. “Estamos tan mezclados, dice Gismonti, que se nos permite tener todas estas historias. Mientras tenemos la gran industria, hay todavía mucha pobreza. En estas ciudades la gente habla sobre la última tecnología… 100 metros más allá hay gente cuyo salario es de 150 dólares al mes”. País de contradicciones, pero país lleno de historia y arte. Un país lleno de música. Egberto Gismonti epitomiza una gran parte de esa dualidad: culto y popular, orquestal y solitario, occidental y originario, mínimo y barroco. En sus manos, sin embargo, ese aparente desdoblamiento, esa dicotomía intrínseca en su música, es perfectamente natural y, cuando uno escucha su música, está perfectamente integrada.
Egberto Gismonti ha sido un hueso duro de roer para la industria musical. Él no se acopló nunca a las exigencias de las disqueras, y por eso graba para dos sellos: ECM –la célebre disquera alemana de músicas de jazz contemporáneo– y la suya propia, Carmo. Con ECM graba “porque Manfred (Eicher – el dueño de la disquera) es mi amigo personal. De lo contrario solo haría discos en mi propio sello” dice. A pesar de eso, y dentro de los géneros de la música contemporánea, Gismonti es uno de los más accesibles creadores. Su música no suena difícil o intelectual –con alguna excepción– y por el contrario es consistentemente bella, conmovedora, apasionada.
Solo faltaría decir, hoy, que Egberto Gismonti es una referencia en toda América Latina. Es, me parece, uno de sus músicos más influyentes. No hay estudiante de guitarra que no aprenda sus piezas; no hay compositor serio que lo desconozca. Por todas partes se escucha su nombre, dentro del ambiente musical, y sus permanentes giras por todo el mundo son renombradas. A veces ejecuta su música en solitario, pero en su mayoría, arma grupos pequeños y grandes para ello.
Tan lejos tan cerca
 

Y cmo siempre, de ley tenés que escuchar algo de lo que estamos hablando...


Pero dejo algún comentario de terceros para completar mi impresión, y como siempre, algún video para el que esté distraído sepa de que va esto. Traduzcan ustedes si es que no entienden... y si hay alguno que se anime con un comentario propio, lo esperamos ansiosos para incluirlo en esta entrada.
“Saudações”, a faixa de abertura de Nó Caipira, soa como uma antecipação da Lei da Anistia, que vigoraria no ano seguinte ao lançamento desse disco: na bossa de Gismonti e Paulo César Pinheiro (uma das duas co-autorias do álbum – a segunda é “Canção da Espera” com Geraldo Carneiro), o primeiro, que a interpreta apenas com um violão, canta como se estivesse voltando de um exílio político: “Que prazer/Rever-te/Gozando paz, saúde, amor, felicidade/Ai que bom/Que tremenda saudade”. Mas a chave conceitual do disco se faz presente no momento em que Egberto diz: “E volto ao nosso lar”, onde ele faz questão de acentuar a sílaba “no”, antes de chegar no “s”, para dar a impressão de que ele dirá apenas “nó”, o que de fato ele concretiza no final da música, ao repetir somente “no”, sem pronunciar o resto da palavra.
Digo que “Saudações” é a chave conceitual deste álbum porque nela fica exposta a proposta estética de Nó Caipira: o “nó” estabelecido aqui, é o musical (ou musicais), que une Gismonti à sua terra. O músico havia passado uma temporada no exterior, onde gravara Dança das Cabeças (ao lado de Naná Vasconcelos) e Sol do Meio-dia, pela ECM e por isso o sentimento de regresso, como se ele fosse um exilado político (porém mais um exilado artístico que qualquer outra coisa). Enquanto nenhum dos LP’s citados negava as influências e o ecletismo de sua música, o primeiro trazia duas longas improvisações de violão e percussão, ao passo que o segundo tinha o lado B mais voltado para o jazz, com o domínio do saxofone de Jan Garbarek. Trabalhando com todos esses registros e mais alguns, Nó Caipira é como se fosse o disco definitivo de Gismonti (se fosse para escolher algum), pois funciona como um compêndio de sua obra e de sua estética. Nos seus primeiros álbuns, o instrumentista ainda compunha bossas e cantava – duas coisas que ele foi parando de fazer gradativamente. Mas aqui a bossa tem seu lugar com “Saudações”, na qual ele explicita a existência de um nó, ou seja, um laço sentimental e musical com sua cultura, que é expressamente caipira porque lida, em grande parte, com gêneros que estavam, e ainda estão, fora do circuito radiofônico predominante das grandes metrópoles brasileiras. É claro que tem a bossa, o jazz e a música erudita, estilos mais bem aceitos pelos centros urbanos, tanto brasileiros quanto europeus, mas o “caipira” do título não se refere apenas à volta de Egberto à sua cidade natal, Carmo – localizada no interior do estado do Rio de Janeiro –, mas sua significação estende-se também à esfera musical.
Se Nó Caipira é tão bem delineado no seu lado conceitual, na parte sonora, digamos assim, é ainda mais impressionante. É neste álbum que tomamos a dimensão do talento e da grandiosidade de Gismonti como músico. Não basta evocar o frevo, o maracatu e o nome de Heitor Villa-lobos para fazer música de qualidade: é preciso conhecimento e aprofundamento estético. Nesse sentido, Gismonti sempre foi um monstro, pois se há algo que o aproxima dos acadêmicos, é o fato dele ser um virtuose de marca maior, capaz de tocar e compor o que bem entende. Fora nessa virtuose que o músico se perdera em alguns discos anteriores e, especialmente, ulteriores. Mas se ele preza tanto a técnica, quem ouvir Nó Caipira se espantará ao perceber que, como poucos músicos no mundo, Egberto sabe usar muito bem dessa virtude para fazer peças de extrema musicalidade, que também experimentam, utilizando-se de inúmeros instrumentos e passagens mais “reflexivas”. Admira-se quem se depara com faixas mais rápidas e dinâmicas na instrumentação como o pot-pourri “Frevo” e depois ouve “Sertão Brasileiro” ou “Palácio de Pinturas”, duas composições eruditas – a segunda uma espécie de meio-termo entre Debussy e Ligeti; ou então, remetendo novamente ao princípio do disco, a sequência inseparável de “Saudações” e a suíte “Nó Caipira”. A primeira, uma bossa nova melancólica, mas otimista, e a segunda um forró-jazz-maracatu, com seguimentos de música indígena e experimental. A ligação que Gismonti faz entre as duas é no violão, através de um slide incessante entre as extremidades do braço do instrumento. Pois para conectar resgistros tão distintos é preciso criar um nó entre os mesmos, nem que este seja caracaterizado pela largura dimensional e tonal presente no braço do violão.
Nó Caipira é o paroxismo da genialidade de Egberto Gismonti. Além de ser o mais diverso estilisticamente, é o mais satisfatório no âmbito musical. Talvez se fosse mais conhecido, até por um público acadêmico, a música instrumental brasileira não estaria no estado decrépito que se encontra. Se ao menos todos aqueles que perseguem de forma obsessiva a perfeição técnica escutassem esse disco, perceberiam que a música está para muito além de questões práticas e materiais. Nó Caipira é uma obra-prima exatamente por isso: porque ultrapassa o lado puramente virtuose e atinge os pontos essenciais da existência humana: corpo, mente e espírito. (Thiago Filardi)
Desde o seu aparecimento no final da década de 60, Egberto Gismonti sempre revelou uma inclinação inegociável à experimentação e, num certo sentido, à criação de uma obra indiferente às distinções entre métodos e sonoridades da música erudita e popular. Como Hermeto Pascoal, Glauber Rocha, Flávio de Carvalho, Guimarães Rosa, João Gilberto, Oswald de Andrade, os irmãos Campos, entre outros grandes artistas brasileiros, Egberto construiu uma carreira que transitou com desenvoltura entre a sólida formação de cunho europeu e uma sensibilidade extraordinária para reinterpretar a cultura popular. Entre suas influências marcantes podemos contabilizar Villa-Lobos, a bossa nova e a música nordestina, três elementos que podem ser observados em boa parte de seus álbuns de estúdio, notadamente os dos anos setentas. Dentre os grandes discos deste período, Nó Caipira ocupa um lugar de destaque. Trata-se, sem exagero, de uma síntese perfeita das características mais marcantes de sua obra como um todo. Nó Caipira não é pós-bossanovista como o primeiro, nem possui o sotaque zappeano de Sonho 70; não contém as inclinações barrocas de Orfeo Novo, nem a aproximação evidente com a música de Hermeto Pascoal de Carmo, muito menos a ousadia de Corações Futuristas. Mas, sem querer forçar a barra, Nó Caipira sintetiza de forma equilibrada um pouco de todos esses elementos. E, assim, talvez configure não somente a porta de entrada mais adequada, como também a summa de sua obra.
Se não, vejamos: o disco abre com uma “Saudações”, parceria de Gismonti com o grande poeta que é Paulo Cesar Pinheiro, e somos pegos de surpresa por um cantor limitado, mas extremamente perspicaz, que sabe articular as palavras de forma límpida e precisa, à moda de João Gilberto. A canção mal acaba e seu violão dá tilt: violentos glissandos se sucedem, juntamente com uma batida que parece ser executada sobre o casco do instrumento. “Nó Caipira”, um xaxado forte e cheio de camadas percussivas se inicia e não deixa pedra sobre pedra. Arrisco-me a dizer que poucos discos de música brasileira se iniciam de forma tão exuberante quanto Nó Caipira. O disco prossegue com duas vinhetas, “Noca” e “Pira” (atenção aos pizzicatos…), experimentos que lembram a simplicidade profunda da música de Moondog e, ao mesmo tempo, as pequenas composições de Tom Zé e do disco Jóia, de Caetano Veloso. A bela “Palácio de Pinturas”, talvez a primeira peça do álbum com ares francamente eruditos, manifesta uma forte influência da música de Debussy. Aqui, os ouvintes que admiram o trabalho de Gismonti já estão entregues ao romantismo radical, a uma força de composição e interpretação que suplanta os eventuais desvios ocasionados pelo excesso de virtuosismo instrumental.
Então vem o que parece ser a sequência mais impressionante do álbum: “Maracatu”, “Esquenta Muié” e “Frevo Rasgado”, três faixas onde o diálogo entre popular e erudito alça um patamar talvez único na musica brasileira. Gismonti obtém aqui uma sonoridade ímpar, que não se reduz à tradição instrumental brasileira, nem a nenhuma outra tradição: é achado, novidade mesmo. Sobre a matéria bruta das audições e pesquisas, do maracatu, do frevo, do xaxado, ele cria texturas e dinâmicas, miríades instrumentais repletas de viço e precisão, mas que manifestam também uma certa desmesura. Noto o trabalho do baterista José Eduardo Nazário, que construiu uma linguagem percussiva apropriada para as constantes variações rítmicas propostas por Gismonti, sintetizando ritmos nordestinos, jazz e tudo mais que viesse pela frente. “Sertão brasileiro”, situada no universo erudito de Villa-Lobos, conduz o álbum para seu fim, com a dobradinha “Selva Amazônica (para Villa-Lobos)” e a vinheta “Uana Lua”, ambas afinadas com todas as melhores características de Nó Caipira: aporte erudito em timbragem e pegada populares.
Como no início, Nó caipira encerra com uma canção, a “Canção da Espera”, de Geraldo Carneiro e Gismonti, entoada pela voz misteriosa de Zezé Motta. Se a canção introdutória conferia um ar solar, diurno e familiar ao início do disco, a “Canção da Espera” faz supor que, após todas as facetas musicais apresentadas, todas as libações executadas, resta somente o silêncio libidinoso da noite derramando-se sobre o ouvinte… Nó Caipira é assim mesmo, derramado e exagerado, “demasiado romântico”, como a saudação inicial… E isto, supõe-se, porque, como diz o autor, “ninguém é de ferro”… (Bernardo Oliveira)
Talvez a primeira dificuldade a ultrapassar ouvindo Nó Caipira seja esse desejo de totalidade, de encompassar toda uma experiência de música brasileira e não só brasileira. Não que exista algo criticável nesse desejo: é algo mais devido às flutuações do “espírito do tempo”, de como naquele momento – anos 70 – havia um esforço de alto modernismo em sintetizar as experiências de todas as áreas e hoje, ao contrário, esse tipo de preocupação pareça não estar mais no horizonte, seja porque a diversificação atingiu níveis já insintetizáveis (talvez), seja porque a música (ao menos uma grande parte dela) a partir dos anos 80 seguiu rumo a uma carnalidade oposta às aspirações de totalização. Certo, em Nó Caipira, Gismonti carrega consigo todas as suas influências abertamente, num jogo de identificações e referências que pode facilmente (talvez até faclimente demais) ser visto como excessivamente erudito, intelectual, cabeçudo. Isso, evidentemente, está lá. No entanto, esse aspecto não deve ocultar um outro, e talvez mais exuberante, que compõe igualmente a verve do músico: sua sensorialidade, sua lancinante subjetividade, seu indefectível romantismo impressionista.
A característica mais marcante de Nó Caipira, para além da diversidade de ritmos e registros elencados faixa a faixa e por vezes dentro da mesma faixa, é uma sensação de sobrevôo, de viagem por uma geografia sonora (que não pode tão facilmente ser identificada pelos limites e fronteiras nacionais e/ou regionais), em que o decisivo é o olho do viajante. O exuberante do disco é esse olhar em forma de prisma, o onirismo provocado pelo olho que observa e imagina, e que imagina na progressão. Talvez a metáfora do trem, via Villa-Lobos, seja por demais óbvia, mas é também inescapável. A própria característica das suites, e em Nó Caipira há duas, já supõe essa estrutura de uma paisagem que se altera à medida que o tempo passa e nosso trem/avião musical se desloca. Ele passa por “sons da natureza” evocando mata, evocando índios, passa por orquestrações de cordas impressionistas, passa por regionalismos hermetianos, por tours de force prog/jazz-rock zappeanos, pela doçura frenética dos pífanos, mas o essencial é aquilo que dá liga a todas essas manifestações: a sensibilidade de Gismonti em atingir o simples, o singelo, a partir do rebuscado.
O risco maior de um projeto como Nó Caipira era o de seguir uma determinada ideologia muito forte na primeira metade do século que via na música erudita uma forma de “purificar” a música folclórica, incorporando-a e “aperfeiçoando” suas feições, ou seja, traduzindo-a em repertório “culto” (ou seja, já considerando o “folclórico” como algo potente mas menor, a ser lapidado para atingir o patamar de grande arte). Mas aqui a partilha não se dá dessa forma. Não é só questão de estar tudo em pé de igualdade, de não haver hierarquias – não há, mas isso não é o fundamental. É, mais propriamente, que Egberto Gismonti se entrega inteiro a interpretar sentimentalmente seus amores, criando um caleidoscópio que só adquire consistência e fluidez pela paixão quase devota, quase inocente, em percorrer paisagens sonoras e incorporá-las emotivamente ao caldo de sua inspiração.
Ruy Gardnier


Gismonti captura la complejidad del alma brasileña, a veces de forma primitiva, a veces sofisticada, y la proyecta con una visión muy personal dónde están presentes sus muchos años de formación clásica, y dónde el papel del jazz juega un rol fundamental.
En 1974 acepta una invitación para dar un concierto en Berlin para el que invita a Hermeto Pascoal y Naná Vasconcelos. Durante este viaje conoce al presidente de ECM, Manfred Eicher, quien le invitaría en el 75 para grabar con ellos.
Desconociendo la importancia que a la larga íba a tener este sello, va posponiendo el proyecto hasta finales del 76, cuando acepta pensando que va a grabar con su grupo "all-stars" compuesto por Robertinho Silva en la percusión, Luis Alves en el bajo y Nivaldo Ornelas en el saxo y la flauta.
Pero la altísima tasa de salida de Brasil que el gobierno de la dictadura militar había impuesto de 7.000 dólares, hace que se decida a emprender el proyecto él sólo.
La casualidad quiso que encontrara al genial percusionista Naná Vasconcelos durante un viaje por Noruega, al que contó el proyecto y quien aceptó sin demasiado entusiasmo. El resultado fue su aún hoy muy repurado disco Dança das Cabeças, aunque inicialmente provocó todo tipo de controversias y desubicaciones, debido a lo inclasificable de su música.
En Inglaterra fue galardonado como mejor disco pop. En Estados Unidos como mejor disco de música de folklore extranjero. En Alemania, como gran obra de música clásica.
Dança das Cabeças cambió la vida de ambos. A partir de entonces Naná era requerido desde cualquier lugar del mundo para grabaciones y conciertos. Egberto, sin embargo, volvió a Brasil y se dedicó a investigar en la música de la Amazonia, cosa que ya había hecho en profundidad Vasconcelos con anterioridad a él. Su interés por la música de los indios le llevó a pasar periodos en la selva viviendo en tribus.
Dos años después grabaría también en ECM Sol do Meio-Dia junto al saxofonista Jan Garbarek, al percusionista Colin Walcott, y al guitarrista Ralph Towner, con amplia aceptación internacional. De su siguiente disco, Solo, grabado al año siguiente, sólo en EE.UU. se venderían más de 100.000 copias.
19 trastes


Un disco hermoso. Sin duda uno de los grandes discos de Gismonti, y eso es mucho decir. Disfruten todos ustedes... bueno, yo también... Y de yapa les dejo el video que está ahí debajo, que les recomiendo empecinadamente que lo vean. Me lo van a agradecer.


 
 
 
 
Lista de Temas:
1. Saudações
2. Nó Caipira
3. Palácio De Pinturas
4. Maracatu
5. Frevo
6. Sertão Brasileiro
7. Selva Amazônica
8. Canção Da Espera

Alineación:
- Egberto Gismonti / cavaquinho, viola, acoustic guitar, kalimba, pios, piano, pífano, voice
- Zé Eduardo Nazário / drums, tabla, percussion, voice
- Robertinho Silva / woody blocks, talking drum, xequerê
- Mauro Senise / C flute, G flute, flautim, flute, pífano,alto & soprano sax
- Celso Woltzenlongel / flute
- José Cardoso Botelho / clarinete
- Netinho / clarinete
- Zeca Assumpção / contrabass
- Edson Lobo / contrabass
- Sandrino Santoro / contrabass
 

Comentarios

  1. Tremendo !!!
    No Caipira debe ser uno de los discos donde se manifiesta de una manera más explícita la influencia de Heitor Villa-Lobos en la música de Egberto...
    Ademas, a mi juicio la versión orquestal de Palácio de Pinturas presente en este disco debe ser una de las cosas más hermosas que he oído en mi vida.
    El amor que Egberto tiene por la música se plasma en cada una de sus obras y shows, por lo mismo lo único que sienten mis oídos es una gratitud enorme por un artista tan honesto e iconoclasta como él...

    ResponderEliminar
  2. Quien canta Canción de espera y Saudades gracias!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saudades la canta Joao Gilberto y en la viola Nelson Cavaquinho

      Eliminar

Publicar un comentario

Lo más visto de la semana pasada

Los 100 Mejores Álbumes del Rock Argentino según Rolling Stone

Quizás hay que aclararlo de entrada: la siguiente lista no está armada por nosotros, y la idea de presentarla aquí no es porque se propone como una demostración objetiva de cuales obras tenemos o no que tener en cuenta, ya que en ella faltan (y desde mi perspectiva, también sobran) muchas obras indispensables del rock argento, aunque quizás no tan masificadas. Pero sí tenemos algunos discos indispensables del rock argentino que nadie interesado en la materia debería dejar de tener en cuenta. Y ojo que en el blog cabezón no tratamos de crear un ranking de los "mejores" ni los más "exitosos" ya que nos importa un carajo el éxito y lo "mejor" es solamente subjetivo, pero sobretodo nos espanta el concepto de tratar de imponer una opinión, un solo punto de vista y un sola manera de ver las cosas. Todo comenzó allá por mediados de los años 60, cuando Litto Nebbia y Tanguito escribieron la primera canción, Moris grabó el primer disco, Almendra fue el primer ...

Don Cornelio y la Zona - Don Cornelio y la Zona (1987)

"Hola, les saludo desde Ecuador, he seguido la página desde hace unos años y han sido un gran soporte emocional en mi vida gracias a la música que me han compartido. Quería preguntarles si pueden revivir este álbum que descubrí hace poco". ¿Y cómo negarnos ante ese comentario?. Como homenaje al recientemente desaparecido Palo Pandolfo (uno de los cantautores más destacados de la música argentina en las últimas tres décadas), reflotamos un discos que Artie había publicado hace ya mucho tiempo. Acá está, entonces, el disco homónimo de Don Cornelio, muy pedido por varios, como recuerdo de ese referente del rock argento que fue el poeta del rock "Palo" Pandolfo, con su combinación de lirismo y violencia reconocible en su rock, algunos dicen que fue heredero artístico de Pescado Rabioso , y desde hace 35 años que vino siendo bastante más que el flaquito que vino a poner oscuridad en el pop alfonsinista. Artista: Don Cornelio y la Zona Álbum: Don Cornelio y la Zona ...

Asceta - The Fool Leading The Blind (2026)

Comenzamos la semana a todo RIO chileno de la mejor calidad que no solamente uno puede pedir, sino además que uno puede imaginarse. Por ello vamos a presentar el tercer y último disco de la banda liderada por el guitarrista y compositor Rodrigo Maccioni, probablemente su obra más imponente, desafiante y madura dentro de las corrientes del Rock in Opposition (RIO) y el avant-prog sudamericano, y otro de los mejores discos de este año 2026 según los muchachos de Progarchives. Manteniendo esa esencia sofisticada que los caracteriza, este trabajo se siente notablemente más enérgico y eléctrico que sus antecesores, dos excelentes trabajos que ya hemos presentado en el blog cabeza. La banda pisa con más fuerza en los terrenos del rock instrumental de vanguardia, sin perder jamás esa textura de música de cámara contemporánea. El disco es un prodigio de ingeniería compositiva. La paleta sonora es desbordante: conviven clarinetes, violas, chelos, fagot, corno inglés, piano eléctrico y una...

Singlelito - In Absence of Velocity (2026)

Comenzamos otra semana musical en el blog cabeza. Y como es nuestra costumbre, lo hacemos presentando un gran disco, y este es uno de los mejores de este año 2026, y viene desde Colombia; se trata del joven y prodigioso proyecto unipersonal del músico multiinstrumentista colombiano Juan José Pinto Abadía, donde podemos presenciar la salud musical de fierro y la inventiva desbordante del progresivo actual más vanguardista. Con "In Absence of Velocity", el proyecto eleva la apuesta tras sus aclamados trabajos anteriores, consolidándose como una de las mentes más lúcidas de la neo-vanguardia sudamericana, y que se transforma automáticamente en otro de nuestros desconocidos pero muy recomendados. La música de Singlelito opera como una coctelera efervescente donde conviven los quiebres rítmicos al estilo de Hatfield and the North o National Health, toques de jazz fusión de vanguardia, texturas zeuhl y una urgencia visceral con dejos post-punk que le imprimen un carácter absoluta...

David Gilmour - Rattle That Lock (2015)

Artista: David Gilmour Álbum: Rattle That Lock Año: 2015 Género: Rock, Blues, Jazz Duración: 51:17 Nacionalidad: Inglaterra Lista de Temas: 1. 5 A.M. 2. Rattle That Lock 3. Faces Of Stone 4. A Boat Lies Waiting 5. Dancing Right In Front Of Me 6. In Any Tongue 7. Beauty 8. The Girl In Yellow Dress 9. Today 10. And Then ... Alineación: - David Gilmour / electric & acoustic guitars, bass, percussion, piano, Hammond organ, electric piano, saxophone, vocals, cumbus, bass harmonica - Guy Pratt / bass - Phil Manzanera / piano, keyboards - Polly Samson / piano, vocals - Steve DiStanislao / drums - Mica Paris / vocals - Louise Marshall and The Liberty Choir / vocals

Músicos argentos - Odisea Tango XXII: el grito de rebeldía del post-tango joven desde el conurbano sur

Odisea Tango XXII es una agrupación nacida en lo profundo del conurbano sur, integrada por jóvenes de entre 16 y 25 años que exploran distintas músicas urbanas —como el tango, la milonga y el candombe— rompiendo sus formas y reglas establecidas e incorporando lenguajes provenientes del jazz y del rock progresivo. Así, el grupo imagina, deforma y reinventa un subgénero autodefinido como post-tango : una búsqueda estética a contracorriente de la mercantilización de la música y del vaciamiento cultural promovido por las redes. En palabras de la propia banda: “A contracorriente de la mierdificación en el comercio de la música, así como del vaciamiento cultural producido por las redes insociales ( post and go ), vamos en pos de algo nuevo, disruptivo, arriesgado. Con mi generación comienza la odisea del tango hacia el siglo XXII. Con algo más que suerte, hacia allá vamos y buscamos llevar con nosotros nueva música de Buenos Aires, con el lema de gustar y ofender”. Esta es otra de las muy ...

"Spectrum", por Radiøsender Brøken

Dentro del Ciclo de Jazz Fusión, "Spectrum", que se emite lunes y martes por Radiøsender Brøken desde las 22:00 hasta las 00:00 hs, a partir del próximo martes, todos los martes, a las 23:00 hs van a poder escuchar "A Foogy Night: Música en los Bordes". Los esperamos! Hola, queria dejar algunas palabras acerca de los bordes neblinosos. Track one. El jazz posee obras canónicas y vacas sagradas, intocables... en general con méritos de sobra para serlo.  Pero... pero... muchas reverencias surgen de la crítica musical, y van y vienen, según pasan los años... y quedan en brumosos alrededores, artistas y obras poco transitadas... no voy a dar ejemplos para no polemizar. Track two. Este pequeño espacio va a dar lugar a santos y a pecadores. Y ademas, a esos discos hermosos opacados por "la obra maestra" . Y como reparación al despropósito de "desguazar" un disco (que se proclame "conceptual" o no, lo es de hecho) aspiro a que cada program...

Viajero Inmóvil con nuevo canal de Youtube

Tenemos el placer de anunciar nuestro nuevo canal de Youtube, dedicado al Espacio Viajero Inmóvil, en el cual puede apreciar los shows de los artistas que visitaron nuestro humilde escenario. El Espacio Viajero Inmóvil es un exclusivo refugio privado diseñado para albergar encuentros musicales de música progresiva y eventos culturales de primer nivel. En cada velada, se convoca a un público selecto a disfrutar de experiencias sonoras en un entorno único. Con una cartelera rigurosamente curada y conciertos mensuales de altísima factura, este rincón tan acogedor se convierte en el escenario perfecto para celebrar la amistad, el reencuentro y la memoria. Los invitamos a compartir videos de nuestras noches mágicas... Podrán suscribirse y disfrutar de la música que disfrutamos en nuestro "Depósito de Arte, Musica y Recuerdos". https://www.youtube.com/@ESPACIOVIAJEROINM%C3%93VIL

Yes - Symphonic Live (2009)

#Videosparaelencierro. Gracias a Horacio Manrique acá está no sólo el sonido de una obra monumental, única, sino el video completo, uno de los grandes hitos de Yes que quizás muchos desconocen. Como dice el Mago Alberto en su comentario: esta obra pasa a ser trascendental simplemente por su contexto, por su coyuntura, este proyecto resiste cualquier crítica, este trabajo va más allá de cualquier análisis. Para el seguidor de Yes esto no es ninguna novedad, para el desprevenido y el colgado esto les va a caer de maravilla. Una de las mayores obras creadas por esos magos del rock sinfónico que se dieron a llamar Yes, grabadas a fuego en el blog cabezón... y de ahora en más también en tu cabeza. Artista: Yes Álbum: Symphonic Live Año: 2009 Género: Rock sinfónico de aquellos Duración: 194:00 Nacionalidad: Inglaterra Desde unos días antes de la partida de Chris Squire (y por ende de su propio proyecto personal: Yes ) habíamos estado publicando las sendas obras de Yes ; y n...

Los Grillos - Vibraciones Latinoamericanas (1976)

Nuestro amigo Julio Moya sigue con su tarea de palentólogo del rock latinoamericano y ahora nos presenta la historia de Los Grillos, y resumiendo les diría que si Jethro Tull hubiera sido andino, probablemente hubiese grabado este disco, ya que encontrarás flautas similares a Ian Anderson, junto con instrumentos de viento autóctonos. Un disco con 8 temas con una duración total que no alcanza la media hora. De alguna manera puede trazarse un paralelismo con Los Jaivas de Chile, pero se debe tener en cuenta que la raíz folclórica es diferente y con un sonido propio de altiplano. Aquí, uno de los discos más importantes de la historia del rock en Bolivia, y una de las mayores joyas del rock boliviano, expresión del folk rock temprano donde Los Grillos fundadon el sonido del Neo Folclore Andino, incursionando en el Moog a modo de "sintetizador andino". Si disfrutaste de "Alturas de Macchu Picchu" de Los Jaivas, o los bolivianos Wara o los argentinos Contraluz, descubrirá...

Ideario del arte y política cabezona

Ideario del arte y política cabezona


"La desobediencia civil es el derecho imprescriptible de todo ciudadano. No puede renunciar a ella sin dejar de ser un hombre".

Gandhi, Tous les hommes sont frères, Gallimard, 1969, p. 235.