La mediorientización de América Latina: Trump nos dijo que la tiene mas larga y hace lo que se le canta, mientras yankylandia se alza como la mayor amenaza al orden global movido por la codicia. El derecho internacional no murió, fue asesinado, y el arma fue la necesidad de reproducir el capital en un planeta donde cada espacio ya ha sido mercantilizado. El derecho internacional ya no existe y nunca se ha restaurado de forma pacífica. Nunca se trató de Maduro, ni de dictaduras ni de libertades. Siempre fue sobre petróleo, recursos naturales estratégicos y control de la potencia dominante. Imperialismo se llama. Los golpes de Estado siempre se dieron en nombre de la democracia. Las tiranías siempre llegaron en nombre de la libertad. Y el imperialismo nunca se reconoció explícitamente como tal. Cualquiera que haya leído alguna vez unas páginas de un libro de historia lo sabe, pero siempre hay boludos que caen en la trampa. Venezuela no ha sido liberada; sólo ha cambiado de amo.
Acaba de pasar y, sin embargo, ya lo hemos visto. Una vez más, los EEUU tratan un país cuyo gobierno detestan, en este caso Venezuela, como su patio trasero. Se permiten raptar al presidente y juzgarlo por una, bastante ridícula, acusación: dirigir un entramado de narcotráfico que, supuestamente, está detrás del incremento en el consumo de drogas entre su juventud, a pesar de que Venezuela no produce ese fentanilo que inquieta a la sociedad norteamericana. Algo tremendamente parecido sucedió en 1990, pero la memoria parece habernos abandonado. La memoria y la racionalidad.
El país que no firmó el Estatuto de Roma ni reconoce a la Corte Internacional de Justicia ni al Tribunal Penal Internacional tiene su propia corte mundial para juzgar presuntos delitos cometidos en otros países. En Estados Unidos, la tierra de la libertad, los jueces aceptan que los acusados sean llevados a su presencia secuestrados en el marco de una operación militar en el territorio de otro país. Como no confiar en ellos para emitir bonos de deuda regidos por su ley? Mientras nosotros discutimos si el fascismo es fascismo, el fascismo hace cosas de fascistas sin esperar los resultados del debate. Puede ser crear una policía secreta o bombardear países, lo mismo da. Saquen captura de pantalla ahora de todos los mulos de la embajada, que están apareciendo para justificar la invasión yanqui a Venezuela. Guarden para cuando después finjan demencia, hablen de democracia, república y derechos humanos, o nos alerten del peligro chino. La piratería que creímos enterrada no solo ha regresado, pero ha vuelto con bombarderos, fuerzas especiales y discursos moralizantes, pero con un objetivo que no difiere en esencia del de los viejos piratas: la apropiación de riqueza ajena bajo la máscara de una misión noble.
Se puede estar a favor o en contra del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, pero nadie puede negar que el pasado sábado por la madrugada yankylandia volvió a cruzar un límite que no volvía volver a ocurrir. Que nadie se haga el tonto, la intervención yanky no resolverá los problemas del pueblo venezolano. Los intereses de "pija larga" Trump no están en la gente, y nunca lo han estado. Su forma de actuar en Gaza, defendiendo el genocidio perpetrado por Israel, así lo demuestra ¿Se acuerdan cuando deportaba venezolanos en Miami esposados como criminales?. "Pija larga" Trump amenaza como el matón del colegio: su único argumento es la fuerza y sus únicas razones el beneficio de las élites económicas. Más preocupante aun que las políticas asesinas de Trump, son las voces que las jalean aquí y allí. Resulta vergonzante asistir al desfile de palmeros (políticos, empresarios u opinadores varios) que en nombre de una inexistente libertad animan a continuar defendiendo un sistema que está dando sus últimos coletazos y que lo hace dejando un terrible rastro de dolor y sufrimiento en las poblaciones.
Trump ha cambiado las reglas: Vienen tiempos difíciles
Trump ha cambiado las reglas. Hasta ahora EEUU venía consiguiendo sus objetivos en países no sometidos a sus designios mediante presión, bloqueo económico, revoluciones de colores, promoción de golpes de estado (véase el que le hicieron a Hugo Chávez) o apoyo a grupos opositores (incluido el bélico en caso de que la oposición fuera armada, caso de Libia, Kosovo, Siria...). Habitualmente esgrimiendo supuestos motivos de índole humanitaria; restauración de la democracia, los derechos humanos, etc.
Ahora, en cambio, han desempolvado el recurso militar directo, la pura ley del más fuerte, triturando cualquier asomo de sometimiento a legalidad internacional ninguna.
El cambio que está anulando las convenciones que regían desde el final de la Segunda Guerra Mundial, podría decirse, comenzó cuando, tras la llegada de Donald al poder, se intensificó el genocidio en Gaza ante el silencio cómplice de la gran mayoría de los países de lo que llaman "comunidad internacional".
Rusia y China, en principio, parecen estar fuera del alcance de esa amenaza. No así el resto de países con gobiernos no sometidos a Estados Unidos como, por ejemplo, Irán, Brasil, México, Colombia, Cuba... Estos tres últimos ya han sido amenazados por Trump. Hay que recordar también la amenaza del presidente norteamericano de hacerse con el control territorial de Groenlandia y el Canal de Panamá
La disyuntiva de todos estos estados amenazados por la bota militar norteamericana transcurrirá entre presentar algún tipo de resistencia o someterse al poder yanki, caso de los países de América o la Dinamarca (miembro fundador de la OTAN, para más inri) que ejerce la soberanía de Groenlandia, ya que sus recursos bélicos no les alcanzan para poder defenderse del ejército de Donald.
La otra opción es armarse hasta los dientes, si puede ser con armas nucleares, caso de Irán, porque ni Rusia, emboscada en la guerra de Ucrania, parece poder defender militarmente a nadie de las agresiones estadounidenses, ni China tampoco, además de que su agenda hasta ahora ha venido pasando por mantener un perfil bajo en este tipo de conflictos mientras se centra en su expansión económica. De la ONU, maniatada por los poderes cruzados de veto, o los países de la Unión Europea, incapaces, a su vez, y no deseosos de enfrentarse al que hasta ahora venía siendo (veremos qué ocurre a medio plazo) su gran aliado transatlántico, tampoco cabe esperar nada.
Creo que este acto de conquista bélica de un gran país soberano (junto con el genocidio de Gaza) marca un antes y un después. Se nos vienen tiempos muy convulsos y muy bélicos: démonos cuenta de cuánta gente aplaude y defiende en nuestro mundo estas locuras militaristas, y qué poca conciencia tienen esas personas de cuáles son sus riesgos potenciales para todos. Sin olvidar, además, el freno que estas iniciativas belicistas y la apuesta de EEUU por el mercado del petróleo están suponiendo a las políticas que trataban de aminorar el cambio climático inducido por causas humanas.
Como decía un conocido hablando de otro tipo de temas, se nos avecina un descenso a los infiernos. La arquitectura internacional (y las diversas nacionales) construida por los poderes occidentales desde hace décadas se desmorona. El mundo que conocemos y en el que hemos vivido parece que va a experimentar cambios importantes a peor. Veremos qué tipo de infierno es, cuánto dura y si después habrá o no algún tipo de catarsis. En este proceso que ya está aquí, las y los antimilitaristas, y cualquier persona que tenga un mínimo anhelo de Paz, de Justicia y de Dignidad, tenemos mucho que aportar y hay que empezar a hacerlo desde ya.







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