La imagen de apertura ilustra esta excelente nota de Pablo Tigani en La Política Online, que es la mejor lectura que hemos visto del discurso del presidente en el Congreso para la apertura del período ordinario de sesiones, y que recomendamos. Allí está explicado con mucha claridad el papel que desempeña Milei en la ópera bufa en la que se ha convertido la política nacional, y la finalidad que en ese contexto tiene su permanente diatriba contra la oposición. Como dice Tigani y por irracional que parezca, hay una racionalidad y una estrategia en lo que hizo Milei el domingo, que es lo mismo que hace desde que apareció en política: arrastrar marcas (y votos de incautos) para desviar la atención hacia los ribetes bufonescos de su gestión, y distraer de lo esencial, que es plan político, económico y social que está ejecutando.
Que haya aceptado (y lo disfrute) el rol que le toca desempeñar dice mucho de él, pero más de los que lo instrumentan: la decrepitud intelectual y la estrechez de miras de nuestra élite económico la ha condenado (y con ella a todos nosotros) a ensayar estrategias electorales encarnadas en figuras cada vez más limitadas y grotescas, que solo pueden tener éxito en el actual panorama de chatura cultural y deterioro cognitivo de buena parte de la población; pero los escasos quilates del personaje en cuestión (antes Macri, ahora Milei) hacen que a la larga o a la corta se le terminen viendo las patas a la sota.
Si en ese marco el presidente de la nación queda degradado al rol que alguien definió alguna vez como un "puesto menor" no es casualidad sino consecuencia: se trata de reducir a la política, al voto ciudadano y a las instituciones de la democracia a su mínima expresión, en todo sentido: simbólico, material y en consecuencia en su capacidad de arbitrar y poner límites al despliegue del capitalismo desenfrenado en todas sus fracciones. En ese contexto, no suena descabellado que a 50 años del último golpe militar, el gobierno coquetee con la idea de indultar a los genocidas condenados: se trataría simplemente de darles la misma impunidad que aun hoy siguen teniendo sus mandantes civiles, beneficiarios económicos de la masacre.
Algunos despistados -que aun siguen mirando el dedo cuando le señalan la luna- se quedaron esperando el domingo más anuncios a futuro de Milei, o un festejo más amplio por las reformas que ya logró imponer, y no son pocas. Acaso en el único rasgo de astucia por encima de su ego adolescente desbordado, el presidente optó por el silencio: ya habrá tiempo para instalar mediáticamente nuevas trapisondas, y en torno a la reforma laboral y otras lindezas ya estaba el gato en la bolsa y no era cuestión de que alguno se avive de que le faltaba. De todos modos, cuando el próximo esperpento legislativo diseñado por el poder económico y vehiculizado por Milei vea la luz, no olvidemos que nació en el mismo momento en el que el presidente nos avergonzaba a todos en cadena nacional, desde el Congreso de la nación.
Porque conviene recordar que en los días previos y casi concomitantes a su discurso en el Congreso el gobierno logró aprobar una reforma laboral que retrotrae las cosas en el mundo del trabajo a 1910 o incluso antes, en la que los que verdaderamente redactaron el proyecto (que no son ni de cerca Sturzenegger o algún otro funcionario del gobierno) se hicieron tiempo para colar una rebaja del impuesto a los yates y autos de lujo, mientras a miles de monotributistas les llegaban recategorizaciones de oficio; y les armaron un negocio a medida a los banco con el fondo de las indemnizaciones, creado restándole recursos a las jubilaciones para subsidiarles a los empresarios los despidos más baratos; y para fondearle a Caputo los pagos de deuda.
Y dieron media sanción a una ley de desprotección de los glaciares a pedido de un puñado de mineras que sobran los dedos de una mano para contar y a las que se acaba de sumar Elsztain, el financista de Milei (con la anuencia de caciquejos provinciales incapaces de cobrarles siquiera regalías razonables), y Galperín intentó colar para su bolsillo el negocio del manejo de las cuentas sueldo, sobre lo que seguramente insistirá hasta conseguirlo; porque donde hay una necesidad (de acumular), nace un negocio. Horas antes del discurso de Milei en el Congreso, se publicó el decreto que amplía el RIGI a pedido -sobre todo- de las petroleras que operan en Vaca Muerta y que no lo necesitan para invertir, sino para reducir sus costos y aumentar sus ganancias; o dicho de otro modo: mientras se peleaba en público con Paolo Roca, Milei le mejoraba sustancialmente los números a Tecpetrol, la petrolera del grupo Techint.
(...) Pero a no desesperar que nada es eterno y la oportunidad de ponerle fin a este presente de vergüenza está ahí, nos la crean ellos mismos cuando más dicen que vinieron para quedarse y sueñan una hegemonía perdurable, como también soñó Macri, que no pudo sostener su gobierno, su partido y su matrimonio, aunque evitó peregrinar por tribunales, y conserva la cuenta bancaria: otra vez, si se sabe ver, un ejemplo de las prioridades de la derecha.



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