Artista: Maestrick
Álbum: Espresso Della Vita - Lunare
Año: 2025
Género: Heavy prog
Duración: 78:34
Referencia: Discogs
Nacionalidad: Brasil
El disco tiene de todo. Y es ideal para gente que ama las bandas sonoras, el rock sinfónico y las estructuras complejas que no aburren, demostrando además que en Sudamérica se hace un prog de una calidad y que si queremos le pasa el trapo a muchas bandas europeas.Pero vamos con un comentario de terceros que sea mejor que la bosta que estoy escribiendo...
Maestrick es una banda brasileña que nace en el 2004, pero la banda inicia su carrera de producciones de largad duración en el 2011 con su primer álbum llamado “Unpuzzle!”, pero de ahí la banda comenzaría por algunas menciones especiales dentro del mundo Progressive Metal de muchas vertientes Power Metal y otras de corte Hard Rock, y hasta con esencia Heavy Metal, y gracias a ese concepto, se tuvo su segundo disco llamadao “Espresso della vita: Solare” (2018) editado a través del monstruoso sello japones de Avalon, cuna de grandes lanzamientos metaleros desde los 90s, y uno de los más grandes a la fecha, y ahora esta banda presenta la segunda parte de este concepto que empezaron en el 2018 y ahora tiene por nombre “Espresso della vita: Lunare” editado a través de otro titan del mundo Hard Rock, AOR, Melodic Rock, y todo esa idea melosa del rock. ¿Qué es lo que tendremos en este nuevo disco?... Pues veamos.
Esta banda siempre aparecía como recomendaciones de un cámara de la web, siempre pasaba canciones de discos pasados y por curiosidad entre a escucharlos, y su música fue grata a nivel general, y claro, no estamos hablando de pasadas discos que pueden ser mencionables dentro de un montón de bandas que existen dentro de su estilo de hace más de 5 años. Pero dentro de este concepto, la banda sabe como encajar esta idea de muchos géneros y encontrar el correcto desarrollo de un álbum conceptual, entonces, ahora con una idea un poco más ambiciosa se tiene este “Espresso della vita: Lunare” de Maestrick, disco que tiene una duración 78 minutos y sigue dentro del concepto de su pasados disco del 2018, y eso es lo interesante de la música, porque el primer concepto que tiene como banda y tener esa idea progressive de por medio, ayuda que su idea conceptual tenga mejor desarrollo y se siente claramente durante todo el disco que se puede usar hasta como musical para un concepto de película, y eso es lo interesante, el cual me trajo viejos recuerdos de Moulin Rouge! (2001), tremenda película que tenía esa idea cabaré y con todo el concepto de musical, siendo por ese lado donde la canción, y obviamente con ese lado metalero que es su parte ruda.
Desde que todo empieza con “A Very Weird Beginning” y termina con “The Last Station (I A.M. Leaving)”, es interesante como la banda brasileña mejoro su propuesta inicial que tuvieron en el 2018, la cual ya tenía esta idea conceptual, pero ahora hay mucho más trabajo en tener un disco que te disco todo por escenas, partes de canto y partes narradas en canto como en “Mad Witches”, la cual dices esto pertenece a algún musical o escenas de teatro, algo que motiva a escuchar el disco completo, porque esta clase de ideas no se pueden saltar canciones, y que interesante por parte de los brasileños, porque en épocas de gente que solo escucha ideas de listas de reproducción o canciones para sus actividades diarias, este disco no permite saltar las canciones y si lo haces, te pierdes en todo el concepto. Por lo que es un tremendo punto a favor de la banda, porque tienes que escucharlo completamente y los vocalistas invitados como Tom S. Englund de Evergrey, Jim Grey de Caligula’s Horse y el incomparable Roy Khan de Conception, son piezas esenciales dentro de la música, y eso es como debe de funcionar un invitado, alguien que cambia las ruedas dentro de la música y sientes que estas ante una opera o acto de teatro. Y por supuesto, tienen la idea de bandas como Ayreon, y de Arjen creaba toda esa idea como una opera metal en discos como “The Human Equation” (2004), y todos los actos son increíbles, y al tener una matriz progresiva, les da una libertad tremenda para usar cualquier estilo y al mismo tiempo tener este concepto musical metal.
“Espresso della vita: Lunare” de Maestrick se va como uno de los mejores discos latinos para fin de año, debido a su tremendo despliegue de ideas teatrales, conceptuales y con toda esta idea musical que no permite saltarse ninguna canción, y eso para la nueva generación será un dolor de cabeza, porque si lo haces, estarás perdido en el mar de ideas y no lo entenderás como se debe. Muy bien disco de esta banda brasileña.
La verdad es que no conocía a los brasileños, Maestrick, que llevan ofreciendo su visión del heavy progresivo desde su formación en 2004. En estos días han publicado a través del sello Frontiers Records su tercer álbum “Espresso Della Vita: Lunare”. Un disco que me ha sorprendido por su forma exquisita de mezclar diferentes texturas y mundos. Imagínate escuchar el “Bohemian Rhaposody” de Queen, mezclado con el metal progresivo de bandas como Dream Threatre o Symphony X, y el gusto refinado de unos Kamelot. Pues esa es la sensación que me quedó cuando escuché “Upside Down”, el corte que sigue a la intro “A Very Weird Beginning”.
Maestrick entregan un álbum que es más bien una montaña rusa de 78 minutos con paradas en un club cabaretero, el metal sinfónico, y ritmos afrobrasileños, con ocasionales baladas que se podrían haber escapado de un musical de Broadway. A veces parece una ópera. Otras veces, un alocado teatro. Como en la mencionada “Upside Down”, o “Ghost Casino”, que tiene esa energía de un show de cabaret, con sonidos de viento, coros de los años 60, todo con un aire muy progresivo, incluso a veces surrealista.
“Espresso Della Vita: Lunare” es un disco en el que, como en un mágico circo; todo cabe. Pero cuidado. Todo está pensado al milímetro. Un claro ejemplo: la maravillosa “Mad Witches”, que me ha traído recuerdos del aquel oscuro tema de Pink Floyd, “The Trial”, por su oscura y teatral interpretación en la primera parte. Una canción vibrante, pero con diferentes cambios que te llevan a momentos más dulces y delicados, con esas voces femeninas, creando una atmosfera de cierta carga emocional, y un final épico, tremendo!
Aunque hay canciones como “Boo!”, donde se muestran algo más duros, con unas guitarras directas y un ritmo más pesado y duro, y un sonido que roza lo futurista por momentos, y en la que colabora Tom Englund. Como si fuera parte de la banda sonora de una película futurista, “The Root” se alza como la segunda canción más extensa del álbum, 12 minutos de progresión pura al estilo Symphony X, donde cada miembro de Maestrick exhibe su virtuosismo con una ejecución impecable.
También tenemos momentos como “Agbara”, donde samba, prog y voces en portugués se funden en una especie de ritual sónico afro-futurista, con la colaboración de Jim Grey (Caligula’s Horse) y el grupo Movimiento Baque Mulher. O “Lunar Vortex”, donde aparece Roy Khan (Kamelot) en uno de los cortes más agresivos del álbum, eso sí, manteniendo el tono progresivo, pero con partes incluso djent.
“Espresso Della Vita: Lunare” encuentra tiempo para el respiro, entregando baladas melancólicas como “Sunflower Eyes” o “Dance of Hadassah”. Y una cosa que me llama la atención es que, de la mitad del álbum hacia delante, el carácter alocado y teatral que marcaba los primeros cortes, desaparece para ofrecer una cara diferente de Maestrick.
Y, sin embargo, “The Last Station”, ese monstruo final de 18 minutos, logra ensamblar todo el caos previo en una sinfonía progresiva, que comienza con aires más lentos, evolucionando hacia la recuperación de sonidos más directos, pasajes que podrían haberse sacado de los discos clásicos de Yes, con esos teclados cargados de fantasía casi psicodélica. Un extenso pero excelente cierre cargado de épica y emoción. Brillante!
Maestrick está formado por Fábio Caldeira (voz principal, piano, sintetizadores y orquestaciones), Guilherme Carvalho (guitarras y voz), Renato ‘Montanha’ Somera (bajo y voz) y Heitor Matos (batería, percusión y voz). Estos brasileños nos ofrecen un viaje cargado de melodrama, virtuosismo y teatralidad. Un disco arriesgado y ambicioso a la vez, en el que merece la pena dejarse los prejuicios a un lado y experimentear el viaje que nos proponen en “Espresso Della Vita: Lunare”.
Brujo
En resumen; este es un disco exuberante, técnico y sumamente divertido. Maestrick no hace música, hace una fiesta de gala donde todos terminamos saltando con una taza de café en la mano.
Un disco que te hará sentir que estás en un parque de diversiones espacial mientras intentás descifrar en qué compás está la batería.
Pero mejor vamos con el último de los comentarios que voy a traer, pero tienen más en la red de redes.
El pasado 2 de mayo, los visionarios brasileños de Maestrick presentaron su tercer álbum de estudio, Espresso Della Vita: Lunare. Más que un simple disco, se trata de una travesía conceptual que prolonga la historia iniciada en Espresso Della Vita: Solare (2018), sumergiendo al oyente en un universo donde el metal progresivo se entrelaza con la grandeza de lo sinfónico y la frescura del charleston.
Aunque este terreno ya ha sido explorado por otros, pocos logran la naturalidad y el ingenio con que Maestrick lo ejecuta. En esta odisea sonora resuenan ecos de Devin Townsend, guiños teatrales a The Diablo Swing Orchestra, la contundencia de BTBAM, lo clásico de Dream Theater y un toque de modernismo cercano a Haken, todo integrado bajo un sello propio que da forma a una experiencia monumental —posiblemente, la mejor de su carrera hasta la fecha.
El proyecto se enriquece aún más con la participación de invitados de renombre como Jim Grey, Tom S. Englund, Roy Khan y el colectivo percusivo femenino Baque Mulher, cuya presencia refuerza el carácter diverso y expansivo de la obra, bajo el liderazgo de los miembros actuales de Maestrick: Fábio Caldeira (Voz y piano/teclado), Guilherme Henrique (Guitarras), Renato Somera (Bajo) y Heitor Matos (Batería)
Pista 1, A Very Weird Beginning: Con una función claramente introductoria, esta pieza actúa como el prólogo de una gran obra teatral. La voz de Fábio Caldeira, acompañada de su piano, nos invita a cruzar un umbral hacia un mundo paralelo, advirtiéndonos que lo que está por venir dista de ser ligero o convencional, algo con lo que concuerdo plenamente. El respaldo de cuerdas, vientos y coros enriquece la atmósfera, potenciando la experiencia teatral al máximo.
Pista 2, Upside Down: Como un hilo conductor fino y meticuloso, esta segunda canción irrumpe con mayor intensidad para describir el despertar de un mundo invertido, habitado por criaturas grotescas y referencias literarias deformadas, donde lo mágico y lo infantil se tornan amenazantes. La instrumentación, cargada de teatralidad, busca provocar incomodidad en perfecta sintonía con lo lírico. El resultado evoca por momentos la grandeza de Devin Townsend y, en sus pasajes más pesados, la energía de Between the Buried and Me, aunque aquí todo aparece bajo una clave distinta, mucho más planificada, orquestada, deliberadamente teatral y como si hubiéramos entrado a un extraño mundo de Jack.
Es un arranque perfecto que deja en evidencia el arduo trabajo de Maestrick, o quizá su genialidad innata… probablemente ambas.
Pista 3, Boo!: Esta canción convierte una mansión encantada en metáfora de recuerdos traumáticos y miedos infantiles con una tensión interna latente reflejada no solo en lo lírico, sino que también en lo instrumental. El narrador se desdobla entre la víctima (un niño) —que promete volver “cuando sea grande” para vengarse— y el cazador (el niño hecho adulto) que regresa a enfrentar y “exorcizar” esos fantasmas, todo esto mientras los riffs contundentes y los bajos ultraprofundos marcan el pulso de la inminente confrontación.
La banda prefiere un giro más clásico, cercano a Dream Theater, apostando por un sonido a la vez más accesible y efectivo para reforzar el dramatismo del relato. La colaboración de Tom S. Englund añade un sinergismo vocal que encarna con fuerza tanto la rabia y el deseo de venganza como la liberación final, acompañando la metamorfosis del yo lírico que renace de las cenizas y decide no mirar atrás.
Pista 4, Ghost Casino: Es como presenciar una representación teatral en un casino infernal, donde el jugador entra atraído por la diversión y termina entregando dinero, cuerpo y alma a fuerzas que nunca lo dejarán salir. Esa atmósfera cobra vida con pegajosas bases de charleston entrelazadas con riffs metaleros, mientras la interpretación vocal se enriquece con el juego entre Fábio Caldeira y un coro femenino que aporta contraste y dramatismo.
La canción respira frescura y entretención, potenciándose con cada detalle, desde lo vocal ya mencionado, pasando por el solo de guitarra preciso, hasta los arreglos de vientos, xilófono y piano/teclado que completan el lienzo sonoro. Aunque pueda parecer una mezcla excesiva de recursos, todo encaja con naturalidad y demuestra un trabajo compositivo impecable, reafirmando un estilo que no tiene nada que envidiar a propuestas de bandas con más trayectoria como The Diablo Swing Orchestra.
Con este despliegue, resulta inevitable pensar que estamos frente a una de las mejores secuencias iniciales de cuatro canciones que un disco podría ofrecer.
Pista 5, Mad Witches: Dándole ese punto de inflexión que el disco necesitaba —y justo en el momento preciso después de tanta jarana musical—, esta canción baja el pulso instrumental pero no el de la narrativa. Es también el momento para destacar la versatilidad de Fábio, quien no solo como cantante, sino también como tecladista, abriendo el tema con una atmósfera que sirve de base a una invitada que nos introduce en la historia.
No es simplemente un relato de horror gótico, sino que es una parábola sobre la necesidad humana de dar y recibir afecto. Sugiere también que el abandono engendra monstruos —reales o metafóricos— y que la única forma de liberarlos no es la violencia ni el sacrificio, sino el vínculo genuino.
Musicalmente, estamos frente a una cúspide progresiva moderna. Esta canción transpira progresivo a más no poder, desplegando cinco escenas que son auténtico cine sonoro, en la cual conviven dinámicas que van de lo intenso a lo melódico y reflexivo.
Hasta ahora vamos acumulando canciones de una calidad sin precedentes en la carrera de Maestrick.
Pista 6, Sunflower Eyes: Marca uno de los pasajes más nostálgicos del disco, un verdadero punto de transición donde Maestrick baja las revoluciones para invitarnos a saborear su costado más calmado, con claras reminiscencias al estilo melódico de Dream Theater. La voz de Fabio abre el camino con gran protagonismo, pero pronto cede el centro de la escena a Guilherme Carvalho, cuyo solo de guitarra llega como un esperado desenlace, cargado de emotividad.
La letra acompaña perfectamente este clima de historia romántica y melancólica sobre un amor nacido en la infancia que, con el paso del tiempo, vuelve a tener la oportunidad de renacer.
Es, en definitiva, uno de los momentos más sensibles del álbum, un respiro que se aparta de las atmósferas sombrías y de terror para iluminar el relato con una chispa de esperanza.
Pista 7, The Root: Se presenta como una verdadera epopeya mitológico–cósmica, donde Maestrick entrelaza con naturalidad ecos de la antigua Mesopotamia, el mito del Génesis bíblico y hasta las teorías modernas de alienígenas ancestrales. No es solo un despliegue de referencias, sino que cada parte de la canción va funcionando como un acto en una obra mayor, con pasajes que oscilan entre lo narrativo y lo grandioso, sosteniendo un relato progresivo de 12 minutos que la banda desarrolla sin temor a lo desmesurado.
Musicalmente, aquí se concentran algunos de los riffs metaleros más poderosos de todo el álbum, una energía que en ocasiones recuerda a Haken pero que siempre se reinterpreta bajo el sello propio de Maestrick. La inclusión de violines expande todavía más el horizonte sonoro, aportando un dramatismo épico que se siente totalmente coherente con la magnitud de la historia que se cuenta.
El resultado es uno de los puntos más altos del disco combinando intensidad, imaginación y virtuosismo, y que se sostiene de principio a fin como un viaje tan monumental como sus influencias míticas.
Pista 8, Dance of Hadassah: La pieza comienza con un suspenso estremecedor y a la vez bello, en que el piano abre en soledad mientras la voz de Fábio despliega una narrativa cargada de dolor y resiliencia. Habla del horror del Holocausto y de la pérdida familiar, pero lo hace con una sensibilidad que también abraza la memoria, la herencia cultural y esa chispa de esperanza que resiste a la oscuridad.
La incorporación de la guitarra acústica y el violín intensifica el dramatismo, sosteniendo al oyente en un estado de expectación. Sabemos que en algún momento la tensión debe explotar, pero el desenlace sorprende al no llegar con un golpe demoledor, sino con rasgueos abiertos que se disfrutan desde la pasión, más cercanos al desahogo que a la violencia.
Tras un pasaje casi cinematográfico emerge un solo épico que se eleva como clímax instrumental, hasta que la voz de Fábio vuelve a irrumpir para coronar el cierre. El resultado es un tema bello y sobrecogedor, capaz de generar escalofríos mientras transforma una memoria de horror en un acto de arte profundamente humano
Pista 9, Agbara: Es una lucha política y social con raíz profundamente brasileña, algo que se evidencia en el uso del portugués —por primera vez en el disco— dentro de cantos colectivos de resistencia. La canción entrelaza imágenes surrealistas, metáforas animales y referencias culturales/musicales, destacando la participación de Baque Mulher, un movimiento de percusión integrado exclusivamente por mujeres que rescata la tradición del maracatu como herramienta para combatir el racismo y el machismo. En esta ocasión, esa fuerza comunitaria se alía con Maestrick para denunciar la corrupción, la manipulación y la desigualdad.
La colaboración de Jim Grey de Caligula’s Horse, como voz principal añade un surrealismo inesperado; su registro pulcro y preciso se adueña de las líneas con seriedad y entrega. Haber descubierto esta participación me ha tomado por sorpresa.
El resultado es un tema hermoso, en el que la energía liberadora de Maestrick aporta el empuje metálico necesario para transformar la denuncia en un acto motivador y empoderador, capaz de contagiar fuerza y esperanza.
Pista 10, Lunar Vortex: La canción se despliega como una fábula moral envuelta en tragedia personal al reflejar un relato marcado por imágenes lunares y un encuentro sobrenatural que sirve de metáfora para hablar de la pérdida de la fe, la ambición desmedida y la búsqueda de redención. Esa densidad lírica no se queda aislada, sino que encuentra un correlato directo en lo musical.
La voz invitada, con distorsiones que refuerzan el dramatismo y dialogan con la expresividad de Roy Khan, aporta un color casi espectral, como si la propia narración cobrará vida. A su lado, la guitarra se reinventa en un papel de demolición, lanzando embates que contrastan con lo etéreo del discurso lírico y subrayando los momentos de mayor tensión emocional.
El resultado es un tema que equilibra con audacia lo conceptual y lo visceral, transformando un relato sombrío en una experiencia musical poderosa, donde cada recurso —vocal, instrumental y narrativo— se entrelaza con un propósito común
Pista 11, Ethereal: Liberada originalmente como primer adelanto de Lunare, esta canción aborda el despertar de la conciencia humana como chispa cósmica, un llamado a trascender las limitaciones terrenales, abrirse a dimensiones superiores y comprender la vida en la Tierra como un viaje compartido. El cierre, inspirado en Ptolomeo, enfatiza esa idea al recordar que la contemplación de lo celeste nos permite elevarnos por encima de la condición mortal.
Musicalmente, la pieza transmite esperanza y luminosidad. La interpretación vocal refuerza el carácter de reflexión universal, aunque por momentos se acerca al cliché típico del metal progresivo. Los pasajes instrumentales, en cambio, ganan frescura gracias al refuerzo de sintetizadores, que amplían el horizonte sonoro y le otorgan un aire moderno.
Si bien no considero que se sitúe entre las mejores composiciones del álbum, cumple con la función de presentar la propuesta conceptual de Maestrick y de abrir el apetito para lo que vendría después. Es un adelanto que, aunque no brilla como sencillo, se sostiene por su carácter esperanzador y su mirada cósmica.
Pista 12, The Last Station ( I A.M, Leaving): Se erige como la gran despedida del disco. Una suite de 18 minutos en la que Maestrick logra condensar un viaje sonoro y emocional que refleja el tránsito de la vida misma hacia su inevitable final. Desde los primeros compases, la pieza se presenta como una metáfora en movimiento, un tren que recorre estaciones hechas de recuerdos, pruebas, lecciones y, finalmente, aceptación. Pero, lejos de lo lúgubre, el relato se impregna de luz, recordándonos que el amor es la huella más perdurable cuando se alcanza la última parada.
No es un cierre apresurado, más bien se siente como un juego consciente de la banda de alargar el viaje hasta lo más posible, como si no quisiera despedirse. Cada sección se abre con frescura y brillo, ofreciendo momentos memorables que van entrelazando el pulso progresivo con un tono siempre esperanzador. No hay crudeza ni dramatismo forzado, sino un despliegue admirable en el que cada músico tiene espacio para lucirse y contribuir a la sensación de plenitud.
En definitiva, The Last Station no solo cierra el disco, lo trasciende, al dejar un sabor de catarsis filosófica y musical que confirma a Maestrick como un artesano de grandes obras conceptuales.
Conclusión: Maestrick nos sorprende con un disco intenso y ambicioso en que las dos primeras pistas cumplen la función de introducir y sentar las bases, mientras que las tres siguientes alcanzan un desarrollo brillante, demostrando un dominio de la escena prog que va desde la herencia de Dream Theater hasta la irreverencia de The Diablo Swing Orchestra. La quinta pista, en particular, se erige como una verdadera cumbre del género. Sin embargo, a partir de ahí la obra comienza a flaquear discretamente, el plato fuerte se concentra al inicio y la banda trata de disimularlo. Puede ser que se perciba esto ya que las primeras piezas dotadas de mucha teatralidad y charleston, instauran una energía en el oyente, una especie de adicción que no se logra saciar.
Eso no impide que el disco deje momentos memorables, ya que existen líneas vocales que invitan a corear a todo pulmón, bases de charleston que sorprenden por su frescura bailable — adictivo, como dije — y riffs metaleros cargados de un espíritu juguetón. La amplitud instrumental también es un punto alto; la orquestación no aparece como mero adorno, sino como un recurso cuidadosamente integrado que enriquece la narrativa y demuestra el empeño de la banda por entregar una obra bien trabajada.
En definitiva, es un álbum que enseña a admirar el prog en su máximo esplendor y capaz de ofrecer destellos tan brillantes que reafirman a Maestrick como una banda que no teme arriesgar, experimentar y dejar su huella en la escena contemporánea.
Bueno, dale, hay lugar para un último cometario, pero es el último...
Da gusto ver cómo viene evolucionando y progresando el sonido de una banda del underground brasileña como lo es Maestrick, que aunque fue fundada hace más de veinte años, aún no cuenta con muchos trabajos de larga duración, pero los dos que ha grabado tanto "Unpuzzle!" (2011) como "Espresso Della Vita: Solare" (2018), exhiben un power metal progresivo de muy buena calidad y como dicen por ahí, más vale calidad que cantidad.
El sello musical de Maestrick, es crear canciones diversas en sonido, que vayan progresando y que no suenen a lo mismo, por eso su tercer disco, "Espresso Della Vita: Lunare", continúa el viaje que empezó en "Espresso Della Vita: Solare", pero lo hace de una manera más atrevida, ya que este se torna como el álbum más ambicioso de los brasileños, sonado inmensurable y hasta extrovertido, con líneas más progresivas y un entramado melódico que siempre está presente gracias al servicio de unos teclados teatrales. En lo que respecta a la voz de Fábio Caldeira, lo que llama la atención es que, sabiéndose portador de un registro vocal agudo, no excede ni abusa de él, como para que las composiciones no sean todas parecidas y de alguna manera se diferencien entre sí. Y para seguir en el contexto vocal, hay que mencionar que acá tendremos como invitados a reconocidos cantantes como Giulia Nadruz, que también es actriz de doblaje brasileña, más conocida por su trabajo en teatro musical, Tom Englund (Evergrey), Roy Khan (Conception) y Jim Grey (Caligula's Horse). El disco abre el telón con "A Very Weird Beginning" pieza que inicia el viaje, como si de una obra de teatro se tratase, con unos cantos suaves y melodías malabaristas, que nos llevan a "Upside Down" pieza muy cambiante donde predomina la melodía alucinante sobre una base de guitarras progresiva, pero que por ese mismo motivo no tiene reparos en adornarse elegantemente con todo tipo de elementos como sigilosas orquestaciones, ampulosos teclados y unas voces meramente teatrales.
El lado más comercial de Maestrick, lo pone "Boo!" la que dispone de unas guitarras potentes, alternativas y sonidos más populares, teclados que ponen un toque tétrico y la gran participación de Tom Englund, entre unas voces guturales despiadadas. Una de las más extrovertidas es "Ghost Casino" la que echa mano de diversos estilos musicales, incluso no metaleros como el pop, el jazz o la música electrónica, por no mencionar referencias a la música clásica y otros sonidos más comerciales, que casan a la perfección con lo que podría ser una descripción exacta de lo que Maestrick, quiere imponer, temas cambiantes y diversos en el sentido más exquisito de la palabra.
El tema que resulta complejo y complicado de detallar es "Mad Witches" pues es una pieza de nueve minutos de duración con influencias directas de los universos de Disney y Tim Burton, que posee distintas facetas musicales, una fuerte personalidad, su toque respectivo de magia y mientras lo escuchamos nos da esa sensación de estar en una obra de teatro, gracias a la participación de la vocalista Giulia Nadruz. Pieza impecable que juega al despiste y al equilibrismo musical, sobre una cuerda de metal progresivo exquisito a la par que muy accesible, involucrando ciertos puntos sinfónicos que ponen ese plus extra en una las mejores piezas del plástico.
Es en "Sunflower Eyes" donde la palabra romanticismo, cobra su más amplio sentido ya que los brasileños nos regalan un corte amable, simpático, tierno, casi de cuento de hadas, con unas melodías vocales de altura y unos solos de guitarra increíbles. Otra pieza brutal es "The Root" la que tiene un halo progresivo del porte de Kamelot, planteando melodías retorcidas de guitarra y al mismo tiempo ritmos turbulentos y detalles para acabar siendo intenso, melódico y repleto de una calidad soberbia que se apoya sobre lúcidas orquestaciones. En nuestro recorrido nos encontramos con la encantadora “Dance Of Hadassah” dotada de un ambiente lleno de melancolía, para un corte de una musicalidad entrañable, de mágico aspecto teatral y construido sobre una base de sentidos teclados y violines.
Con un espíritu excéntrico llega "Agbara" un tema serio y sólido donde las guitarras son todo un espectáculo, contando con un un desarrollo lírico en la línea de todo el disco, es decir, envidiable, mientras que las melodías nos van ganando poco a poco, hasta que los Maestrick, nos invitan a un baile con su lado más enrevesado y brillante, con referencias a Angra, dando gran importancia a los solos de guitarra y al diverso desarrollo instrumental. Otro trallazo progresivo es "Lunar Vortex" la que con geniales cambios de ritmo y melodías modernas, probablemente sea el tema más progresivo del álbum, donde el vocalista invitado Roy Khan, nos lleva a través de una melancólica interpretación, sin duda uno de los cortes más dinámicos de todo el álbum, con un aporte destacado del vocalista de Conception.
Los brasileños sacan sus armas más melódicas en "Ethereal" un tema que tiene un total descaro a la hora de incluir melodías y coros pegadizos sobre una sección de hard rock, durante el desarrollo del tema. Para mi una de las piezas más sencillas a nivel compositivo, pero que resulta muy atractiva y disfrutable. El viaje concluye con "The Last Station (I. a.m. Leaving)" la que más allá de su extensa duración se nos muestra como el corte de mayor cambio rítmico, dotado de miles de melodías, solemne instrumentación y una potente base rítmica que se va desarrollando de forma apasionante, intensa, brutal y sentimental al mismo tiempo. Todo ello aderezado con el trabajo vocal de Fábio Caldeira, que corta la respiración por su delicadeza y una atmósfera que, sobre la comentada potente base rítmica, nos entrega ciertas notas de fantasía y solos de guitarra magníficos. Las orquestaciones ponen la guinda al pastel junto a unos distintivos arreglos de teclado neoclásicos.
En resumen: Cómo ya lo había expuesto líneas arriba, esta parece ser la creación más extrovertida y atrevida de Maestrick, pues es un álbum multifacético, tal vez difícil de digerir, debido a que involucra diversos estilos musicales, pero sin perder esa dosis metalera que se da gracias a los intrigantes movimientos rítmicos del guitarrista Guilherme Carvalho. Los arreglos progresivos y melódicos están muy bien definidos y van de la mano con la voz de Fábio Caldeira, quien ha interpretado las piezas con mucha cautela y un registro vocal impecable y artístico. Así que la puntuación para el tercer álbum de los brasileños es de 8/10.
Demasiado texto para mi gusto, lo podés escuchar desde Spotify:
https://open.spotify.com/intl-es/artist/5zsg4P6lTHHjQwTCzn74sX
Lista de Temas:
1. A Very Weird Beginning (0:37)
2. Upside Down (4:35)
3. Boo! (4:22)
4. Ghost Casino (3:59)
5. Mad Witches (9:02)
6. Sunflower Eyes (4:24)
7. The Root (12:02)
8. Dance of Hadassah (6:20)
9. Agbara (5:15)
10. Lunar Vortex (5:09)
11. Ethereal (4:49)
12. The Last Station (I a.m. Leaving) (18:00)
Alineación:
- Fábio Caldeira / lead vocal, piano, synths, orchestrations
- Guilherme Carvalho / guitars, vocal
- Renato "Montanha" Somera / bass, vocal
- Heitor Matos / drums, percussion, vocal






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