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viernes, 6 de noviembre de 2015

Renaissance - Ashes Are Burning (1973)

Renaissance fue una de las bandas más conocidas a principios de los 70, con la característica voz de Annie Haslam y su aproximación a temas clásicos. Este, cuarto álbum en la lista del grupo pero segundo de la formación definitiva, es el que plantea las bases de lo que esta gran banda alcanzó.

Artista: Renaissance
Álbum: Ashes Are Burning
Año: 1973
Género: Progresivo sinfónico
Duración: 40:44
Nacionalidad: Inglaterra


Lista de Temas:
1. Can You Understand?
2. Let It Grow

3. On the Frontier
4. Carpet of the Sun
5. The Harbour
6. Ashes Are Burning

Alineación:
- John Tout / Teclados, voz
- Annie Haslam / Voz

- John Camp / Bajo, voz
- Terence Sullivan / batería, percusiones, vox
- Andy Powell / Guitarra en "Ashes Are Burning"
- Michael Dunford / Guitarra acústica

Parecería sencillo comentar un disco que has oído cientos de veces y desde hace decenas de años (¡qué vejez!), pero parece que es al revés. Especialmente si se trata de un disco que simboliza cosas privadas, un fragmento de ese soundtrack personal que acompaña tu vida. Eso es Ashes Are Burning para mí: un disco de aprendizaje, valoración y de cómo el joven que era plasmaba en la música, en música como esa, sus esperanzas.



Entre tantas bandas a principios de los 70, y hablando sólo de Inglaterra, debe haber sido difícil estar al día de todo. Quizá los más fanáticos, pero definitivamente la oferta superaba con amplitud la capacidad de estar al día de un joven normal. En las listas de popularidad se cocinaban gustos, y por ahí, un tema de este disco so coló a los medios y consiguió atención por al menos cinco o seis discos más.

Renaissance y Curved Air (una bandaza de la que también habrá que hablar) estaban entre las pocas bandas progresivas que incluían a una mujer. En el caso de Annie Haslam, de Renaissance, solo como ejecutante (la voz), en el de Sonja Kristina también como compositora, líder "intelectual", auténtica frontwoman. Mientras en los Estados Unidos psicodélicos Janis Joplin se había convertido en trágica leyenda y Grace Slick iba cayendo poco a poco en el olvido, con el Aeroplano de Jefferson a punto de convertirse en nave estelar, en Inglaterra Annie Haslam y Renaissance proponían un progresivo muy bien construido, de los más apegados a las formalidades de la música clásica, y con temas que se atrevían a comentar asuntos políticos, filosóficos o simplemente a narrar la condición humana. Más adelante alcanzarían una cima del género progresivo con el conceptual Scheherezade, basado en Las mil y una noches, pero en Ashes Are Burnig están recién afinándose los detalles que harán a esta banda una de las más recordables de la escena progresiva.

Aunque se formó a partir de los restos de The Yardbirds, en la formación definitiva de Renaissance no quedaría ningún Yardbird, aunque sí sobreveviría el plan que llevó a formar a la banda y que consistía en hacer una música más cercana a lo clásico. Aunque Prologue de 1972 es su tercer álbum, es en realidad el primero con la alineación definitiva y el título le va bien porque abre una época para esta banda, de éxitos que durarán hasta el final de la década (muchos fanáticos no estarían de acuerdo conmigo, pero a mí me gusta el Renaissance new wave, el de principios de los 80, y creo que es una de las bandas de progresivo que supo afrontar creativamente el reto de ponerse a la altura de la canción simple y bailable demandada después del punk.

Después de Prologue, en 1973, graban este album, que incluye su primer éxito de listas, un tema sencillo, alegre, folky, sobre guitarra acústica, que ya se considera un clásico del rock: "Carpet on the Sun". Annie Haslam hace alarde ahí, como en todas partes, de su enorme registro vocal, de cinco octavas, con un timbre brillante y nada impostado: es una gran cantante de rock (y conservó cierta fanaticada, aunque durante los 90 haya tenido que montar un repertorio de bossa nova y easy-listening para ir pasando.

Pero definitivamente, "Carpet of the Sun" y "Let It Grow" (otra balada sencilla de amor) no son lo mejor del disco. La abridora, "Can You Understand?" es un tour de force sinfónico, una canción que no le da descanso a la voz y somete a todos los instrumentistas a virtuosismos tremendos, incluyendo trabajos corales que recordarían a Gentle Giant. Las partes de piano como líder de la melodía arrancan con un tema que procede del soundtrack de la película Dr. Zhivago, música de Maurice Jarre, aunque cuando tomaron esas frases para la composición los muchachos creían que se trataba de un tema del folclore ruso (la referencia a temas de la Europa del Este sería constante en Renaissance).

La tercera rola, "On the Frontier" es otra aproximación folk al rock progresivo, con una presencia fuerte de las voces masculinas. Y en la pista 5 encontramos una composición especial por todas partes. El tema es el de la desesperación de las familias de los pescadores cuando cae la tormenta mientras ellos están en altamar. "The Harbour" comienza por dibujar la tormenta con avisos de piano impresionista; no estoy seguro si se trata de una cita a alguna obra en particular o de una composición de la propia banda; esta introducción cede el paso a una melancólica guitarra acústica punteada y a la voz de Haslam representando la esperanza de las mujeres en la bahía. En los coros va apareciendo el sonido de un acordeón o melódica y suavísimos coros enmarcan el lamento de la voz principal. No hay final feliz, al término de la parte cantada, vuelve a mezclarse el viento impresionista del principio... "The Harbour" queda como una de las grandes maravillas de la historia del rock, a la luz del cristal con que lo escucho. Hay que mencionar que esta estupenda letra, como todas las demás del disco, son obra de la poeta Betty Tatcher, que colaboraba, principalmente con Dunford, en la escritura de las canciones.

El cierre es la muestra de rock sinfónico que la banda necesitaba para ocupar un sitio entre los grandes del género en esos años. El motivo poético es el la última brasa de un fuego, el de la ceniza ardiente, como símbolo del camino tortuoso que es la vida, en la que tienes que caminar sobre las brasas para llegar a algún lugar. De esta idea nace el espacio para una suite progresiva extraordinaria. La versión de estudio es de 11 minutos, pero hay una grabación en vivo, de los míticos conciertos que dio Renaissance en el Carnegie Hall en 1975, en la que se incluye un fabuloso solo de bajo que la extiende hasta los 24 minutos, ocupando todo un lado del LP original.

Va este gran disco de rock progresivo de la época clásica del género. La banda no debe ser confundida con el Renaissance mexicano psicodélico del que ya existe una entrada en el blog.


Otras reseñas:

La guitarra en la ventana:

Formada, en parte por integrantes de la legendaria banda The Yardbirds, Renaissance fuè una de las bandas màs representativas del rock sinfònico-progresivo inglès clàsico.

Su cuarto Lp "Ashes are burning", los encuentra en un gran momento. Agradece una excelente orquestaciòn y esencialmente predominan los sonidos de teclado , no de los sinths y demàs, sino de piano.

Abre con la majestuosa "Can You Understand?" con una potente intro instrumental. Este tema contiene un pasaje de la mùsica del film"Doctor Zhivago" compuesta por Maurice Jarre. La bellìsma "Let it Grow", es quizàs el tema más representativo de la banda. Aquì podemos apreciar todo el color de la hermosa voz de Annie Haslam.


Otro gran momento es "Carpet of The sun" un tema que demuestra la buena interacciòn de las guitarras acùsticas con la orquesta. El disco cierra con la mini suite "Ashes Are Burning", un tema lleno de tensiòn y de climas. Tiene en su coda el ùnico solo de guitarra elèctrica del disco a cargo de Andy Powell.

ferhiga:

Incluyo las Notas del Disco de Joe Lynn, Setiembre de 1977.

Para muchos fans, Ashes Are Burning sobresale como el momento que define al grupo. Aunque seguirían hacia una mayor grandeza con exploraciones con una marca especial de composición y de interpretación, este fue el álbum donde por primera vez desarrollaron su potencial.

Salieron de la escena las guitarras eléctricas, y en su lugar entraron las más melódicas y no menos poderosas guitarras acústicas de Michael Dunford. El bajo de Jon Camp estaba ahora al frente y marcaba nuevos senderos, llevando las líneas melódicas en vez de las bases de las canciones. Las interpretaciones de John Tout y de Terry Sullivan se volvieron más intrincados. La voz de Annie Haslam se volvía más enérgica y con mayor confianza. Y lo más notable, la adición de lo que completó el sonido de Renaissance: la orquesta.

Annie Haslam nos cuenta, "Recuerdo cuando estaba en el estudio con John Tout y escuché el primer arreglo de 'Carpet of the Sun' (Alfombra del Sol) y empecé a llorar, era tan emotivo".

Annie no estaba sola en su aprecio por la canción. Para muchos, esta fue la primera canción que escucharon de Renaissance. La canción fue lanzada como un sencillo en los Estados Unidos, y hasta hoy día se mantiene como un tema muy popular en los conciertos solistas de Annie Haslam. Otro tema de Ashes es "Let it Grow" (Déjalo Crecer) era una de las canciones más solicitadas durante el tour de Annie en Brasil de 1997.

Dos temas épicos de Renaissance enmarcan el álbum: "Can You Understand" (Puedes Entender) y el tema que da nombre al disco. Ambas canciones contienen los elementos que vuelven única la música de Renaissance. Cada miembro de la banda recibe el protagonismo y se les permite expanderse musicalmente, y esos momentos no eran excesivos o auto indulgentes. La acción recíproca entre los cinco miembros del grupo está tan fuertemente unido que el oyente se engancha desde el inicio de las canciones y no lo pueden dejar hasta que acaba. Lo más asombroso es que a pesar de la precisión de su ejecución, hay un alma dentro de estas grabaciones. De forma particular, "Ashes are Burning" (Las Cenizas están Ardiendo) se convirtió en la marca más característica dentro del repertorio de Renaissance: para la mayor parte de su carrera, esta era la canción con la que cerraban sus conciertos.

En los Estados Unidos, el álbum alcanzó un gran éxito a nivel "underground" gracias a las nuevas ondas radiales FM y a la intuición de los DJs que los habitaban. Ashes are Burning fue el álbum que trajo a muchos nuevos oyentes, especialmente de los campos universitarios de los Estados Unidos hacia el redil de Renaissance.

Durante los próximos seis años, Renaissance continuaría evolucionando su estilo y creando música que tocaba a su audiencia de una forma única. Su núcleo de fans se mantenían fieramente leales, lo cual sobresale como un testamento de su trabajo. Ashes are Burning es el primer momento de verdadera brillantez en la carrera de esta maravillosa banda.

F.A. Giovanni:

El rock progresivo nunca ha sido música comercial. Ni las suites de media hora comulgan con el formato radiofónico ni la mayoría de oyentes están dispuestos a soportar el contenido de dichas suites. Pueden especificarse multitud de aspectos acerca de lo que no es el progresivo. Lo contrario, precisar características universales, es tarea difícil, pues el género que así se define no es otra cosa que un cajón de sastre, un saco al que introducir todo lo anormal en cuanto a complejidad se refiere.

Dentro de este cúmulo se halla Ashes Are Burning, la propuesta de hoy, uno de esos discos que marcaron un punto de inflexión en mi afición por la música. Al igual que obras de King Crimson, Genesis y compañía, necesita de una atención constante. Eso puede verse como algo negativo en la medida en que al regresar de un alto para ir al baño penosamente puede uno volver a reengancharse a la canción que toque. En cambio, al centrar la mente exclusivamente en esta escucha, es posible disfrutar mucho más que con un vacuo estribillo pegadizo. No solo se trata de advertir el desarrollo de la canción, sino también los detalles. En ese sentido Renaissance es una banda peculiar. Las influencias de jazz son muy reducidas en comparación con el peso de un sonido clásico que se materializa gracias al piano, los violines, y algún que otro instrumento de viento (por ese orden). Es un verdadero placer poder oir estos instrumentos lejos de formulas sinfónicas e intrincados impromptus. Particularmente en este álbum dichos instrumentos se combinan con el bajo, la guitarra, y la voz de Annie Haslam, lo que le da un carácter que de primeras siempre resulta atractivo.

Aires folk habitan junto a atmósferas oscuras y errantes del mismo modo que el tono a veces optimista de la guitarra acústica se cobija al lado de amargas notas de piano. Lo cierto es que hay diversidad, algo que no se vuelve contradictorio con lo accesible del disco. Pocos han sido capaces de crear obras complejas que se muestren inteligibles sin necesidad de haber pasado años metido en un conservatorio. Estos tíos lo consiguieron.

He intentado desmenuzar cada canción como mejor he podido, confiando en que por ello no pierdan magia futuras escuchas. Cada cual puede dar al disco el trato que quiera, pero yo siempre invitaré a tomarlo como un viaje de pasajes inolvidables.

Can You Understand se abre paso en base a un sonido que varía en los tiempos y en las texturas. La diferencia entre las distintas secciones de la canción se percibe fácilmente, pero el cambio de una a otra no resulta molesto ni errático sino que fluye sin obstáculos. Las deliciosas notas iniciales de piano desarrollan la melodía como poseídas por una fuerza frenética y secundadas al abrigo de batería y bajo, el cual no se esconde en un plano inadvertido sino que proporciona toda la intensidad que puede. Se relajan los ánimos (2:31) y del silencio brotan voces, delicados arpegios de acústica y, tras ello, la esplendorosa voz de Annie Haslam. ¿Cómo definirla? Cristalina, pulcra, angelical. Esta mujer estaba ya curtida en lo suyo, pero sabe imprimir la personalidad adecuada al sonido de Renaissance. Su manera de alargar las notas continua maravillándome. El ritmo se apresura (4:18) y Annie deja caer ese placentero “Can you understand”. Extraño al principio el siguiente pasaje gradualmente se convierte en algo francamente acogedor (5:23). El violín y los metales de fondo colaboran bastante en esto. Regresa la voz para desaparecer en breves instantes (7:03). Aquí hay un momento que me encanta (7:45). La guitarra define una sencilla melodía a la que violines se agregan cada vez más agudos e impetuosos. Definitivamente la canción vuelve a su cauce (8:31).

Let It Grow es pura sencillez y pese a sus 4 minutos de duración se hace corta. No es un parecer extraño después de haber escuchado Can You Understand. Efectivamente la canción se desarrolla guiada por un simple pero calido piano que da pie a Annie y sus geniales y hermosos recursos vocales. Ella es la protagonista de este tema, el cual finaliza arropado por coros bañados en optimismo (3:17).

On The Frontier retorna a las formas progresivas. Pese a durar casi lo mismo que el track anterior es bastante mas rica en matices instrumentales. Además, la voz de Jon Camp se añade a la de Annie formándose así una amalgama vocal interesante, la cual queda canalizada por los alegres acordes acústicos iniciales. Sobre el ritmo ralentizado y el persistente piano se construye todo lo demás. Un inesperado quiebro (1:51) lleva el tema a terrenos casi fantasiosos. Los imponentes redobles de tambor ayudan a su vez (2:39) a dotar de nuevo de aires distintos la canción (3:12). Estoy convencido que la forma de concluir pudiera haber sido perfecta para dar paso a algo que pudiera nivelar On The Frontier al estatus de Can You Understand.

Durante mucho tiempo Carpet of the Sun fue una de mis canciones predilectas del grupo. Recoge elementos que en este punto ya han sido escuchados, los revuelve entre si, y saca algo completamente distinto. Los violines, vivaces, tienen aquí una relevancia especial. Junto con el piano consiguen el efecto ideal. Y que decir del estribillo (0:49) Hermosos versos.

At The Harbour es ni más ni menos que la antesala perfecta para la pieza final. La melodía de guitarra acústica y la voz con algunos efectos de reverberación evidencian que no todo iba a ser animado y optimista, sino que se sigue a la espera de algo completamente distinto.

Ashes Are Burning. La canción que da nombre al disco es personalmente una de esas que deben permanecer, aludiendo al compañero Raúl, en cuarentena. Escucharla, para mi, nunca ha dejado de ser una experiencia abrumadora. Por unos instantes me abstraigo a un nivel inusual y es entonces cuando las emociones me inundan, se apoderan de mi, e inmóvil me deleito con todos y cada uno de los detalles que acaecen en los 11 minutos de duración. No es posible traducir eso en palabras, pero si describir como mejor pueda el progreso de la canción, así que allá va. Todo empieza con carácter ambiental, como siguiendo los últimos remates de At the Harbour. La ventisca de los primeros segundos traslada al oyente a otro escenario. Aquí no ocurre como en Can You Understand. No hay secciones fácilmente diferenciables, sino un complejo desarrollo que debe y merece ser objeto de atención. Al piano inicial se incorpora una guitarra acústica cuyos rasgueos suenan profundamente afilados. Tras el va Annie, sin cambios, concibiendo una atractiva melodía. El turno siguiente será para el piano (3:02). A estas alturas llega el primer quiebro (3:22) de manos de un bajo con cruda distorsión que sirve de preámbulo a la entrada de piano y batería. Aquello se torna ligeramente oscuro para lo que venimos escuchando. Toma intensidad hasta que un nuevo cambio se impone (5:07). Parece que todo ha quedado en calma y despejado, pero no, esto solo es una pausa para el notable regreso de piano y batería, que van forjando una imponente melodía. Los teclados (6:34) añaden vigor. Y otra parada en seco (7:00). Los teclados se quedan solos y Annie deja caer sus calidos versos. Parecía que toda la potencia y el peso del tema ya habían sido descargados, aunque las apariencias engañan. Al espectacular “Ashes are burning the way” (8:22) le sigue un arranque bestial y extremadamente pesado del que son participes imperturbables las violentas líneas de bajo y el sonido de los teclados. A su vez, la guitarra eléctrica (interpretada por Andy Powell, invitado del grupo) hace acto de presencia en un solo único y emotivo que va difuminándose progresivamente. Si uno escucha la canción con cascos resulta impresionante atender a como la guitarra que en un principio solo suena en el auricular izquierdo va avanzando hacia el derecho. Del mismo modo, el ritmo marcial de batería surge desde el auricular izquierdo y sigue el mismo camino que la guitarra, solo que esta va quedando poco a poco sepultada bajo la fuerza ineludible del resto de instrumentos.

Inconmensurable de principio a fin.

Rockfloyd:

Pocos grupos han sabido fusionar tantos estilos: rock, folk, jazz y clásica, como Renaissance. Pero a pesar de darnos grandes álbumes durante los 70, hay tres que destacan por encima como Turn Of The Cards, Scherezade & Other Stories (ya comentado previamente en esta colección) y el que comentamos hoy, Ashes Are Burning, de 1973. Estos tres álbumes junto con su doble en directo Renaissance Live At Carnegie Hall conforman un corpus musical de élite conjugando una grandísima técnica musical con un refinadísimo gusto y una excelsa belleza que pocos llegaron ni siquiera a igualar.
Fue con su Live At Carnegie Hall, el primer álbum que escuché de Renaissance donde Annie Haslam se convirtió en mi amor platónico. Su voz me sigue conmoviendo a lo largo de los años de la misma manera que lo hizo en mi adolescencia. Como si de un canto de sirena se tratara, la voz de Annie embriaga y hace que no puedas dejar de escuchar cualquiera de sus discos, desde que lo pinchas hasta que lo  que acabas. Ashes Are Burning es un ejemplo de lo que digo: es imposible quedarte igual después de escuchar At The Harbour o la pieza que cierra y da nombre al impresionante álbum.

En esta misma serie encontraréis el comentario que le dediqué en su día a Scherezade & Other Stories. No pasará mucho que hablaré de su otra gran obra maestra, Turn Of The Cards. Es algo muy subjetivo, pero para mí, los tres álbumes citados suponen lo más destacable de esta impresionante banda y aconsejo su audición sin ningún tipo de duda.
Los que conozcan Ashes Are Burning ya sabrán de lo que hablo y, para los que no lo hayáis escuchado, ¡ya estáis tardando!

Jesús García: las reseñas del Hombre Mojón:

Con el paso del tiempo, Ashes Are Burning se ha convertido en una de esas obras que, sí o sí, necesito escuchar con cierta regularidad y lejos de aburrirme, cada vez descubro en ella más detalles que me permiten disfrutar más de su relativa perfección. Aunque no se trata de su primer disco, Doña Pereza oportunamente me aconsejó que el hecho de ser el primer post del año sería una buena excusa para saltarme hasta su cuarto y mejor trabajo. Pues aunque los discos anteriores de Renaissance no se quedan atrás, es aquí donde alcanzan su mejor punto como compositores e intérpretes.

Su sonido es una suerte de híbrido entre folk y rock sinfónico —sin presentar los excesos ni la grandilocuencia de éste— que consiste principalmente en bajo, guitarra acústica y piano, con éste último cobrando un peso mayor y el cual dicta las atmósferas optimistas-carnavalescas que saturan el disco, pero sin caer en las ondas hippie/flower-power de la década anterior a su publicación. La pulcritud de esta mezcla de instrumentos hace posible que cada uno resuene con ímpetu y claridad, y que cada pasaje rebose de texturas acústicas abundantes en detalles.

Todo ello perdería mucha fuerza sin la enorme voz de Annie Haslam, que sin problemas pudo haber sido una diva de la ópera, pero aquí en Renaissance, con su registro de cinco octavas, es la que dice y manda. Su tono pulcro y bien educado le permite alcanzar y sostener las notas más altas con toda naturalidad y es básicamente el sello distintivo del grupo. Y es que nomás no me puedo imaginar a Renaissance con otra(o) vocalista.

La magia de Ashes Are Burning reside en la facilidad con la que logran insertar bellas melodías pop en estructuras complejas propias del prog-rock. La impredecibilidad de las canciones hace que los tipos o bien, ofrezcan intrincados pasajes instrumentales, ritmos vigorosos con ocasionales partes vocales y acertados arreglos de cuerda (Can You Understand?) baladas simples y más tradicionales, pero no por ello menos brillantes (Let It Grow, con la extraordinaria performance de Annie), luminosas atmósferas medievalescas-románticas (Carpet Of The Sun), ricos matices acústicos y giros de 180 grados con monas conversaciones de piano y bajo (On The Frontier), u oscuros paisajes impresionistas con tristísimos pianos rusos, escabrosas historias de desolación y puertos castigados por huracanes (At The Harbour).

El plato fuerte es en definitiva la pista titular, que por sí sola justifica el ábum entero. Más de once minutos que más bien parecen cinco de tan rápido que se pasan: lás atmósferas cambian de misteriosas y trágicas a brillantes y esperanzadoras... y viceversa. Instrumentos van y vienen, Haslam prolonga las notas como se le caracteriza y ofrece una performance inmejorable. Cuando suelta ese último "ashes are burning the waaay" y su voz se desvanece mientras alcanza registros sobrehumanos, es difícil evitar los escalofríos por el espinazo. Pero ahí no acaba todo: Andy Powell se receta ese visceral solo de guitarra que, aunque no es lo más técnico o complejo de él, se las arregla para impregnar en cada nota un feeling enorme. La guitarra comienza en el canal izquierdo, lentamente se pasea por en medio (o en ambos canales, pues, para dar la sensación de que se halla en medio) para concluír en el derecho, y de paso cerrar, difuminada en un ritmo marcial, una de las más brillantes composiciones prog de la década y uno de los mejores discos que un servidor ha tenido oportunidad de escuchar.

"Clear your mind, maybe you will find that the past is still turning.
Circles sway, echo yesterday. Ashes burning, ashes burning"

Sobre un video de Ashes Are Burning:
Grabado en vivo en 1973 en los estudios De Lane Lea en Londres para una transmisión de radio, es una de las grabaciones no oficiales más apreciadas por los seguidores del grupo, no sólo por su buena calidad de sonido, sino también por ser uno de los registros en vivo más antiguos de la banda que se pueden encontrar. La alineación es clásica con Michael Dunford integrado ya como quinto miembro oficial del grupo. Este tema además cuenta con dos músicos invitados los cuales son presentados al inicio: Al Steward, quien realiza segundas voces en la primera parte del tema y Andy Powell, célebre guitarrista de Wishbone Ash haciendo el sólo de guitarra en el segmento final... Una grabación de lujo e inolvidable...






Y "The Harbour":



Y hay muchas más reseñas en inglés que muestran la relevancia de este gran disco.


3 comentarios:




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