El exterminio perfecto es el exterminio de niñas, niños y adolescentes. Justamente porque deberían ser el futuro. Futuro que ya no será. Terminator tiene el mandato de asesinar a Sarah O’ Connor, madre del futuro líder de la resistencia. Muerta la madre, se acabaría la rabia combatiente. En la película Terminator no lo logra. La buena noticia es que en la realidad depende de nosotros. Los del presente. Sabiendo que nunca estaremos solos en esa lucha. Pero sabiendo también que Terminator (los terminators) tampoco están solos. De los espejitos de colores a la internet de starlink para los pueblos de la amazonia. Lo que he llamado la “restauración digital conservadora”.
Este Terminator no viene del futuro apocalíptico sino de un pasado, incluso lejano. De la Inquisición, de la trata de esclavos y esclavas, de las torturas a cielo abierto, de masacres, genocidios, exterminios varios. De las dictaduras, de los menematos, macriazos y otras pestes. Quizá seamos privilegiados. Aún podemos pensar el pasado, el presente y el futuro.
Quizá seamos privilegiados. Aún podemos pensar el pasado, el presente y el futuro. Vivimos antes de la abolición del tiempo y la creación de una historia digital. Con prisa y sin pausa debemos abandonar toda esperanza en la democracia de los terminators.
El gran Armando Tejada Gómez nos enseñó que el que no cambia todo, no cambia nada. Quizá sea cierto también que el que no se conmueve por todo, no se conmueve por nada.
Este presente nos pide conmovernos por todo.
Alfredo Grande

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