Y nos toca presentar lo útimo de Rick Miller, otro de los grandes discos de este año. Lejos de las estridencias o los virtuosismos vacíos, este álbum se sumerge en atmósferas envolventes donde el tiempo, la memoria y la ilusión se desvanecen entre texturas sonoras sumamente cuidadas y delicadas. El disco destila una marcada influencia del rock sinfónico clásico de los años setenta, fusionado con la estética de la escuela de Berlín y el rock espacial; los colchones de sintetizadores, las guitarras acústicas cristalinas y los solos melódicos de guitarra construyen un tapiz sonoro profundamente evocador, acorde al tema del concepto que su título define bastante bien, junto con el arte gráfico. Los temas transitan de pasajes íntimos y frágiles hacia crescendos orquestales y sinfónicos que evocan la grandiosidad de nombres fundamentales del género como Pink Floyd, Anthony Phillips o Moody Blues, pero siempre manteniendo la impronta autoral de Miller. Una entrada cortita y al pie para un d...