La pregunta ya no es simplemente si las elecciones continúan celebrándose, es qué clase de seres humanos se están produciendo dentro de la cáscara vacía de la democracia. Cuando una sociedad pierde la memoria histórica también pierde parte del lenguaje necesario para reconocer los peligros del presente. El problema no es solo cómo nombrar el autoritarismo, sino qué ocurre cuando los eufemismos convierten la violencia en abstracción y permiten que lo intolerable se vuelva cotidiano. Nombrar el fascismo es también disputar las condiciones de su normalización. Por Henry Giroux En "La era de los extremos", Eric Hobsbawm advirtió que una de las características del final del siglo XX era la pérdida de una relación orgánica con el pasado público. Esa amnesia tiene un precio: cuando el pasado desaparece, también perdemos el lenguaje necesario para reconocer los peligros que hereda el presente. La crisis histórica se convierte así en una crisis del lenguaje. Cuando las palabras que ...