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El Ciclo del Rock Progresivo: El Regreso

Cerrando esta semana sobre interpretaciones sobre el rock progresivo, traemos una especie de recopilación muy recortada y esquematizada de la historia del progrock, desde sus épocas doradas hasta la actualidad (del 2015, año que se hizo esta nota). Con influencias de la psicodelia, del rock experimental, avant-garde, música académica, música étnica, folklor, krautrock, hard rock, space rock y un sinfín de estilos y aspectos culturales y regionales según la nacionalidad de las bandas, aquí vemos (más o menos) un fenómeno que se dió luego de la caída de los grandes dinosaurios del rock progresivo europeo (sobretodo inglés) de la década del 70: la proliferación en las áreas alejadas de aquellas que tienen predominio cultural, de formas y expresiones "progresivas" variadas, siempre entre lo alternativo y lo under, en lugares (Japón, Latinoamérica, Hungría, Escandinavia, etc.) alejados (no tanto geográfica como culturalmente) de EEUU e inglaterra. Aquí, cerramos este ciclo de miradas al rock progresivo, al menos por esta semana.



El mito duró hasta el 2006. Ese año, John Lydon, mejor conocido como Johnny Rotten de los Sex Pistols, acudió a uno de los conciertos finales de la gira On an Island de David Gilmour. Precisamente el show donde el líder de Pink Floyd tributó a Syd Barrett junto a su amigo David Bowie, en la que hasta ahora es la última actuación en vivo del duque blanco. En la ocasión Lydon/Rotten se reunió en camerinos con Gilmour y Bowie, y confesó lo que hasta entonces era un mito. La famosa polera de I hate Pink Floyd con la que Sex Pistols marcó su imagen –y que el propio Rotten usó en 1977– no fue idea suya, sino de Malcolm McLaren, creador y manager de la banda. De hecho, Rotten era fan de Pink Floyd, y si tenía esa camiseta era porque la había usado en un concierto de la banda. No sólo eso, la sudadera pudo haber sido un I hate David Bowie, pero la camiseta de Bowie estaba sucia aquel día. La anécdota parece tonta, pero de tonta no tiene nada. Esa camiseta sirvió para que una generación entera de críticos de rock decidieran de un momento a otro despreciar los sonidos pomposos del rock progresivo, apropiando al punk y a sus continuadores como representantes del espíritu del rock’n’ roll.



Ange - Francia
Nacido a fines de la década de los sesenta con los trabajos de King Crimson en Inglaterra y Tangerine Dream en Alemania, el progresivo representa la negación absoluta de la simpleza del rock, adoptado en lo popular, estructuras melódicas y armónicas provenientes del jazz, la música clásica y docta; de sonidos medievales, renacentistas y religiosos; y la entonces naciente electrónica.

Entre 1970 y 1977 se estiró la llamada edad de oro del estilo, encabezado por el triunvirato Yes, Genesis y Emerson, Lake & Palmer, y sobrevolados por un cuarteto al que, sin ser estrictamente progresivo, la etiqueta les resultara especialmente útil: Pink Floyd.

Con la irrupción del punk, el progresivo fue relegado a un suerte de etapa curiosa del rock, donde las bandas jugaron ingenua y pomposamente a ser los nuevos Bach y Beethoven en lugar de continuar con el legado de los Beatles o los Kinks. A pesar de eso, durante los 80 se experimentó un interesante renacer de la mano de Marillion en Gran Bretaña y fundamentalmente de los canadienses Rush, una banda tan amada como odiada, que no aguanta pasiones intermedias.

Solaris - Hungría
Con una legión de fanáticos incondicionales, hacia fines del siglo pasado, el progresivo sobrevivió más gracias a las reediciones de los grandes clásicos que por un montón de bandas intrascendentes que de vez en cuando aparecían bajo la etiqueta de neoprog o prog metal, más preocupadas del virtuosismo y de alargar innecesariamente las canciones que de “progresar musicalmente”. Más cerca han estado, en la presente década, grupos catalogados bajo el comodín de post rock, que se definen a sí mismos como buscadores de sonidos nuevos, alejados de “la norma imperante”, precisamente el mismo parámetro que usaron en los sesenta los primeros héroes de esta corriente. Wayne Coyne de The Flaming Lips sería más honesto, “post rock es una forma de decir rock progresivo sin que a los críticos les dé urticaria”.

Ruch - Canadá
En 2015, la “salud progresiva” parece más sana que nunca. Grupos como Muse llenan estadios; el retiro de Rush de los escenarios les dio la gira más rentable del año y portadas en revistas que tradicionalmente los despreciaron, como Q y Rolling Stone. David Gilmour debutó en el número 1 en los charts a ambos lados del Atlántico con Rattle that lock, su último trabajo, que presentará a un repleto Estadio Nacional el 20 de diciembre próximo.
Chile es un país progresivo. Que Gilmour llene no es novedad. Roger Waters, la otra mitad activa de Pink Floyd, lo ha hecho en cuatro ocasiones. Músicos como Steven Wilson realizan cuatro shows seguidos, más que en ninguna otra parte del mundo; misma situación que comparten Opeth, Dream Theater y viejos dinosaurios como Yes, un fanatismo local que roza lo religioso. Para los veteranos de Marillion, por ejemplo, somos su declarado destino favorito, tanto que para mayo de 2016 anuncian el primer Marillion Weekend latinoamericano a realizarse en Chile, tres presentaciones (viernes, sábado y domingo) con setlists de canciones totalmente distintos un día a otro, más un cuarto show para regiones.

Discografía pretenciosa

Escarbamos los anaqueles del progresivo y decidimos restar lo fácil. Ésta es una lista esencial, no para conocer el género, sino para disfrutarlo. Por lo mismo, no se incluyeron clásicos como Dark side of the moon o Close to the edge, ni algunas bandas o músicos emblema como Rick Wakeman, Jethro Tull o EL&P.

Per un amico, Premiata Fornería Marconi (1972): Italia fue después de Inglaterra el país donde más se desarrolló el género. La mayoría de los héroes del estilo, como Umberto Tozzi y los integrantes de Matia Bazar, acabaron evolucionando hacia el llamado pop italiano, pero otros como Goblin y los acá presentes continuaron con la tradición sinfónica. PFM es, con ventaja, el mejor proyecto progresivo italiano. Contemporáneos a Genesis, suenan como una respuesta continental y más pesada a la banda de Peter Gabriel, sin que ello les quite originalidad. Appena un Po, el tema que abre, merece estar en el top 5 de cualquier lista de grandes canciones progresivas que uno pueda armar en iTunes o Spotify.

666 (The Apocalypse of John), Aphrodite’s Child (1972): los primos Demis Roussos y Vangelis encabezan esta banda originada en Atenas, Grecia, en 1968. 666 es un álbum doble y conceptual que musicaliza el Apocalipsis de San Juan. Violento y terrorífico, la placa está en las antípodas de lo que los músicos hicieron en sus posteriores carreras solistas, y no es casual que aparezca en los primeros lugares de listas de los mejores discos conceptuales de la historia. Mejor tema: The four horsemen.

Future Days, Can (1973): el quinto LP de la mejor banda de kraut rock (o prog rock alemán). Guitarras, bajos y baterías sobre colchones electrónicos análogos. Un disco adelantado, extraño, lleno de matices y dimensiones espaciales, tan avant-garde que deja a David Bowie como un folclorista de Paine, sin ofender a los folcloristas de Paine. El tema que abre y da nombre a la placa es una joya gigante del género. Ideal para que los fanáticos de Pink Floyd descubran que hay mucho más rock espacial en el planeta.

Relayer, Yes (1974): Rick Wakeman era carnívoro y cristiano; el resto del quinteto, vegetariano y orientalista. Además, al tecladista le estaba yendo cada vez mejor en su carrera solista y Bowie lo quería de vuelta en su banda. Por eso dejó Yes, que buscó su reemplazo en Vangelis, pero no funcionó, y así recurrieron al pianista y organista de jazz, Patrick Moraz. Con su ayuda la banda exploró sonidos más orgánicos, dejó las manierismos renacentistas y abrazó el jazz y el avant-garde. Yes, que básicamente era un grupo de solistas pegoteados, por primera vez sonó como una banda cohesionada y ello se nota especialmente en la suite principal del LP: Gates of Delirium.

Wish you were here, Pink Floyd (1975): No hay tema que represente mejor lo que es el sonido Floyd que los primeros seis minutos de Shine on you crazy diamond. Colchones ambientales de teclados dan paso a un solo de guitarra aletargado, al que se van uniendo bajo y batería a medida que las partes de la canción se suman. Wish you were here no es un disco, es un compendio de lo que es y era Pink Floyd: rock espacial, ambiental, progresivo, vanguardia electrónica, blues sucio, baladas acústicas. Waters, Gilmour, Wright y Mason se lucen como partes de un todo. Tras el álbum, el bajista tomó el control creativo del combo y Pink Floyd como grupo se acaba. Decidor es que Shine on you crazy diamond. PartIX, el tema que cierra la placa, sea una marcha fúnebre. Básicamente la despedida de Pink Floyd, porque lo que vino después es otra cosa.

Wind & Whutering, Genesis (1976): segundo trabajo sin Peter Gabriel y despedida del guitarrista Steve Hackett de la legendaria banda fundacional del prog rock. Quizás no sea tan arriesgado como discos previos, pero lo que no tiene en riesgo lo tiene en belleza, elegancia y matices. Genesis jamás antes ni después sonó con tal perfección, y eso es algo que los incondicionales a Gabriel deben reconocer. One for the vine tiene a Tony Banks haciendo hablar los teclados, mientras la agrupación entera es pura energía en la espléndida Eleventh Earl of Mar, que abre el LP.

I (Car), Peter Gabriel (1977): basta escuchar la letra de Solsbury Hill para entender las razones de por qué Gabriel dejó Genesis dos años antes. Declaración de principios y ajuste de cuentas en una de las mejores canciones de la historia del pop y el rock, categorías aparte. Para su debut en solo, el inglés reclutó a King Crimson de banda de apoyo (no acreditados como tal) y con ellos armó un disco bruto, alejado de las atmósferas de su ex compañeros; honesto y doloroso. En el doble cierre de Down the dolce vita y Here comes the flood está el germen de lo que haría Radiohead veinte años después.

The Kick Inside, Kate Bush (1978): un género tan masculino tiene a su reina, en este caso una chica inglesa, frágil como un elfo, descubierta por David Gilmour cuando tenía 16 años. El guitarrista se encargó de producir su debut, una joya que mezcla canciones pop, con sonidos de vanguardia e incluso reggae. Moving es el mejor tema de The Kick Inside, donde también destacan Kite y el hit Whutering Heights.

Crisis, Mike Oldfield (1983): el quinto disco del multiinstrumentista autor de Tubular Bells mantenía su sello en la cara A, con una suite de 20 minutos plagada de deudas a la música sinfónica, celta y medieval. Radicalmente distinto y refrescante resultó el segundo lado, un abrazo al pop. Oldfield, junto a la cantante escocesa Maggie Really, patentaron el dream pop en la dupla Moonlight Shadow/Foreign Affair, éxitos comerciales que acabaron influyendo en músicos tan dispares como Cocteau Twins, Dead Can Dance, The Sundays, Camera Obscura y Belle & Sebastian.

Three of a perfect pair, King Crimson(1984): décimo disco del proyecto de Robert Fripp. Un quiebre a la tradición progresiva, para un disco que le debe más a Velvet Underground y a Talking Heads que a los propios Crimson. ¿Prog rock? Sí, pero también pop casi bailable. La primera placa de post punk, post rock y math rock de la historia, un disco que se adelantó veinte años al futuro. Ojo con Sleepless y su intro imposible de bajo; el progresivo también podía entrar a las discotecas.

Grace under pressure, Rush (1984): el trío canadiense se despide de su edad de oro progresiva y abraza la nueva década con un improbable disco de ¿tecno rock? Dominan los sintetizadores, Neil Peart cambia las baterías acústicas por pads digitales y Lifeson evoluciona su incombustible guitarra líder a cuerdas atmosféricas y procesadas con tecnología MIDI. Resulta tan desconcertante como futurista, puro progreso. ¿Depeche Mode en clave pro? Por qué no. Algunos fans no le perdonaron el cambio. Afterimage, Between the wheels y Red Sector A son la mejor manera de entender este disco. Nunca el synth pop sonó tan pesado.

Brave, Marillion (1994): diez años después de su disco más exitoso, Misplaced Childhood, los escoceses regresaron con otro trabajo conceptual (y otro vocalista/letrista), basado en la historia real de una joven que se quitó la vida lanzándose desde un puente. Triste, intenso, muy complejo a nivel de música y letra, Marillion patenta su sello con esta joya, que crece a cada escucha. ¿El punto más alto? Todo el cuarto final, desde The Great Escape a Made Again. Aunque a los incondicionales de Fish les dé alergia, lo mejor que ha hecho Marillion en su carrera.

Broken china, Rick Wright (1996): la mejor aventura en solitario de un miembro de Pink Floyd, a pesar de lo que puedan alegar los fans de Barrett, Gilmour y Waters. El fallecido tecladista entendió como ninguno de sus colegas que el sonido Floyd no estaba en la autorreferencia, sino en la diferencia. Y acá se atreve con el trip hop, el ambient, el rock espacial y sobre todo con esa elegancia sonora tan suya. Suena a una inesperada mezcla entre el Floyd de Echoes con David Bowie, y algo de Massive Attack. Hermosa es Breaktrough, la balada cantada a dúo con Sinead O’Connor, que cierra la placa.

OK Computer, Radiohead (1997): Aunque en rigor Radiohead es inclasificable, su tercer trabajo es un disco progresivo en la más clásica de las lecturas. Un concepto que une a las canciones, temas largos divididos en secciones, mucho uso de teclados, el estudio como un instrumento más. El guitarrista Johnny Greenwood declaró que OK Computer era “Punk Floyd”. Perfecta definición, los discos de Karma Police y Paranoid Android les deben mucho a los tipos de Dark side of the moon, pero también a la heterogénea mezcla de todo, presente en las primeras aventuras solitarias de Peter Gabriel.

The Resistance, Muse (2009): los coqueteos progresivos de Muse venían desde sus inicios, marcando la diferencia con sus compañeros de generación, pero acá no sólo brillan, sino que el trío de Matt Bellamy se hace cargo de la deuda. United States of Eurasia es Queen en su sentido más clásico, y las tres partes de la sinfonía Exogenesis son su personal rendición a Atom Heart Mother de Pink Floyd. Es cierto, las referencias a ratos cansan, pero no deja de ser valioso que en una época de minimalismo en el pop, Muse quiera jugar en las arenas de los grandes estadios, creyéndose el cuento de ser herederos de esa época en que el rock quiso ser docto.

Hand, cannot, erase, Steven Wilson (2015): uno de los mejores discos del año, el ex líder de Porcupine Tree y No-Man se atreve en su cuarta aventura solista con un pop elegante, capaz de pasar de música ambiental a rock pesado en una misma canción. Placa conceptual acerca de la soledad en las grandes ciudades, Wilson homenaje a Kate Bush en Routine. ProgRock Magazine dijo del tema que era la mejor canción del género desde Comfortably Numb. Exageración o no, Hand, cannot, erase es la prueba de la buena salud del progresivo en 2015. •••
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Latin prog

El rock latino explotó en nuestro continente a fines de la década de los sesenta, coincidiendo precisamente con la edad de oro del rock progresivo. No fue raro entonces que algunas de las bandas seminales de nuestro idioma abrazaran este estilo como propio; de hecho, en Argentina fue género padre de todo lo que vino después, desde Spinetta a Virus.

La Biblia, Vox Dei (1971): uno de los primeros discos conceptuales en español y la primera ópera rock argentina. Básicamente es la Biblia traducida a lenguaje de música popular, una idea muy parecida a la de 666 de Aphrodite’s Child, que aparecería un año después, en el Viejo Continente. Esta maravilla está a la altura de cualquier disco de Yes o EL&P, cosa de poner play en Génesis, el corte que abre la placa.

Locomotora, Los Blops (1973/74): tres discos se tardó la banda chilena en encontrar su sonido. El folk de sus inicios se mantiene, pero ahora entran teclados, flautas traversas y solos de guitarra ambientales. El tema que da nombre al álbum recuerda a Jethro Tull, pero con guitarras más lisérgicas a lo Pink Floyd de Barrett, donde Eduardo Gatti explora esas sonoridades tan lentas y elegantes que continuaría en su posterior carrera solista.

Pequeñas anécdotas de las instituciones (o Instituciones), Sui Generis (1974): En el tercer disco del combo, Charly García da un golpe de Estado y cambia las guitarras de palo por un mellotrón y otros teclados. Fanático de Yes, García transforma a Sui Generis en una banda que busca sonidos vanguardistas, con solos de órganos y baterías tocadas en tiempos cercanos al jazz. El tema Instituciones rompe esquemas con rugidos de teclados a lo EL&P, igual que Pequeñas delicias de la vida conyugal, donde Charly se da el lujo de plagiar (o samplear) a sus admirados Premiata Forneria Marconi

Seru Giran, Seru Giran (1978): una certeza, Eiti Leda (grabada anteriormente por Sui Generis con el nombre Nena) es el mejor tema de rock progresivo en nuestro idioma, el And You and I en español. Charly García junta en su tercera banda a dos ex compañeros suyos en La Máquina de Hacer Pájaros (David Lebon y Óscar Moro) con un brillante bajista de 17 años (Pedro Aznar) y con ellos da inicio a la banda más grande de rock argentino de inicios de los ochenta.

Alturas de Machu Picchu, Los Jaivas (1981): la mezcla de folclore con sicodelia y rock progresivo fueron la marca registrada del sonido de los alguna vez llamados Pink Floyd chilenos, y en este disco, que traduce a música parte del Canto General de Neruda, esa aritmética es latente de inicio a fin. Un rito, un viaje espacial al exterior y al interior, Águila sideral y La poderosa muerte son piezas estatuarias tanto de la música popular chilena como de la historia mundial del prog. Un disco que no tiene nada que envidiar a Dark side of the moon o a OK Computer.



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"La desobediencia civil es el derecho imprescriptible de todo ciudadano. No puede renunciar a ella sin dejar de ser un hombre".

Gandhi, Tous les hommes sont frères, Gallimard, 1969, p. 235.