LightbulbSun nos presenta, en esta oportunidad, el disco homónimo de Altamont, uno de los primeros proyectos de un joven de 15 años llamado Steven Wilson (quien a los 15 años hacía mejor música que el 90% de los músicos actuales), junto con Simon Vockings; un proyecto que existió entre 1983 y 1984, y toda la música se improvisaba en directo y se grababa en casetes con sintetizadores analógicos primitivos y unos efectos caseros. Aunque el material original se gestó en cassette a finales de esa década, este álbum homónimo vio la luz de manera oficial en 2002, revelando una gema de estudio tan extraña como fascinante. Lejos de la precisión quirúrgica y la sofisticación milimétrica de Porcupine Tree, este artefacto es una incursión visceral en los terrenos más brumosos de la psicodelia espacial y cósmico. Y esta es otra de esas sorpresitas que solo aparecen en el blog cabeza para aquellos que les interese, y para ellos van a estas palabras: no se olviden de agradecer a LihgtbulbSun.
Artista: Altamont
Álbum: Altamont
Año: 2002
Género: Rock psicodélico
Duración: 37:46
Referencia: Rate your music
Nacionalidad: Inglaterra
Y seguimos con Altamont gracias a LightbulbSun, y nos toca revisar su disco homónimo, fechado en el 2002. Y otra vez vemos a un joven Steven Wilson haciendo de las suyas; estamos en presencia de un artefacto oculto en las catacumbas del catálogo de Steven Wilson que suele desconcertar hasta al fanático más purista de Porcupine Tree. Mucho antes de consolidarse como el gran gurú del progresivo moderno y el rey de las mezclas en sonido envolvente, un joven Wilson se juntó a finales de los ochenta con su amigo y colaborador Simon Vockings para dar vida al primer disco oficial de Altamont.
Si hay un nombre propio en la historia del rock progresivo contemporáneo que ha hecho de la reinvocación de fantasmas analógicos, la melancolía psicodélica y el multiverso de proyectos paralelos una marca registrada, ese es el de Steven Wilson. Mucho antes de consolidarse como el gran gurú del sonido envolvente y el pop-prog de autor, el joven Wilson dejó correr su faceta más cruda, libre y de baja fidelidad en Altamont, un proyecto homónimo editado originalmente en CD a principios de los noventa (y rescatado en ediciones de culto como la de 2002).
Lejos de los arreglos hiperprolijos del rock sinfónico o los pasajes metálicos, este proyecto se sumerge de lleno en una psicodelia pastoral, rústica y sumamente textural que bebe tanto del pop barroco de los sesenta como de la experimentación ambient más brumosa. Un experimentación lofi, con texturas analógicas y guitarras en estado de trance, cintas también analógicas, texturas lo-fi, experimentación temprana, introspección cósmica, vértigo, melancolía, nostalgia y ensoñación otoñal, todo ello reunido acá, en esto que ahora presentamos en el blog cabeza.Este álbum es un manual de cómo hacer magia sonora con recursos mínimos y mucha imaginación psicodélica. En lugar de los muros de sonido limpios de sus obras mayores, acá nos encontramos con grabaciones de estudio caseras, capas superpuestas de cintas gastadas, guitarras cargadas de feedback y delays analógicos, y sintetizadores primitivos que crujen con personalidad propia. Las canciones no buscan estructuras estandarizadas ni estribillos radiales; se despliegan como largos pasajes instrumentales e hipnóticos donde la repetición rítmica y la atmósfera espacial ganan por knock-out. La producción prioriza la calidez polvorienta y la imperfección, logrando que sientas que estás espiando una sesión secreta en un sótano de fines de los ochenta o principios de los setenta.
Con Wilson y Vockings alternándose en la composición, las guitarras acústicas de rasgueo hipnótico, los teclados y los bucles de cinta caseros construyen una atmósfera claustrofóbica pero profundamente melódica. No hay aquí solos pirotécnicos ni amalgamas rítmicas imposibles; la fuerza radica en el diseño sonoro, el uso de capas vocales etéreas y un tratamiento de la distorsión analógica que huele a buhardilla británica de los ochenta. La producción, fiel a su origen de grabaciones caseras, prioriza la calidez de la imperfección por sobre la pulcritud digital. Bueno, quizás no es que lo prioriza, lo que pasa es que en ese momento no se podía hacer otra cosa con lo que se tenía a mano... ni aún siendo Steven Wilson.
El disco transmite una melancolía densa, un trance lisérgico y solitario que te desconecta por completo del mundo exterior. No te bombardea con fuegos artificiales técnicos; te absorbe lentamente a través de su atmósfera hipnótica. Es como hurgar en una caja polvorienta de recuerdos encontrados en el altillo de una casa antigua, donde las fotos descoloridas se mezclan con viejas cartas de amor adolescente. Transmite una melancolía pastoral, un refugio íntimo que te transporta a un limbo atemporal de introspección y calma.
Lamento decir que, aunque uno sepa que este sonido va a ser muy básico, tiene bastante ruido de fondo, crujidos y varios chasquidos. Teniendo en cuenta lo limitado de es este álbum; tenemos que saber que no tiene la mejor calidad de audio, aunque igualmente sea un poco frustrante, de todas maneras.
Así que imagino que esto es algo para algunos coleccionistas fans de la obra de Steven Wilson de todas sus etapas, aunque no deja de ser algo interesante. Acá en el video lo podés escuchar...
El álbum homónimo de Altamont es una rareza preciosa y subterránea, un documento arqueológico indispensable para entender la génesis creativa de una de las mentes más brillantes del progresivo contemporáneo. Una gema clandestina y fascinante, un documento imprescindible para entender la génesis experimental de uno de los compositores más grandes del rock moderno. Creo que esto solo le interesará, de verdad, al coleccionista de la obra de Steven Wilson. Aun así, y como dije antes, debo añadir que a los 15 años hacía mejor música que el 90% de los músicos actuales.
Lo considero más bien un elemento fundamental para su posterior proyecto, mucho más complejo, que se llamó Bass Communion. Cuando quieras psicodelia cruda, texturas espaciales de baja fidelidad y analógicas en estado puro, una dosis de melancolía británica y un viaje sin GPS al origen del sonido wilsoniano, este es tu disco.
En el video lo tienen para escuchar. Al que le interese, enhorabuena...
Lista de Temas:
1. Sutton Hoo (19:27)
2. Testament (12:19)
3. Glow (6:00)
Alineación:
- Steven Wilson / Performer, writer
- Simon Vockings / Performer, writer

Muchas gracias por el dato.
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