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Gustavo Santaolalla. El Sueño Bolivariano del Rock

Encasillar a Gustavo Santaolalla sería un error. Este músico, compositor, guitarrista, productor y artista nos cuenta en esta charla, las problemáticas que reconoce en la Patagonia, sus sensaciones al viajar junto a León Gieco “De Ushuaia a la Quiaca”, sobre la identidad de nuestra música y cómo germinó el mapa de música alternativa latinoamericana que se propuso armar tiempo atrás. En relación a la presentación del disco "Qhapaq Ñan Desandando El Camino" en el blog cabezón, traigo esta jugosa entrevista publicada en el Colectivo "Al Margen" donde el gran Santaolalla habla de todo, y para todos. Como su música...


Por Sebastián Carapezza y Eugenia Neme - Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen

Estábamos con Euge, fotógrafa y gestora de esta entrevista, nervioso una, ansioso el otro.  Tomábamos unos mates, mientras esperábamos que se hagan las tres de la tarde, frente a esa computadora que nos iba a servir de herramienta para entrevistar a Gustavo Santaolalla.
Puntual y mate en mano se contactó. Comenzamos a charlar sobre su vida en Los Ángeles, donde estaba en ese momento y sobre el encuentro que lo trajo a Bariloche en abril pasado, donde Euge contactó a su manager, le acercó alguna de nuestras revistas y comenzó a cristalizar esta entrevista que se concretó casi dos meses después.

– Somos una organización social que tiene un medio comunitario para contar que nos pasa. ¿Sos consumidor de estos medios? ¿Qué función les atribuís en estos tiempos de medios masivos concentrados?
– Esa concentración se da cada vez más en todas partes del mundo. Por eso es importante el rol de los medios de comunicación alternativos, porque vemos el poder que se tiene usando para bien o para mal a los medios masivos, entonces de alguna manera hay que disputarle el partido. En lo personal estoy permanentemente leyendo medios alternativos, buscando información. Siempre a través de mi carrera traté de apoyar y ver en qué se puede dar una mano para que se conozcan y se divulguen más los contenidos de ese tipo de publicaciones, para participar y llegar a otra gente. Puntualmente tengo relación con la gente de La Garganta Poderosa, que tienen un rol muy importante en la actualidad.

– Sos músico, compositor, productor, haciendo una analogía futbolera, sos un jugador de toda la cancha. ¿Artísticamente cómo te definirías?
– Creo que me presento antes que nada como persona y después como un artista, no como músico, ni compositor de películas, ni productor o intérprete, sino que siempre me visto de un artista que utiliza diferentes formas para expresar esa creatividad.

– Pero… ¿todos los músicos son artistas? ¿Qué hay que tener para ser considerado uno? ¿A quién definirías como tal en nuestra música contemporánea?
– Todos los músicos no son artistas. Hay músicos que son músicos. Cuando la profesión ocupa toda tu persona, te convertís en esa profesión, como convertirse en “tachero” por ejemplo. Creo que hay personas que son más artesanos y otros más artistas y dentro de cualquier disciplina hay de los dos. Para mí los artistas son todos los que transforman y reorganizan la realidad de una manera peculiar que permite apreciarla de una forma diversa, distinta de cómo nos la imaginábamos antes. El artista en general genera mundos y universos muy particulares que nos permiten acceder a la realidad de una manera diferente. Eso es un artista, mientras que un artesano tiene la facultad de construir cosas desde una obra musical y es como un obrero de la construcción del arte. La diferencia es grande entre uno y otro.
Siempre estoy atento a las cosas que pasan con la gente joven y si bien creo que los frutos de la experiencia son muy importantes, también creo en los frutos de la inexperiencia que nos permite tomar ese camino que con la experiencia nunca hubiéramos tomado. Por eso me gusta trabajar con gente joven y con muchos artistas nuevos, tal es así que estoy muy de cerca participando con el movimiento musical que se está dando en Mendoza donde tenemos un espacio. A través de mis hijos tenemos muy buena relación con artistas como “Usted señálemelo”, “Perras on the beach”, “Francisco y los exploradores” o “Catriel y Paco amoroso”. En todos ellos veo componentes artísticos muy válidos.

– Tenés como compañero en Bajo Fondo a Javier Casalla, músico originariamente barilochense. ¿Conociste a la familia Casalla?
– Conozco a toda la familia Casalla y puntualmente Javier es como un hermano. De hecho también está casado con la hermana de mi mujer así que quedó todo en familia. Él no solo participa en Bajo Fondo y en la Santa Banda que es mi proyecto solista, sino que en las innumerables grabaciones que hago para Netflix o para películas, siempre está conmigo. Él no es un músico, es un gran artista: toca la guitarra, el violín, la armónica, la viola. Él ama Bariloche y tiene a Joaquín su hijo que vive en esa ciudad. Ni hablar de lo que significó Chingolo Casalla que fue un baterista alucinante, además de ser un gran dibujante.

De Ushuaia a la Quiaca fue una bisagra en la música popular argentina.


Tierra adentro

De Ushuaia a la Quiaca fue un proyecto que no registra antecedentes en la historia de la música argentina. Fueron cientos de conciertos recorriendo cada provincia argentina lo que dio fruto a este legado cultural. Poetas, maestros, alumnos, músicos, y la tierra misma, juntos en una película auditiva fascinante. Así se grabaron tres discos, entre 1985 y 1986 grabados en los lugares de origen de los artistas que participaron en esta obra.
Así es como este proyecto consistió en ir a los lugares donde la música misma nace y grabarla en su ambiente natural y no llevar los músicos a un estudio de grabación en una ciudad grande donde perderían parte del sentimiento que da el lugar de origen. Para ello se viajó con un estudio móvil de grabación, dentro de una kombi (camioneta cerrada) que tenía la «cabina de grabación». Como en la mayoría de los lugares no se tenía acceso a electricidad, entonces se usaba un generador eléctrico portátil que se ponía a más de 200 metros para que el ruido no se grabara. Cuando se grabó en la Patagonia hubo una ocasión en que el frío era tan intenso que los micrófonos tendían a congelarse y había que darles calor para que funcionaran correctamente.

– Acompañaste en tus inicios de productor a León Gieco en ese periplo llamado “De Ushuaia a La Quiaca”. ¿Qué recuerdos quedaron de ese viaje, qué anécdotas perduran en el tiempo?
– Ese fue un viaje lleno de historias y anécdotas que perduran hasta hoy con cosas fundamentales que nos marcaron muchísimo a todos los involucrados. Para mí, ese viaje significó seguir con esa búsqueda de identidad, algo que me ocupó desde muy chico. Y darse cuenta de la importancia de cantar en nuestro idioma, porque hace no mucho tiempo atrás en este país se cantaba en inglés. Y en ese momento pensábamos que además había que tocar en nuestro idioma, no sólo cantar. El rock se había convertido a fines de la década de los 60 en el folklore de los jóvenes del mundo, porque ya no era rock and roll como ese ritmo de moda, sino que el roll ya se había ido, quedó el rock solo, con Dylan y Hendrix tocando la guitarra, y convirtió en esa energía que los jóvenes encontraron en todo el mundo para transmitir su visión respecto al sistema y su insatisfacción que se vivía en ese momento.
Entonces sentíamos que dentro de ese folklore mundial que se vivía, nosotros teníamos que tener nuestra propia impronta, hacer algo con nuestra identidad, no alcanzaba con cantar en castellano, así que empezamos a mezclar ritmos folklóricos y sonidos e instrumentos locales con el rock. En aquel momento fui muy resistido, aunque hubo otros que siempre apoyaron, como Charly García.
Con León tengo una historia bárbara porque en ese momento el dinero que dejaban los recitales y las giras no alcanzaban para vivir, entonces para complementar lo que ingresaba por los conciertos dábamos clases de música, aunque en la actualidad todavía no sé leer ni escribir música, pero transmitía lo que sabía. Entonces los que querían estudiar conmigo eran chicos que no querían ir al colegio y eran seguidores de Arco Iris. Así un día, llegó León Gieco a esas clases. Cuando lo escuché y me mostró los temas que ya tenía, enseguida le propuse hacer un disco. Y ahí nace el primer álbum de León que tiene tremendas canciones como “Hombres de hierro”. Recuerdo que justo en esos momentos había pegado el tema “Mañanas campestres” de Arco Iris, tuvimos mucho trabajo y tardamos mucho tiempo en grabar ese disco con León, a quién al principio le costó porque era muy folk.
Una vez mudado a LA en el año ‘78 hicimos “Pensar en nada” y ahí nació esa amistad que tengo con él hasta el día de hoy, que es como un hermano. Ahí él se conectó con algunos de los músicos que le había recomendado y vino con la propuesta de hacer “De Usuahia a la Quiaca”, una idea genial. Fue un poco lo que pasó con los músicos de rock en Inglaterra y EEUU que en un momento tuvieron necesidad de juntarse con los bluseros viejos averiguando de dónde venía eso que tocaban. A nosotros nos pasó un poco eso. Queríamos investigar y conectarnos con los folkloristas de nuestra tierra, buscar esa identidad nuestra. En su momento eso fue una locura y la gente pensaba literalmente que me había vuelto loco. Fue un proyecto que no pudimos terminar porque no nos financiaron más. En ese momento la industria discográfica era muy incipiente. Hoy en día tiene sentido, pero en ese entonces no había nada con qué compararlo. Además los músicos que buscábamos no les interesaba ni salir en la tele, ni hacer discos sino solo la música. En ese momento teníamos como contrapartida un fenómeno como el programa “Argentinísima”, que en su momento representaba todo lo contrario: el folklore hecho de una manera super comercial. 
Otra cosa fundamental es que en ese viaje conocí a quien es hoy mi mujer y madre de mis dos hijos, Alejandra Palacios quien hizo las fotos de ese viaje que sucedió hace ya 34 años. Creo que nos marcó a todos esa impronta de viajar por el interior del país y recopilar cosas. En ese sentido fuimos pioneros y significó un viaje trascendental.

La entrevista via skipe con los compañeros de Revista Al margen.

Hasta esos momentos, Santaolalla al único artista que producía además de las grabaciones de Arco Iris, fue a León Gieco y solo durante “Usuahia a la Quiaca”, produjo casi 40 eventos musicales. Después de esa movida, en la que él ya vivía en EEUU, comenzó a dedicarse más a la producción.
– Fuiste productor musical de importantes bandas y artistas del continente: Café Tacuba, La Bersuit,  Jorge Drexler, La Vela Puerca, Árbol, cuyos discos se han ganado un lugar dentro de los mejores del rock latinoamericano. ¿Qué es lo que te llama la atención para seleccionar una? ¿En qué cuestiones te basas?
– Mis inicios en relación a las computadoras fueron en la época en que se usaba la Commodore, cuando me llaman de México para producir un tema de una banda. Cuando voy para allá me doy cuenta que está pasando en ese país algo impresionante, comparable a la realidad sociopolítica que vivía en ese momento ese país, porque justo a final de los 80 el PRI se fractura, aparece un competidor de Televisa y el rock deja de estar prohibido, algo que sucedía desde la década de los 60. Los recitales también estaban prohibidos. Entonces cuando se levanta esa prohibición aparece una movida musical increíble de donde salen Los Caifanes, Maldita Vecindad y esa energía me hizo recordar el inicio del rock en nuestro país y el surgimiento de Almendra, Manal, Vox Dei, etc. Entonces yo quería ser partícipe de esa experiencia porque siempre tuve la idea de un sueño bolivariano de un rock, de un mapa de la música alternativa. Siempre pensé que teníamos artistas en toda Latinoamérica con un voltaje musical tan o mayor a las bandas anglo, solo que crecimos en esta parte del mundo, sin acceso a los mejores estudios de grabación, ni los mejores instrumentos y vivir aquí en EEUU me dio la posibilidad de aprender y tener acceso a esas tecnologías.
La idea era hacer un mapa de la música latinoamericana, entonces me conecté y trabajé primero con Los Prisioneros de Chile, grupo perseguido por la dictadura, hice “La Era de la boludez” de Divididos y “Circo” de Maldita vecindad. Estos discos tuvieron tanto éxito que surge la posibilidad de armar nuestro propio sello. También logro firmar a Café Tacuba, algo que me llevó un año y medio, porque nadie los quería… de locos. Pensá que con esa banda ya trabajamos juntos desde hace 27 años.
Lo que siempre busco en todos los artistas cuando me acerco es, primero ver que tengan un nivel de originalidad en lo que hacen y poder sentir que tengan una visión con peso de lo que quieren hacer, que no repitan fórmulas que ya conocemos. Que tengan algo que estéticamente resulte atractivo y genere admiración.
También se tiene que producir algo que no te lo puedo explicar, que se siente en la panza y da la certeza de si es un artista o no con el que puedo trabajar. Yo quiero amplificar lo que el artista propone, no soy un tipo de productor que va a imponer nada, sino que voy a trabajar tratando de mejorar el sonido particular de cada artista. Yo proporciono un servicio, pero el disco lleva el nombre del artista, no el mío.

Lo folk , el rock y la música electrónica conviven en Santaolalla.

Después los tengo que conocer personalmente y ver si coincidimos en la forma de trabajar. Yo tengo un concepto clave: para mí esto es 80 % transpiración y 20 % inspiración. No soy de los que está sentado en un sillón esperando que se me prenda la lamparita. Creo que hay que laburar con el pico la pala y finalmente en un momento conectas. Hay muchos artistas que tienen otra visión respecto a esa forma de trabajar. Creo además que si querés hacer un álbum de 12 canciones tenés que componer al menos 25 ó 30 temas, porque no todo lo que uno produce es increíble. Hay canciones muy buenas, otras buenas y otras desechables. Y eso indefectiblemente implica más trabajo. Me acuerdo cuando empecé, que los grupos se metían a hacer un álbum con 4 canciones y el resto lo resolvían en el momento de grabar. Yo tengo un plan de trabajo que tengo que chequear con el artista y que exista una ética y una disciplina de laburo.


Pañuelos de colores.

Suena el timbre de su casa en LA. Pide disculpas y se va a atender la puerta. Se escucha a su perro “viejito” recibir a alguien conocido. Es su mujer que pasa delante de la pantalla, saluda y sigue en sus quehaceres. Un rato después va a ser ella quién nos tome una foto de Gustavo, junto a nosotrxs (en la pantalla) “para dejar registro”,
A esa altura miré la pantalla del grabador y ya teníamos más de una hora de charla, de respuestas a preguntas que fueron pensadas y programadas, y otras temáticas que fueron surgiendo. Euge aprovechó y le preguntó sobre su posición respecto a la ILE (Interrupción, Legal del Embarazo)

– Mirá, tengo una posición tan tomada al respecto que salgo al escenario al final del show con una caja llena de pañuelos de diferentes colores, verdes, violetas y naranjas. Creo que en esta discusión el hombre tiene que tomar la segunda fila. Cuando veo a hombres defenestrar esta ley con una pasión tremenda me pone los pelos de punta. Creo que los hombres en este tema tenemos que tener humildad y no hablar con una arrogancia ni una propiedad que no nos corresponde.
Una mujer que no quiera tener un hijo existe desde que el tiempo es tiempo. En su momento se comían una raíz para abortar. Es algo que existe desde siempre, entonces hay que hacerse cargo de esto como sociedad. Podes estar en desacuerdo por cuestiones religiosas pero hay que legalizar esta ley porque es una cuestión de salud pública y las mujeres se mueren por este tema y va a seguir ocurriendo hasta que no hagamos algo. Al respecto los tibetanos consideran que el alma entra al cuerpo recién a los 43 días, o sea que hasta dentro de una cuestión religiosa tienen estos recaudos. Estoy totalmente a favor de la despenalización del aborto, seguro legal y accesible.

– ¿Qué adjetivos usarías para describir a la actual coyuntura política argentina que estamos atravesando? ¿Cómo nos perciben desde el norte?
– Hubo un montón de argentinos que se han ido del país en diferentes momentos y afuera se comportan de diferentes maneras. Está quien se asimila totalmente a otra cultura y hay otros, entre los cuales me encuentro, que de alguna manera nunca han perdido contacto con el país, no han perdido su identidad y de alguna manera han expandido el mapa de Argentina. De hecho en un momento tenía la idea de hacer una revista de corresponsalía hecha por argentinos en el exterior. A pesar que viví buena parte de mi vida afuera, desde el año 78, no he perdido mi identidad, sino que he adoptado e incorporado cosas a mi vida. Voy al país tres veces al año. Lo que hicimos de dinero lo invertimos en proyectos en Mendoza en una finca con otros socios, aunque todos me preguntaban por qué traía el dinero al país y no lo dejaba en el exterior. Es que amo mi país y la verdad es que me dio mucha esperanza esta nueva alianza de Alberto con Cristina. Me gustaría que me escuchen los que son críticos acérrimos y que destilan odio. Si bien en lo personal lo detesto a Macri, me parece nefasta su gente, su forma de pensar, hasta cuestiones como que tenga su dinero en el exterior, no lo odio como sí lo hace mucha otra gente con Cristina. Estos tipos laburaron en generar este odio visceral. Todos los días leo Página/12 y La Nación, los dos extremos y estoy al tanto de casi todo lo que pasa.
Creo que si bien los políticos son importantes, lo son más las políticas de inclusión que atienden a la gente. Cuando te meten en la cabeza que el pobre es pobre porque no quiere trabajar, es una estupidez tremenda. Yo llevé una vida monástica hasta los 24 años en los que viví como un monje, estos tipos hablan de la espiritualidad y el alma, se llenan la boca hablando de cosas que no conocen ni tendrían que pronunciar.
En concreto estoy feliz porque veo que existe una esperanza para que no gane esta gente de nuevo aunque creo que el odio juega un montón y con eso no se puede construir nada. Siempre ven teorías macabras y no hay argumentos para cambiarles la cabeza aunque cada vez tienen menos. Lo del juez Stornelli por ejemplo no lo puedo creer. Hacen programas especiales con el tipo que dice que “es su deber no presentarse a la justicia” ¿por qué nadie le pide que entregue su celular? ¿no es que no tenés nada que esconder?
De a poco la entrevista va dejando lugar a una especie de charla de conocidos en la que nos preguntamos por gente y lugares comunes. Nosotrxs contamos de la experiencia de la sala de ensayo comunitaria local, de la grieta social que se siente en Bariloche y de los asesinatos de Santiago Maldonado y Rafa Nahuel.

Multinstrumentista, compositor y productor conviven en Santaolalla.


– ¿Cuáles son las problemáticas que más te preocupan de la Patagonia?
– Una de las problemáticas que más me preocupan son la de los mapuches y el territorio, quizás por esta búsqueda permanente que tengo con la identidad de las cosas. En un momento tenía un proyecto personal alrededor de Ceferino Namuncurá lo que me llevó a conocer e investigar mucho en la zona. En su momento yo me acerco a esa parte del folklore con una referente en ritmos del sur, que fue Aimé Painé. Los primeros mapuches que conocí fueron la comunidad Huenchupan. Pero la verdad es que no estaba al tanto de esta problemática hasta los acontecimientos nefastos sucedidos con la muerte de Santiago y Rafael Nahuel. El tema que tenía con Bariloche era sentir que era una ciudad polarizada en varias cuestiones, quizás por el legado de los europeos que llegaron a esa ciudad en su momento. Sin embargo, en mi última visita a Invap este año conocí otra gente, otras movidas como la de ustedes que me ponen contento y me hacen entender que hay toda otra realidad en Bariloche.
Es ahí cuando Gustavo se pone el traje de entrevistador y es quién nos pregunta cuándo y por qué nació el conflicto con la tierra a los mapuches. También quiere saber si esto también sucede del otro lado de la cordillera, cuánto tiene que ver Benetton y Lewis, que poder tienen las inmobiliarias en el lugar, si este conflicto viene el gobierno anterior, y por qué no hubo grandes restituciones de tierras como sí hubo en el norte del país. Respondemos lo que sabemos, y cómo podemos nos hacemos entender.
 
La entrevista culmina. Me hubiera gustado preguntarle sobre aristas suyas tan diversas como ¿Qué mensaje le dejaría a los que recién comienzan con la música y ven que hacerlo desde el interior del país es imposible? o ¿A qué músicos argentinos premiarías por su coherencia ideológica? o ¿cómo fue su experiencia al hacer la banda sonora de un videojuego de zombis en la que aparece con su charango punteando un tema?, pero quedarán para otra oportunidad.
Nos abraza a la distancia y antes de despedirse nos deja una reflexión: “Yo nunca fui hippy y si bien tenía pelo largo y barba, siempre viví una vida súper disciplinada. Sin embargo, sinceramente creo que el amor es la salida de verdad, no hay otra. Creo que es el momento de buscar consensos para poder vencer al odio y la intolerancia que están instalados en la sociedad”. Que así sea.

Sebastián Carapezza y Eugenia Neme



Comentarios

  1. Una lástima que el link de Raconto esté caído. Es un buen resumen de la obra de Santaolalla. Ojalá puedan volver a subirlo pronto. Gustavo.....un artistazo.-

    Pablo

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