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Riki Riki Tave y La Banda Misteriosa - Dormido Cayendo (2013)


Artista: Riki Riki Tave y La Banda Misteriosa
Álbum: Dormido cayendo
Año: 2013
Género: Rock psicodélico experimental
Duración: 34:41
Nacionalidad: Argentina


Lista de Temas:
1. Vida de parabrisas
2. Escena de los ojos
3. Las voces
4. Intro 1
5. En el sueño
6. El gato gris
7. Luces del día
8. El viento en el viento
9. Escena de la lluvia
10. Intro 2
11. Dormido cayendo…
12. Réquiem de paso lento
13. En la luz

Alineación:
- Juanjo Harervack / voz
- Waldemar Garín / guitarra, violin, teclado y coros
- Matías Díaz / bajo
- Coronel Pali / bateria y coros
- Emiliano "Chapi" Juarez / guitarra y coros
Musicos invitados:
Nahuel Creche / Octapad
Sergio Merce / Saxo
Carolina Rizzi / Piano
Juan Ignacio Ferreras / Chelo
Eduardo Herrera / Acordeón


Se viene el fin de semana largo y siempre queremos traer y dejarles varias cosas para que se entretengan... y que mejor que este grupo al que me gusta el mote de "Héroes del Atalaya", directamente desde el Oeste del conurbano, aquí les presento el anteúltimo disco (hasta ahora) de los Riki Maravilla, incansables luchadores de la experimentación sonora.


Discazo de la banda editado por sus amigos de Noseso Records. Rock experimental, blues, noise y psicodelia chorreando por los parlantes y por tus oídos. Si el anterior álbum que presentamos me había gustado, este me rompió el marote... ya desde la tapa misteriosa con el Jesús invertido, que resulta un tanto sugestiva, hasta cada uno de los sinuosos temas que contiene el disco...


El cuarto disco de esta banda misteriosa es una larga canción de cuna psicodélica, en la que aparecen y desaparecen todo tipo de instrumentos: pianos fantasmagóricos, violines en espiral, sintetizadores ruidosos y saxos impredecibles le dan al álbum su carácter onírico, sobre una base casi jazzera. Las letras poéticas y evocativas de Juanjo Harervack terminan de completar un combo redondito.
Sería muy facilista tildar a la Riki Riki Tave y la Banda Misteriosa de retro y anacrónica. Sería más facilista aún catalogarlos como herederos del estilo de la Pesada, Manal y Vox Dei. Por eso la nostalgia setentosa se la vamos a dejar a otros periodistas menos imaginativos, acá escribiremos sobre un presente continuo, donde no existe pasado ni futuro. El rock vive en un estado casi inalterable. Aunque a veces surgen pequeñas explosiones que lo puede alterar un poco. La Riki es una de ellas.
Estos guerreros oriundos de Atalaya, localidad de la Provincia de Buenos Aires, son dueños de una poesía enardecida. La acepción más famosa del nombre de su barrio es la de una torre de vigilancia, que sirve para defenderse y ver antes que nadie las nuevas amenazas. La Riki es un vigía dormido, una bestia atada a punto de romper sus ataduras. Como dijo Bukowski alguna vez: “Algún día no tendré sueño por la tarde /Algún día escribiré un poema que encenderá volcanes /En las colinas que están ahí fuera”.
En Dormido Cayendo, su último álbum, a diferencia del anterior, Llorando en Corea, la Riki administra de forma diferente la rabia y la distorsión. La consigna es aun más experimental, mucha fusión, arreglos precisos y salvajes a la vez. “Vida de parabrisas” y “Escena de los ojos”, temas que abren la placa, son un claro ejemplo de esta batalla dialéctica: violines frenéticos que se pelean con bajos bien gordos mientras Juanjo Harervack, el comandante de las palabras picantes, canta con los dientes apretados secretos que parecen ancestrales y el Coronel Pali, desde los parches, maneja la energía y el pulso de las canciones.
El momento ideal para sumergirse de lleno en el disco es a la noche. En la oscuridad está la poesía de la Riki, ahí latente, respirando despacito a punto de comerte y de meterte es sus fauces profundas. Harervack pareciera susurrarte al oído y te empuja por un acantilado sonoro de violines, chelos y pianos, como en la trilogía de hits: “En el sueño”, “El gato gris” y “Luces del día”. En ese instante sos ceniza que cae al vacio, empujada por una poesía enardecida. Disfrutas de la caída mientras tu cuerpo se quema.
Cuando la luna empieza a ocultarse y el disco llega a su fin, la luz enceguece de a poco. Unos rayos tímidos van entrando por la persiana mientras la Riki incendia las colinas que están ahí afuera: “En la quietud de los que olvidan, en la pregunta que aun espera, siempre la sed de haber nacido, la vida nunca tuvo un final”.
“Soy un marinero de los siete mares, tiki tiki tiki, riki riki tave”, le cantó en sueños a su hijo recién nacido Cornonel Pali (batería) y al despertarse tuvo la certeza de que la fantasía onírica se haría realidad en forma de banda de rock con matices bluseros bien potentes. Así comenzaron la historia hace nueve años tocando en Celos, el bar que atendía Pali en Atalaya, donde también grabaron el primer disco, Tuky Sessions (2006), y donde también armaban fechas para pagar el alquiler. Y que se llamen La Banda Misteriosa fue una mera consecuencia de sus actos. Acostumbrados a moverse por la lógica sigilosa del enigma, crearon un código entre ellos. Distancia y evolución es lo que separa entonces al baño de Celos de Ion, ya que Llorando en Corea fue grabado en dos sesiones intensas dentro de uno de los mejores estudios del país. Dicen que la experiencia Ion los enriqueció y ese salto significó un crecimiento, a nivel banda y también grupo humano. El disco estará listo físicamente a fin de año y lo mezclará ese especie de trovador platense que es Shaman Herrera. Con el álbum anterior, 95 problemas, los Riki Riki Tave se quedaron a medias con la intención de grabarlo en formato doble. Por eso, la introducción de Llorando en Corea corresponde al final del último tema de 95 problemas. Así, si seguimos jugando con la imaginación, tenemos un álbum doble separado tan sólo por la finitud temporal. “El segundo disco se llama 95 problemas, porque veníamos ya quemados de tener problemas con cables y habíamos grabado un tema que había quedado rebién y la computadora se cuelga y tira un informe que dice ‘su computadora ha detectado noventa y cinco problemas’, y nos pareció que el disco se tenía que llamar así”, cuenta Emiliano.
Es inevitable escuchar referencias a La Pesada del Rock and Roll, a Pappo, a Color Humano, aunque con cierta estampa de la crudeza del sonido actual. Para Riki Riki Tave no hay una etiqueta, sino que pueden mezclar una melodía circense con riffs de guitarras enérgicas o hacer de un vals un rock bien setentoso y sofisticar el sonido con un piano sutil. “El sonido de guitarras, el formato, me parece que pasan otras cosas. Con los elementos que tenemos generamos una música que sale de todos”, detalla Juanjo, y Emiliano aclara: “Yo creo que en cada disco que aparece se van despojando las referencias, se va puliendo y encontrando un sonido más Riki Tave
bolmara.wix.com



El cuarto disco de esta banda misteriosa es una larga canción de cuna psicodélica, en la que aparecen y desaparecen todo tipo de instrumentos: pianos fantasmagóricos, violines en espiral, sintetizadores ruidosos y saxos impredecibles le dan al álbum su carácter onírico, sobre una base casi jazzera, en un disco por donde están cambiando de camino a cada instante y nunca pasan por el mismo lugar. Un trabajo arduo, bien armado, bien estructurado, mucho violín pero sin perder la frescura propia de la banda, mientras que las letras poéticas y evocativas terminan de completar un combo verdaderamente impactante.

Brillantes claroscuros desde Atalaya
El cuarto disco de Riki Riki Tave y la Banda Misteriosa sale al ruedo con un montón de versos crípticos y canciones bellamente complejas.
Atalaya. Ojo, no ese parador en la ruta 2 donde Sandro terminaba sus maratónicas fever nights y los quilombos de tránsito para comprar medialunas, sino ese barrio al oeste del Oeste, donde finaliza su recorrido el colectivo 172. Al parecer, también se trata de una torre de vigilancia, una última frontera de la poesía, puesta a los servicios de las grandes canciones que la Riki dispara. Hagamos el ejercicio de imaginarnos a estos cinco serenos nocturnos transmitiendo desde la altura, parapetados en los climas de las trece nuevas e intensas canciones que Dormido Cayendo nos ofrece. Tal vez en esa tarea de mirar el horizonte, a lo profundo del Conurbano y más allá, “abriendo tus ojos por dentro y hacia adentro”, como sugiere “Vida De Parabrisas”, esté la mejor manera de definir ese sonido oscuro y brillante: vigilar y vigilarse para vivir menos vigilado.
Dormido Cayendo consta de unos cuarenta minutos de, en primer lugar, una bella e indescifrable seguidilla de imágenes potentes, expresivas en clave poética. Se sostiene en un trabajo notable de la sección rítmica (Matías Díaz en batería y Coronel Pali en bajo), atentos al constante cambio de escala y tempos de las guitarras de Juan Fernández y Waldemar Garín, quien también aporta violines indispensables para lograr un sonido distintivo, eminentemente psicodélico aunque no la cosa no sea tan fácil de resumir. El disco comienza con la citada “Vida de parabrisas”, y queda claro que éste no es un simple archivo .mp3 para ir a correr a la plaza con los auriculares puestos. Te caerías, tropezarías con los siempre precisos cambios y abruptas entradas de violín, estructura que se repite en Escena de los ojos y Las voces, que cuentan con pasajes de hermosura clásica y un posible link con Mundo Anfibio, la última gran obra de Lisandro Aristimuño –esto se continúa en “En el sueño” y “Luces del día”, tal vez la mejor performance del misterioso Juanjo Harervack, cantante de voz media, de ésos que hasta pifiando y casi recitando logran su cometido. “Cabalgando el sueño”, esa sensación que alguna vez todos tuvimos en la cama, cuando el mundo afuera de la habitación pareciera complotarse contra nuestras intenciones de descansar.
Grabado en los estudios ION e hijo predilecto del sello Noseso, la Riki entra en el bastión de los defensores de la autogestión, que va ganando en calidad y producción año tras año. En ningún momento el disco peca de pretencioso, ya que a este quinteto lo complejo se le da, al menos en apariencia, de manera bastante natural. Las canciones están llenas de recursos, ruidos, ecos. Es notoria la evolución de la banda desde aquellos míticos tiempos primigenios en el año 2006 cuando lanzaron Tuky Sessions, primer intento lo-fi y de entre casa en forma de LP, que continuaron en 2009 con 95 Problemas y en 2011 -otra vez en año impar- cuando apareció en su Bandcamp Llorando en Corea.
Como dividiendo el disco en tres tramos, los tracks llamados “Intro 1” e “Intro 2” son un interesante experimento de sintes, con un dejo a Kid A y Amnesiac de Radiohead. Se destaca la entrada de la voz de Juanjo entre la selva de ruido al comienzo de Dormido cayendo, que pide que no lo dejen despertar para poder dirigirse a lo más hondo y atractivo de este LP. “Réquiem de paso lento”, donde la furia parece desatarse en toda la banda construyendo un gran tema, y el abrupto final de “En la luz” no hacen más que confirmar lo que a través de todo el disco queda patente: La Riki disfruta el instinto de lo pretensioso, que por lo general desemboca en grandes obras, y desde el fondo del Oeste nos mandan tarea musical para el hogar. Una especie de cubo Rubik de sonidos para armar desarmándolo.
Sebastian Rodríguez Mora

Riki Riki Tave y la Banda Misteriosa narra creaciones oníricas y caos en su último disco Dormido Cayendo. Su poesía enardecida nos sumerge en el filo de la noche.
Sería muy facilista tildar a la Riki Riki Tave y la Banda Misteriosa de retro y anacrónica. Sería más facilista aún catalogarlos como herederos del estilo de la Pesada, Manal y Vox Dei. Por eso la nostalgia setentosa se la vamos a dejar a otros periodistas menos imaginativos, acá escribiremos sobre un presente continuo, donde no existe pasado ni futuro. El rock vive en un estado casi inalterable. Aunque a veces surgen pequeñas explosiones que lo puede alterar un poco. La Riki es una de ellas.
Estos guerreros oriundos de Atalaya, localidad de la Provincia de Buenos Aires, son dueños de una poesía enardecida. La acepción más famosa del nombre de su barrio es la de una torre de vigilancia, que sirve para defenderse y ver antes que nadie las nuevas amenazas. La Riki es un vigía dormido, una bestia atada a punto de romper sus ataduras. Como dijo Bukowski alguna vez: “Algún día no tendré sueño por la tarde /Algún día escribiré un poema que encenderá volcanes /En las colinas que están ahí fuera”.
En Dormido Cayendo, su último álbum, a diferencia del anterior, Llorando en Corea, la Riki administra de forma diferente la rabia y la distorsión. La consigna es aun más experimental, mucha fusión, arreglos precisos y salvajes a la vez. “Vida de parabrisas” y “Escena de los ojos”, temas que abren la placa, son un claro ejemplo de esta batalla dialéctica: violines frenéticos que se pelean con bajos bien gordos mientras Juanjo Harervack, el comandante de las palabras picantes, canta con los dientes apretados secretos que parecen ancestrales y el Coronel Pali, desde los parches, maneja la energía y el pulso de las canciones.
El momento ideal para sumergirse de lleno en el disco es a la noche. En la oscuridad está la poesía de la Riki, ahí latente, respirando despacito a punto de comerte y de meterte es sus fauces profundas. Harervack pareciera susurrarte al oído y te empuja por un acantilado sonoro de violines, chelos y pianos, como en la trilogía de hits: “En el sueño”, “El gato gris” y “Luces del día”. En ese instante sos ceniza que cae al vacio, empujada por una poesía enardecida. Disfrutas de la caída mientras tu cuerpo se quema.
Cuando la luna empieza a ocultarse y el disco llega a su fin, la luz enceguece de a poco. Unos rayos tímidos van entrando por la persiana mientras la Riki incendia las colinas que están ahí afuera: “En la quietud de los que olvidan, en la pregunta que aun espera, siempre la sed de haber nacido, la vida nunca tuvo un final”.
Joel Vargas

Este es un disco que necesitábamos hacer
–¿Cómo se fue armando la banda?
–Se armó a partir de años de convivencia en el barrio y muchos amigos en común. Hasta tuvimos el bar Celos, donde organizábamos zapadas, proyectábamos películas de Jodorowsky, tocábamos, ensayábamos e hicimos nuestras primeras grabaciones. Y así fuimos construyendo nueve años de historia.
–¿Qué buscaron a la hora de componer para su reciente disco Dormido cayendo?
–Es un disco que necesitábamos hacer. Tardamos tres años en editarlo. Buscamos crear canciones bellas, jugamos con el sonido y buscamos definirnos como grupo. Tuvimos gratas devoluciones de personas que no conocían nuestros trabajos anteriores y de músicos con los que compartimos escenario habitualmente. Es un disco de canciones para imaginar, como un pequeño libro con ciertos guiños, con instantes de música muy poderosos.
–¿Cómo será el show del sábado?
–Será el último del año y nos vamos a divertir mucho. Además tocamos con El Futuro y Santi Moraes y los Transeúntes. Vamos a brindar por los buenos viejos tiempos y por los que vendrán.
–¿Qué sigue después del show?
–Vacaciones cortas y trabajar mucho. Estamos armando temas para un nuevo disco, explorando nuevas formas de componer.
Tiempo Argentino

Si Luis Alberto Spinetta viviese, hubiese grabado este álbum... una joya total de la escena argentina actual!.
Metal_Josue

Bueno, para que siguan disfrutando de los regalitos que les ofrecemos en el blog cabezón, este es un regalito que les ofrece la banda desde su espacio en Bandcamp, y no por ser gratis significa que sea malo, sino que al menos en este caso es todo lo contrario. Un gran disco experimental de los héroes del Atalaya. No se lo pierdan, les recomiendo este disco.




Comentarios

  1. muy bueno el blog pero agregaria grupos como
    uno x uno / capitanes de la industria / el satiro / datrebil / el emporio de la impericia por ej...

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  2. electroalvarez , sello jardinista ...enjambre de guitarras o los miticos reynols......

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