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Carta a los herederos de la Junta Militar

A 50 años del golpe de Estado, el Comité de Revolución Imaginaria ensaya un ejercicio de escritura colectiva, retomando las palabras urgentes escritas por Rodolfo Walsh antes de ser secuestrado y asesinado por el terrorismo de Estado el 25 de marzo de 1977, para entrecruzarlas con las nuestras, las palabras del presente.

Por Comité de Revolución Imaginaria
 
Ustedes, los que gobiernan, defienden la genealogía del terrorismo de Estado. En este aniversario de medio siglo, asistiremos a consabidos videos y declaraciones. En ellos lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.

Treinta mil desaparecidos. Miles de presxs políticxs, cientos de familias exiliadas. Centenares de niñas y niños apropiados. Secuestradas mantenidas con vida hasta parir para alimentar el mercado de infancias arrebatadas. Cuerpos arrojados al río y al mar, dinamitados o quemados para borrar la huella de su existencia. Aquellos que ustedes reivindican crearon, en las principales guarniciones del país, virtuales campos de concentración y convirtieron a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio. Como buenos herederos, quieren blindar las cárceles actuales de todo reclamo, legalizar el trabajo esclavo y ampliar la cantidad de personas destinadas a la prisión al bajar la edad de punibilidad a los catorce años. En las prisiones hay tortura y ustedes, lejos de procurar su límite, agitan en la opinión pública los argumentos que pretenden justificarla, al construir la fantasmagoría de unas vidas amenazantes que deben ser privadas de todo derecho y merecedoras de toda crueldad.

El protocolo de seguridad implementado apenas asumió el gobierno está destinado a impedir movilizaciones, protestas y cortes. Cada miércoles las fuerzas de seguridad apalean jubilades en los alrededores del Congreso. El 12 de junio de 2024, día que se votó la Ley Bases, detuvieron más de cien personas a las que el gobierno acusó de sedición. Cada movilización termina en cacería, las personas detenidas son procesadas y el gobierno busca aplicarles la ley antiterrorista. Policías motorizados se lanzan a la caza de quienes desconcentran, como si recibieran un pago extra por cada ojo que se pierde con sus disparos. En Mendoza, se persigue y detiene ilegalmente cada vez que se manifiesta en defensa del agua de los glaciares. En marzo de 2025, el fotógrafo Pablo Grillo recibió un disparo con un tubo de gas lacrimógeno que lo dejó al borde de la muerte. Amenazan a trabajadores de prensa y fotorreporteres, porque no quieren testigos de lo que hacen.

Ustedes cacarean sobre la libertad, pero no cesan de imponer restricciones. La única libertad que respetan es la del mercado. Ni libertad de prensa, ni de circulación, ni de protesta, ni de expresión. Hablan de libertad educativa para agitar la persecución contra les docentes. Construyen un lenguaje del velo y la mentira. Mientras dicen pelear contra la casta, apelan a todas las trapisondas habituales, negocian con las elites políticas, juegan al toma y daca con gobernadores. Nunca embaten contra los verdaderamente poderosos (¡para ellos gobiernan!) ni contra un Poder Judicial rozagante de privilegios. Casta es, en esa lengua encubridora, el conjunto de personas que queremos vivir con otras lógicas que no son las de la servidumbre al mercado, que pensamos en modos de vida que no impliquen la explotación y la opresión de otres.

Ustedes dicen combatir la casta y poner fin a una historia de corrupción, mientras fluye la apropiación ilegal de recursos y derivan los alimentos destinados a comedores populares a iglesias evangélicas o los dejan pudrirse en depósitos. Parecen estar tranquilos porque en algún vericueto del aparato judicial, siempre hay un juez que somete los expedientes a las mayores morosidades. Pero saben que todo lo que está quieto se remueve cuando se pierde el poder. Estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores y aprueban como miembros del gobierno.

En la década de 1970, la CIA financió golpes en toda América. El Plan Cóndor fue la estrategia represiva que unificó información e hizo circular los cuerpos capturados de un país a otro. Ahora les basta con el control de los mecanismos financieros y el uso de tecnologías de vigilancia y distracción, para aplicar el plan general de dominio. Los bienes comunes son riquezas a privatizar y extraer. El mapa entero -y también el universo- es visto como una cantera de recursos a apropiarse.

Ustedes, herederos del terrorismo de Estado, aplican la política eugenésica de dejar morir a les débiles. Incumplen con la ley de financiamiento en discapacidad porque consideran que los cuidados son una cuestión privada, que las familias deben asumir. Mejor dicho, que las mujeres de las familias deben asumir porque el orden que propugnan es también el de las jerarquías de género. El presidente ha lanzado que “si la gente no llegara a fin de mes, la calle estaría llena de cadáveres”.

Ustedes son parte de una avanzada fascista que no tiene límites morales, aunque hablen de moral como política de estado. Crueles y serviles adhieren a una minoría que actúa como dueña de vidas y cuerpos como lo evidencia el caso Epstein.

Los crímenes del terrorismo de Estado no fueron gratuitos: estuvieron al servicio del proyecto económico neoliberal. Por eso, no fueron los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada. Ustedes son fieles herederos de esa política económica, actualizan ese plan que condena a la miseria a la mayor parte del pueblo.

Todo debe sacrificarse para sobrevivir. Como si no bastara con la coacción económica, impulsaron una reforma laboral que resucita formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales. La reforma termina con el derecho a huelga y no pone límites a la jornada de trabajo. Crea un fondo para pagar los despidos con dinero proveniente de los aportes previsionales destinados a jubilaciones. Es una revancha de clase que actualiza la que se dio, a sangre y picana, entre 1976 y 1983. Es un claro intento de disciplinar a la clase trabajadora y los sectores populares, desmantelando derechos, herramientas de protesta y formas de vida colectivas.

Los resultados de esa política han sido fulminantes. En estos dos años de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido y todos los días cierran comercios. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública mientras compran aviones de guerra sin ninguna hipótesis de conflicto más que reprimir la protesta y cuidar los intereses extractivistas. Interrumpieron la obra pública y la urbanización de los barrios populares. Disolvieron Vialidad Nacional, abandonando las rutas y caminos, y están desguazando el sistema ferroviario. Miles de jóvenes son arrojades a la economía informal y a la timba financiera cuando no al juego on line.

Si una propaganda abrumadora no pretendiera que este gobierno defiende la libertad, que el presidente viene a luchar contra la casta o que sus políticas intentan engrandecer el país, aún cabría pedirles que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras destruir la trama misma de los lazos sociales y condenar a las mayorías a la miseria y a vidas indignas, cuando no a la muerte temprana. Las causas que desde hace años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago que causan.


Comité de Revolución Imaginaria


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Ideario del arte y política cabezona

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"La desobediencia civil es el derecho imprescriptible de todo ciudadano. No puede renunciar a ella sin dejar de ser un hombre".

Gandhi, Tous les hommes sont frères, Gallimard, 1969, p. 235.