En el comienzo del film se muestra a la banda haciendo el energético tema que da nombre a ese álbum, es decir que de entrada quedamos en órbita. Ese pulso a 200 ponía los pelos de punta y se hacía casi imposible no irse detrás de semejante locura, histeria colectiva, o como quiera denominarse; lo vi con mis ojos y hasta hoy lo recuerdo como una fábrica de sensaciones populares. Por supuesto que las canciones nos iban enloqueciendo, yo desconocía la palabra “playback”, pero, de última, si la hubiese conocido no importaba, uno no estaba en condiciones de razonar nada, era solo una persona conectada con las mejores cosas de la vida, cuando casi no nos dábamos cuenta de que esa sensación no iba a ser muy común que digamos con el paso de los años.
Mi oído me aconseja que lleve el ritmo con el pie, siguiendo a la batería, pero Ringo traba el asunto y me la complica, por momentos no sé cómo seguirlo. Me encanta la forma en que el pibe canta, al ratito constato que es John. Qué cosa increíble la melodía, es algo sublime que corre desenfrenada por los brazos, da la vuelta en la cabeza, acaricia la nuca y vuelve. Baja por la espalda, le pierdo el rastro porque siento que me recorre por dentro pero estando en varios lugares a la vez. Pareció de otro mundo, lo era, pero ya nos conocíamos, era algo que solo ocurría cuando miraba a una chica que me gustaba mucho, o cuando en la cancha gritaba un gol de Independiente. Claro, la presencia de la Santísima Trinidad: La Música, Las Minas y El Fútbol.
El ritmo cambia, es el estribillo trayendo algo distinto: la batería hace lo lógico, entonces me quedo más tranquilo. De ahí en más seguirá así, hay que saber administrar la sorpresa, eso conecta con la locura, si lo sabrán hacer las mujeres. Pero esta es una reflexión que llegó más tarde.
Me gusta cómo está cantado, es diferente a todo lo que conocí, claro que la emoción constante no me deja pescar qué es lo distinto. De golpe hay un corte y una viola pela rock de verdad. Años después me enteré que ese era Paul tocando con una guitarra Epiphone Casino, esas de caja que nos quitan el sueño.
A mi criterio el riff de la intro es épico, uno de los más famosos de la historia, con escucharlo una vez ya se guarda en la memoria para siempre. Pero no es solo el riff lo que impacta, creo que el modo en que suena tiene mucho que ver. Está ejecutado por George con una Rickenbaker de 12 cuerdas, luego reforzó haciendo el mismo riff pero con una Fender Stratocaster Sonic. Esto, más la manera modernísima de darle compresión desde la consola, lograron un sonido poderoso que no tiene nada que ver con lo que se escuchaba allá por 1965.
Acá en la mesa la discusión se amplía, ahora llegó el crítico musical, Ian MacDonald, describe la canción como «psicológicamente más profunda que cualquier cosa que los Beatles hubieran grabado antes y extraordinaria para su época». La coda de la canción presenta un cambio de tempo. Según el musicólogo Walter Everett, esta última sección marca una progresión respecto a canciones anteriores de los Beatles que de forma similar retoman aspectos de una composición al terminar con una coda. En el caso de «Ticket to Ride», la sección consiste en un estribillo repetido similar a la última línea del estribillo («My baby don’t care»), tocado sobre un acorde constante de La mayor y ajustado al ritmo doble tiempo usado en el puente. Agrego que mientras la banda acelera el ritmo se escucha a Paul improvisando algo bien rockero por ahí atrás, mostrando sus dotes de gran guitarrista.
Los Beatles grabaron «Ticket to Ride» el 15 de febrero de 1965 en los Estudios EMI en Londres. Fue la primera sesión de grabación de la banda desde que completaron el álbum “Beatles for sale” el 26 de octubre de 1964, tras lo cual realizaron una gira por el Reino Unido y ofrecieron una temporada de conciertos navideños en Londres hasta mediados de enero. Les cuento que la versión que aparece cerrando un lado del álbum Help! es lo conseguido en la segunda toma, para ese entonces la banda era una sinfónica de rock que sonaba en cualquier parte, estaban súper aceitados.
Claramente lo que le juega en contra a este concepto es el sonido de ese tiempo, la tecnología que iba despertando por pedido de los grandes músicos, estoy seguro que por esos días la maquinaria no iba a la misma velocidad que los creadores.
Otra polémica instalada gira en torno al significado del título, que en Argentina fue traducido como “Boleto para pasear”. Aunque la letra describe a una chica «que se escapa de la vida del narrador», la inspiración de la frase que da título no está clara, lo mismo que el significado de la canción. Paul McCartney dijo que el título se refería a «un billete de British Railways para la ciudad de Ryde, en la Isla de Wight», y Lennon comentó que describía tarjetas que indicaban un certificado de salud impecable que llevaban las prostitutas de Hamburgo en los años 60. Los Beatles vivieron y actuaron en Hamburgo al inicio de su carrera musical, y un «ride» era una jerga británica para referirse a tener sexo. Gaby Whitehill y Andrew Trendall de Gigwise han interpretado la canción como la historia de una mujer que deja a su novio para convertirse en prostituta. El periodista Don Short tiene algo para contarnos: “Las prostitutas que trabajaban en las calles de Hamburgo debían tener una tarjeta de sanidad que era entregada por las autoridades médicas y que certificaba que no tenían ninguna enfermedad contagiosa. Yo estaba con The Beatles cuando regresaron a Hamburgo en junio de 1966 y fue entonces cuando John me dijo que él había acuñado la frase «ticket to ride» para describir estas tarjetas. Podría haber sido una broma -situación que era peculiar en John-, pero es algo que recuerdo muy bien”.
La parte cantada comienza con el riff de la intro que sigue bancando con un sonido comprimido, que es adelantado a su época, anticipa el sonido de finales de esa década. Es extraordinaria la melodía que dibuja sobre la modulación del acorde tónica al segundo grado menor, para luego resolver en el 5to grado (A – Bm – E). O esa hermosa secuencia entre el F#m y el D, pero que de inmediato se recuesta en un GMaj7, lo cual desata cierto temblor al mezclar el suspenso con la dulzura. En el cierre de cada estribillo es Paul quien queda en soledad y da una cátedra rockera, para ello se vale de estiradas inquietantes y ligaduras que realzan la melodía, para cerrar con un vibrato soberbio, genial.
“Ticket to ride” es uno de mis temas favoritos y creo que acá pude relatarles muchísimas de las cosas que contiene. Por ese entonces, creo que Lennon comenzó a encontrar un modo de cantar que ya venía moldeando: una mezcla rara en donde conviven la exquisita melodía, un estilo vanguardista, cierto aire entre cansancio y enojo que lo distingue del resto, como si intentara contarnos una historia sin pensar en la hipocresía de “quedar bien con el oyente”, dando la sensación de que siempre va adonde se le ocurre y como le sale. John aborrecía su voz, nunca estaba conforme con su papel como cantante, muchas veces le pedía al productor George Martin que le bajara el volumen y la coloque medio perdida entre los instrumentos. Martin siempre sostuvo que su voz era excelente y que su manera se expresaba con absoluta naturalidad. Ahí faltó un argentino que se le acerque a la oreja y le asegure: “loco, quedate mosca que dibujando así sos Gardel y los tres guitarristas”.
Jorge Garacotche - Músico, compositor, integrante del grupo Canturbe y Presidente de AMIBA (Asociación Músicas/os Independientes Buenos Aires).






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