Vivimos en tiempos inquietantes. Los resultados electorales, con victorias de la ultraderecha y de sus sucedáneos, en Europa, en los Estados Unidos o en América Latina, confirman la penetración social de unas ideas que justifican la desigualdad, y de una praxis política que la profundiza. Quizás lo más preocupante es que este orden desigual cuenta con el apoyo de un buen número de sus víctimas. Personas que tal vez quieren cambiar el estado de cosas pero que buscan soluciones en políticas que refuerzan su sumisión. Hoy las desigualdades que genera el sistema económico capitalista son naturalizadas e, incluso, justificadas por un potente misil discursivo: la meritocracia. La meritocracia es un discurso peligroso porque está pensado para justificar las desigualdades del capitalismo y, sobre todo, para hacer sentir culpables a quienes no se han beneficiado del ascensor social Por Arantxa Tirado La idea de la meritocracia es uno de los puntales discursivos del capitalismo, también por...