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Mucha Madera: El Rescate de lo Fundacional

Luis María Calcagno, el abogado del Cuervo y mentor del sello independiente Mucha Madera. Otra nota de  Jorge Garacotche (entre otras tantas cosas, líder de Canturbe y AMIBA Asociación Músicas/os Independientes de Buenos Aires) para ConFervor que compartimos en el blog cabezón. Jorge dialogó con Luis María Calcagno, militante, abogado, productor discográfico, hombre de radio y de los Derechos Humanos (DD.HH.). Un todo terreno del campo popular con varios compromisos a cuestas. Miembro co-fundador de la Unión de Músicos Independientes (UMI), alma mater del sello Mucha Madera y aliado de Las Madres de Plaza de Mayo. Un tipo de la izquierda que se calzó la camiseta del Proyecto Nacional y Popular. Gran difusor de música argentina desde los medios independientes. Un devoto del rock nacional, que sintió el deseo de no ser sólo espectador y decidió militar esa causa, trabajar junto a los músicos y músicas, ayudar a abrir puertas, hacer el mayor esfuerzo para facilitarles las herramientas con las que puedan realizar mejor su trabajo. Rescatar viejos discos para su sello y hacerlos visibles, una noble tarea que enfrenta la política feroz de los sellos grandes. Un gran personaje del mundo rockero de Buenos Aires.

Por Jorge Garacotche

Con Fervor: Vamos a empezar contando que naciste un día muy especial.

Luis María Calcagno: Nací el 24 de febrero de 1955. Dada la efeméride del primer triunfo de Perón, la Fundación Eva Perón me regaló una pelota de fútbol de aquellas de gajos marrones cosidos, ¿te acordás? Que, si uno hubiera sabido el curso de la historia, la hubiera guardado y, hoy, cotizaba en bolsa o en algún museo, no sé. Éramos de Belgrano. Primero, casa alquilada y, después, comprada por mis viejos a la sucesión Del Casse, que parece que eran gente muy rica y lotearon sus quintas y vendieron. Imaginate, en calle Mendoza, entre Superí y la vía, era calle de tierra con una acequia en lo que, hoy, es vereda de enfrente, con un mármol a la altura de la puerta de la casa del medio sobre esa acequia. Mis viejos eran odontólogos, aunque, mi vieja casi nunca ejerció, porque ingresó como empleada en la Facultad de Derecho. El consultorio de mi viejo ocupaba toda una habitación de la casa, así que vivíamos bastante apretados, ya que, también, estaban mi abuela y una tía soltera con nosotros.

En horarios de atención, el living se dividía. Al principio, con un biombo, después, fue un cortinado azul con una guía, que colgaba del techo y doblaba en noventa grados. Y, finalmente, con un mueble de madera con puerta corrediza, que fue lo más civilizado que tuvimos. Un día, cuando era muy chico y estábamos todavía en época de biombo, una paciente me ve y larga el clásico: ¡qué lindo nene!, ¿de qué cuadro sos? Y, como yo no supe qué contestar, vino en mi auxilio el genio de mi viejo y me dice: cada vez que te pregunten eso, vos contestá San Lorenzo. Y ya fui cuervo.

CF: ¿Una vez en la educación pública empieza tu relación con la política?

LMC: Siempre fui de escuela pública. Primaria en el José Hernández (Pampa y Estomba) y secundaria en el Roca, que, en esa época, estaba en Amenábar y Sucre. Después, la UBA. Mi viejo era el que decidía qué se vota en esta casa y lo único que creo que lo identificó, realmente, fue el desarrollismo de Frondizi. En el 73, votó por Oscar Alende. Después, a partir de mi militancia, muchas veces me seguían a mí. Salvo con Alfonsín, creo. En esa campaña electoral del 73, me encantó una nota que le hicieron en un programa radial, que, si no me equivoco, se llamaba Vigencia y que iba por Radio Mitre, a Nora Ciappone, candidata a vice del PST (Partido Socialista de los Trabajadores).

Como todos, hasta los notoriamente minoritarios decían que iban a ganar. El conductor le pregunta: “¿ustedes también dicen que van a ganar las elecciones?”. Y la mina, con otras palabras, dijo lo que, hoy, traduzco como: “ni en pedo”. Y explicó las razones de la participación con esa perspectiva no ganadora. Me encantó. Dos años después, en la Facultad de Derecho, un compañero de la JSA (juventud del PST) me encuentra. Y digo me encuentra, porque yo ya defendía, silvestremente, las posiciones del partido. Y era, nada menos, que Alejandro Correa, que, hasta la grabación del tercer disco, fue bajista de Sui Generis, grupo que había tocado en la Facultad en recitales organizados, tanto por la JP, como por la JSA.

Mi primera militancia: en el 75, entré al PST y, en el 92, me fui del MAS. Pasé sustos grandes, a veces, pero, nunca le voy a poder agradecer lo suficiente a Alejandro por poder sentir que, bien o mal, puedo decir que hice algo contra la dictadura. No sé si sirvió objetivamente, pero, a mí me sirvió y me sirve.

CF: Una vez, me dijiste que el rock nacional era tu gemelo.

LMC: Efectivamente, nacimos juntos, a mediados de los 50, cuando los temas de Chuck Berry y Little Richard empezaban a llegar a la Argentina. Y era poco más que un bebé cuando Eddie Pequenino grababa, antes de que llegaran al país –y en el mismo sello- los que Bill Halley haría famosos en el mundo entero, como Rock arround the clock o See you later alligator. Y, en mi tierna infancia, aparecen el twist y la nueva ola, con su ícono máximo en el Club del Clan: Johnny Tedesco.

CF: En una época, conviven el primer rock nacional y esa música beat. Uno los veía participar, en la televisión, de los mismos espacios. Ya, después, se empiezan a partir las aguas.

LMC: Y, en mi preadolescencia, la música beat abre un camino. Y, cuando estoy en los quince, comienza la escisión entre la comercial y la progresiva. Y yo me voy con la progresiva. Ya en mi juventud, evolucionamos juntos hacia el rock sinfónico y el jazz rock. Finalmente, cuando mi gemelo es cooptado por el sistema, perdiendo toda aquel aura juvenil, marginal, contestataria y contracultural, para transformarse en una batea más de la sociedad de mercado, a partir de la guerra de Malvinas, yo ya tenía 27 años.

CF: Calculo que el cambio fue brusco. Me refiero al hecho de pasar de esa época beat, no tan definida en lo ideológico, blanda en sus letras, a la postura rockera, los primeros recitales y todo un imaginario novedoso.

LMC: De chico, tuve una educación que me exigía no defraudar lo que de mí se esperaba, sobre todo, por parte de mi mamá, que era un personaje fuerte. Y, así, traté de ser. Aunque, en algunas oportunidades, me violentara mi propia subjetividad. Mis viejos eran tangueros. Mi viejo, un poco más abierto, también escuchaba, de vez en cuando, algo de jazz o de los Mac Kee Macs (¿se escribían así?, los hermanos de Donald). En mi casa no se veía el Club del Clan, pero, a veces, en algún zapping aparecía y, a mí, me gustaba tanto el chico de pulóveres bariloche, como Joly Land, que, por entonces, estaba como para que un chico de siete años se enamorara. Y me gustó el twist.

Y, por entonces, llegaron los dibujitos animados de Los Beatles, que duraban 15 minutos. Un invento yanqui para hacer ratting, desde que no los pudieron volver a contratar, después del show de Ed Sullivan, por lo que pedían ¡Y, a mí, me volaron la cabeza! Y mi mamá me quería hacer decir que eso, a mí, no me gustaba ¡Y no podía! A los pocos años fui preadolescente y empiezo a escuchar los grupos de música beat, Joven Guardia, Náufragos, etc. Y, en la navidad del 69, mi viejo nos regala, a sus tres hijos, Los Preferidos a la Luna, un disco compilado, de RCA, con mucha berreteada, pero, también, con buenos temas, como Sobre un Vidrio Mojado de Kano y los Bulldogs, Tu Nombre me Sabe a Hierba (pero, no era por Serrat), El Extraño del Pelo Largo, All Together Now, Get Back (éstos últimos, por Conexión N°5 y Los In, respectivamente), entre otros.

A su vez, como te decía, soy de la escuela pública del barrio de Belgrano. Secundario, en el Nacional Roca, donde, compañeros míos, tenían un grupo llamado Ághata, que hacían covers de Almendra y que, también, eran de Belgrano. Se empieza a divorciar la música comercial de la progresiva y, nosotros, nos vamos con lo progresivo. Mi primer recital, a los 15 (1970), en el colegio Pestalozzi (cerca de casa, fui caminando, por eso me dejaron ir), La Gota de Grasa Blues Band, Contraluz y Vox Dei. Era un baile de colegio para recaudar fondos para el viaje de egresados. Intenté mi propio camino en la música, pero, no tuve constancia. Más de 30 años después, lo canalicé por la radio. Que, después de todo, hacer un buen programa también es arte.

CF: Cuando regresó la democracia, todos saludamos el Juicio a las Juntas, ¿cómo viviste el Punto final y la Obediencia debida? ¿No te pareció que era como el juego de la oca?

LMC: Te cuento que, el alfonsinismo, nunca me convenció, ni siquiera en el tema de los DD.HH. Fijate que, por decreto 158/83, ordena el juzgamiento a las Juntas, pero, antes, por el 157, dispone que se juzgue a los sobrevivientes de las cúpulas de las organizaciones armadas. Es decir: la Teoría de los dos demonios ¿Y por qué juzgar sólo a las Juntas? Porque los demás obedecían órdenes. Ya está en la génesis del alfonsinismo el ADN de la Obediencia debida y de la Teoría de los dos demonios.

Igual, el juicio a las Juntas me gustó, no te digo que no. Fui a varias audiencias. Recuerdo una en que fui con mi viejo, que salió shockeado, puteando y justificándose: “¡Qué barbaridad! Lo que pasa es que no se sabía lo que estaba pasando”. A lo que me le tiré al cuello y le dije: ¡cómo que no sabías, si yo te lo decía! ¡Lo que pasa es que preferías creerle a Videla y no a mí! En fin, anécdotas.

Después de todo, él fue quien me introdujo, desde chico, el amor por El Eternauta y el que me leyó, por primera vez, a Cortázar (nada menos que La noche boca arriba, cuento que está en Final del juego).

CF: ¿Cómo fue tu acercamiento al rock nacional?

LMC: Yo era rockero de pibe. Primero, siguiendo la música beat y, después, la progresiva. En el Nacional Roca, éramos muy progresivos y solíamos comentar las novedades del momento. No era raro salir del colegio e ir al Centro Cultural del Disco, que estaba en Cabildo, no sé si entre Juramento y Mendoza o por ahí (el Roca, en esa época, estaba en Amenábar y Sucre) y aprovechar sus cabinas para escuchar discos. Me acuerdo el susto que me pegué cuando puse el primer simple de Vox Dei, en Mandioca, que estaba grabado en 45 y la bandeja estaba en 33 y yo no sabía, todavía, del manejo de las distintas velocidades.

Se empiezan a delinear dos vertientes: la música comercial y la progresiva. No dudo en hablar de música comercial, aunque, a muchos no les gusta y prefieren llamarla complaciente, porque, siempre entendí que el único objetivo que tiene es ganar plata. Lo artístico no califica. Hubo buenos músicos que me lo reconocieron, incluso, al aire (“a mí me gustaba Zeppelin, pero de algo tenía que vivir”).

CF: Después, ¿empezaste a soñar con tu propio programa de radio, poder compartir todo eso que vivías y escuchabas?

LMC: Llegué a tener una linda cantidad de vinilos. Luego, sobrevino mi matrimonio, la separación, un nuevo matrimonio, mudanzas varias y la indefectible pérdida de aquella colección que, recién en los 90 y a partir del advenimiento del CD, decidí recuperar. Y en la recuperación excedí largamente lo que tuve en mi juventud. En un momento, sentí la necesidad de compartir lo que tenía y, no sé desde cuándo, me picó el bichito de tener un programa de radio. Pero, no tenía contacto alguno para llegar a una radio. No sabía cómo se hacía. Hasta que, en una reunión familiar del año 99, me entero de que un primo segundo, con el que habíamos estado en los mismos recitales sin conocernos, tenía un programa de radio. Y, obviamente, con Miguel llegué, primero, a su propio programa, El Coleccionista, y, después, empecé en FM Triac, de Hurlingham, con Mucha Madera. Cuyo primer programa salió al aire el miércoles 13 de octubre de 1999, de 21 a 23hs., después de El Coleccionista, que iba de 19 a 21.

Desde el primer programa, con Eduardo Bordón de co-equiper, lamentablemente fallecido en 2019. A partir del marzo de 2000, pasamos a OK, FM de Olivos, donde estuvimos dos años. Acá se incorpora Patricia (voz imprescindible del programa, ya que, pese a no ser locutora, parece que lo fuera) y empezamos a llevar músicos (Miguel Cantilo, Ciro Fogliatta, Willy Quiroga, Juan Barrueco, Adrián Goizueta, etc.). Y Pajarito Zaguri se incorpora al grupo con un micro, que denominamos El vuelo del pájaro. donde contaba la verdadera historia del rock nacional. Obviamente el eje del programa era el rock nacional setentista. De ahí su nombre, Mucha Madera.

CF: Recuerdo que, por ese tiempo, se empieza a hablar, entre músico/as, de Mucha Madera como un gran apoyo a la difusión de bandas independientes.

LMC: Cuando vino Cantilo, se entusiasmó con nosotros, le pareció piola lo que hacíamos y nos recomendó que nos presentáramos en Radio Nacional, porque había una mina de onda, a quien, por ahí, le gustaba. Yo no daba dos mangos por la propuesta, pero, Pato insistió y, finalmente, fuimos a Maipú 555 a llevar la grabación de uno de nuestros programas en cassette, como era en esos días. La mina de onda no nos dio bola, porque no era su tarea, pero, nos derivó a otro funcionario, Roberto Martínez, a quien le dejamos la grabación ¡Y le gustó! Fuimos admitidos en FM Faro, los miércoles de 16 a 18hs. y, allí, estuvimos desde noviembre de 2002 hasta octubre de 2003, un año exacto. Hasta que la dirección de Mona Moncalvillo resolvió cambiar la programación y no nos tuvo en cuenta.

Ahora bien, una vez en la radio, Martínez vino a escuchar los dos primeros programas, al cabo de los cuales nos reúne y nos dice: “chicos, ustedes ya están en la radio; pero, esto es Radio Nacional. No pueden sonar a FM trucha. Así que, ahora, vayan a estudiar”. Y nos dio el contacto de Jorge Martínez Conti, que daba un curso de un año para aspirantes a ingresar en el ISER. Lo hicimos con Patricia, todos los sábados de 10 a 13hs. El viejo, un capo total. Nos enseñó tanto, que vos escuchás un programa anterior y uno posterior y pensás que es otra gente. Impresionante lo que nos sirvió. Entretanto, era muy fácil llevar músicos a Radio Nacional. Vos decías Maipú 555 y venían solos. Nuevamente, Cantilo, Nebbia y Soulé sólo en los tres primeros programas. Así que generamos relación con muchos históricos de nuestra música y de los nuevos también. Y con los fundadores de la Unión de Músicos Independientes (UMI), que mucho tiene que ver con nuestras posteriores ediciones en CD.

Cuando se termina Nacional, estuvimos un año sin aire para el programa, pero, empezamos en FM Palermo, con La Lectora de Vinilo, programa de menor duración, pero, de la misma temática. Hasta que enganchamos en la que, por entonces, era AM 770 Amplitud (ahora, es la 660), donde estuvimos un montón de tiempo.

CF: A esa altura, ya empezaban a parecerse a una productora.

LMC: En todo este tiempo y con esos antecedentes, nos hicimos una suerte de pequeña productora, sin habérnoslo propuesto. Un operador y una locutora (¡muy buena!) se coparon con el proyecto y empezamos a hacer cosas juntos. Cobraban por hacer su trabajo, pero, nos hicieron, siempre, precios muy amigables. Y, así, pinta la posibilidad de hacer radio para terceros. Hicimos un programa de medicina (Bioequilibrio), para una farmacia (en FM Palermo); el programa de la Caja de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires (en la FM de la Universidad de Belgrano); micros para la Asociación de Padres de Autistas; un programa de interés general que nos encargó un productor comercial; etc. Esto lo facturamos y nos dejó buena guita. Pero, ninguno de nosotros vivía ni quería vivir de la radio, por una cuestión de mantener nuestra independencia (casi nunca tuvimos patrocinios propios). Y debatimos qué hacíamos con esa plata. Y decidimos editar CDs. El primero, claro, la carrera solista del amigo entrañable que me había llevado, en su momento, a la militancia y que, habiéndose separado de Sui Generis, había editado un cassette, muy caseramente, aunque la grabación es de estudio profesional. Casera era la gráfica en tinta china y máquina Olivetti. Todo lo cual digitalizamos y editamos con el nombre original Canciones, de Alejandro Correa. Eso sí, le agregamos unos cuantos bonus. El segundo, es el primer CD de Contrakara, cuyo líder, Antonino Pettina, se sumó, también, al grupo de radio y, actualmente, conduce Rock & Roll del Arrabal, en la madrugada dominguera de la AM 750. Programa que, también, empezó siendo de nuestra producción, aunque, ahora, lo independizamos. Ya que, por el horario extremo es difícil, incluso, escucharlo. El primer tema de este CD es un blues con una letra mía, algo que escribí cuando me enteré que la Dictadura había desaparecido, a un amigo de la JP. Después, vino Selci-Barrueco, disco instrumental de jazz. Y, ahí, se nos terminó la plata.

Luego, seguimos aportando, Pato y yo, hasta que, hace unos años, ella decidió irse a vivir a Cañuelas. Entonces, ahora, una vez cada tanto y cuando tengo dinero para hacerlo, hago una edición. La última, nuestro disco n° 22, es la reedición del vinilo del 79 de Atonal. Fue hace dos años. Nuestras ediciones son todas por la UMI, a cuyo efecto los músicos tienen que asociarse. Después, el know how me lo dieron ellos. Y, así, tenemos mejores precios que los de mercado.

CF: Qué gran tarea salir al rescate de obras y músicos que no pudieron ingresar en la era digital y quedaron, casi, en el olvido provocado por ese abandono de los sellos grandes, que no devuelven los masters, ni los reeditan.

LMC: Lo que a mí me gusta es sacar músicas que han quedado inéditas o, por lo menos, no están en CD. Así, además de Correa y Atonal, hicimos 2 en 1 de Yábor, con De vuelta por el barrio y No dejés de cantar; Impresiones (grupo de jazz que había editado en cassette, en los 80); Hincapié (el otro grupo de Correa, post Sui Generis, que tenía contrato de edición con Global Records en 1976, pero quebró el sello); Pedro Conde, un Alma y vida, de 1977, con formación alternativa, ya que el grupo estaba disuelto; y no sé si me olvido alguno.

CF: Nos conocemos hace muchos años, compartimos eventos, charlas, notas, debates políticos y recuerdo verte muy movilizado y comprometido en los tiempos del kirchnerismo, algo más que original en un trosko.

LMC: Fue una buena época mientras duró. Lástima que lo bueno dura poco. Agradezco a la vida haber vivido los últimos doce años en la Argentina, porque me dio -por primera vez en la vida- la posibilidad de sentir que podía defender algo de la gestión de un gobierno. Y no, necesariamente, estar siempre en contra de todo, como me había pasado antes. Y porque nos corrigió un error en que incurríamos muchos izquierdistas cuando asegurábamos que el capitalismo estaba, completamente, agotado y que no se podían conseguir conquistas importantes en el marco del sistema. Porque, en estos años, se potenció el poder adquisitivo de los salarios y los haberes previsionales y se le dio cobertura a todos los adultos mayores que lo solicitaron, con el PAMI funcionando y la ANSES pagando los juicios que, antes, parecían incobrables. Porque, en un país que, hasta no hace muchos años, no tenía ni divorcio, hoy, hay matrimonio igualitario, lo cual lo pone entre los de vanguardia en el mundo. Y porque se hizo, en materia de DD.HH., lo que ningún gobierno había hecho en los anteriores veinte años de constitucionalidad: los juicios a los genocidas, sólo comparables a los juicios de Nüremberg, pero, con la salvedad de que, estos últimos, los hicieron los que ganaron. En nuestro caso, fue la sociedad civil y política, víctima de la agresión terrorista. Porque, en este tiempo, por primera vez, las amas de casa tuvieron derecho a jubilación y las mucamas derecho a estar en blanco. Claro, una tía tradicionalista protestaba que un hogar no es una empresa y no se le puede imponer aportes a una casa de familia. Pero, a la hora de la cena, la misma tía se quejaba de que cómo puede ser que gente que nunca aportó pudiera acceder a jubilarse. Y se crearon cerca de veinte Universidades Nacionales, y hubo, en muchos lugares, una primera generación de universitarios, en familias que, antes, ni soñaban con la educación terciaria para sus hijos.

Jorge Garacotche - Músico, compositor, integrante del grupo Canturbe y miembro de AMIBA (Asociación Músicas/os Independientes de Buenos Aires).



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Ideario del arte y política cabezona

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"La desobediencia civil es el derecho imprescriptible de todo ciudadano. No puede renunciar a ella sin dejar de ser un hombre".

Gandhi, Tous les hommes sont frères, Gallimard, 1969, p. 235.