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Alan Parsons Project - Vulture Culture (1985)

Horacio Manrique nos trae más de Alan Parsons, ahora con su octavo disco de estudio, un registro que fue pensado originalmente como el disco dos de "Ammonia Avenue" que en un principo se pensó en ser doblete, pero finalmente ambos discos fueron editados por separado, aunque el concepto vendría a ser el mismo (una crítica inteligente al capitalismo, plasmado en el arte gráfico de manera un tanto críptica y sutil que pasamos a revisar en el contenido del posteo). El disco, por supuesto, sigue fiel al estilo propio de la banda, esa mezcla casi AOR de canciones pop rock accesibles contrastadas con otras de corte más progresivo y experimental, pero la música de Alan Parsons Project fue virando hacia el sonido más radial a lo largo de los años 80, y aquí esta tendencia pasará a ser visagra en un futuro próximo. Como dato adicional, esta versión corresponde a la reedición del año 2007.

Artista: Alan Parsons Project
Álbum: Vulture Culture
Año: 1985
Género: Crossover prog / Pop rock
Referencia: Discogs
Nacionalidad: Inglaterra


El símbolo de la tapa del disco es una suerte de pulsera metálica representando un uróboros devorando su propia cola, pero con una cabeza de buitre en lugar de la tradicional serpiente, alegoría que -entre otros conceptos- simbolizaba el devenir cíclico de las cosas, aunque en este caso el reptil posee cabeza de buitre ("Vulture Culture" vendría a ser "la cultura del buitre"). Es un juego de palabras que se usa para nombrar a alguien que está "maldito".También habla de cómo la humanidad se ha vuelto despiadada en un mundo cada vez más capitalista. A continuación lo comentan con algo más de información:

La expresión Vulture Culture se hizo conocida durante la década del 80 cuando The Alan Parsons Project publicó un disco con ese título. El disco fue grabado en los Estudios Abbey Road, entre mayo-julio de 1984 y se publicó en febrero de 1985. Su música se denominaba rock progresivo, destinado a un público adulto contemporáneo.
Vulture Culture (la cultura del buitre) muestra en su portada una suerte de pulsera metálica representando un uróboros devorando su propia cola, alegoría que simbolizaba el devenir cíclico de las cosas, aunque en esta imagen el reptil tiene cabeza de buitre. El uróboros simboliza el ciclo eterno de las cosas, también el esfuerzo eterno, la lucha eterna o bien el esfuerzo inútil, ya que el ciclo vuelve a comenzar a pesar de las acciones para impedirlo.
Alan Parson se refería en su obra a lo que por entonces era definido por el diccionario como persona con excesivo o pretencioso interés en las artes.
Lo que hay detrás de estos símbolos de uróboros, ciclo eterno, lucha eterna, esfuerzo inútil, no es otra cosa que las imágenes paganas que reflejan el corazón latente del capitalismo que supimos conseguir.
En los años de salida del Siglo XX, la fertilidad del mundo nuevo estuvo caracterizada por el crecimiento constante, en dominio y poder, de las aldeas financieras. Se trató de verdaderas naciones bursátiles habitadas por los seres del futuro. Así fue que, en la década de los 80 prevalecieron los “yuppies”. Hombres pobres de espíritu y escrúpulos, pero ricos de avaricia y lujuria. Los banqueros de aquellos años comenzaron a captar a las mejores mentes jóvenes en las Universidades más prestigiosas de EE.UU. con un método infalible: prestaban el dinero para financiar la carrera universitaria de los “futuros líderes de América”.
Al terminar sus carreras, los egresados estaban en deuda y entonces la opción era única. La mejor forma de pagar esa deuda era trabajando para los bancos. Fue entonces que los economistas y sus ramas de especialistas dejaron de ser los niños mimados del mundo bursátil. Los matemáticos pasaron a ser los mejores elementos de Wall Street. Fueron ellos los que crearon una fórmula que convertiría, a lo largo y a lo ancho del mundo, a los millonarios en más millonarios y a los pobres en más pobres.
En aquellos años salió al mercado accionario un producto financiero creado por los nuevos genios de Wall Street llamado: Derivados.
El producto financiero “Derivados” tiene un valor que deriva de un activo variable subyacente. El producto está compuesto de acciones. También puede definirse como un instrumento financiero o, más sencillamente, un acuerdo entre dos personas o dos partes - que tiene un valor determinado por el precio de algo más (llamado subyacente).
Si le parece confuso y poco probable de ser comprendido. No se preocupe. Lo es. El propósito de su existencia es ser inexplicable. La intención de quienes deben hacerla prevalecer no puede hacer pie en sentido alguno, ya sea legal o moral.
El documentalista Michael Moore recorrió universidades, visitó especialistas económicos y no logró que nadie le brinde una respuesta comprensible a la simple pregunta ¿Qué es un derivado?.
Académicamente, el derivado es una construcción fundamental del cálculo diferencial y admite muchas generalizaciones posibles en los campos de análisis matemático, el álgebra y la geometría.
En matemática la función derivada es el resultado de la diferenciación matemática, el cambio instantáneo de una cantidad con respecto a otra.
En la lingüística, la derivación se utiliza “para formar nuevas palabras, como ocurre con la felicidad y poco feliz de ser feliz, o la determinación de determinar”.
Poco feliz es la felicidad del conocimiento cuando se conocen los orígenes de estos uróboros que rigen nuestras vidas. Todo se remonta a uno de los momentos más importantes de la historia: la abolición de la esclavitud.
La décima cuarta enmienda de la constitución de los EE. UU. dio los mismos derechos a personas negras y blancas. Un gran avance para la humanidad y excelentes noticias para los mercaderes de la oportunidad. La enmienda reconocía la verdad absoluta de que ningún Estado podía negar la libertad, la vida o propiedad de las personas (negras o blancas) sin el debido proceso legal. Esta enmienda estaba pensada para proteger a los esclavos recién liberados. Sin embargo, está asentado que de los 307 juicios relacionados con esta enmienda entre 1890 y 1910 solo 19 fueron realizados por personas afroamericanas. Y un total de 288 fueron iniciados por Corporaciones para ser reconocidas como personas, ser favorecidas y protegidas por la Ley.
Unos pocos jueces otorgaron los mismos derechos a las Corporaciones que a las personas. Y desde entonces, las personas físicas, que no son iguales que las personas jurídicas, lo son para el Tribunal Supremo norteamericano.
Y hasta aquí llegamos con esta historia de uróboros, símbolos, ciclos, cosas, lucha y esfuerzo inútil. Y todo vuelve a comenzar.

Pedro Méndez

Se suponía que "Vulture Culture" sería el segundo álbum de "Ammonia Avenu", originalmente concebido como un disco doble. Definitivamente es el más pop, ya inmerso por completo en los sonidos de los años 80 y el pop que reinaba en la época.
Sobre el disco en sí, se comentaba lo siguiente:

‘Vulture Culture’ trata el tema de la falacia de la humanidad. Todos vivimos en una sociedad parasitaria, donde cada hombre piensa y vive solo para él. Aquellos que no pueden valerse por sí mismos simplemente no pueden sobrevivir en un mundo donde la bondad del espíritu humano se está deteriorando rápidamente. En este álbum, las canciones son en general más débiles y son menos eficaces a la hora de manifestar la compleja idea de su concepto. ‘Vulture Culture’ carece de cohesión y fortaleza tanto en su originalidad como en su musicalidad, aunque en esta última en menor medida. El instrumental 'Hawkeye' agrega algo de vida y contraste al álbum en el momento justo. La canción más atractiva quizá sea 'Days Are Numbers' con Chris Rainbow a las voces, combina sencillez con un coro atemporal que hace verdaderamente hermosa la balada. ‘Vulture Culture’ queda pues como el menos prolífico de los álbumes de Alan Parsons.

Erlantz Bikendi

Y bueno, si es que hay un disco de pop progresivo, yo considero que es este...




“Grand Funk Railroad allanaron el camino para Jefferson Airplane, quienes se lo aclararon a Jefferson Starship. Así, el escenario estaba preparado para la llegada de The Alan Parsons Project que creo que eran una especie de aerodeslizador”.
La cita, sin mucho sentido aparente, corresponde a un episodio de los Simpsons en el que Homer trata de explicar a Bart y sus amigos lo que él entiende por la historia del rock en los años setenta. La anécdota no tiene mayor recorrido pero pone de manifiesto la popularidad y trascendencia alcanzada por una banda (por llamarla de alguna forma) que nunca daba conciertos, carecía de un vocalista fijo y que, además, destacaba por los temas instrumentales que muchas veces superaban a los cantados en popularidad.
Decíamos que llamar “banda” al Alan Parsons Project era más una formalidad que otra cosa puesto que nunca funcionó como tal. El origen del grupo habría que buscarlo en la primera mitad de los años setenta. Alan Parsons era un afamado ingeniero de sonido que había participado en algunos de los discos claves de la historia del rock. No es una exageración ya que con sólo 18 años comenzó a trabajar como asistente en los Abbey Road Studios donde trabajó con los Beatles y, ya como ingeniero de sonido, con el propio Paul McCartney en solitario, los Hollies, Al Stewart o Pink Floyd, siendo su aportación al “The Dark Side of the Moon” de estos últimos, uno de sus trabajos más reconocidos en ese campo.
También trabajó en aquel tiempo con Paton, una banda escocesa menor, en comparación con otros nombres, pero de gran importancia en su carrera puesto que en ella militaban Ian Bairnson, David Paton y Stewart Tosh, quienes, junto con un gran número de músicos de estudio, tendrían gran importancia en el proyecto que Alan tenía en mente. Regresamos a los estudios Abbey Road en los que se conocieron los dos integrantes del que sería el Alan Parsons Project: Alan (evidentemente) y Eric Woolfson, compositor y letrista que trabajaba allí como pianista de sesiones. En los descansos entre grabaciones, ambos solían coincidir y hablar de sus proyectos personales. Entre otras cosas, Woolfson estaba trabajando en un disco conceptual con Edgar Alan Poe como eje central. Parsons, por su parte, estaba desencantado en parte con su trabajo, en especial con el hecho de tener que plegarse siempre a las ideas de los músicos aunque estuviera íntimamente convencido de que eran equivocadas. Woolfson sugirió una nueva forma de trabajar más cercana al cine en el que el director era la estrella y los actores simples herramientas (algo que empezaba a suceder con mayor frecuencia cada vez en el séptimo arte). Esa fue la idea que gobernó los discos del Alan Parsons Project: un dúo de compositores que diseñarían el concepto de cada LP y que tendrían a sus órdenes a un grupo de músicos y vocalistas de estudio (que resultó ser bastante más estable de lo que el concepto podría hacer pensar) para llevar a cabo sus ideas. Parsons y Woolfson también participan de la parte instrumental. Tras varios discos en los que todos los temas eran cantados por vocalistas invitados, a partir del quinto LP de la banda, “The Turn of a Friendly Card”, el propio Woolfson asumió ese rol en algunas canciones, muchas de las cuales están hoy entre las más populares de la formación.
Aunque poco a poco irán apareciendo por aquí todos los discos del proyecto, hoy comenzaremos por el que fue el octavo, “Vulture Culture”, publicado a finales de 1984. En la grabación participaron: Ian Bairnson (guitarra), Colin Blunstone (voz), Richard Cottle (teclados, saxo), Stuart Elliott (percusión, batería), el locutor radiofónico Lee Abrams (con el anagrama Laser Beam como pseudónimo), David Paton (guitarra, bajo y voces), Chris Rainbow (voz), Lenny Zakatek (voz) y, claro está, Alan Parsons y Erico Woolfson (teclados y voces).
 “Let's Talk About Me” - David Paton es el primer vocalista que interviene en el disco. Lo hace en una canción que comienza con aire tranquilo pero que se transforma enseguida en un poderoso tema pop con todos los elementos distintivos de la música del Project y una producción impecable aunque muestre, especialmente cuando se escucha hoy en día, un regusto muy característico de la música que se hacía en una época muy concreta. En otras palabras: suena demasiado “ochentero” por momentos aunque sigue siendo un tema muy convincente. El corte fue extraído como segundo “single” del álbum (cronológicamente hablando aunque en casi todo el mundo fue el primero).
“Separate Lives” - Los sintetizadores y la percusión electrónica marcan el inicio del siguiente corte en el que escuchamos a Eric Woolfson en el rol de cantante. Estamos ante una canción muy agradable, impresión que se confirma al llegar el estribillo, pegadizo como pocos en la trayectoria del dúo Parsons/Woolfson. En la parte central escuchamos los clásicos sonidos producto de la tecnología digital de la época, probablemente un Fairlight, aparato con el que Parsons llevaba ya un tiempo trabajando.
“Days are Numbers (the Traveller)” - El siguiente vocalista en hacer acto de presencia es Lenny Zakatek. Lo hace con una balada que cumple a la perfección con lo que en aquellos años se esperaba de cualquier banda “AOR”. Fue el tercer single del disco y contó con una buena acogida pese a que, a nuestro juicio, le falta fuerza y peca de excesivamente blando pero hablamos de un tipo de canción que tenía un público muy amplio en aquellos años.
“Sooner or Later” - Cierra la “cara A” del disco otra canción con Woolfson como cantante que bien podría ser una continuación de “Separate Lives” ya que comparten un patrón muy similar. Es uno de los temas en los que es más fácil identificar el estilo del Project con ese bajo insistiendo en una misma nota durante varios compases antes de cambiar a otra. Sin ser una mala canción, nos deja con la impresión de ser un intento más de repetir el éxito alcanzado con “Eye in the Sky” unos años antes.
“Vulture Culture” - El que fue primer “single” del disco (aunque sólo salió en Alemania) contaba con Lenny Zakatek como vocalista. El comienzo se asemejaba más al de algunos de los célebres instrumentales que el Project había incluido en sus discos anteriores pero tras esa impresión inicial nos encontramos ante una canción voluntariosa pero que no termina de funcionar. De hecho, creemos que es una de las más pobres de todo el disco.
“Hawkeye” - Llegamos al inevitable corte instrumental, marcado en esta ocasión por una potente percusión sobre la que se desarrolla un solo de saxo. La electrónica está presente pero queda en un segundo plano si la comparamos con instrumentales anteriores. Aunque no hay un gran desarrollo, la pieza tiene un punto pegadizo que termina por hacerla atractiva aunque a años luz de temas como “Lucifer” o “Mammagamma”.
“Somebody Out There” - Con Colin Blunstone como vocalista llega una de nuestras canciones favoritas del disco. Tiene una estructura que recuerda al estilo próximo al musical que tanto gustaba a Woolfson y se beneficia mucho de un estribillo potente, a la altura del resto de la canción. Es un tema poco valorado habitualmente (no aparece en ninguna de las principales recopilaciones del Alan Parsons Project) lo que no terminamos de entender ya que le creemos merecedor de mucho mejor suerte.
“The Same Old Sun” - Abre el tema una melodía que en una primera escucha nos trae a la memoria el “Metropolis” de Kraftwerk. Sin embargo, cuando Woolfson comienza a cantar, cualquier parecido desaparece para dejarnos disfrutar de una de las baladas que con tanta frecuencia se reserva para sí el vocalista. Es una canción con un punto dulzón que está a punto de echarla a perder pero que consigue mantenerse en dentro de los límites de lo aceptable y, en esa categoría, hay que reconocerle  su valor.
El éxito comercial del Alan Parsons Project tuvo un gran mérito. Hablamos de una banda sin vocalista fijo, lo que impide que el público reconozca inmediatamente una canción como suya, algo que va contra todas las normas del marketing musical. También incluyen varios temas instrumentales en sus discos, lo que no siempre es fácil de asimilar por el oyente tipo del pop y el rock. Sus seguidores procedían en buena parte del mundo del rock progresivo, género en el que se les suele incluir sin tener realmente una relación del todo clara con las lineas generales que marcan ese género más allá de la inclusión de temas instrumentales y del carácter conceptual de alguno de sus primeros discos (jugar con el AOR como muchos veteranos del progresivo hacían entonces también ayudó bastante). A finales de la década de los ochenta, el Alan Parsons Project se disolvió continuando cada uno de sus integrantes por su lado: Alan con su propio nombre y banda y Eric más centrado en los musicales teatrales, muchas veces basados en material del propio Alan Parsons Project. Woolfson falleció en 2009 víctima de un cáncer de riñón.
No hemos empezado a hablar de esta banda en el blog por su mejor disco, ni mucho menos pero eso nos sirve como excusa para obligarnos a volver sobre ellos en el futuro de modo que la visión ofrecida sea lo más completa posible. “Vulture Culture” es un buen ejemplo de un tipo de música que se hizo en la década de los ochenta y que hoy no tiene muy buena prensa. Sin embargo, estaba hecha con un gusto muy cuidado y eso nos hace rescatarla aquí para aquellos que nunca se hayan acercado a ella. 

Mike Shooter


Lista de Temas:
1. Let's Talk About Me (4:22)
2. Separate Lives (4:42)
3. Days Are Numbers (The Traveller) (4:02)
4. Sooner or Later (4:26)
5. Vulture Culture (5:21)
6. Hawkeye (3:48)
7. Somebody Out There (4:56)
8. The Same Old Sun (5:24)
Bonus tracks on 2007 remaster:
9. No Answers Only Questions (final version) (2:10)
10. Separate Lives (alternate mix) (4:16)
11. Hawkeye (demo) (3:17)
12. The Naked Vulture (10:42)
13. No Answers Only Questions (first attempt) (2:57)

Alineación:
- Alan Parsons / Yamaha DX7 (3,6), Fairlight CMI (6), producer
- Eric Woolfson / piano (1), keyboards (3-5,7,8), sequencer (5), lead vocals (2,4,8)
With:
- Lenny Zakatek / lead vocals (5)
- Chris Rainbow / lead (3) & backing vocals, keyboards (5)
- Colin Blunstone / lead vocals (7)
- Ian Bairnson / guitars
- Richard "Trix" Cottle / synths (1,2,6), sequencer (2,5), keyboards (3-5,7,8), saxophone (3,5,6)
- David Paton / bass, lead vocals (1)
- Stuart Elliott / drums & percussion



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