Artista: Mike Oldfield
Álbum: Music Of The Spheres
Año: 2008
Género: Progresivo Crossover
Duración: 45:28
Referencia: Progarchives
Nacionalidad: Inglaterra
Una maravilla de principio a fin. Así describiría yo, en términos muy generales, el último de los trabajos del gran Mike Oldfield, todo un símbolo internacional de la música de calidad. Este hombre ha conseguido desde sus inicios encandilar y enamorar con su música a millones de personas en todo el mundo, y una servidora se cuenta entre ellas, aunque pese sobre él la “baja calidad”de algún que otro trabajo que no merece la pena mencionar. El caso es que Oldfield es un grande de la música, y cuando pase a la historia siempre será recordado como tal: un grande. Habrá un antes y un después, eso no sirve negarlo. Actualmente tiene un peso primordial en el mundo de la música. Todos nosotros en algún momento hemos sonreído al escuchar alguno de sus muchos temas, y no es para menos.
Tras muchos años de andadura musical, Oldfield saca a la venta Music of the Spheres, en 2008, un álbum enteramente orquestal del que el propio artista dice lo siguiente:
In this world, everything has a pulse or a vibration. This sound is unique to each living or non-living thing and in itself creates a music that no-one can hear. I believe that this has a very powerful resonance with, and a deep effect on our lives. What would happen if we took this further and applied it to bigger things, more powerful things; like an entire solar system or galaxy say, what would that sound like?
Musica Universalis is the ancient theory that every celestial body has an inner music. Music of the Spheres is my interpretation of this theory.
(En este mundo, todo tiene un pulso o una vibración. Este sonido es único para cada cosa viva o no viva, y en sí mismo crea una música que nadie puede escuchar. Creo que esto tiene una resonancia muy potente y un profundo efecto sobre nuestras vidas. ¿Qué pasaría si nos llevase a más y fuese aplicado a cosas grandes, a cosas más potentes?; si todo el sistema solar o la galaxia hablasen, ¿cuál sería ese sonido? Musica Universalis es la antigua teoría que habla de que cada cuerpo celeste tiene una música interior. Music of the Spheres es mi interpretación de esta teoría).
Así pues, nos encontramos ante una obra puramente interpretativa acerca de la música que produce cada cuerpo celeste, una música que reside en cada cosa del cosmos, y que nadie puede llegar a escuchar, solamente a interpretar y a soñar. En el mejor de los casos, a tratar de imitar. Pero esto no es nada fácil, puesto que se trata de conceptos esencialmente armónicos y matemáticos derivados del movimiento de los planetas del Sistema Solar. Ahí es nada, señores. Como una en el tema es una total profana, tiene a bien centrarse en el aspecto auditivamente estético de Music of the Spheres. Catorce maravillosos temas, divididos en dos partes, conforman este álbum, como ya hiciera Oldfield, si bien de otro modo, con los discos Ommadawn o Hergest Ridge.
Te voy contando que si venís esperando los solos épicos que definieron su carrera, vas a tener que esperar al final. Aquí el protagonista es el piano, la orquesta y una atmósfera que busca la majestuosidad. Es Miguelito jugando a ser un erudito del siglo XIX. Pero me callo que hay más gente que escribió sobre esto, y lo hizo en serio...
Nos es muy difícil ponernos en el lugar de un artista en decadencia. No somos capaces de imaginar lo que puede llegar a pensar alguien que ha sido brillante tiempo atrás y a quien, además, se le ha reconocido esa brillantez en todos los ámbitos cuando en un momento dado le abandonan las musas. ¿Es consciente de ello? Cuando edita una nueva obra manifiestamente inferior a todo lo que ha hecho antes ¿lo sabe?. ¿es un problema de inspiración? ¿de autocrítica? ¿de control de calidad?
Nos cuesta asumir que alguien como Mike Oldfield pudiera llegar a pensar alguna vez que un disco como “Tr3s Lunas” alcanzaba el nivel mínimo para lanzarlo al mercado y mucho más duro se nos hizo escuchar algo después un trabajo como “Light and Shade” que seguía bajo mínimos en todos los aspectos y añadía momentos de auténtica vergüenza ajena.
Si bien no en ese momento, sí queremos creer que con el tiempo el bueno de Mike vio con cierta perspectiva esos discos y decidió dar un giro radical a su trayectoria cuando se planteó grabar un nuevo disco. La idea era la de volver a hacer una obra de gran formato, de corte sinfónico e instrumental, al menos en su mayor parte. Todo esto sonaba a un nuevo “Tubular Bells” pero conforme se fueron conociendo nuevos detalles, esa idea parecía quedar descartada. En diversas entrevistas de la época, Oldfield habló de un disco conceptual con la fiesta de Halloween como tema central y dejó caer una idea muy importante que, a la postre, sería la gran novedad del trabajo: sería su primera obra escrita para orquesta.
Desde comienzos de 2006, Oldfield se centró en la composición del disco utilizando el “software” Sibelius, un programa de ordenador que transcribe la música que el artista interpreta a partituras con la notación clásica. Sin embargo, esta solución, que puede ser válida para un músico “amateur”, no es suficiente para que “suene bien” una obra de ciertas aspiraciones por lo que finalmente se optó por buscar a alguien que hiciera esa tarea de transcripción y arreglos. El elegido fue, nada menos, que Karl Jenkins, ex miembro de Soft Machine. Oldfield había tenido relación con la banda, especialmente con Robert Wyatt y Kevin Ayers, en sus comienzos pero eso fue en una etapa previa a la incorporación de Jenkins a la misma. Sin embargo, su admiración por la obra de éste se hizo evidente en algunos trabajos como “The Millennium Bell”, disco en que Oldfield incluye pasajes que podrían sonar perfectamente como un homenaje a Adiemus, el nombre bajo el que Jenkins saltó a la primera linea de nuevo en los años noventa.
Halloween desapareció poco a poco como concepto alrededor del cual construir la obra a la vez que ganaba enteros el de la “música universal” o “música de las esferas”. Es esta una idea filosófica surgida con Pitágoras muchos siglos atrás según la cual todos los cuerpos celestiales poseen una vibración característica que produciría una música que no somos capaces de oír. Esa idea, mas que el propio estudio de proporciones y relaciones armónicas que implica, es la que Oldfield trata de recrear en una obra de grandes pretensiones que grabaría a mediados de 2007 en los estudios Abbey Road con una orquesta dirigida por el mencionado Karl Jenkins. “Music of the Spheres” contaría además con un invitado de lujo en la persona del pianista chino Lang Lang, una de las mayores estrellas (en el sentido más amplio del término) del ámbito de la música clásica. La cantante neozelandesa Hayley Westenra sería la intérprete de las partes vocales del disco.
“Harbinger” - Apenas unos compases bastan para que el oyente esboce una ligera sonrisa cínica. Lo justo para reconocer en las cuerdas del comienzo la característica melodía “tipo Tubular Bells” que tanto ha utilizado el músico desde el triunfo de su primer álbum. El motivo, sencillo e hipnótico, suena en los violines, más tarde en el arpa, el piano, el glockenspiel... parece que la intención es clara y que si Oldfield no optó por llamar al disco “Tubular Bells 4” o alguna fórmula similar fue sencillamente por evitar el prejuicio del oyente. Con todo, el tema es muy interesante y supone un reencuentro con la versión más clásica del músico.
“Animus” - La guitarra acústica nos introduce en un pasaje muy tranquilo en el inicio, con unos coros muy placenteros que nos llevan al primer cambio importante del disco de la mano del piano de Lang Lang en un bonito fragmento arpegiado en el que la orquesta comienza a explorar las posibilidades de la música de Oldfield en este formato.
“Silhouette” - Como en los buenos tiempos, la música fluye de un motivo a otro con naturalidad. Aquí volvemos a oír al músico con su guitarra en un fragmento de gran lirismo, acentuado con la entrada del piano. En el tramo final escuchamos un acertado aire pastoril a la flauta que nos remite a los tiempos de “Ommadawn” con su influencia celta, más evidenciada aquí si cabe con el empleo del arpa.
“Shabda” - De nuevo la orquesta toma las riendas para acompañar al músico y su guitarra por unos instantes. El tema así esbozado se desarrolla por completo cuando aparece la flauta. Con todo, la pieza no termina de definirse y funciona más como un puente hacia el primer tema vocal en el que emerge la aportación de Karl Jenkins con esos inconfundibles coros y percusiones tan propios de Adiemus.
“The Tempest” - Aparece una primera variación del tema inicial del disco a cargo de la orquesta para poner algo de tensión en uno de los fragmentos más “oldfieldianos” de todo el trabajo con distintas lineas melódicas entrelazándose, instrumentos que aparecen aquí y allá y la guitarra apareciendo de un modo majestuoso. Volvemos a oír a Lang Lang por un momento, antes del gran final en el que los metales y los timbales ponen ese punto de épica siempre asociado al Oldfield compositor de obras de gran formato.
“Harbinger (reprise)” - Como en todo “Tubular Bells” que se precie, hay muchos momentos en los que reaparece el tema inicial y aquí lo hace con toda la carga de solemnidad posible, con el uso de coros, percusiones y toda la parafernalia necesaria.
“On My Heart” - Llegamos así al principal tema vocal del disco interpretado por Hayley Westenra. Una melodía agradable con el sello de su autor pero que tampoco tiene mucha más historia. Los arreglos y la propia interpretación nos vuelven a remitir al Adiemus de Jenkins siquiera desde un punto de vista formal.
“Aurora” - Llegamos así a nuestro momento favorito de todo el disco. Se trata de una melodía en la que reconocemos al Oldfield que siempre nos ha gustado, con un aire de fanfarria al estilo de la tercer parte de “Incantations” que le sienta muy bien al trabajo. Los coros funcionan a la perfección y todo aparece perfectamente conjuntado para demostrarnos que, aunque en dosis pequeñas, la inspiración del mejor Oldfield seguía presente.
“Prophecy” - Aparece ahora un tema más oscuro en el que escuchamos por unos instantes algunos retazos de melodías que habían aparecido ya en el disco. Lang Lang vuelve a hacer acto de presencia poco después. La pieza no está nada mal pero se hace algo corta y termina por quedar relegado a la categoría de tema de enlace entre dos partes del disco.
“On My Heart (reprise) – Esa idea se refuerza cuando escuchamos una breve recreación de la canción que cerraba la primera parte de la obra. Apenas unos instantes que nos llevan a la sección final del trabajo
“Harmonia Mundi” - En esa misma linea de recuperación de motivos anteriores podemos catalogar esta pieza, muy tranquila y destinada a resumir un buen número de melodías que han ido sonando durante los minutos anteriores. Una recapitulación previa al cierre compuesto por tres composiciones más.
“The Other Side” - La primera de ellas es casi una variación de una melodía que Oldfield utilizó en un disco anterior, “Guitars”, y a la que volvería algo más recientemente en “Man On the Rocks”. El tema es corto pero realmente bello.
“Empyrean” - Una nueva fanfarria anuncia el final del disco. Las percusiones y el tratamiento orquestal tienen todo el estilo de Karl Jenkins aunque la melodía es cien por cien Oldfield.
“Musica Universalis” - El cierre del disco vuelve a remitirnos a los esquemas de “Tubular Bells” y dentro de ellos al que fue el cierre de la primera cara de aquel disco. Una linea de bajo, interpretada aquí por las cuerdas y un tema que se va dibujando poco a poco para ser replicado por diferentes instrumentos cada vez: primero el piano, después el glockenspiel, más tarde la guitarra clásica... en cualquier momento esperamos que aparezca la voz del maestro de ceremonias presentando los instrumentos hasta terminar con las campanas tubulares. No son anunciadas pero, en efecto, terminan apareciendo para poner el punto y final a una obra ambiciosa que, a nuestro juicio, cumple dignamente con su objetivo.
Aunque no llevase ese título, nos resulta evidente que “Music of the Spheres” fue una vuelta más al concepto de “Tubular Bells”, mitigada muy levemente por el uso de una orquesta en lugar de los instrumentos habituales de Oldfield (el diseño de la portada y la tipografía también remitían al disco del 73). Asumiendo ese hecho, tenemos que decir que el resultado fue plenamente satisfactorio. Quedaban atrás los plastificados experimentos electrónicos de los discos anteriores y volvía el viejo concepto de álbum grande, cohesionado, ambicioso. Cierto es que las referencias a “Tubular Bells” no son un alarde de originalidad pero, sinceramente, preferimos un disco como “Music of the Spheres” a cualquiera de las dos secuelas declaradas del disco original pese a las bondades de ambas, que alguna tienen.
“Music of the Spheres” fue presentado en directo en el Museo Guggenheim de Bilbao con la Orquesta Sinfónica de Euskadi. Se dijo que hubo planes para una gira que nunca llegó a producirse aunque en una edición posterior del disco sí se incluyó como extra la grabación del concierto bilbaino por lo que los aficionados pudimos hacernos una idea de cómo sonaba la obra en directo. Antes de eso, el concierto había estado disponible en formato digital como descarga de pago.
Y la cortamos con tanta explicación y escuchalo un poquito más...
Para ir cerrando, es un disco inofensivo, bonito y, por momentos, bastante épico. Tiene esa capacidad de Miguelito para repetir motivos musicales una y otra vez hasta que se te graban en el ADN, pero sin la urgencia de sus primeros años, no tiene las aristas afiladas de sus trabajos anteriores; es suave, pulido y brilla como un objeto de cristal bien caro.
Y vamos con el último comentario sobre este disco, si quieren más nada más tienen que buscar en la red porque hay mucha gente que se puso a escribir sobre esto...
Tras su experiencia participando en las viejas versiones orquestales de Tubular Bells y Hergest Ridge, transcritas en su momento por David Bedford para que las interpretase la Royal Philharmonic Orchestra. Mike Oldfield no había vuelto a intervenir en un proyecto destinado a una sala de conciertos tradicional.
Music of the Spheres, producido por Mercury Records, supuso para el compositor un reto enorme, que finalmente fue apoyado por colaboradores como la soprano neozelandesa Hayley Westenra y el pianista chino Lang Lang.
Si exceptuamos los álbumes posteriores a la década de los noventa, casi ninguna de las obras de Oldfield estaría fuera de lugar en una discoteca clásica. Al fin y al cabo, su fuente de inspiración, como sucede con Jean-Michel Jarre, parece que va más allá de las modas y también se sumerge en la música culta.
Claro que, junto a lealtades de estilo neoclásico, hallamos en la discografía de Oldfield alguna que otra frivolidad, lo suficientemente llamativa y mediocre como para que los lectores melómanos rechacen esa faceta respetable del compositor inglés, y lo condenen a permanecer en el cajón de sastre del llamado crossover.
Uno, que es menos riguroso, admira a Oldfield sin demasiadas reservas, y por eso celebré en su momento la edición de Music of the Spheres, su primer álbum orquestal. Esta novedad, que salió a la venta el 24 de noviembre de 2008, incluyó un CD con el concierto Live at the Guggenheim, organizado en Bilbao el 7 de marzo del mismo año.
Cuando algún experto en la carrera de Mike Oldfield haya leído el párrafo anterior, sin duda habrá pensado, arqueando una ceja, que Music of the Spheres no es el primer disco sinfónico de nuestro músico. Sin ir más lejos, disponemos de las dos versiones orquestales que mencioné al principio.
Sin embargo, Oldfield no fue el promotor de aquellos discos. Desde el comienzo, aquel doble lanzamiento fue una jugada comercial de Virgin, o mejor dicho, de su propietario, Richard Branson. Un detalle de oportunismo comercial que, por fortuna, alcanzó un nivel estético más que aceptable.
La importancia de Music of the Spheres deriva precisamente de que surgió con la vocación de satisfacer a los admiradores de Oldfield… y asimismo a esa legión de compradores de música clásica que no comparten –mis disculpas si alguien se ofende– el prejuicio de los más puristas.
El título del álbum proviene de un concepto filosófico de largo recorrido: esa música de las esferas que, expresada matemáticamente, engendra la armonía.
En cierto sentido, el clasicismo es una etiqueta que aplicamos a este disco por el simple hecho de que lo interpreta una orquesta sinfónica. La cuestión de las formas, sin embargo, no debe distraernos del fondo. Y es que Music of Spheres viene a ser una suerte de summa poetica que agrupa e integra los principales hallazgos de Oldfield.
Sin ir más lejos, en la introducción a este concierto (Harbinger), reconocemos los acordes inaugurales de Tubular Bells, la primera obra maestra del compositor inglés.
El sello encargado de comercializar este álbum fue Universal Classics & Jazz, una compañía especializada en autores e intérpretes de música culta. Casi sobra añadir que la incorporación de Mike Oldfield a su catálogo fue, además de un acierto artístico, un logro comercial nada desdeñable.
“En este mundo –decía el músico por aquellas fechas–, todo tiene un pulso o una vibración. Este sonido es único en cada ser vivo y en cada ente inanimado, y por sí mismo origina una música que nadie puede oír. Creo que esto tiene una intensa resonancia y un profundo efecto en nuestras vidas. Me pregunto qué pasaría si lleváramos este hecho más lejos, aplicándolo a cosas de mayor tamaño, a cosas más poderosas. Por ejemplo, un sistema solar o una galaxia. ¿Cómo sería ese sonido? Musica Universalis es la antigua teoría según la cual cada elemento celestial –el sol, la luna y las estrellas– posee una música interior. Este es un concepto armónico y matemático derivado del movimiento de los planetas en el sistema solar. La música es inaudible para el oído humano. Music of the Spheres es mi interpretación de esta teoría. Cada planeta y cada estrella, e incluso el universo en su conjunto, tienen una música en su interior que nadie puede escuchar. Este es el modo en que sonaría si la dejásemos libre. Esta es la Música de las Esferas”.
Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Es el disco ideal para cuando querés sentirte una persona muy sofisticada leyendo un libro de astronomía o mirando por la ventana con cara de pensativo cuando ya pasó el partido y te quedaste sin voz de tanto gritar y mientras le estás dando a la cervecita o un fernecito. Ideal para publicarlo y presentarlo hoy en el blog cabeza.
Lo podés escuchar desde Spotify:
https://open.spotify.com/intl-es/album/2fhCsruPadsFafr06KG1fY
Lista de Temas:
Disco 1:
1.- Harbinger
2.- Animus
3.- Silhouette.
4.- Shabda.
5.- The Tempest.
6.- Harbinger reprise.
7.- On my Heart.
Disco 2:
8.- Aurora
9.- Prophecy
10.- On my Heart reprise.
11.- Harmonia Mundi
12.- The Other Side.
13.- Empyrean.
14.- Musica Universalis
Alineación:
- Mike Oldfield / classical guitar, co-producer
With:
Hayley Westenra / soprano vocals (7,10)
Lang Lang / piano (1-3,5,6,9)
Sinfonia Sfera / Ad-Hoc full orchestral & choral ensemble
Richard Stutt / orchestra leader
Karl Jenkins / orchestrations & conductor, co-producer




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