Ante la escasez de información pública respecto a la posible vinculación entre el Estado argentino y Palantir, Amnistía Internacional redactó un informe urgente. El organismo busca esclarecer el alcance de las negociaciones con esta compañía norteamericana, cuya tecnología de inteligencia artificial y análisis de datos a gran escala se aplica en áreas sensibles como la seguridad nacional y la gestión migratoria. No solo se trata de negocios, sino de una mirada que redefine la libertad y la democracia a partir del control de los datos de la población.
Amnistía Internacional alertó que cualquier acercamiento con empresas proveedoras de tecnologías de vigilancia debe realizarse con absoluta transparencia, debate público informado y estrictas garantías de derechos humanos.
«Las tecnologías de vigilancia no son neutrales. Cuando se implementan sin controles adecuados, sin transparencia y sin evaluaciones de impacto en derechos humanos, pueden convertirse en herramientas de vigilancia masiva, discriminación y persecución de voces críticas. El debate sobre Palantir no es únicamente técnico o comercial: es una discusión sobre los límites al uso de la tecnología, la protección de los datos personales y las garantías necesarias para evitar abusos», señaló Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina.
La organización publicó un documento con preguntas y respuestas sobre el caso Palantir en Argentina. Allí advierte que la empresa desarrolla sistemas capaces de integrar y cruzar información proveniente de múltiples bases de datos —policiales, biométricas, migratorias, financieras y de redes sociales— para generar perfiles y apoyar procesos de toma de decisiones estatales.
Amnistía Internacional recordó que existen antecedentes internacionales que generan preocupación sobre el uso de estas tecnologías. Entre ellos, mencionó el monitoreo de personas migrantes y activistas en Estados Unidos, cuestionamientos al uso de datos sensibles de salud en Reino Unido y fallos judiciales en Alemania que declararon inconstitucionales determinadas herramientas de análisis automatizado utilizadas por fuerzas policiales.
La organización también destacó que la preocupación se profundiza en el contexto argentino actual, marcado por la expansión de capacidades estatales de vigilancia, incluyendo sistemas de reconocimiento facial, monitoreo de redes sociales, drones y herramientas de análisis predictivo. Amnistía viene investigando este proceso y próximamente publicará un informe sobre el avance de estas tecnologías y sus impactos en derechos humanos.
En este marco, presentó pedidos de acceso a la información pública para conocer si existieron reuniones, acuerdos, pruebas piloto, provisión de servicios o transferencias de datos entre el Gobierno argentino y Palantir Technologies. Las respuestas oficiales recibidas fueron insuficientes.
Finalmente, entre sus principales recomendaciones, Amnistía Internacional pidió:
Palantir es una de las principales empresas estadounidenses vinculadas al mundo de la tecnología y la inteligencia artificial. Sin embargo, su accionar público es menos conocido. A diferencia de Google, de Meta, creadora de Facebook, Instagram y Whatsapp, o de Open AI, creadora de Chat GPT, Palantir ofrece servicios de análisis de datos orientados al espionaje, la vigilancia y la guerra. Por ejemplo, uno de sus programas ayudó a definir qué objetivos bombardear en los ataques contra Irán. En este sentido, su alianza con el gobierno de Donald Trump no solo es económica (ya que tienen contratos por un monto superior a 10 mil millones de dólares), sino que es política, cultural e ideológica. Para tomar dimensión, su creador Peter Thiel advierte que la democracia no es compatible con la libertad. Por eso, su reunión con el máximo mandatario argentino genera una ola de preguntas sobre el rumbo del país. Mientras tanto, diferentes especialistas definen al movimiento encabezado por Thiel y otras figuras como “tecnofascismo”.
“El tecnofascismo es una herramienta más del capitalismo, que sirve para cuidarlo y para extender su período de vida. Este fenómeno se caracteriza por un fuerte régimen de desigualdad donde el Estado, lo público, lo social y lo común es apropiado por minorías desde un sentido privativo y la estatalidad es reconvertida en un negocio”, subraya Rocco Carbone, filósofo y docente de la Universidad Nacional de Quilmes, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ.
Y agrega: “Ahí entran estos personajes como Thiel, que se alían con el tecnofascismo y le ofrecen cierto tipo de servicios vinculados con el arte de la guerra, la inteligencia artificial, el manejo de grandes volúmenes de datos y la apropiación de información de los ciudadanos para el control social”.
Además de la reunión con el presidente argentino, Palantir fue noticia mundial por un post publicado en X el 18 de abril que ya tiene más de 34 millones de vistas. Allí, la empresa publicó los principales puntos del libro La República Tecnológica, escrito por su director ejecutivo Alex Karp, una de las personas más ricas e influyentes del mundo según la revista Time. Más que un anticipo, el texto expresa la visión política, ideológica y cultural de la compañía.
Entre otros puntos, el manifiesto destaca que “La élite ingenieril de Silicon Valley tiene una obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación”. Además, critica al poder blando y la inclusión en Estados Unidos como un “pluralismo vacío y hueco”. En la visión de Palantir, EE.UU. requiere poder duro, y para eso es fundamental desarrollar aplicaciones específicas.
“La pregunta no es si se construirán armas de inteligencia artificial, sino quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no pausarán para entregarse a debates teatrales sobre los méritos de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas militares y de seguridad nacional. Procederán”, alertó la empresa en la red social X.
“Mal haríamos en considerar esas amenazas, que se extendieron a lo largo y ancho del país, como pequeñas formas de la rebeldía estudiantil. Me parece que hay que vincularlas con la visita de Thiel en Argentina, ya que son eventos que crean preocupación y alteración social. Tenemos que estar atentos para ver qué tipo de narrativa y qué tipo de sujeto problemático se construye alrededor de estas acciones, y cómo pueden intervenir aparatos como Palantir”, destaca Carbone.
Y continúa: “Hay que ver si estas amenazas no le sirven al gobierno para decir que hay sujetos sociales y políticos que quieren desestabilizarlo. Sería la excusa perfecta para intervenir con alguna forma de control social vinculada a la información, los movimientos y la apropiación de datos de la población que el Ejecutivo pueda etiquetar como peligrosa”.
Amnistía Internacional alertó que cualquier acercamiento con empresas proveedoras de tecnologías de vigilancia debe realizarse con absoluta transparencia, debate público informado y estrictas garantías de derechos humanos.
«Las tecnologías de vigilancia no son neutrales. Cuando se implementan sin controles adecuados, sin transparencia y sin evaluaciones de impacto en derechos humanos, pueden convertirse en herramientas de vigilancia masiva, discriminación y persecución de voces críticas. El debate sobre Palantir no es únicamente técnico o comercial: es una discusión sobre los límites al uso de la tecnología, la protección de los datos personales y las garantías necesarias para evitar abusos», señaló Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina.
La organización publicó un documento con preguntas y respuestas sobre el caso Palantir en Argentina. Allí advierte que la empresa desarrolla sistemas capaces de integrar y cruzar información proveniente de múltiples bases de datos —policiales, biométricas, migratorias, financieras y de redes sociales— para generar perfiles y apoyar procesos de toma de decisiones estatales.
Amnistía Internacional recordó que existen antecedentes internacionales que generan preocupación sobre el uso de estas tecnologías. Entre ellos, mencionó el monitoreo de personas migrantes y activistas en Estados Unidos, cuestionamientos al uso de datos sensibles de salud en Reino Unido y fallos judiciales en Alemania que declararon inconstitucionales determinadas herramientas de análisis automatizado utilizadas por fuerzas policiales.
La organización también destacó que la preocupación se profundiza en el contexto argentino actual, marcado por la expansión de capacidades estatales de vigilancia, incluyendo sistemas de reconocimiento facial, monitoreo de redes sociales, drones y herramientas de análisis predictivo. Amnistía viene investigando este proceso y próximamente publicará un informe sobre el avance de estas tecnologías y sus impactos en derechos humanos.
En este marco, presentó pedidos de acceso a la información pública para conocer si existieron reuniones, acuerdos, pruebas piloto, provisión de servicios o transferencias de datos entre el Gobierno argentino y Palantir Technologies. Las respuestas oficiales recibidas fueron insuficientes.
Finalmente, entre sus principales recomendaciones, Amnistía Internacional pidió:
- Hacer pública toda información vinculada a reuniones, acuerdos o contrataciones con Palantir y otros proveedores de tecnologías de vigilancia.
- No avanzar en acuerdos ni pruebas piloto sin transparencia plena, evaluación de impacto en derechos humanos y mecanismos de supervisión independientes.
- Garantizar auditorías externas y mecanismos efectivos de habeas data.
- Actualizar la legislación sobre protección de datos personales y regular específicamente el uso estatal de tecnologías de vigilancia.
Palantir y Peter Thiel: ¿se acerca el tecnofascismo a la Argentina?
Por Nicolás Retamar
Palantir es una de las principales empresas estadounidenses vinculadas al mundo de la tecnología y la inteligencia artificial. Sin embargo, su accionar público es menos conocido. A diferencia de Google, de Meta, creadora de Facebook, Instagram y Whatsapp, o de Open AI, creadora de Chat GPT, Palantir ofrece servicios de análisis de datos orientados al espionaje, la vigilancia y la guerra. Por ejemplo, uno de sus programas ayudó a definir qué objetivos bombardear en los ataques contra Irán. En este sentido, su alianza con el gobierno de Donald Trump no solo es económica (ya que tienen contratos por un monto superior a 10 mil millones de dólares), sino que es política, cultural e ideológica. Para tomar dimensión, su creador Peter Thiel advierte que la democracia no es compatible con la libertad. Por eso, su reunión con el máximo mandatario argentino genera una ola de preguntas sobre el rumbo del país. Mientras tanto, diferentes especialistas definen al movimiento encabezado por Thiel y otras figuras como “tecnofascismo”.
“El tecnofascismo es una herramienta más del capitalismo, que sirve para cuidarlo y para extender su período de vida. Este fenómeno se caracteriza por un fuerte régimen de desigualdad donde el Estado, lo público, lo social y lo común es apropiado por minorías desde un sentido privativo y la estatalidad es reconvertida en un negocio”, subraya Rocco Carbone, filósofo y docente de la Universidad Nacional de Quilmes, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ.
Y agrega: “Ahí entran estos personajes como Thiel, que se alían con el tecnofascismo y le ofrecen cierto tipo de servicios vinculados con el arte de la guerra, la inteligencia artificial, el manejo de grandes volúmenes de datos y la apropiación de información de los ciudadanos para el control social”.
Además de la reunión con el presidente argentino, Palantir fue noticia mundial por un post publicado en X el 18 de abril que ya tiene más de 34 millones de vistas. Allí, la empresa publicó los principales puntos del libro La República Tecnológica, escrito por su director ejecutivo Alex Karp, una de las personas más ricas e influyentes del mundo según la revista Time. Más que un anticipo, el texto expresa la visión política, ideológica y cultural de la compañía.
Entre otros puntos, el manifiesto destaca que “La élite ingenieril de Silicon Valley tiene una obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación”. Además, critica al poder blando y la inclusión en Estados Unidos como un “pluralismo vacío y hueco”. En la visión de Palantir, EE.UU. requiere poder duro, y para eso es fundamental desarrollar aplicaciones específicas.
“La pregunta no es si se construirán armas de inteligencia artificial, sino quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no pausarán para entregarse a debates teatrales sobre los méritos de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas militares y de seguridad nacional. Procederán”, alertó la empresa en la red social X.
¿Dos caras de la misma moneda?
“Mal haríamos en considerar esas amenazas, que se extendieron a lo largo y ancho del país, como pequeñas formas de la rebeldía estudiantil. Me parece que hay que vincularlas con la visita de Thiel en Argentina, ya que son eventos que crean preocupación y alteración social. Tenemos que estar atentos para ver qué tipo de narrativa y qué tipo de sujeto problemático se construye alrededor de estas acciones, y cómo pueden intervenir aparatos como Palantir”, destaca Carbone.
Y continúa: “Hay que ver si estas amenazas no le sirven al gobierno para decir que hay sujetos sociales y políticos que quieren desestabilizarlo. Sería la excusa perfecta para intervenir con alguna forma de control social vinculada a la información, los movimientos y la apropiación de datos de la población que el Ejecutivo pueda etiquetar como peligrosa”.






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