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IQ - Dominion (2025)

Y cerramos la semana con el último de IQ, que abre las puertas a una nueva obra maestra. Y sí, IQ ha vuelto, y no solo prolongan su leyenda, sino que la elevan, porque en este disco cada secuencia evoluciona, se transforma, se tensa, y hay algo casi cinematográfico en la forma en que construyen el ascenso: una narrativa que avanza progresivame y construye un mundo inspirado en la superación del dolor y de la muerte, surgidas por el duelo del cantante por el fallecimiento de su madre, dos años atrás, ello plasmado en una obra de teatro musical que avanza escena a escena, sin perderse jamás, lleno de símbolos y figuras, emotivo e intenso. Recién salido del horno, "Dominion" llega seis años después de "Resistance", convirtiéndolo en uno de los álbumes más esperados de IQ. Este será, sin dudas, uno de los mejores discos que saldrán en este 2025, así que yo te aconsejo que no esperes mucho más que esto no tiene desperdicio. Todo un logro para la mejor banda del neo-progresivo (a mi humilde parecer) y que celebrará su 45.º aniversario el próximo año, y que nunca antes había tenido tan buena puntería.

Artista: IQ
Álbum: Dominion
Año: 2025
Género: Neo-progresivo
Duración: 53:10
Referencia: Discogs
Nacionalidad: Inglaterra


Una banda que ha sido pionera de un género, el neo-progresivo, que inventaron ya hace casi 45 años, demuestra acá no solo que aún les queda mucha energía y vida, sino que además tienen la suficiente imaginación para reinventarse a sí mismos y salir airosos y exitosos, más que nunca. En todo caso, tienen el suficiente espíritu y mística como convertirse en un elemento clave dentro del progresivo actual.

La banda ha aclarado que se escribieron muchas otras canciones, pero se dejaron de lado la mitad de los temas para preservar la unidad artística. Desde los primeros segundos se crea aquella atmósfera misteriosa y pesada a la vez, típica de su sonido distintivo, estilo característico del grupo: los teclados oscuros y envolventes, y un ritmo tenso que avanza con determinación, y la voz de Peter Nicholls, que parece emerger de la niebla para decirnos algo crucial. Las texturas sonoras a lo largo del disco serán son ricas, densas, intensas. Como todo álbum de IQ, o más...


Y vamos con las impresiones de nuestro eterno comentarista involuntario de siempre, que nos cuenta lo siguiente sobre este disco tan interesante. 

Desde antes de que termine el mes de marzo del año 2025 ya tenemos a nuestra disposición lo nuevo del veterano grupo británico IQ: se titula “Dominion” y allí aparece el quinteto establecido desde hace más de 10 años, o sea, Peter Nicholls [voz y coros], Mike Holmes [guitarras, algunos teclados y coros], Tim Esau [bajos, pedales bajos y coros], Neil Durant [teclados] y Paul Cook [batería y percusión]. Todo el material contenido en “Dominion” fue compuesto por Holmes y Nicholls, estando el primero a cargo de la producción (como es habitual desde hace muchos años). También hay otros colaboradores de larga data presentes en la concreción de este álbum, el decimosegundo del grupo: el ingeniero de sonido Rob Aubrey y el diseñador artístico Tony Lythgoe. El proceso de grabación tuvo lugar entre noviembre de 2023 y diciembre de 2024, en los Aubitt Studios de Southampton. En líneas generales, podemos advertir que los climas, índices melódicos y atmósferas vertidos en este nuevo material se mantienen rodando por la senda trazada en la ilación de los dos trabajos precedentes, “The Road Of Bones” (2014) y “Resistance” (2019), con algunos matices emotivos que marcaron (en diferentes dosis) a los discos entre 1993 y 2000. Definitivamente, este grupo envejece de las mil maravillas, manteniéndose fiel a lo más perenne de su visión del rock progresivo mientras renueva detalles sónicos; y eso que el grupo pasó por un periodo de hibernación forzada por la pandemia. Eso sí, parece que este trance influyó bastante en la poesía de Nicholls, pues las letras de varias canciones giran en torno a la muerte y la temporalidad de la existencia (en coincidencia con “Ever”, ese fantástico álbum de 1993). De hecho, el título del disco está tomado del poema de DYLAN THOMAS Death shall have no dominion. En suma, es como si se tratara de la compleción de una trilogía iniciada con “The Road Of Bones” donde se decide dar un poco menos de incidencia a los climas crepusculares que fueron tan prevalentes en “Resistance”, pero mejor es que entremos de una vez en los detalles específicos del disco que hoy nos convoca.
Ostentando una duración de 22 ½ minutos, la suite ‘The Unknown Door’ se asegura de dar inicio al repertorio de la forma más esplendida que sea posible. Sus secciones se titulan ‘Faint Equations’, ‘Many And More Still’, ‘An Orbital Plane’ y ‘Dream Stronger’. Todo comienza con una fanfarria ceremoniosa y un tanto distante, seguida en cuestión de segundos por una orquestación cósmica y transmisiones de voces mientras la fanfarria regresa con una mayor dosis de suntuosidad, todo muy cinematográfico…. Y Nicholls canta sus primeras líneas: “Who should find this unknown door / Shielded from the light? / Long before a world at war, / Beyond the veil of night.” El centro temático se va asentando mientras avanzan los minutos en medio de un ambiente etéreo que destila una gran amabilidad: el diálogo entre la guitarra acústica y los recursos electrónicos del sintetizador es bastante equilibrado, lo cual permite que la segunda sección irrumpa con un viraje aguerrido sin violentar la fluidez integral del momento. Así las cosas, el ensamble arma un groove llamativo sobre un esquema rítmico ágil que, de manera un tanto sutil, también es complejo. Poco a poco, la cosa va ganando musculatura y poco antes de llegar a la frontera del noveno minuto, la banda asume un poderío rockero señorial y contundente. Ya pasada la frontera del undécimo minuto, emerge un fastuoso solo de guitarra, al cual le sigue un armazón colectivo filudo y electrizante, muy al modo de una cruza entre PORCUPINE TREE y EMERSON, LAKE & PALMER. Tras este clímax, sigue un pasaje cósmico que nos devuelve a esos aires de extraño ensueño con los que comenzó esta suite. Con los rasgueos de guitarra acústica que entran a tallar al poco rato, Nicholls hace lucir su talante reflexivo con total soltura: “Left alone without reason, / Remind yourself you’re only halfway home. / Is there someone else I’m recalling made us forget? / Still I’m centered in another world of you I never knew.” Cuando el ensamble íntegro vuelve al frente, la pomposidad rockera se reinstala con una majestuosidad extra y un swing más refinado, y es ahora que el esquema general asevera el reforzamiento del enfoque instrumental, el cual pasa los últimos centrados en la gestación de un ceremonioso epílogo. Las últimas líneas tienen un tenor introspectivo muy adecuado para finiquitar el asunto con un aura distinguida coherente con la intencionalidad épica de esta composición de tan largo aliento; de hecho, es la segunda más extensa de toda la obra de IQ y está genial.
Tras la maratón inaugural llega el turno de una balada serena e introspectiva titulada ‘One Of Us’. La cercana interconexión entre guitarra acústica y canto marca la pauta melódica mientras los teclados generan unas capas armónicas que, a despecho de su calculada sedosidad, hacen sentir su relevancia a la hora de acentuar la espiritualidad esencial de la composición. ‘No Dominion’ trabaja con climas dramáticos y un tempo lento para gestar una atmósfera imponente y solemne.Vale la pena apreciar estas partes de la letra: “The wall that’s built around you is undefended, / No matter where it ends, no matter when. / If I could make a difference, what would you have me do? / The heart that broke the best was over you.” – “Death, in its madness above the west moon, shall have no dominion / With none gone too soon, / So this memory will run its course. / And I choose to never give up more than I’d dare to lose / Without remorse.” Más allá de su exterior parsimonioso, la canción se siente bastante vitalista en sí misma. El último solo de guitarra es particularmente emotivo, siendo así que su desaparición abre paso a una coda de teclado que emula una caja musical. Este sonido es muy parecido al de las escalas iniciales de la siguiente pieza, ‘Far From Here’, que es la segunda más extensa del disco con sus 12 ¾ minutos de duración.* Eso sí, esas escalas abren camino a un clima más grisáceo, incluso con algunas trazas noctámbulas que rayan con lo lúgubre, antes de que la batería entre a tallar al borde de la frontera del segundo minuto y medio para motivar el inicio de un pasaje aristocráticamente enérgico. El canto de Nicholls se torna más agresivo mientras los instrumentistas arman otro ejercicio de refinado dramatismo; una mención especial va para el mágico solo de sintetizador que surge alrededor del quinto minuto y medio mientras el ensamble cambia de groove. Más adelante, algunos recursos cibernéticos inoculan algunos aspectos modernistas al encuadre general, pero el tenor general es el de realzar lo melódico. La sección epilogar es una dulce balada de voz y piano donde los aires de serena introspección vuelven a imponerse. “All the hours I was with you, right by your side, / With the time escaping us, ever knowing. / I tried to reach you, to be there / Where you need to be, always in my heart, / And you’re not far from here".
Iniciándose con unas capas de teclado que retoman la última nota de la canción anterior, el tema ‘Never Land’ pone el broche final a las cosas con una aureola de relajada melancolía. La manera en que se destaca el bajo sin trastes tras las primeras líneas de Nicholls anuncia que estas nuevas meditaciones vertidas en la letra serán manejadas con una gracilidad elocuente. Nuestras sospechas se confirman en la frontera del cuarto minuto, que es cuando la batería instala un swing razonablemente animado. La estructura melódica, siendo tan sencilla como es, está suficientemente ornamentada como para evidenciar una meticulosa labor de orfebrería musical a través del moto perpetuo. De esta manera, la persistente gracilidad termina asumiendo brotes celebratorios y eclosiones fulgurosas. Las capas finales de los sintetizadores ostentan un hálito cinematográfico donde todo parece flotar sobriamente. Así la experiencia total de “Dominion”, el designio de los nuevos dominios musicales del veterano grupo IQ, el cual ya tiene un catálogo de publicaciones fonográficas de más de 40 años. Al igual que sucedió con los dos discos precedentes, el grupo tuvo una racha tan creativa que había material suficiente para un disco extra, pero esta vez, teniendo en cuenta que habían pasado seis años desde “Resistence”, el grupo no quería pasar un año más en posproducción para el segundo volumen, así que, en todo caso, hay suficiente material para un siguiente disco de estudio sin que tengan que pasar tantos años de por medio.** Así, con un volumen único, “Dominion” funciona bastante bien como ente portavoz de lo que IQ es en esta fase de larga carrera, una carrera con muchos picos que encarnan la esencia del esplendor al que siempre aspira el ideal del rock artístico. En suma, un trabajo muy recomendable.

César Inca

Se percibe como un avance significativo en el sonido propio de la banda, añadiendo una capa de pulido de producción y sutileza compositiva por encima de sus ya altos estándares. Podría ser la mayor actualización de su sonido desde los lejanos tiempos de "Subterranea", y los encuentra produciendo algo que, a la vez, brindará un gran disfrute a los fans de toda la vida, pero que depende menos que nunca de su sonido clásico de los 80 o de la nostalgia por la época dorada del progresivo.

Pero mejor nos dejamos de tanta cháchara que acá hay muy buena música para escuchar, así que no perdamos el tiempo...



Un álbum ambicioso, oscuro, complejo pero fluido, emotivo. No hace falta entender todos los compases ni las referencias: la música habla directamente, sin rodeos. Y quizás lo más hermoso es que "Dominion" es profundamente accesible. No necesitas ser un experto ni erudito en la música para apreciarlo, y nunca te cierra las puertas. Cualquier fan de la música exigente, melódica y narrativa puede identificarse con él.

Fueron seis años de espera. Seis muy largos años para tener de vuelta a IQ, con su álbum «Dominion», este 28 de marzo. Una espera que, dicho sea de paso, ha sido la tónica del grupo desde Dark Matter (2004), con álbumes de estudio que toman, en promedio, unos cuatro años entre cada uno, aunque esta vez se pasaron un poco. Ciertamente, los británicos se toman las cosas con calma, e incluso declararon que desde Resistance (2019) han producido mucho material. Suficiente, incluso, para lanzar un álbum doble.
Sin embargo, el estándar de excelencia de IQ jamás les permitiría lanzar música sólo porque la tienen a mano. El proceso de crear requiere de sanos reposos para que las ideas decanten, sean revisadas y se pueda confirmar si son efectivamente buenas, o sólo un entusiasmo momentáneo por la idea recién creada. Después de todo, mantener un estándar siempre es un desafío, pero es que con Dominion, pareciera que IQ no tiene techo.
"Hay mucho material que no llega al álbum final. Cuando empezamos a trabajar en este, tocamos un par de temas en directo como versiones en proceso, solo para que la gente viera cómo iba. (…) No tienes que quedarte con todo lo que tienes".
Peter Nicholls. The Prog Report
Así, IQ nos entrega tan sólo cinco piezas en Dominion. «Sólo» cinco, pero realmente nada parece hacer falta. Después de 44 años de carrera, los miembros de IQ parecen extremadamente afiatados. En la misma entrevista otorgada a The Prog Report, el vocalista Peter Nicholls y el guitarrista Mike Holmes señalan que la amistad es uno de los factores que ha facilitado no sólo continuar entusiasmados con el proyecto después de tantos años, sino también mantenerse en una forma que los mantiene muy satisfechos. Y escuchando el álbum, uno puede percibir esa amistad.
Las piezas de Dominion
Con una entrada solemne, IQ abre su álbum Dominion con The Unknown Door. Una epopeya de 22 minutos, que no se contiene en nada. Comenzando con sonidos que evocan bronces de guerra, (y de fondo, la famosa declamación «Paz para nuestro tiempo» del Primer Ministro Neville Chamberlain en 1938), la voz de Peter Nicholls se desliza con aplomo, tomando el protagonismo absoluto. Así, IQ construye un pasaje lúgubre que, poco a poco, comienza a iluminarse. Pasados los cinco minutos, esta pieza cobra toda su forma tomando ribetes de rock progresivo de tomo y lomo.
Esto implica secciones instrumentales que permiten exhibir las dotes interpretativas de cada integrante (grandes solos de teclado y guitarra incluidos) que, sin embargo, no resultan tediosas. Si hay algo que IQ ha sabido construir con los años es la capacidad de no abusar de pasajes instrumentales, incorporando voces de manera permanente, y aquí lo logran a la perfección. Después de todo, la letra, que nos plantea diversas inquietudes existenciales que se entrelazan con momentos de esperanza e incertidumbre, requiere también de una buena dosis de profundidad. Los cambios de melodía y de tiempos acompañan magistralmente estas transiciones.
Con todo, pareciera que después de The Unknown Door, IQ ha logrado todo. Luego de tal exhibición de música, yo me daría por pagado. Pero es sólo el primer tema.
One of Us entrega una necesaria calidez al álbum. Esta segunda pieza, de sólo tres minutos de extensión, nos entrega un mensaje de nostalgia por aquello que, pudiendo haber hecho, no hicimos. La guitarra acústica de Michael Holmes, con su efecto de eco, realza la impresión de soledad que retrata la letra, que resulta desgarradora. A fin de cuentas, es probable que todos hayamos perdido a alguien importante, y a quien ahora sólo podemos recordar.
Sin ninguna pausa IQ prosigue con No Dominion. Aunque sea la negación del título del álbum, encierra todo el mensaje que el grupo nos quiere entregar: una invitación a aprovechar nuestro tiempo al máximo para hacer lo mejor para nosotros y para el mundo. Un mensaje simple pero siempre necesario, pues la vida está llena de puertas desconocidas y no todo está bajo nuestro control, pero sí podemos decidir lo que hacemos aquí y ahora. El título, de hecho, surge del poema «And Death Shall Have No Dominion» (Y la muerte no tendrá dominio) de Dylan Thomas. Sí, el mismo que inspiró el título de Starless and Bible Black de King Crimson.
Musicalmente, IQ alcanza en No Dominion uno de sus puntos altos del álbum, lo que explica por qué presentaron esta canción como adelanto. Los teclados de Neil Durant elaboran capas que armonizan de diferentes formas con la voz de Nicholls, y el solo de guitarra hacia el final le pone a uno los pelos de punta.
Far from Here comienza con una caja musical algo espeluznante. Aquí IQ nos entrega casi 13 minutos, que comienzan con un dueto dominado por Nicholls y Durant, hasta que se abre una puerta que da paso a la sección rítmica, en un torbellino que pareciera retratar el paso de la vigilia a una pesadilla. Como cuando nos acostamos cuestionando nuestras decisiones, y nos dormimos con esos miemos pensamientos, pero descontrolados. La batería de Paul Cook se luce en varios momentos, y el bajo de Tim Esau resuena con potencia, en una pieza que despliega energía a raudales. Toda la artillería de IQ se concentra aquí.
Luego de toda esta energía, Far from Here retoma su ánimo inicial. La síntesis luego de la pugna entre dos fuerzas contradictorias. El sentido de pérdida se realza, con letras emotivas que nos dicen que, incluso no estando, alguien puede seguir estando cerca. O, al menos, no tan lejos. Una belleza.
El álbum culmina con Never Land. Aquí IQ profundiza el sentido de pérdida de canciones anteriores, pero en un nivel mayor: el recuerdo de alguien fallecido. Nicholls nos dice: «Ahora que estoy solo, ¿sigo este viaje sin ti?» Un tema que a nadie le gusta pensar, o recordar, si lo ha vivido. Arreglos musicales etéreos refuerzan la nostalgia de las letras, como si ese fantasma estuviera cerca. Porque, en efecto, Nicholls termina diciendo: «te veo ahora, en todas las formas que compartimos, todavía estás en todas partes».
En síntesis…
Desde hace tiempo creo que IQ es incapaz de defraudar, y eso lo sigo confirmando con Dominion. He escuchado este disco muchas veces para escribir estas líneas, y poner atención a las letras puede ser un ejercicio brutal. Sin ser un álbum conceptual, la disposición de sus piezas refuerza de diferentes modos su mensaje principal: aprovecha el tiempo presente. Pero no en un sentido hedonista. Dominion es un llamado que nos hace IQ para aprovechar a las personas que queremos, y hacer lo mejor para ellas y para nuestras vidas. Y, de paso, para el mundo entero.
Es fácil caer en clichés con un mensaje así. Pero, de nuevo, la forma de organizar las piezas y de escribir las letras permite la construcción de un mensaje directo, sobrio, y cuya música sólo puede engalanar. Porque, digámoslo: en Dominion no hay reinvención musical de IQ. Si conoces su trabajo más reciente, ya sabes qué esperar. Precisamente, esa estructura de composición, esas letras y esos arreglos instrumentales y vocales son los que han posicionado a IQ como uno de los más destacados representantes del rock progresivo en las últimas décadas. Y, al escuchar Dominion, creo que cualquiera podría entender que no debería ser de otra manera.

Roberto M.


Otros puntos a favor; más allá de la producción que es increíblemente clara, los arreglos son pulidos y la interpretación, notablemente precisa. Peter Nicholls ofrece una de sus interpretaciones más cautivadoras, mientras que las instrumentaciones de Holmes, Cook, Esau y Durant tejen una red densa pero nunca agobiante. Respirás en este álbum, vivís en él, te tirás de cabeza a nadar en él aunque no quieras.

Les salió un disco redondo, por algo tardaron tanto en realizarlo... una maravilla sonora, teatral, lírica, cinematográfica, climática y emocional que no puedo recomendarte más. Maravilla...

No te lo pierdas, como dice el Mago Alberto, si no lo escuchás sos un boludo.

Desde Spotify lo podés escuchar completo:
https://open.spotify.com/intl-es/album/0jGsa4Kg2p9eNLF6gYuu2y

Y aquí el espacio en Bandcamp:
https://iq-gep.bandcamp.com/album/dominion


Lista de Temas:
01. The Unknown Door
02. One Of Us
03. No Dominion
04. Far From Here
05. Never Land

Alineación:
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Gandhi, Tous les hommes sont frères, Gallimard, 1969, p. 235.