Y nos toca viajar a Canadá para presentar este grupo que nos entrega un disco que funciona como un desfile de fantasmas elegantes, melodías agridulces y preciosismo instrumental. Desde el punto de vista estrictamente instrumental, este álbum es una cátedra de buen gusto y mesura, no vas a encontrar corridas de mástil innecesarias, ni masturbaciones instrumentales interminables ni pirotecnia eléctrica a volumen insoportable; la riqueza pasa por otro lado. Las guitarras se entrelazan con colchones de teclados, pianos melancólicos, saxos y sutiles toques de sintetizadores analógicos que dibujan paisajes sonoros de gran profundidad. La producción respira por todos lados: cada instrumento tiene su espacio exacto, logrando una calidez orgánica que hace que parezca que la banda está tocando en el living de tu casa mientras afuera chispea una llovizna otoñal. Uno de los mejores trabajos del 2026 según los muchachos de Progarchives, así que solo queda ver qué carajos opinás vos sobre todo est...