Ya estuvo bueno el experimento de ver como sería una idiocracia. Con poco más de un tercio de su mandato por delante, el gobierno de Javier Milei y el experimento anarco-capitalista que encarnó están terminados, y nada tienen ya para ofrecer al pueblo argentino salvo dolor y vergüenza, esa es la principal certeza de un presente de incertidumbre. Y el primero que lo sabe es el propio Milei, de allí su furia incontenible que explota al menor elemento exterior, como una simple pregunta de un periodista al salir del Congreso, interrumpiendo desde Estados Unidos el programa de dos alcahuetes suyos como Majul y Trebucq para defender a Adorni, o teniendo un brote psicótico en un canal de stream financiado con la guita negra de la SIDE: está peleado con la realidad, negando la gravedad de la crisis que él mismo provocó, de la que la corrupción estructural de su gobierno de descuidistas es solo un fenómeno superficial, y viene perdiendo la pelea por knock out. Nos entretienen con Adorni mient...