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The Flower Kings - Retropolis (1996)

El segundo disco de estudio de The Flower Kings refuerza su pertenencia a la más sólida tradición prog, homenajeando sutilmente a algunos de los clásicos. Con este disco la banda se dio a conocer más ampliamente, con una propuesta musical entre el reconocimiento a los gigantes que crearon el género y la recreación de sus posibilidades en su presente. Retropolis ayudó en el resurgimiento del prog de los años 90 con su propuesta ecléctica y sus acertijos: “¿De quién estoy hablando?”, parecen decir en ciertas frases del texto y la música, ¡para que respondan lxs cabezonxs!

Artista: The Flower Kings
Álbum: Retropolis
Año: 1996
Género: Progresivo sinfónico ecléctico
Duración: 1:08:45
Nacionalidad: Suecia


El título y la carátula parafrasean el clásico cinematográfico Metropolis de Fritz Lang (1927), aunque la referencia se detiene ahí (a no ser porque la temática general de aquella visionaria película —la condena de una sociedad tecnológica que oprime al pueblo— es también una de las preocupaciones permanentes de Stolt, si bien en este disco se menciona de paso). Está en primer plano el Rey de la Flor, calato, muy David él, apareciendo por tercera de tres veces en la carátula (en The Flower King de Stolt está su retrato y en Back in the World of Adventures sale de ladito dirigiendo el Universo con su cetro multireligioso).


En esta versión, Retrópolis es un lugar donde el tiempo se confunde, el pasado y el futuro se mezclan y coinciden, como una metáfora de la música que vamos a escuchar. En el dibujo, los carros de los años 40 vuelan y sobre el asfalto, a los pies del Rey de la Flor, crecen apetitosos amanitas muscarias (invertidos; los de verdad son rojos con puntos blancos). La razón por la que el disco se plantea “retro” es doble: por un lado, aunque tres de los temas son de Tomas Bodin, el resto son composiciones que Roine Stolt tenía guardadas desde los 70 y 80 y que sacó del cajón para esta grabación, pero también le dan pretexto a la banda para volver al sonido del prog sinfónico de la era dorada, los 70, de una manera mucho más decidida que en Back in the World of Adventures. Las referencias a ELP, Yes, Pink Floyd, King Crimson y sobre todo Genesis son tan claras que muchos críticos han desacreditado a este álbum —y a la banda— como plagio. Incluso se burlan de que al inicio del disco los Flower Kings han utilizado sonidos de videojuegos (o algo así; yo no los reconozco) de los 80, tal como lo hiciera Gentle Giant en “Time to Kill” (Free Hand, 1975). Y sin embargo, este disco logró sacar a The Flower Kings de un ámbito estrecho de seguidores; amplió su espectro de público, ocupó alguna posición en las listas de éxitos de su natal Suecia y fortaleció un resurgimiento del prog sinfónico en la Europa nórdica de los 90. Es claro que para Stolt, que puede ser naïve y hippie pero no es nada burro, la idea de producir música totalmente original resulta absurda y no tiene reparos para reutilizar fórmulas ya existentes porque son geniales; no es imitación, es homenaje, reconocimiento y recreación porque se plantean al conocedor como acertijos y generan complicidad.





El folleto del disco contiene un texto de Stolt que da pistas sobre lo que la banda busca —o, en todo caso, sobre su ambigüedad—. Si bien se trata de un escrito francamente surrealista, Stolt menciona personajes o situaciones que nos indican de qué está hablando y los mezcla en una loca descripción de la ciudad de Retrópolis; vamos a arriesgar una traducción rápida:

… desperté en la ciudad de Retrópolis, un lugar donde el futuro y el pasado se transforman constantemente en híbridos históricos. Ojalá pudieras verlo; ¡oh Dios!, ojalá estuvieras aquí. No quiero perderme ni un segundo, … mmm, veamos, oprimiré este botón verde.

Dando tumbos por el túnel sin tiempo, cruzando los caleidoscopios de la Cristiandad, paz, amor y felicidad… Se siente bien.

¿Quién es el ciego de la esquina? ¿Es ese Abe Lincoln? No, es sólo otro mendigo del pasado. Cualquier día está bien para estos héroes del pasado.

Cris Colón está vendiendo copias falsas de Andy Warhol en la calle 57. Neil Armstrong vende queso en el Megamarket Keith Moon y W. C. Fields vende fresas en la Avenida Lennon.

Todo el mundo parece estar vendiendo algo. Judas se esconde en los callejones sin mostrar nunca su mercancía, que lleva el nombre de miedo y dolor.

Se escuchan voces desde el futuro y el pasado: “¡¡No te detengas, no te detengas, el Reino es tuyo!!”

Me detuve afuera del Domo del Hechicero, abrí la puerta de madera tallada y entré. El rumor de cien Dalai Lamas rodeó mi existencia. El hechicero del Domo me preguntó con su voz hipnótica, “¿Qué quieres de la vida, hijo?” Le respondí sin mover los labios: “Quiero aprender, quiero amar, quiero vivir”. El hechicero respondió: “Esos son tres de cuatro; debes considerar luego el perdón. ¿Sabes? ¡¡Nadie es perfecto, ni siquiera Michael Jackson!! Mira a Judas, ahí entre las sombras, ¿no se parece un poco a ti?”

No supe qué decir pero, de algún modo, se sintió bien. El hechicero miró dentro de mi corazón y dijo: “Supongo que ya sabes que soy el Señor de todos los Tiempos, la Fuente de la Sabiduría, el Jardinero de la siempre creciente Flor del Amor. ¡Soy el rey de Retrópolis! Uno con el universo, viajo adoptando múltiples formas...”

Entonces se transformó en Elvis Presley… “Si buscas sabiduría… ¡¡¡Has venido al lugar indicado!!!!

John y Yoko se nos unieron y nos fuimos a la feria de Pazorama. Luego, despacio río abajo en el bote-amor… ¿Puedes imaginártelo? Es sólo un día cualquiera en la vida de Retrópolis…

Roine Stolt



Un texto absurdo, pero que marca los límites dentro de los que la música significa: la ecléctica fiolosofía de Stolt, el vikingo que quiso ser hippie pero llegó tarde a la fiesta. Retropolis trae, como vemos, las preocupaciones intelectuales y espirituales de Stolt.

Después del brevísimo ruidito de introducción (“Rhythm of Life”), aparentemente tomado de algún videojuego, “Retropolis” se arranca como una muestra del poder instrumental de los Flower Kings: un tema en el que, aunque no les guste a los críticos, no son tan claras las referencias a otras bandas como ellos dicen. Más bien estamos ante el espíritu Flower Kings en pleno. Abre con fuerza y estridencia, en un intenso beat de ¾ que va siendo interrupido por diversos motivos (primero un ambient oscuro, luego un tema cuasi folclórico) y luego se desarrolla en un crescendo cromático realmente impresionante, para cerrar con una serie de arpegios suaves de guitarra acústica.

La tarcera pista, “Rhythm of the Sea” se desprende de la anterior en una nueva atmósfera casi silenciosa, con ruidos incidentales sobre los que reaparece la guitarra acústica y, con ella, la voz de Stolt. En la letra de este tema (al igual que en “Silent Sorrow”) es claro que hay referencias a The Lamb Lies Down on Broadway: “The light dies down”, cita Stolt a Gabriel, solo que aquí no es en Broadway sino en Retropolis.

Menos melancólica y más ambiciosa, viene “There Is More to This World”. Habría de convertirse en uno de los éxitos de la banda. Interesantísimo el poderoso bajo de Michael Stolt en mancuerna con el preciso beat de Jaime Salazar, que soportan sólidamente los diálogos entre Bodin y Stolt, sin faltar unísonos que hacen de puente entre las partes y que son una de las firmas de la banda, algo que no necesariamente se parece a algún modelo británico de los 70. La propuesta lírica del tema es simple: hay en el mundo mucho más que lo que podemos ver y tocar, lo que representa una puerta abierta al misterio y a la fe.

“Romancing the City” es un breve interludio para piano que introduce la instrumental “The Melting Pot”, uno de los temas más complejos en la historia de la banda, tanto por el ambiguo planteamiento armónico como por la loca rítmica en que se basa y los cambios de intensidad. Destaca el uso, al final, de la emulación de un órgano como de catedral, y el cierre guiado por la guitarra solista de Stolt.

“Silent Sorrow”, otra cita de The Lamb Lies Down on Broadway (el título es una frase que resulta familiar para cualquier genesiano), es un tema más “convencional” en el sentido de que carece de las exploraciones de los anteriores y se presenta como una canción más sólida rítmicamente. La idea es la saturación de información que ahoga al ser humano y lo convierte en esa “pena silenciosa”. Hacia la segunda mitad se hace presente la síncopa marcada en el ritmo y sobre ella las improvisaciones en los teclados de Bodin y en la guitarra de Stolt. Ese diálogo entre ambos es una de las más claras características de los Flower Kings.

Judas, que estuvo presente en Back in the World of Adventures, vuelve ahora con “Judas Kiss”; ya no tanto como símbolo de la traición sino como señal de una sociedad que se engaña, una sociedad hipócrita: Judas besa mientras el nazareno carga la cruz para salvar al mundo. Ya veíamos, y ahora probamos, que Stolt es un hombre religioso y que su tradición es cristiana aunque bien aderezada de new age. En este tema, especialmente en el puente intermedio, los Flower Kings se acercan más al jazz rock, con una suave base de bajo y batería sobre la que las improvisaciones de teclados y guitarra son alucinantes. Quizá sea este el tema del disco.

“Retropolis by Night” ayuda a evaluar la diversidad del disco: es un tema casi techno, breve, que avanza sobre sonidos sintéticos abrigados por atmósferas etéreas y, como los anteriores “Rythm of Light” y “Romancing the City”, sirve de preludio a “Flora Majora”, otra muestra de la maestría instrumental de la banda. En tonos mayores, con un más claro parecido al Genesis de la época dominada por Hackett, es un tema vivo y enérgico hecho para lucir virtuosismos sin exageración. El parecido con ELP que tantos críticos han señalado se reduce al timbre de los sintetizadores de Bodin, algo que se puede ver también en bandas de los 70 como Kansas y Triumvirat. Es decir, lejos de cualquier plagio, estamos ante un estilo; un estilo que además, ¡nos gusta!

El cierre, “The Road Back Home” es otro de los temas que los Flower Kings revisitarán siempre en concierto y que aparecerá en varias de sus compilaciones. Más clásico porque propone un desarrollo desde el suave arranque hacia el crescendo instrumental y rítmico. Aquí hay otra cita a un gigante: “I talked to the wind...” dice Stolt, obviamente rememorando la obra maestra de Crimson.

Un estupendo disco de The Flower Kings, el segundo en su haber, que los llevó a crecer en audiencia y ayudó a pavimentar el camino que recorrerían en adelante. Claro, sólo aquí, en el blog cabezón.


De despedida, cabezonas y cabezones, aquí están los Flower Kings tocando en vivo "Retropolis"... recargada con ¡Pat Mastelotto en los tambores!:



Lista de Temas:
1. Rhythm of Life
2. Retropolis
3. Rhythm of the Sea
4. There Is More to This World
5. Romancing the City
6. The Melting Pot
7. Silent Sorrow
8. The Judas Kiss
9. Retropolis by Night
10. Flora Majora
11. The Road Back Home

Alineación:
- Roine Stolt / Guitarras, voz líder, teclados
- Tomas Bodin / Órgano Hammond C3, piano, Mellotron, otros sintes y fx
- Hasse Bruniusson / Percusiones (batería en 19)
- Jaime Salazar / Batería, percusiones
- Michael Stolt / Bajo
- Hans Fröberg / voz (4, 7)
- Ulf Wallander / Sax soprano (6, 11)





Comentarios

  1. Estoy descubriendo todo un mundo. Siempre he sido más de música clásica (en el sentido más general) y descubrir el rock progresivo es está siendo para mi todo un viaje!!! Muchas gracias por la información, para alguien que está entrando en este mundo es muy interesante e útil. Un abrazo!

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  2. Me alegra mucho klaramarimon! Si quieres pueses sumarte a la lista de correo que tendrás cosas para conocer y recomendaciones. Cualquier cosa me escribes así estamos en contacto: correocabezon arroba gmail.com Abrazos

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