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viernes, 16 de noviembre de 2018

Charly García en NatGeo

Charly: "Soy un freak... a mucha honra: soy zurdo, tengo la mitad del bigote de color blanco y un oído absoluto". Dentro de una serie de documentales biográficos, NatGeo presentó este fin de semana para Latinoamérica, la primera de varias entregas sobre músicos legendarios, entre los que se cuentan Alex Lora, Gustavo Cerati y Charly García. La primera fue dedicada al argentino del bigote bicolor con dos episodios seguidos de una hora cada uno, allí se dio cuenta de sus inicios con las bandas de los años setenta: Sui Generis, La máquina de hacer pájaros y Serú Girán; luego se ocupó de mostrar apartes de su accidentada y genial carrera como solista.


García, de sesenta y siete años, apareció en pantalla sin quitarse nunca los lentes oscuros, blandiendo tranquilo y alegre como un niño, un vaso de whisky junto al piano. Repasó momentos clave de su vida y obra en una conversación con la cantante y fan declarada, Julieta Venegas. A pesar de la dificultad para hablar, en parte causada por los efectos de medicamentos psiquiátricos, fue elocuente y lúcido, siempre dándole un giro humorístico a las preguntas de Venegas: "Soy un freak... a mucha honra: soy zurdo, tengo la mitad del bigote de color blanco y un oído absoluto", le dijo luego de evocar escenas de la película Freaks (1932) dirigida por Todd Browning que ella confesó no haber visto.

En la primera parte predominan las imágenes de archivo de los recitales de Sui Generis, que acercaron el rock a un público masivo en Argentina, sobre todo a las mujeres y a la gente adulta. Las asistentes dan testimonio de encontrarse con algo diferente de lo habitual, resaltan la profundidad de las letras y el atractivo desconcierto de escuchar una canción dedicada a la muerte. Charly cuenta en este punto que al ver cantar a Nito Mestre en un grupo del colegio militar llamado The Century Indignation, sólo atinó a decir: “Vení para acá, vamos a hacer un grupo que se llame Sui Generis”. Por su parte León Gieco, el cantautor que recientemente fue invitado a la tarima por Roger Waters en el concierto argentino de su reciente gira; afirmó que la verdadera popularidad del dúo llegó con su despedida en 1975, la legendaria presentación: “Adiós, Sui Generis”, de la que hay un maravilloso registro en audio y video. Allí se puede apreciar la versatilidad de García en los teclados. Un preámbulo de lo que sería su siguiente banda.





Sobre “La máquina de hacer pájaros”, debería hacerse un documental completo, pues se trata de una de las bandas pioneras del rock progresivo en Latinoamérica y de la que hay dos registros, uno con el nombre de la banda donde se pueden apreciar temas cercanos al art rock: “Bubulina”, “Rock” y “Ah, te vi entre las luces”. El segundo se llama de manera irónica “Películas”, dando a entender que era lo único que se podía ver durante la dictadura militar argentina. En este punto, José Luis Fernández, bajista de la banda, admite que era difícil acceder a los conciertos de “La máquina”, debido a la represión de los militares, al punto en que en una ocasión fue golpeado antes de salir a tocar. Por su parte Charly trae a cuento el día en que los abandonó: aprovechó que los demás integrantes estaban molestos por el anuncio a la entrada del local donde se iban a presentar: “Charly García y La máquina de hacer pájaros”. Él escribió sobre el cartel: “Charly García SIN La máquina de hacer pájaros”, agarró una botella de whisky y se fue para continuar dándole rienda suelta a su creatividad.

Uno de los aspectos interesantes que revela el documental es que Serú Girán, considerados por muchos “los beatles argentinos”, no tuvo buena acogida al principio a pesar de tener el peso de una super banda: Pedro Aznar, bajista de jazz, quien posteriormente se uniría a Pat Metheny; David Lebón, guitarrista de Billy Bond and The Jets; Oscar Moro, baterista de Serú Girán y fundador de Los Gatos, una de las bandas pioneras del rock argentino, junto a Litto Nebbia. Su primer disco fue asimilado paulatinamente, a pesar de contar con el himno “Seminaré”. Sin embargo, cuando presentaron el segundo disco “La grasa de las capitales” en el auditorio Kraft en 1979, García y sus compañeros hicieron vibrar a la audiencia y lograron conectarla con su propuesta. En ese punto del documental Charly le cuenta a Julieta Venegas que la dictadura le sirvió para elaborar mejor las metáforas de sus letras y despistar al enemigo. Sobre el tema Mara Favoretto escribió un largo ensayo titulado “Charly en el país de las alegorías” (2014), donde muestra cómo las letras de este periodo mezclan el lenguaje de George Orwell con el de Lewis Carroll, logrando una rebelión contra los códigos semánticos para evitar las palabras prohibidas por el sensor. Un ejemplo es “Canción de Alicia en el país”, cuya letra es una descripción alegórica de la Argentina de la dictadura.

El segundo episodio del documental se ocupa de la carrera solista del artista, especialmente del viaje que realizó a Nueva York para grabar “Clics Modernos” en el estudio Electric Lady con la producción de Joe Blaney. Blaney ha trabajado desde esos días con García, incluso en su más reciente trabajo, “Random” (2017). El productor cuenta que cuando García se presentó con Pedro Aznar no les hicieron caso, hasta que mostró el dinero a la cámara de seguridad y les preguntó “Do you smell the money? Luego le mostraron una lista de productores y se escogió a Blaney por haber trabajado con The Clash. García hace referencia en su conversación con Julieta Venegas a los aparatos que compró, las cajas de ritmos para reemplazar a la batería y el sampleador Emulator que le permitió introducir los gritos de James Brown a la canción “No me dejan salir”. A pesar de contar con el respaldo de Aznar, Charly tocó casi todos los instrumentos, dándole un enfoque único al disco, que hoy en día es un referente en la movida musical latinoamericana, desde el concepto artístico de la carátula: la fotografía icónica junto a un grafiti de Shadowman en Nueva York; hasta la manera de componer que logra un balance único entre ritmo, armonía y melodía.

Luego de grabar la trilogía solista que lo consolidó en su sonido, a partir de un catálogo de canciones ineludibles dentro de la música del continente: “Yendo de la cama al living” (1982), “Clics modernos” (1983) y “Piano Bar” (1984); hace largas giras latinoamericanas, graba “Parte de la Religión” (1987) y “Cómo conseguir chicas” (1989), este último disco, presentado en Bogotá en uno de los conciertos más recordados en la historia, sobre todo por la actitud de rockstar que asumió, dándole forma a esa figura en el contexto local.

Para los medios argentinos el regreso de Serú Girán en 1992 era el cierre de un ciclo y quizás un momento adecuado para que Charly García se retirara, ya que se notaba en su parte física y mental el desgaste causado por su estilo de vida entregada a los excesos. El disco y los conciertos, afirma Pedro Aznar, le hubieran servido como seguro de retiro, pero al contrario, García confiesa a las cámaras con cinismo que “todo se lo metió por la nariz”. Ahí comienza la parte que da cuenta del periodo más caótico y vanguardista (sin dejar de ser comercial) que va de la grabación del disco “La hija de la lágrima” (1994), pasa por el Unplugged de MTV (1995) y cierra con el raro disco “Say No More” (1996). Lo anterior se presenta con imágenes de archivo en las que aparece junto a Juanse de “Ratones Paranoicos” grabando “La sal no sala”. Joey Blaney da cuenta de anécdotas del unplugged: la pausa que hizo para “ir al baño” y la forma en que sacaba provecho para improvisar cuando se le olvidaban las letras de las canciones, como bien puede verse en la interpretación desparpajada de “Cerca de la revolución”.

A diferencia de otros documentales biográficos sobre Mr. Say No More, en este no hay demasiado espacio para los episodios trágicos, que si bien se presentan con distancia, afirman la persistencia vital de García en la música, subrayada con su presencia en la conversación jovial con Julieta Venegas. Sin embargo, no se deja de lado el incidente del salto del noveno piso del hotel Aconcagua en Mendoza que, confiesa, fue motivado al ser perseguido por la policía. La fotógrafa Nora Lezano dice al respecto que después de la hazaña le dijo que “lo que más le había dado miedo era precisamente que no había sentido miedo y que al caer le había dolido todo”. En contrapunto aparece Charly refutándola: “No me dolió nada”.

Antes del cierre, con las imágenes del concierto del Gran Rex para presentar el espectáculo “La torre de Tesla” (2018), García aprovecha para agradecer a Palito Ortega por haberlo acogido en su casa luego de haber sufrido una grave crisis nerviosa, para rehabilitarse y volver al ruedo. Ortega le devuelve las gracias por la música y su genio, recuerda el regreso que planearon, una presentación “terapéutica” frente a la iglesia de Luján, pues en un momento de la cura había expresado que no se sentía capaz de volver a tocar en público.

Dos episodios se quedan cortos para dar cuenta de la biografía definitiva del músico. Sin embargo, la dirección de Leandro López, Sebastián Ortega y Javier Berruti, de Underground producciones, actualizan la imagen de Charly García en el escenario rodeado de teclados, apoyándose en la voz de Rosario, la hija de Palito; siempre sentado debido a una fisura de cadera. Así, lejos de mostrar el ocaso del artista, exhiben de manera ágil un legado musical en constante reinvención.
Nota original: El Espectador




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