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miércoles, 6 de junio de 2018

Fútbol, Nisman, Pasión, Mentiras y Luchas

Una interesante nota publicada hoy en Página 12, donde Santiago O'Donnell balancea las causas económicas y políticas de la suspensión del partido de Argentina con Israel, pero más que eso, muestra aspectos que ayudan a comprender por qué Nisman realizó su conocida y fantasiosa denuncia, cómo lo dejaron solo y optó por un tiro en su sien, que embarró la cancha. Si bien no es una nota nuestra y algunas cosas no pueden ser demostradas, las teorías barajadas tienen más sentido que las que te dicen por los medios. Y eso nos da una excusa para presentar la emotiva película argentino/palestina "¡Yallah ¡Yallah!": una Palestina que resiste con la pelota en los pies.


Título original: ¡Yallah! ¡Yallah!
Año: 2017
Duración: 74 min.
País: Argentina / Palestina
Dirección: Fernando Romanazzo, Cristian Pirovano


La historia de resistencias desde el fútbol es tan antigua como la primera pelota que rodó. Si bien es, también, lugar donde los poderes intentan instalar sus millones, sus discursos y sus distracciones, el juego resiste al negocio y a las bombas.

Antes de pasar a la nota de Santiago O'Donnell, dejo una pequeña anécdota al margen: mientras en estos días el foco estaba puesto en el rechazo al partido amistoso que la Selección Argentina iba a disputar contra Israel, se emitía ¡Yallah! ¡Yallah! (Fútbol, pasión y lucha), el documental dirigido por un equipo conformado por realizadores audiovisuales argentinos y palestinos (Fernando Romanazzo y Cristian Pirovano, Susan Shalabi y A. M. Hijjeh) que trae consigo una perspectiva antagónica a la de los ojos de la diferencia, que nos narra el conflicto palestino desde otro lugar, el fútbol, para demostrarnos cómo afecta todas las esferas de la vida de un pueblo.
En el documental "¡Yallah! ¡Yallah!" el fútbol es excusa para hablar del hostigamiento del Estado Israelí al territorio palestino. Es excusa y forma de resistencia desde los ojos de la libertad.

El mensaje subyacente del documental constituye un puente que atraviesa continentes y nos acerca a lo que los discursos más propagados intentan ocultar. Palestina es un país reconocido (como observador) desde 2012 por consenso en la ONU y actualmente 180 países los reconocen como un Estado soberano; sin embargo desde 1960 el Estado de Israel ha promovido una serie de políticas de ocupación violentas restringiendo las libertades sociales, políticas y culturales de un pueblo dueño de su territorio desde hace más 2600 años.
Pese a que no sólo con bombas y balas la ocupación Israelí –y sus aliados– masacra día a día a cientos de palestinos y palestinas (se envenenan árboles, se electrifican rejas, se desplazan familias enteras de sus territorios), hombres y mujeres de todas las edades se organizan para seguir combatiendo por restablecer lo que les fue arrebatado.
Las alternativas de rebeldía a la sumisión se multiplican atravesando muros que no empiezan ni terminan en la Franja de Gaza. "¡Yallah! ¡Yallah!" nos trae una nueva forma de pensar el conflicto palestino, una suerte de contradiscurso desde donde, sin necesidad de haber hecho foco sobre la sangre en el cemento, se contribuye a consolidar las bases de los actos libertarios.




El peso de la derecha israelí en la desventura argentina es enorme. Los atentados a la embajada y AMIA, su encubrimiento, la erosión del gobierno de Cristina, el soborno a Nisman, su reclutamiento como agente y su muerte, la intervención en la política argentina, la “American Task Force Argentina” organización de los fondos buitre liderada por Paul Singer que puso no menos de U$S 40 millones en las elecciones de 2015 y los eventos que la rodearon, el financiamiento del mismo Paul Singer a Laura Alonso y otros referentes macristas, el financiamiento al mismo Macri… sí, es cierto, Paul Singer ya se cobró con creces, pero este recorrido ayuda a entender por qué el vendepatria que gobierna jugó tan fuerte y por qué retumba tanto el cachetazo que recibió.


Deporte, dinero y algo más...

La cancelación del partido de fútbol entre los seleccionados de Argentina e Israel se puede leer en clave deportiva. No hay duda que a nuestros muchachos no les sobran horas de descanso y entrenamiento de cara al mundial como para andar paseando por el Muro de los Lamentos y participando en las celebraciones oficiales por el 70 aniversario de la fundación del Estado de Israel. Tampoco le sobra tranquilidad ni paz interior como para visitar una zona sujeta periódicamente al zarandeo de cohetes y misiles, el ulular de alarmas que llaman al búnker en medio de la noche y a los ataques con cuchillo de terroristas palestinos a plena luz del día.
En contrapartida, la cancelación puede leerse en clave económica, como un negocio perdido para que una AFA hasta hace poco en bancarrota pueda cobrar poco más de tres palos verdes, o sea, un jugoso cachet a cambio de enfrentar a un rival poca jerarquía, algo que ha sucedido demasiadas veces desde que se fue el flaco Menotti y se renunció a su proyecto de jerarquizar al seleccionado argentino enfrentando solo a los buenos, sino los mejores.
Pero también existe una lectura política. Allá vamos. En los últimos meses, los gobiernos ultraconservadores de Estados Unidos e Israel han confrontado con el resto del mundo en al menos dos temas: la ruptura del pacto nuclear con Irán y el traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén. Ambos temas, claro, están estrechamente relacionados. ¿Y qué tiene que ver Argentina? Mucho. A Israel no le interesa demasiado comerciar con Argentina. A Estados Unidos, menos. Ambos países tienen socios para esos intercambios mucho más voluminosos que toda América Latina sumada. Lo que les interesa en la región, y especialmente en la Argentina, es acceder a acuerdos de seguridad geoestratégicos. Esto es, ventas de armas y de equipos y software de seguridad, acceso a aduanas, migraciones y fuerzas de seguridad, y alineamiento en foros internacionales, sobre todo en temas vinculados a la seguridad. Y Argentina, en este contexto, es especialmente importante para Israel por ser el único país fuera de Medio Oriente en sufrir dos atentados terroristas de los que se acusa a agentes iraníes y a sus aliados de Hezbolá, o sea, a sus mayores enemigos. Para que se entienda, dado que el organismo verificador de la ONU certifica que Irán no ha violado el pacto nuclear, para romperlo Trump y Netanyahu se basaron en la afirmación de que Irán es un país terrorista. Pero prácticamente todos los atentados terroristas que han conmovido al mundo desde el de la AMIA a esta parte, fueron cometidos por musulmanes sunitas, ya sea de Al Qaeda o del Estado Islámico. Estas redes terroristas son a su vez enemigas de los musulmanes chiítas de Irán y Hezbola. O sea, las unicas pruebas con amplia difusión pública de que Irán es un país terrorista serían los atentados a la AMIA y a la embajada israelí en la Argentina, si se pudiera probar su autoría. Pero hete aquí que pasaron más de 20 años y ocurrieron múltiples encubrimientos que hacen muy difícil averiguar qué pasó en esos atentados, que permanecen impunes.
Entonces entró en acción un usuario confeso de los servicios secretos de Estados Unidos e Israel, un fiscal que tenía por costumbre anticipar fallos y dictámenes y hasta hacerse corregir escritos en la embajada estadounidense, donde le instruían que solo investigue a los iraníes y que abandone todas las otras pistas del atentado a la AMIA. Un tal Alberto Nisman. Y aparece Nisman porque si no era posible demostrar rápidamente que habían sido los iraníes, había que embarrar la cancha -otra vez- como para que al menos parezca que habían sido los iraníes. Porque Obama estaba cambiando de idea y empezaba a explorar la posbilidad de negociar con Irán. El mismo camino que había transitado Cristina. En ese punto de quiebre Nisman toma partido por la línea dura de Netanyahu y de los republicanos estadounidenses y cumple con el recado de Israel. Acusa a la presidenta con un montoń de humo, una movida temeraria. De él y de sus mandantes. Tanto es así que en la Justicia lo dejan solo, Estados Unidos lo deja solo, Stiuso y la SIDE lo dejan solo, y hasta la DAIA y la AMIA le retacean un apoyo escrito y una foto cuando los va a visitar dos días antes de su muerte. Entonces lo citan en el Congreso, entra en pánico, pide un arma y se pega un tiro. Una fiscal, una jueza y 40 peritos y medicos legistas llegan a esa conclusión pero no lo pueden decir, sufrirían un linchamieto mediático. Con la ayuda de los grandes medios, la calle ha decidido que fue un asesinato.
Llega el gobierno de Macri y un fuerte alineamiento con Trump y Netanyahu. Estado Unidos e Israel se vuelven a abrazar, solos contra el mundo, más unidos que nunca, y en la Argentina las fichas se terminan de acomodar. Patricia Bullrich ordena a gendarmería, una fuerza que nunca había realizado una autopsia en toda su historia, que invente una pericia trucha diciendo que a Nisman lo habían matado, atento al interés político del gobierno de Netanyahu y de su nuevo gran aliado Trump. No es un detalle menor que el marido de Bullrich, Guillermo Yanco, es socio de Claudio Avruj, actual secretario de derechos humanos y discípulo del histórico líder de la DAIA , Rubén Beraja, actualmente siendo juzgado por presunto encubrimiento del atentado a la AMIA. Yanco y Abruj dirigen “Vis aVis” un sitio de noticias de la comunidad judia en la Argentina que recibe abundante pauta oficial y que sirve de portavoz del gobierno israelí y de sus servicios. A su vez los principales voceros del gobierno israelí en la Argentina son los promotores de las marchas por Nisman, el fallido intento de juicio político al juez Rafecas por haber desestimado la denuncia de Nisman, y la narrativa de Nisman, el heroico fiscal que murió luchando contra los iraníes y la yegua que les dio inmunidad. Para resumir, por razones geoestratégicas el gobierno de Mauricio Macri ha optado por un fuerte alineamiento con las políticas de seguridad de Estados Unidos, y en consecuencia con las de su aliado íntimo, Israel. Y la resurrección permenente de Nisman es la evidencia más clara de esta política.
OK, vayamos a Jerusalén. Casi el único que mudó la embajada ahí es Estados Unidos porque el resto el mundo reconoce que el derecho a nombrar a Jerusalén como capital está en disputa y forma parte del conflicto entre Israel y Palestina. A Estados Unidos lo siguieron dos países que, no es por faltarles el respeto, en el concierto internacional son considerados como muy débiles y dependientes de Washington y que cuentan líderes especialmente obsecuentes, como es el caso del showman Guatemalteco Jimmy Morales y de Horacio Cartes en Paraguay, un presidente vulnerable por demás tras haber sido identificado, antes de asumir, como el mayor narco del cono sur por el Departmento de Estado, según revelaron los WikiLeaks.
En cambio un país mediano como Argentina, con ambición de protagonismo en el G20, con aspiraciones a unirse al club de los ricos en la OCDE, no puede darse el lujo de comportarse como una colonia bananera y mover la embajada ante el chasquido de los dedos de sus patrones. Si anhela formar parte de la llamada “comunidad internacional” debe guardar las formas. Entonces no muda la embajada pero casi: manda a Messi, al mejor mago del mundo, a animar los festejos. No importa el jetlag, no importa que pierdan tres días de entrenamiento en la antesala del mundial. No importa que los palestinos prometan arruinar la fiesta con sus cohetazos. No importa que el aniversario que se festeja le costara la vida a unos 60 manifestantes y tirapiedras en la frontera con la Franja de Gaza. No importa que Argentina nunca haya jugado en la canchita de Jerusalén, sino en grandes estadios de Tel Aviv o Haifa. Si no se puede mudar la embajada al menos se puede mudar el seleccionado. Le decimos que está muy bien que se bronceen all inclusive en Barcelona pero que hay que pagar la cuenta. Total, el partido con Israel ya es una cábala mundialista y nadie se va a avivar.
Pero muchos, demasiados se avivaron, empezando por el zurdo y sus jugadores, la carne de cañón en esta guerra de intereses. Y quien sabe quién más se avivó y metió presión. ¿Hamas? ¿Los auspiciantes de los jugadores? ¿Twitter? ¿El Chiqui Tapia? ¿Algún asesor de imagen o analista internacional? ¿Macron? ¿Qatar? Y quién sabe de qué manera se dio esa presión. ¿Nos escrachan? ¿Nos tiran un misil? ¿Nos cancelan un contrato? ¿Nos cortan un curro? ¿Nos queman un millón de camisetas? ¿Nos votan en contra en el FMI?
Lo cierto es que algo pasó. Entonces salió a la cancha el Pipita y esta vez no la tiró afuera. Dijo que el partido se suspendía y el partido se suspendió. Había razones deportivas para balancear las consideraciones económicas. Y algo más también.
Santiago O’Donnell


Mientras tanto, "¡Yallah! ¡Yallah!" es una demostración de que toda restricción es poca cuando se apela a la creatividad. Nos hemos acostumbrado a que nos limiten las miradas, a que un lugar en guerra sea un espacio donde la humanidad deviene escombros y este documental precisamente las abre, a través de imágenes cargadas de poesía y desconcierto; esas que solo se dan en contextos de guerra, sí, pero que se complementan con la alegría del fútbol.

En ese contexto, los palestinos deciden seguir jugando. Para que el ataque injustificado y asesino del Estado Israelí no se silencie. Para que siga habiendo una esperanza siempre que la pelota ruede. Para gambetear a la muerte y a los poderes que le hacen el juego a la ofensiva de Israel. Para juntar solidaridades y amontonar reivindicaciones. Para que sus niños y niñas, las mayores víctimas, sigan viendo en su pueblo la resistencia y la fuerza para seguir adelante. Para crear herramientas políticas de resistencia, elementos para la reivindicación identitaria, alternativas de reconstrucción cuando nos bombardean la línea de horizonte.
Del fútbol al cine, un osado camino donde patear la pelota o cargarse una cámara hombro pueden devenir instrumento para fisurar los muros del sistema.



1 comentario:

  1. Sobre Palestina y Futbol...
    https://www.cineyliteratura.cl/foot-la-crudeza-la-esperanza/

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