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miércoles, 9 de mayo de 2018

El Ser Humano Transformado en un Individuo Asocial

El profesor de la Universidad Complutense de Madrid Eduardo Crespo expone sus ideas, repasando su teoría que explica, al menos en gran parte, esta rara asimetría del mundo de hoy, donde proliferan los "presidentes de los ricos" votados por la misma genta que es víctima de sus políticas (podemos emncionar, al pasar: el Loco Trump en EEUU, Emmanuel Macron en Francia, Sr. Tijeras Macri en Argentina y un largo etcétera) en una plutocracia en el que gobiernan los ricos apoyados por los pobres. Pero más allá de estos ejemplos extremos (aunque cada vez más comunes) algunos intelectuales consideran que el concepto de "plutocracia" se ajusta mucho más a la realidad que el de "democracia" para denominar los sistemas que imperan en Occidente en la actualidad. La capacidad que cada individuo tiene para hacer oír su voz o para imponer sus intereses particulares o de clase dependen, necesariamente, del dinero que posea. Esa tiranía del dinero imparte las reglas de juego en la que todos vivimos, se traslada a la cultura de los pueblos, a su forma de vida, de creer, de sentir y de pensar de cada uno de nosotros, convirtiéndonos en individuos asociales, insensibles, deshumanizados. El "sujeto neoliberal" como condición necesaria para el desarrollo del actual "gobierno de los ricos".

Distintos estudiosos del neoliberalismo consideran, bajo distintos ángulos teóricos, que el mismo constituye un nuevo tipo de "racionalidad" o fundamento que se va tornando incompatible con las tradiciones. Su característica más notable es la transformación del ser hablante, mortal y sexuado en un ente solo considerado como "capital humano", el que imperativamente debe tender hacia su autovaloración permanente. Esto ha implicado la aparición de nuevas figuras históricas en el escenario de la vida social: el "consumidor consumido", "el empresario de sí mismo", "el deudor permanente de su propia vida", en una lógica que convierte la vida social en una jungla salvaje. A esto debemos agregar el nuevo tipo de sacrificio colectivo sin causa alguna, sólo provocado por exigencias financieras.
En esa lógica impuesta desde los mercados hacia el pueblo, ese puede entender (un poco) que hoy en día sucedan ciertas cosas... por ejemplo:
Tasa de referencia: 40 por ciento; el dólar a más de 22 pesos; devaluación: casi nueve por ciento en tres días; inflación: casi 3 por ciento en este mes, tarifas por las nubes, allanamiento en el domicilio de Víctor Hugo Morales. “¿Qué quiere, que se los descuelgue yo?” le dice el periodista al grupo patota que invadió su hogar para incautarle sus cuadros. Nada es casual, la crisis, los tarifazos, la inflación, la corrida del dólar, el allanamiento. El periodista volvió a la pantalla de C5N, la represalia fue instantánea. Allanamiento y humillación mediática. Este gobierno se toma con soda, demuestra que para una parte de la sociedad no existen garantías democráticas de igualdad ante la ley o de libertad de expresión, es la misma parte que no entiende a la sociedad como colectivo que comparte un destino. La ideología del sálvese quien pueda o del “no me importa mientras a mí no me toque” se filtró por la grieta moral que ha producido este gobierno de empresarios que han hecho negocios muy productivos para sus empresas con el Estado, mientras llevaron a la economía del país al borde del precipicio. La devaluación y la inflación hacen polvo los ahorros de los ciudadanos de a pie, mientras que los responsables de la inflación y la devaluación mantienen sus millones de dólares en el exterior. La ideología del “no me importa mientras a mí no me toque”, como siempre, viene con una enorme carga de estupidez.
Luis Bruschtein

Evocando una metáfora precisa de Wendy Brown, "el neoliberalismo se asemeja más a una termita que a un león". Su corrosión comienza por el interior de la estructura del edificio y con la constancia, velocidad y la eficacia de un dispositivo que ya no necesita siquiera de políticos competentes o dotados de noción de Estado o perspectivas históricas.
Les recomiendo una nota de opinión que refleja el grado de gravitación de dichos medios sobre "los esquemas mentales" del imaginario construido como "la gente", al punto de validar cualquier atropello de los poderosos:
"Ante cada derecho colectivo que se pierde, esos que fueron canonizados como ‘La gente’ pero no son toda la gente, ni mucho menos, quedan más lejos de los verdaderos poderosos. Pero no se dan cuenta. Están satisfechos, eso sí, porque creen que los palos y los gases del Estado los protegerán y los alejarán de los verdaderos débiles. Paradoja: ellos, ‘La gente’, los que no tienen ni mucho ni poco, en realidad tienen cada vez menos, en la práctica ya no están protegidos por el Estado y, aunque no lo sepan, están empezando a caer peligrosamente cerca de esa ‘otra gente’ a la que siempre temieron. Pero recién descubrirán la pesadilla cuando se despierten".
Fernando D´Addario

En este escenario, donde la subjetividad deviene en "capital humano", todo lo que constituye a la democracia moderna ingresa aceleradamente en un proceso de simbiosis, reduciendo a la democracia y sus instituciones a puros simulacros que progresivamente van perdiendo su eficacia simbólica y práctica.
Hablamos de un despliegue para armar un sentido común tal que una gran parte de la sociedad terminó por creer que vivir más o menos confortablemente gracias a su propio trabajo y disfrutar de la adquisición de algunos bienes de consumo, fue algo artificial, una mentira, una fiesta irreal, esa pequeña zona de confort fue instalado como un pecado de lujuria, y para mucho es normal pensar que "no se puede seguir pagando tan barata la electricidad. No puede ser que se compren tantos televisores y celulares. Es increíble que una familia de trabajadores tenga aire acondicionado y salga a comer afuera". Se trata de apreciaciones lanzadas desde el lugar de comunicación empresarial por el periodismo concentrado, pero repetidas por ciudadanos comunes que lo aceptan como un hecho sin siquiera razonarlo ¿cómo nos podemos horrorizar si luego el esclavo vota por su explotador? un ser humano esclavizado por su propia voluntad.

Entonces... si se maneja de esa manera el pensamiento y su intimidad ¿de qué democracia estamos hablando?...



El "sujeto neoliberal": cómo el ser humano se ha transformado en un individuo asocial

La existencia hegemónica de un discurso neoliberal que promueve y defiende la concepción de una realidad en la que los vínculos sociales solidarios carecen de sentido, o tienden a ser demasiado débiles, ha transformado al ser humano en un sujeto que hoy define y asume los problemas de su comunidad y del entorno como estrictamente individuales.
Esta interesante tesis fue la base del conversatorio que el doctor en Psicología Eduardo Crespo Suárez, catedrático de Psicología Social de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), sostuvo con estudiantes y docentes de la Escuela de Psicología de la Universidad de Valparaíso.
Su visita se concretó como parte de las actividades que considera el proyecto de investigación Discursos sobre la política y la democracia y formas de acción política no convencionales de estudiantes universitarios que participan en distintas formas de asociatividad juvenil, que financia el FONDECYT y dirige el profesor de dicho plantel Juan Sandoval.


Figura dicotómica

Durante su intervención, el académico español expuso sus ideas concernientes al surgimiento de lo que él denomina el “sujeto neoliberal”, el cual, desde un punto de vista psicosociológico y en cuanto construcción arbitraria, se caracteriza —en lo esencial— por ser al mismo tiempo un trabajador y un ciudadano cuyo único sentido social es la pertenencia a determinados grupos.
Pero, como el propio Crespo explicó, el sujeto neoliberal es eminentemente una figura asocial, por cuanto su sentido último es individualizar la responsabilidad como resultado de un proceso de “psicologización” al que ha sido involuntariamente sometido, como consecuencia del debilitamiento político de la socialidad y de una potente retórica que recurre, de modo central, a la paradoja como estructura comunicativa que intenta superar la dicotomía individuo/sociedad.
“Esta situación surge desde un sentido de alteridad cuya idea es, a mi entender, la comprensión de la socialidad del sujeto no ya como un tipo de situación ni como una estructura que lo determina como tal, sino una característica de todo lo humano, incluido lo más íntimo y personal, como puede ser la percepción, las emociones o la identidad. Esto hace que, en su condición de individuo, este sujeto defina cualquier relación —incluida la relación consigo mismo— como un vínculo entre dos sujetos y un objeto. Es decir, reduce los problemas sociales a problemas psicológicos individuales”, precisó el catedrático de la UCM.

Vuelta de tuerca

Si bien destacó el hecho de que este nuevo sujeto promueva la libertad y busque emanciparse de las doctrinas totalitarias y del sometimiento al ritmo impuesto por las máquinas al hombre, algo que califica como “decisivo de la modernidad”, el doctor Eduardo Crespo advirtió que en ese proceder ocurrió una vuelta de tuerca.


El sujeto neoliberal es el individuo asocial que ha dejado de ser un sujeto esclavo en oposición a la tiranía estatal clásica de los siglos XIX y XX, pasando a someterse a la tiranía invisible del poder fáctico de tipo económico. En consecuencia, entiende las cosas a medias, identifica mal al enemigo y le hace el juego a su dominante de manera apasionada.

“En esa búsqueda de la libertad y la individualización, el sujeto neoliberal terminó por exaltar la individuación. Es decir, terminó por privilegiar la desafiliación con los otros. Además, enraizado también en la noción de que cada persona logra o tiene en la vida lo que se merece, el sujeto neoliberal es también un ser altamente moralizado, que de modo permanente y habitual se interpela en torno al concepto del ‘deberías ser’”, argumentó.
A juicio de Crespo, por tanto, este proceder es alimentado por un discurso o doxa (vía a la verdad) paradójico emanado de los conceptos neoliberales del trabajo y la política, que reducen los derechos sociales a meros incentivos, al empleo a simple indicador de la empleabilidad y a la flexibilidad como pilar de la seguridad.
“Sin duda estamos frente a una segunda gran transformación después de la revolución industrial”, concluyó el también co-director del Grupo de Investigación “Empleo, Género y Regímenes de Cohesión Social” de la UCM.
Universidad de Valparaíso




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