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lunes, 19 de marzo de 2018

Del Neoliberalismo al Fascismo VIII: El Fascismo Ambidiestro

"En nuestro país los villeros, desde la reinstauración de la democracia, pasaron a ser el enemigo bastardo más eficaz para explicar y determinar la ubicación exacta de la violencia en nuestra sociedad. Fueron los elegidos para que el ciudadano "común" sepa qué es lo que hay que extirpar del cuerpo social, para que mejore su salud". Así comienza parte de un texto de la publicación Sudestada que paso a copiar, y no viene a ser sino la continuación necesaria de nuestra anterior nota "Un Mundo con los Pobres Bien Lejos" de esta saga sobre como esta fase del capitalismo nos lleva lenta, inexorablemente pero sin pausa, a un descarnado fascismo que ya todos llevamos dentro.

Y ya que está la muestra de León Ferrari, bien viene ilustrar este posteo con un arte suyo, tan acorde al espíritu del blog cabezón...
Y también dejo un par de comentarios que escribieron en nuestro Face algunos  de nuestros amigos cabezones, que vienen bien para remarcar de lo que habla este posteo...
No sólo se está en peligro cuando no se llegan a garpar las boletas a fin de mes sino que también un peligro mayor es ser negro y vivir en una villa con el agravante de ser también niño.
Sebastian Ugalde

Terrible,la doctrina chocobar es el unimog y los falcon en la calle del siglo XXI. EL MIEDO Y LA REPRESIÓN!!!
Gerardo Claudio Paez

Aunque parezca un chiste, la vice Michetti manifestó que los integrantes del oficialismo amarillo quieren "que los argentinos se sumen, como socios, en este proyecto de crecimiento". Que se entienda: nos invita como si estuviéramos fuera del club o la empresa que los amarillos están construyendo. Ya no nos piensan como ciudadanos ni vecinos, sino como socios. Si nos convertimos en socios, ¿repartirán de manera equitativa las ganancias?; ¿se tomarán las decisiones en asambleas de accionistas?; ¿podremos desplazar a los directivos cuando no administren bien nuestro patrimonio?

Pero más allá del cinismo, es bastante coherente con el pensamiento medio de la sociedad, donde el otro es un competidor, un alguien de quien desconfiar, y ni hablar si es pobre o viene de una villa o lugar carenciado.

A continuación, otra muy buena nota que pinta de cuerpo entero esta sociedad hipócrita que elije a los políticos más violentos y corruptos, pero que les brindan la alegría de gobernar con "mano dura".

La nota completa en la edición gráfica de Sudestada... ¿Por qué publicamos apenas un fragmento de este artículo? Porque la subsistencia de Sudestada depende en un 100 por ciento de la venta y de la confianza con sus lectores, no reciben subsidios ni pauta alguna, de modo que la venta directa garantiza que su publicación siga en las calles.


El mito del monstruo

En nuestro país los villeros, desde la reinstauración de la democracia, pasaron a ser el enemigo bastardo más eficaz para explicar y determinar la ubicación exacta de la violencia en nuestra sociedad. Fueron los elegidos para que el ciudadano "común" sepa qué es lo que hay que extirpar del cuerpo social, para que mejore su salud. Las armas del Estado hace rato que apuntan todo el día hacia la villa. Arrancadas de la faz de la tierra todas las raíces guerrilleras de naturaleza nómade o por lo menos movediza, se necesitaba crear nuevos monstruos y, en lo posible, asegurarse esta vez cierto sedentarismo del enemigo. Que la violencia ya no se mueva, que esté en un solo lugar. Villeros y el mal se instalaron como sinónimos en las cabezas argentinas. La monstruosidad debe ser bien representada para lograr asustar a los normales.
Los mitos de los monstruos, tarde o temprano, se derrumban o la razón los ubica, como corresponde, en el jardín de las fantasías, y el sonido de las estatuas estallando contra el firmamento hace eco eternamente. Pero en la actualidad, el mito del villero violento está lejos de ser derribado, sino más bien experimenta su mejor primavera. No se vislumbra en lo próximo ningún ocaso para estos ídolos, sino más bien observamos un interminable y joven amanecer, gracias a que llevan muchos años ya bien alimentados, no sólo de forma salvaje a través de los noticieros, sino también de bizarras series de ficción escondidas en una supuesta seriedad, o bizarras películas en las que sus creadores no admitirían jamás que disfrazan su racismo y ayudan en la construcción del villero como único enemigo de la sociedad, al igual que lo hace un falso periodista. Estas farsas y falsedades entre los artistas son más difíciles de descifrar ya que todo arte funciona como escudo metafísico y pocos pueden creer que una serie o película sean iguales o más racistas que los mismos noticieros.
En realidad, el prejuicio hacia los villeros no se explica sólo desde la economía. Ocupan un lugar muy importante en el imaginario de las personas en el que, además de ser la representación adecuada de la violencia, también lo son del fracaso, de un supuesto karma, de la falta de voluntad, de un organismo incompleto, un ser infeliz, un alma opaca. No son sólo pobres económicamente sino además pobres de espíritu, de cualidades, de virtudes. Se los considera en público como seres escasos de recursos materiales, en privado y casi en secreto como a escasos en recursos cognitivos e intelectuales.
Los ciudadanos que no sienten impulsos de exigir holocaustos trabajan para que los villeros no sean discriminados de la magnanimidad estatal. Ese es el límite de la utopía. Esa es la creencia: la salvación para los villeros desciende desde el mismo Estado que los somete.
Los villeros mismos se convencen de que son como la representación que otros hacen de él. El villero está para justificar todo tipo de represalia estatal, todo aumento indiscriminado del control social. Es el objeto preciso y preciado para que alguien demuestre su cantidad de progresismo o de nazismo en sangre. Nunca es un igual. Nunca.
O está debajo de las suelas de las botas policiales o está arriba del altar snob, suministrando sin descanso contenidos para el deleite, el humor y el pensamiento de los que pertenecen a la comunidad de lo Uno. Algo que está más allá de ser sólo una categoría económica. Ser de lo Uno en Argentina es no ser villero. En lo Uno entran sectores sociales y económicos muy diferentes. Es una jerarquía onírica, una postura de vida, un glosario de gustos que comparten diferentes clases sociales. Es una cosmovisión transversal. Es pertenecer a "la verdad", es ser dueño de ella. Se comparte un lenguaje común, se reproducen estereotipos y no se deja de sacarles fotocopias a sus pares en la personalidad, musicalidad léxica y paladares culturales. Tiene como hábito lo que en lo Otro es extraordinario. Todo lo que para un villero suena a cuento de hadas, a inalcanzable, a lo que roza lo imposible, del lado de lo Uno es lo típico. El ser de lo Uno es estar casi ciego de tener los ojos tan llenos de las vigas que ve siempre en el ojo (villero) ajeno. Por eso considera fundamental para su existir hablar siempre de los de lo Otro. Los de lo Uno depositan en los villeros sus propios fantasmas. Proyectan todas sus propias perversiones en los de lo Otro, y así se libera de su propio tormento. El de lo Uno dice que los villeros son todos iguales; ladrones, sucios, que no saben tener sexo y por eso tienen hijos como conejos, etc. ¿Y acaso él no es igual a los suyos? ¿Y acaso él no es ladrón? ¿Él sí sabe coger?


Nada nuevo

La construcción del mito del villero violento ya lleva décadas, por eso no es para entrar en pánico la realidad política actual en Argentina, donde tenemos una Ministra Horror redoblando los tambores mientras convoca a una campaña masiva de gatillo fácil. Que millones reclamen la pena de muerte sin juicio para los villeros ladrones, no es una filosofía inaugural del gobierno, no es una ruptura en la historia, ni tampoco un acontecimiento novedoso...
César González

El consenso parece abrumador. Políticos, taxistas, banqueros, panelistas de la tele, exponentes del jet set, comisarios-consultores y oyentes de radio coinciden en que debe imponerse la mano dura para terminar con la delincuencia. Los hombres fuertes de la Seguridad del último tramo kirchnerista, Sergio Berni y Alejandro Granados, miran con admiración y algo de envidia cómo sus proclamas campean ahora sin inhibiciones: hay que acabar con el garantismo abolicionista, dotar de poder de fuego a las policías, frenar la inmigración de países limítrofes, construir más cárceles y comprar armas israelíes.

"Los jueces que hagan lo que quieran, nosotros como política pública vamos a ir en defensa de los policías"
Patricia Bullrich - Radio Con Vos 89.9

Estaba claro cuando Milagro Sala se convirtió en la primera presa política del macrismo, inaugurando un modo de operar que luego se expandiría desde Jujuy a todo el país y hasta el día de hoy, contra dirigentes políticos, gremiales y sociales o simples hijos del pueblo perseguidos, encarcelados sin fundamentos jurídicos, asesinados impunemente o amenazados con descaro desde los despachos oficiales. Esta represión sistemática no podría sostenerse sin la complicidad de las corporaciones mediática, jurídica y empresarial, ni buena parte de la clase política que mira para el costado.

Para terminar lo expuesto, en noviembre del año pasado, la Gendarmería implementó una injustificada requisa para evitar que inmigrantes bolivianos celebraran el Día de los Muertos en el cementerio porteño de Flores. Fue una escalada de xenofobia, hasta 2017 se reducía el horario del cementerio pero no se impedía el cumplimiento de los ritos. Tampoco se permitió la participación de una comparsa boliviana en la Fiesta de la Vendimia, en Mendoza.
Como sea, por razones que vienen de largo pero que están azuzadas por la acción de un gobierno que cree en el valor estratégico y político de la xenofobia (por ejemplo, instalando la cuestión del arancelamiento de los hospitales para ciudadanos bolivianos) se puede reprimir a mansalva en una manifestación o disparar por la espalda a un grupo de manifestantes mapuches. En un caso es odio de clase, un brutal desprecio por la vida de aquel que no es "de los nuestros", como sucedió en el Sur argentino.

"A los mapuches los desaparecieron tanto de la historia argentina como de la chilena, las tierras de Benetton fueron adquiridas para pagar las armas con que mataron al pueblo mapuche"
María Huala. Madre de Facundo Jones Huala

No se trata solamente de opositores perseguidos: las fuerzas de seguridad del régimen están llevando a cabo una masacre por goteo, tan permanente y despiadada como el plan económico que se implementa. Se asesina otra vez desde el estado, como durante los años de la dictadura, y la mera sucesión de asesinatos termina por producir sobre el cuerpo social una naturalización de lo atroz.
La represión se juega en el terreno de la identidad. Y hace rato que la autoridad y la sociedad en general viene decidiendo sobre identidades aceptadas e identidades sin derechos. Y para eso hoy cuenta con un aliado incondicional que habita la Casa Rosada.



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