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martes, 22 de agosto de 2017

Bienvenidos a la Posdemocracia: ¿Pueblo o Mercado?

La República del Show al borde del Fraude mientras la derecha crece y el monstruo se hace más fuerte. ¿El esclavo piensa con la cabeza del amo? Basta apreciar la alegría de la Bolsa, la baja del dólar, la suscrición del 88% de las LEBAC en el vencimiento del 15 de agosto, la euforia de los medios dominantes, las felicitaciones superlativas del vicepresidente de los EE.UU y del vicepresidente de la Cámara de Comercio Norteamericana, para saber quiénes son los auténticos ganadores. El modelo de subordinación chileno o peruano es el ejemplo a seguir por la administración del Felino Macri, y por Europa ya lo están diciendo a gritos, falta que se enteren los propios argentinos, porque así "nos ven en el mundo", mientras un censo de la UBA indica el aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso: en un año se retrocedió siete años, aunque el régimen del neoliberalismo ha logrado desconectar el malestar económico-social, los CEOs macristas cuentan con esa maquinaria neoliberal capaz de producir nuevas formas de subjetividad.

Se puede engañar a todos por un tiempo y a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.
Abraham Lincoln

Sufragio libre, secreto, obligatorio... y retocado digitalmente. El fraude va a seguir e incluso profundizarse por la razón ya apuntada: estos tipos saben que para mantenerse en el poder no tienen más opciones que jugar sucio.
Acaso eso explique que el domingo Morales Solá, ideólogo de la derecha republicana en el diario La Nación, derrapó penosamente justificando el choreo electoral macrista y el mamarracho de las PASO, justificando el fraude y además, llamándolo "venganza poética" (?): "El Gobierno dejó a Cristina Kirchner sin los títulos de los diarios del lunes y aprovechó (y construyó) una ventana de apenas tres horas para conseguir una mayoría que eyectó de los tribunales al juez con peor fama de corrupto. ¿Cometió el Gobierno alguna ilegalidad? Ninguna, aunque con sus formas, hurgó los límites mismos de la legalidad".
El fraude electoral fue práctica constante de los gobiernos conservadores y autoritarios de los años 30 y hasta el 45. Hoy se llaman Cambiemos y derecha radical, y son lo mismo. Y no hay que descuidar el poder de los medios para construir opinión pública ni la peligrosa ingenuidad con que muchos consumen sus productos.
La pregunta es: ¿son votos de ciudadanos o de consumidores? ¿Pueblo o mercado?.


Que iban a hacer eso estaba casi claro, pero que la mentira la iban a orquestar de modo tan burdo fue novedoso. Una opereta burda se montaran analistas sagaces y militantes del neoliberalismo para volver a reprocharle a Cristina su decisión de seguir militando y a los millones que la votan por ser fieles a su liderazgo. Otro signo de "la pesada herencia", otra manera de estigmatizar a la oposición, nuevamente el fantasma de Bin Laden le sirve al neoliberalismo para su cruel cruzada.
La construcción de la hegemonía macrista necesita irremediablemente (a falta de logros económicos que derramen hacia todas las capas sociales y la debilidad de la esperanza amarilla para llenar el changuito y pagar las tarifas) la destrucción del factor CFK en la política nacional, ya sea mediante la prisión o la proscripción, porque ella se puede convertir en una competidora peligrosa, y en la única que puede ser un obstáculo firme dentro del sistema democrático (sumando al sindicalismo combativo o un nuevo movimiento que surja de las bases) que impida los cambios profundos, dolorosos e irreversibles que necesita el modelo neoliberal-conservador de Corporación Cambiemos, esa revolución conservadora que se propone realizar un retroceso pero disfrazando sus métodos de modernidad e innovación.
La evidencia de esto es que el show mediático de Macri lo dió ganador cuando aún cuando hoy nadie sabe cuál es exactamente la diferencia por la que Cristina superó a la lista de Corporación Cambiemos en la provincia.


Aún así, presentando ante todos su lado más fraudulento, mezquino, mentiroso, antidemocrático, violento, estafador y vil, amplias mayorías aún los siguen votando, extraña lógica que no tiene en cuenta que cuando el peón y el patrón votan al mismo candidato, el perjudicado es el peón. Por ejemplo; el gobierno nacional aspira a un dramático ajuste laboral tendiente a que los empresarios sean cada vez más ricos, y los trabajadores cada día más pobres, mientras el Felino Contrabandista Macri se burla de los trabajadores diciendo que los despidos colectivos sean de "común acuerdo" mientras las indemnizaciones se deben reducir a la mitad.
Para que líderes y políticas de esta calaña sean aceptables en una sociedad deben ser presentadas con algunos adornos y fundada en muchas falacias: meritocracia, sacrificio, resignación, castigo, derrame y demás delicias. Y, por supuesto, para ello cuentan con esa complicidad mediática tan común hoy en día, donde siempre es posible leer lamidas de culo y armados de realidades paralelas como la que vemos en El Cronista (con una impunidad obscena, nada se dice del fraude en las PASO, sino que se da por hecho el triunfo de Corporación Cambiemos). Pasen y lean.


Por supuesto que el problema no sólo está en los que escriben, sino también en los que leen. Estas idea se extienden a todos los medios que blindan a los Gerentes de Corporación Cambiemos, y por ello es comprensible la dificultad para romper el hechizo: esa fascinación que se mezcla con distracción, indiferencia y desinterés. Este buen vecino se enoja cuando la pantalla se lo dice, como con los peligrosos mapuches guerrilleros que justifica la cacería de los gendarmes y perdona cuando las crónicas hablan de "picardía" en vez de fraude electoral, en las empresas off shore, en el audaz crecimiento patrimonial de los funcionarios, si echan jueces que no resultan funcionales a sus fines persecutorios ¿será ésa la manera de lograr la Justicia Independiente con la que pregonaban hasta que llegaron al gobierno?. Las mentiras no tienen límites ni argumentos, sólo credulidad.
Veamos otras "mentiritas", otra "picardía" neoliberal para ingenuos:


Estaría bueno que esos ingenuos creedores de cuentos mediáticos recordaran quién nos mentía antes y quién nos miente hoy... que hagan memoria y reconozcan el lavado de cabeza que tienen encima...


Apuntes más allá de la neblina electoral
Escribir bajo los efectos de una derrota suele ser catártico y contraproducente. Pero puede ser también un escenario privilegiado para recobrar lucidez. Los resultados de las PASO exigen un replanteo a quienes desde distintas perspectivas desplegamos la crítica al neoliberalismo, porque la adversidad va más allá del terreno de las urnas y sustenta el éxito de las políticas que resistimos.
Cambiemos está consolidando su dominio en todo el país, gracias al apoyo de sectores cada vez más amplios de la población. El oficialismo penetró con su noción de “cambio” en casi todos los rincones del país, hasta convertirse en (la principal) fuerza federal. Ganó en provincias impensadas. Arrasó en los grandes centros urbanos. Y aunque perdió en el conurbano con la principal candidata opositora, Cristina Fernández de Kirchner, incrementó su caudal de electores (a pesar del descontento por su primer año y medio de gestión que comienza a manifestarse). Es evidente, entonces, que la maquinaria amarilla ha logrado una importante profundidad territorial. Y parece haber tomado en serio la idea de transversalidad, ya que su voto no es fácilmente encasillable por clases sociales e interpela más allá de las estructuras partidarias.
Otro aspecto significativo: el actual gobierno cuenta con dos laboratorios políticos privilegiados, en su tentativa de transformación social. El primigenio y también el más avanzado se desarrolla en la Ciudad de Buenos Aires, donde el estilo de gestión insinuado por Horacio Rodríguez Larreta (con rivetes “progres” respecto de los gobiernos anteriores de Macri), y la entronización de Elisa Carrió como candidata del PRO, consiguieron una aceptación demoledora. El otro experimento es Jujuy, donde la metodología represiva y disciplinadora para domesticar cualquier desafío plebeyo fue revalidada en las urnas con el 36 por ciento de los sufragios.
Así las cosas, el predominio de esta nueva derecha ya no puede tomarse como algo pasajero y fortuito. Por lo tanto, es fundamental comprender en qué reside su superioridad respecto del resto de las fuerzas políticas y con qué argumentos se apropió de la iniciativa para determinar el formato de la discusión.
El macrismo se piensa a sí mismo, y es percibido por las élites latinoamericanas, como la vanguardia de la lucha contra el populismo en el Continente. El movimiento político que mejor encarna la crisis del ciclo de gobiernos populares surgido a comienzos del siglo (no hay que olvidar que el PRO es una interpretación en clave empresaria del “que se vayan todos” de 2001). A diferencia de lo que sucede en Brasil, destronó al peronismo través de elecciones en 2015. En 2016 contuvo la crisis y ensayó una transición, involucrando a muchas organizaciones sociales y a buena parte de la oposición. Ahora acaba de convalidar en los comicios de medio término su condición de faro, al recibir al vicepresidente norteamericano mientras festejaba la baja del riesgo país.
La gran promesa de Cambiemos, su horizonte ideológico, es la construcción de una sociedad posperonista. Y buena parte de su proyección se debe al modo en que traduce en clave emprendedora las expectativas de progreso popular, aprovechando el agotamiento de la principal identidad política de la Argentina. Es notable que una estructura cuyos cuadros provienen de empresas o del universo de las fundaciones haya conectado con las nuevas subjetividades urbanas, y sea quien mejor esté leyendo las demandas de la población.
Como telón de fondo de esta operación de lecto-captura acontece un cambio casi antropológico: la disolución del axioma dignidad = trabajo, y su reemplazo por el anhelo de consumo y mérito. A caballo de esa verdadera fuerza motriz del neoliberalismo, desde las usinas PRO interpretan el deseo de las distintas clases sociales al ritmo del “tutun tutun”. Reformulan así la noción misma de inclusión bajo los términos de una inclusión competitiva, pero no la desechan. Y como sucedía en los gobiernos anteriores, bloquea toda crítica a los modos en que esa integración se articula (motorizada por dinámicas financieras y extractivas). Tal vez en este punto la gobernabilidad macrista encuentre un límite insuperable, pues su incapacidad para imaginar estrategias de desarrollo al interior del nuevo orden global es evidente. Lejos de la lluvia de inversiones, aferrado al salvavidas de plomo del endeudamiento, y super-eficaces a la hora de asfixiar el mercado interno, la pauperización de las mayorías parece número puesto.
Y sin embargo, la nueva derecha ha podido apropiarse simbólicamente de banderas o significantes que tradicionalmente pertenecieron a las izquierdas y el progresismo, en su diversas variantes doctrinarias. No sólo se presenta como estandarte del futuro, con lo que eso implica de fe en el progreso y la innovación contra los valores tradicionales y el conservadurismo. También hizo suyo los valores de transparencia, contra las mafias y “los políticos profesionales” que pretenden eternizarse. Trasmiten una imagen del poder más horizontal y flexible respecto del caudillismo habitual. O reivindican el valor de la incertidumbre y el riesgo, contra el posibilismo del supuesto “círculo rojo”.
Obvio que hay muchísimo de marketing. No vamos aquí a desmentir punto punto estas supuestas fortalezas. La pregunta que tenemos que hacernos es por qué funciona. Y con qué conecta. La operación de sinceramiento que propone el macrismo implica “blanquear” las prácticas neoliberales que organizan nuestro cotidiano, más allá de las ideologías que vociferemos. La generalización de la alternativa fracaso/éxito a través del emprendedorismo, inocula por abajo los valores de la meritocracia que vuelven anacrónicas formas paternalistas o redentoras de interpelar a los sectores populares. El pack de expectativas de los CEOS está ahora disponible para todos y todas, estemos en el lugar que estemos, hagamos la actividad que hagamos. Más allá de lo que se diga, apuntan a lo que se hace. Por eso no importan los lapsus incontenibles, ni los patrimonios en crecimiento meteórico. Porque quizás lo que estén ofertando es una nueva modalidad de la representación política, donde se redefine el carácter mismo de lo democrático.
La nueva República que asoma es un territorio espinoso. Donde las instituciones ya no aspiran a superar las fracturas que, por arriba y por abajo, vacían su legitimidad. Donde la conflictividad social recrudece y motiva reacciones cada vez más clasistas, sexistas y racistas. Va siendo hora de romper el discreto encanto neoliberal. A sabiendas de que no existe vuelta atrás.
Verónica Gago - Mario Santucho




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