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lunes, 8 de mayo de 2017

Militando el Genocidio


En verdadera operación histórica donde los poderes (judicial, mediático, eclesiastico y político) se unen para avanzar y consolidar esta vergüenza de la Justicia argentina que es el fallo de la Corte del 2x1, donde los medios tratan de imponer una "lógica" donde la sociedad acepte y los Amarillos avalan con total impunidad este monstruoso engendro (por lo que da cuenta que, aunque intenten disimularlo, los Amarillos forman una de las patas del irracional fallo de la Corte) los multimedios pagan los favores recibidos por esos delincuente hace cuarenta años atrás, donde los delitos de lesa humanidad y muchos otros daños son consecuencias colaterales que fueron necesarios para multiplicar sus privilegios e incrementar sus riquezas, y donde al que se debe recompensar con la impunidad, injusticia y la inequidad. Pero no solamente los medios militan el forzado perdón, también el empresidente Felino Macri es uno de esos agradecidos que, desde hace años, considera la dictadura un paso necesario para encauzar la historia y que los juicios son una venganza de los que perdieron una guerra sucia. Este doloroso episodio del 2x1 es una de las pocas promesas que se hicieron realidad: terminar con el curro de los DDHH.

Hagamos un poco de memoria, ya habían avisado que si el Felino Macri llegaba al poder, esta era una de las atrocidades que caerían sobre la Argentina.
Del jueves a hoy, las páginas de los diarios hegemónicos se han convertido en una síntesis insuperable del nuevo escenario que ha abierto la Corte Suprema con su fallo para beneficiar a los genocidas de la última dictadura cívico-militar. Como ejemplo tomamos ahora una página del diario La Nación donde se puede leer cómo ciertos sectores celebran este retroceso en materia de derechos humanos. De toda la zaga, hay una página que resulta la más paradigmática y tuvo lugar el día después de la decisión del máximo tribunal del país, con cuatro notas, no quedaba ningún aspecto fuera por tratar: "Más de 750 presos miran el fallo con expectativa", "Una sentencia que reafirma la vigencia del Estado de Derecho", "Un paso hacia el apreciado principio de igualdad ante la ley" y "La Iglesia recibió testimonio sobre los 70". Tambièn Clarín aparece hoy con sorprendentes y desvergonzadas operaciones. Aquí, como un ejemplo de cómo los medios preparan el terreno para que el la liberación de los genocidas sea razonable para el "sentido común" de las mayorías.
Les están abriendo las puertas al demonio. Y quieren que la sociedad acepte mansamente este nuevo "Punto Final" para convertir el futuro en pasado.




En el artículo de la Nación "Más de 750 presos..." queda bien en claro lo que significa la postura de los dos jueces propuestos por el macrismo, Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti, y de Elena Highton de Nolasco, quien había negociado horas antes su continuidad con la Casa Rosada: "Más allá de todo tecnicismo procesal, el impacto principal es político, porque el fallo de la Corte muestra una apertura que podría cambiar la tendencia que predominó en la Justicia durante los doce años del gobierno kirchnerista", declaró a La Nación una fuente cercana a las entidades que acompañan el reclamo de los militares detenidos.
Lo que es interesante es que desde esas "entidades" se admite que, si “el impacto principal es político”, entonces se trata de un fallo principalmente político. No sería entonces una cuestión jurídica, sino una consecuencia de una correlación de fuerzas que, aunque oculta, puede conjeturarse.
En tanto, "Una sentencia que reafirma..." es una columna de análisis del abogado constitucionalista Alejandro Carrió, primo de Lilita, donde considera que "había una situación límite en la lucha por el Estado de Derecho" y ahora hay "vigencia" de ese tan ansiado "Estado de Derecho" porque "hay en los votos de los jueces que hicieron mayoría algunas notas saludables para hacer realidad el principio de que el nuestro es un sistema de sujeción a normas". Tampoco se privó de llamar a los genocidas como "personas condenadas por delitos 'llamados' de lesa humanidad".
Por otro lado, en "Un paso hacia el apreciado..." la orientación está clara desde inicio: está firmada por Ricardo Saint Jean, abogado penalista y miembro de la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia. Esta entidad, básicamente, defiende a ex militares y civiles que tuvieron actuación entere 1976 y 1983. Para Saint Jean, "el pronunciamiento de la mayoría del alto tribunal, con cita de innegables precedentes jurisprudenciales, doctrinarios, legales, constitucionales y convencionales, termina con una discriminación aberrante". Queda preguntarse qué adjetivo usará para calificar los delitos de sus clientes si le parecía "aberrante" la doctrina que se venía aplicando. Ricardo es hijo de Ibérico Saint Jean, quien escribiera la frase "Primero vamos a matar a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos", fue gobernador bonaerense de facto y murió a los noventa años, en 2012, en el medio de un procesamiento y detención por privación ilegal de la libertad y tormentos en 61 casos. En el sitio de la organización a la que pertenece justiciayconcordia.org hasta hay disponible un modelo de escrito de petición de detención domiciliaria especialmente pensado para represores.
Para cerrar el conjunto, la nota "La Iglesia recibió testimonio sobre los 70" muestra otra cara de la misma moneda, en una nota donde se da cuenta de que el "diálogo" que promueven los obispos estaría un tanto viciado de parcialidad, porque los sacerdotes se promueven como intermediarios cuando, en realidad, a nivel institucional, fueron parte; y segundo, porque los convocados fueron Graciela Fernández Meijide –puso en duda la cifra de los 30 mil–, la abogada María Cristina Cacabelos que promueve la concordia y visita a los militares detenidos en las cárceles y dio su testimonio el general retirado Gabriel D’Amico, cuyo padre fue asesinado por organizaciones guerrilleras en 1976.

En definitiva, el pronunciamiento de la Corte mereció una amplia cobertura de La Nación, un matutino tradicionalmente negacionista de lo sucedido a partir del último Golpe; fue festejado por abogados que tienen una dudosa trayectoria como defensores de la democracia; y se dio en paralelo a la totalmente cuestionada convocatoria del Episcopado.

Pero esta operación está sincronizada, mientra los medios instauran su sentido común, el senador Federico Pinedo esté elaborando un proyecto de ley para reglamentar el 2x1 inexistente, y la vicepresidenta Gabriela Michetti aporta su mediocridad habitual al decir: "desde el Gobierno podemos decir que la Justicia tiene que ser independiente, nos gusten o no sus fallos". ¿Independiente de qué, de la Constitución y de las leyes, como en este caso? O de las no-leyes, porque el mentado 2x1 no existía cuando se cometieron los delitos ni cuando apresaron a los represores. Y no es una cuestión de gustos sino de coherencia: los jueces no pueden legislar y con esta acordada lo están haciendo al aplicar una norma ya derogada. El ministro de Justicia y DDHH Germán Garavano focalizó su análisis en el concepto del 2x1 y se escudó en la independencia y el prestigio técnico, antes de esbozar un tímido cuestionamiento al fallo. La sucesión de opiniones en este sentido se incrementó a medida que este regalito de la Corte despertaba la repulsa de la opinión pública.

En realidad, todos los que repudian el fallo pero recomiendan respetarlo, no están repudiando nada: sólo legitiman algo que es ilegal e inconstitucional. Esta resolución de los Supremos no es respetable y menos aún respetuosa. Los tres miembros que elaboraron este engendro han provocado un enorme daño jurídico, histórico y social. En lugar de restañar heridas, las están profundizando.
Mientras tanto, los genocidas festejan estos nuevos tiempos. En Bertres 558, Caballito, donde vive el genocida Luis Muiña, y en muchos otros lugares se oyeron ruidos de los festejos apenas se supo del fallo.

A continuación, copio un par de notas publicadas en el Página 12 de hoy, como para cerrar esta lógica macabra a la que quieren someter al pueblo argentino-.


El 2x1, el pasado y la enseñanza aymara

Ante todo hay que decir que es falso, y cínico, el distanciamiento del 2x1 que planteó el jefe de gabinete, Señor Peña Braun. También los paños fríos que intentó el ministro de Dizque Justicia Señor Garavano. Y la afirmación de que “es un error confundir la decisión de la Corte como una decisión del gobierno” como dijo el Señor Avruj, secretario de derechos humanos (con minúsculas) al servicio de la ultraderecha israelí.

No hay contradicciones en el gobierno, sino una coherente postura ideológica retrógrada. Todo lo que se les ocurre hacer con el pasado es matarlo. Liquidar la memoria del pueblo. Pero no van a poder. Por más que insistan. Si al menos leyeran un poco de la Historia Universal serían un poco menos torpes.

La política macrista y la involución neoradical en materia de Derechos Humanos (que espantaría a Raúl Alfonsín) evidencian que este fallo de la Corte se cocinó lenta, sistemática, calculada y fríamente.

Empezó hace más de un año con el fogoneo mediático a una fanática correntina protectora de genocidas, seguida de la subrepticia instalación de ex jerarcas de la dictadura en puestos oficiales, proceso coronado después con el mediático operativo negacionista del Señor Lopérfido (cuyo itálico apellido en castellano significa lo “desleal, infiel, traidor”) quien hizo punta y hoy tiene, de premio, una embajadita, de culturita, en Berlín.

Los negacionistas (incluído el presidente) abrieron camino a la reaparición de la llamada “teoría de los dos demonios”, sofisma desgastado y engañador de incautos, hoy sostenido incluso por damas que fueron legisladoras y tienen familiares desaparecidos pero que ahora inesperadamente autoesmerilan sus propios historiales de cuando eran luchadoras admirables.

Así se fue viendo la trama. El poder comunicacional de Clarín-La Nación y sus principales tinterillos y lenguaraces instalaban lentamente la posibilidad de cambios (esta columna lo advirtió en marzo: https://www.pagina12.com.ar/28126-los-dos-demonios-y-mas-sobre-volver) mientras la desacreditada jerarquía eclesiástica se movía en las sombras, como siempre hace y como bien mostró ayer aquí Horacio Verbitsky.

Así el oscuro entramado genocida -minúsculo en número pero poderoso en el mundo empresario, el Opus Dei, las cuevas de espías todo servicio y otras organizaciones mafiosas- fue protegido de hecho por el aparato judicial y por la nueva Corte Automática que preparaba este mandoble a la democracia. En febrero pasado un fallo (en el caso Fontevecchia) decidió que la Corte Interamericana de Derechos Humanos no puede revocar sus sentencias, con lo cual los cinco cortesanos se pusieron por encima de la Constitución Nacional. Poco después, en abril, otro fallo de la Corte le concedió prisión domiciliaria a un represor condenado a 22 años de cárcel por 107 secuestros y desapariciones, entre los que se cuentan las del escritor Haroldo Conti y del hijo del poeta Juan Gelman. En todos los casos con votos decisivos de los dos jueces designados irregularmente por Clarín y por decreto macrista; Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz.

A todo esto, la jerarquía católica reflotó su vieja, obsesiva idea de “reconciliación” con los genocidas y convocó a un “diálogo” imposible entre víctimas y victimarios del horror que vivió nuestro país en el siglo pasado.

Esa supuesta “reconciliación” es falsa de toda falsedad por varias razones y en primer lugar porque ya la comunidad nacional, internacional y los fallos judiciales proclamaron la inexistencia de una guerra entre dos bandos. Y también porque es absurdo y provocador reclamar una “reconciliación” sin arrepentimiento del criminal. Pero sobre todo porque solamente los criminales al servicio de la dictadura robaron bebés. Solamente la dictadura genocida instaló y mantuvo infernales campos de concentración. Solamente los genocidas y sus esbirros torturaban mientras sus agentes saqueaban propiedades y pertenencias como vulgares ladrones.

Éste y no otro fue el camino de este fallo (en el perfecto segundo sentido del vocablo: acción y efecto de errar, equivocar), que en el colectivo El Manifiesto Argentino entendemos como una provocación a la civilidad y un peligroso atentado a la paz social, convencidos de que el pueblo argentino macizamente exige el cumplimiento incondicional de las condenas a los genocidas, la continuación de los juicios y el cumplimiento de todas las penas, tanto para los perpetradores como para sus mandantes y cómplices civiles, empresarios, eclesiásticos y militares.

Y es que sólo la Justicia –una verdadera Justicia– es camino idóneo. Y no trucos retóricos e insinceros como esta patraña de fallar en base a una ley derogada hace años. Lo que demuestra que estos tipos del gobierno, su Corte servil y la cúpula de la Iglesia, no saben qué hacer con el pasado.

Por eso fallos como éste sólo renuevan y aumentan la diaria violencia contra el pueblo, sometido diariamente por el gobierno más retrógrado, corrupto y antisocial de la historia argentina, que encima ahora impulsa y comparte con lo más reaccionario de la jerarquía católica la maniática obsesión por lograr impunidad para los asesinos.

Frente a ello, El Manifiesto Argentino impulsa el Juicio Político a la Corte Suprema en pleno, y reitera el reclamo de una Reforma Constitucional de origen popular profunda que, entre otras muchas medidas, sustituya totalmente al actual Poder Judicial por una nueva judicatura que sea no un poder sino un Sistema Judicial democrático, y cuyo máximo tribunal lo integren por lo menos 9 jueces elegidos por voto popular nacional, por un período de 10 años, no reelegibles y sujetos impositivos como cualquier ciudadano.Hace poco me enseñaron que los pueblos Aymaras ponen al futuro siempre atrás, y adelante ponen al pasado, porque es el que enseña el camino. Grandiosa coincidencia: nosotros, el pueblo argentino decidido por la Memoria, la Verdad y la Justicia, también.
Mempo Giardinelli


Son tan obvios
Eso mismo. Son tan obvios.

Entrar en disquisiciones jurídicas por el fallo de la Corte que equiparó a los militares terroristas con delitos comunes no está al alcance de quien firma estas líneas, o sigue habiendo colegas y analistas que pueden hacerlo mucho mejor. Pero, sobre todo, en ningún caso es el centro de la cuestión. El sentido mayor es que vienen ganando los malos, gracias a una correlación de fuerzas que en las últimas elecciones les dio una victoria estrecha pero impecable. Votar por Macri era hacerlo por planta llave en mano. No había, ni hay ni habrá, estar un poquito embarazada. Si se creyó que era posible conservar lo mejor de los doce años kirchneristas con el simple expediente de sacarles la corrupción, a favor de una Macrilandia que no perjudicaría a nadie, hay que hacerse cargo. Claro que es muy complicado pelearse con lo que uno votó. Pero no había, ni hay ni habrá, “medio” Macri. Lo que ganó viene completo. Incluye endeudarse en dólares hasta el límite de volver a 2001 más tarde o más temprano; tomar al salario como variable de ajuste para establecer un costo laboral que nos haga competitivos; liberar importaciones para eficientizar al empresariado, y sus múltiples etcéteras que se arrastran desde 1976 con algunas anomalías intermedias. E implementar la idea de que no hay historia ni enseñanzas, protegiendo genocidas y operando simbologías de clase para atemorizar. Como señala un texto circulante desde el fallo, nos gobiernan los hijos de la dictadura, los nietos del bombardeo a la Plaza, los bisnietos de la década infame, los tataranietos de los asesinos de la Patagonia y los choznos de la Campaña del Desierto. Ese es el gran marco para entender el pronunciamiento cortesano. Lo dictaminado por los supremos, como ya se reveló en estos días para quien quiera escuchar, remite a que sólo pueden ser favorecidos terroristas de Estado, secuestradores de criaturas y fauna semejante. Eso es la igualdad ante la ley, según los votos de dos jueces que el macrismo primero intentó colar por la ventana para después viabilizarlos con el apoyo de la oposición, y de otra magistrada que violó su propio currículum doctrinario.

Crónicas publicadas en la prensa oficialista dieron cuenta de que el fallo de la Corte cayó muy mal en el Gobierno, porque le haría juego al discurso K de que el macrismo persigue la impunidad de los represores. Al mismo tiempo, la jerarquía católica aclaraba que hubo un “profundo malentendido” acerca de la búsqueda de reconciliación pregonada por el Episcopado. La pretensión candorosa de esas apreciaciones es de un cinismo con nada de inédito y todo de repugnante. ¿De qué otra forma definir que se deje trascender el malestar gubernamental por la promo 2x1, desde las entrañas de una gestión cuyos protagonistas reproducen a cada paso el ideario-madre del programa económico ejecutado por los terroristas de Estado? En el mundo PRO y proclamadamente Heidi de la independencia de poderes, a más de que el Gobierno no tendría idea del estancamiento de los juicios de lesa humanidad, no existe que esta Corte es la misma que se declaró superior a los pactos internacionales firmados por el país, la misma que ratificó que las acciones de las víctimas del terrorismo de Estado pueden prescribir, la misma que habilitó prisión domiciliaria para represores. Nada de eso. El Gobierno manda decir que se siente sorprendido para mal por el fallo de la promo, del mismo modo en que el Episcopado atribuye a una equivocación las reacciones por su llamado reflexivo sobre “los acontecimientos ocurridos” durante la última dictadura. Así dijeron los obispos. La escala más siniestra de la barbarie, la tortura sistemática, el robo de bebés, la persecución política, son para los jerarcas católicos meros “acontecimientos”. Figuró con esa palabra en el comunicado episcopal del que estos príncipes de la Iglesia dicen ahora, tras el repudio de las minorías intensas, que fue objeto de mala interpretación. Otro comunicado, del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres, le recordó a la Conferencia Episcopal Argentina que no hay reconciliación posible entre víctimas y victimarios cuando, particularmente, los segundos no avanzan jamás en ese sentido. Ellos continúan afirmando que lo que hicieron fue correcto y, “si de ‘tiempo de reflexión’ se trata, quizás la CEA debiera comenzar por revisar (sus propios antecedentes) y convocar a los capellanes militares para conocer de ‘propia mano’ las complicidades y activa participación en un terrorismo de Estado del cual varios de sus miembros fueron responsables y ejecutores (...) La actitud episcopal llama la atención por una nueva referencia a la ‘teoría de los dos demonios’, aunque en muchos momentos pareciera que sólo están preocupados por lo que entienden como ‘el demonio principal’. (El cura) Christian Von Wernich sigue sin ser expulsado del estado clerical, a pesar de haber sido condenado por la Justicia independiente por crímenes de lesa humanidad. Todavía se encuentran con vida capellanes de las Fuerzas Armadas, y de Seguridad, que tienen mucho que informar; y que fueron ‘cómplices sagrados’ de la represión ilegal. Monseñor Eugenio Zitelli, de Rosario. Monseñor Emilio Graselli. Y muchos otros (monseñores)”.

Alrededor del aniversario 40º de la primera ronda de las Madres, nada menos, se juntaron el Episcopado y el 2x1 (de paso: el sociólogo Fortunato Mallimaci, acerca de qué dirá el Santo Padre, se ocupó de recordar que un tercio de estos obispos fue nombrado por Francisco). Todo es obra de una casualidad permanente, diría el riojano. Son tan obvios que está de festejo público Cecilia Pando. Pero eso no es noticia sino, justamente, una obviedad. Noticia sería que, como escribió Eduardo Jozami en este diario, la demanda de justicia y el repudio a la dictadura hayan ganado un espacio muy grande en la conciencia social; que esa lucha sea la de todo un pueblo que hoy sufre esta política de empobrecimiento y saqueo del país; que con esa inmensa mayoría de los compatriotas deba librarse hoy este nuevo combate contra la impunidad y que, “quizás, esta jugada de los cortesanos del oficialismo, aparentemente tan hábil y exitosa, provoque la reacción de muchos que no dudan en su repudio a la represión dictatorial, más allá de las diferencias políticas”. Cabría dudar de que el fallo de la Corte, junto al Episcopado que llama a reconciliarse con los genocidas, junto a esos mismos obispos aclarando que no dijeron lo que dijeron, junto a que cada medida y gesto de este Gobierno no ofrece fisuras rumbo a transformar el pasado en archivo inútil, junto a que el Tigre Acosta y Alfredo Astiz –entre otros 278 monstruos– podrían quedar en libertad... hayan activado una indignación masiva capaz de convertirse en algo más que una marcha multitudinaria de repudio. ¿O acaso no es Presidente quien habló en campaña del curro de los derechos humanos, y no es ministro de Educación quien fue al museo de Ana Frank para decir que el fascismo fue producto de una dirigencia política que también estuvo sumida en la grieta? ¿O acaso estos actores explícitos de la impunidad no están en aptitud de volver a ganar elecciones de limpieza impecable, y acaso ya no sucedió que fueron midiendo temperatura con las declaraciones bestiales de Lopérfido y Gómez Centurión, y acaso no es incontrastable que en la agenda mediática reintrodujeron esa teoría de los dos demonios gracias, ya que estamos, a esos programas donde los gritos y los efectos sonoros, o la mansa hipocresía del diálogo sereno, imponen que valen lo mismo las voces de víctimas y victimarios, de enhiestos y de quebrados, de concienzudos y frívolos, de buena gente y de traidores?

Pero sí es cierto, para retomar a Jozami, que a este golpe se lo enfrenta como cuando se consagró la impunidad y los imprescindibles no dejaron de luchar un solo día para revertirla. Si de algo se sabe en esta sociedad, mucho más que en otras o que en ninguna, es de resistencia. Que a veces eso alcance y a veces no, para evitar los retrocesos e incluso progresar, depende de circunstancias complejas. La magnitud de este clima de época represivo, a tono con un gobierno de ricachones groseros que habilita fallos como el de la Corte como consecuencia inevitable, debería llevar a que la dirigencia política auténticamente opuesta a este modelo de país deje de mirarse el ombligo. Las internas agotadoras, los resentimientos, el sectarismo, quedan muy lejos de la altura necesaria para responder con éxito al tamaño de esta avanzada reaccionaria.

Mientras eso se revierte, o no, habrá que resistir donde, cuando y como se quiera, pueda y deba. Resistir es, por lo menos, la posibilidad de frenar. De frenarlos. De que un fallo escandaloso, para el caso, susceptible de dejar en libertad a algunos de los salvajes más connotados del trayecto argentino, no pase alegremente. Quienes están dispuestos a hacerlo no constituyen la mayoría popular. Pero no son pocos, y son los que sirven para cambiar la historia.
Eduardo Aliverti



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