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miércoles, 24 de mayo de 2017

Flüght - Saraba (1989)


Luego de que Xavier nos presentara el disco homónimo de Flüght, algo desconocido para mí y una verdadera joya perdida de la mejor música mexicana, con influencias de Bach y los grupos progresivos europeos de los 70s, apareció Carlos no sólo para que podamos acceder a ee disco sino también para presentarnos su siguiente trabajo que exponemos ahora (disco del cual desconocíamos de su existencia). Otro disco que los invito a conocer, un inconseguible del progresivo latinoamericano que no se debe perder en el olvido.

Artista: Flüght
Álbum: Saraba
Año: 1989
Género: Rock sinfónico
Duración: 32:34
Nacionalidad: México


Lista de Temas:
1. La mosca
2. Cecilia
3. Siroco
4. Songo
5. Entropia
6. Un gallo en Egipto
7. Ya salieron las ranas
8. Latitud 23

Alineación:
- Sergio De Labra / Piano, all Keyboards
- Sergio Galván / Sax, guitars
- Mauricio Greene / Bass, guitar




Flüght es un grupo procedente de México, que realizo esta obra en el año de 1989 ya definitivamente convertidos en un grupo que va más allá de un dúo a finales de los desastrosos (musicalmente hablando, al menos) 80s, en un disco compuesto ahora por varios temas y con un sonido propio de esa época, y un tanto más inclinado al jazz rock y la electrónica. Es demasiado difícil encontrar este álbum, y la verdad que yo desconocía de su existencia hasta que nuestra comunidad se movió y me enseñaron que este segundo disco de Flüght existía, aunque de manera casi simbólica porque es inconseguible:


Flüght fue un dueto de rock progresivo mexicano que en 1982 publicó su primer y casi único disco. Formado por Sergio de Labra en el piano y teclados, y Víctor Ruiz en las guitarras, el disco contenía dos largas composiciones instrumentales, una por cada lado: Transparencia y, En un viejo castillo, en la que aparece como bajista invitado Armando González.
Flüght es una palabra inventada por el dueto: en un texto publicado en la desaparecida revista Conecte compartían qué es la transcripción fonética al castellano de la palabra, que en alemán describe el sonido de las olas del mar al retirarse sobre la arena.
En ese entonces yo tenía trece años y buscaba y consumía con voracidad los trabajos del viejo Pink Floyd, ELP, Deep Purple, Le Orme y King Crimson. El año anterior había sido editado el primer disco del grupo mexicano Chac Mool, lo que atrajo mi atención hacía la muy exigua producción nacional.
No recuerdo cómo ni quien me prestó el disco para que lo grabara en un casette que todavía conservo, ya muy damnificado. Ni qué decir que desde entonces y hasta hoy ese primer material de Flüght se convirtió en uno de mis trabajos preferidos del rock mexicano.
En esa época cada disco nuevo de rock mexicano que aparecía era buscado con dedicación de gambusino para ser escuchado, comentado y compartido por los muy pocos fieles a la causa, un panorama muy distinto al que ofrecen hoy las distintas plataformas de internet, en las que parece que todo está al alcance de un click. Huelga decir que publicar discos así, a fines del desastroso sexenio lopezportillista, sin el apoyo de las compañías disqueras, constituía todo un triunfo.
Eran los años heroicos del rock en México. Luego del 68 y del Jueves del Corpus Christi, el gobierno federal decidió ver como un peligro que la juventud se reuniera. Y aunque los discos de rock internacional se vendían sin ningún problema en supermercados y tiendas, los conciertos estaban prohibidos. Por muchos años ningún grupo grande del extranjero pudo venir a presentarse en teatros o estadios. Ni soñar entonces que una banda nacional lo hiciera en grandes espacios.
Lo que en México sí gozaba de todo el apoyo de las compañías disqueras y de Televisa eran los grupos infantiles e infantiloides tipo Parchís y Menudo. Y lo más grueso que la televisión le ofrecía a los jóvenes era “Cachún, Cachún, Ra-Rá”.
Las cosas cambiaron un poco después de la moda del Rock en tu Idioma. Pero eso que llamamos El Sistema siempre tiene la propensión de esterilizar cualquier producto para convertirlo en algo inane.
De satanizarlo, pasaron a utilizar al rock o, al menos la parte más epidérmica de él, para maquillar con cierta conveniente rebeldía a sus nuevas mercancías. No fue extraño que en las canciones de Timbiriche y Alejandra Guzmán sonarán guitarras, las antes proscritas guitarras eléctricas.
Ese fue el origen de un equívoco que continúa hasta nuestros días: mucho se ha señalado que hoy en México se sufre de una proliferación de grupos y solistas que autodenominándose rockeros, lo menos que tocan es rock.
Ni que decir entonces que aquél, el primer disco de Flüght, fue un verdadero triunfo. Por una vez el género del rock progresivo compuesto en México podía presumir de un trabajo que no pecaba de ingenuo ni de pretencioso. No se puede decir que haya sido un parteaguas en la producción rockera nacional, pues la escasísima difusión de estas obras los restringía a un reducido número de seguidores. Fue una lástima que el dueto de desintegrara. Aunque a mediados de los ochenta apareció “Saraba” segundo disco bajo el nombre de Flüght, ya no fue lo mismo. Se trató de un disco más inclinado a un jazz no muy profundo.
Hoy que este disco ha cumplido 35 años, queda una duda cruel: si se supone que ahora las cosas han cambiado y ya no hay tantos obstáculos para la composición, producción y difusión de obras de calidad, ¿por qué entonces el panorama del rock mexicano no es tan vital ni propositivo como en aquellos años?
Flavio Becerra

Como dije en la reseña del primer disco de Flüght: El mérito de este disco va más allá de lo musical, grabarlo en aquella epoca y con casi ningún recurso disponoble, en sesiones de grabación que se hicieron de corrido para gastar menos, o sea, prácticamente un registro en vivo donde era menester no tener errores, o sino se debía empezar nuevamente (y en ese caso quizás el proyecto del disco hubiese quedado trunco porque los músicos juntaron centavo por centavo). Se nota que son músicos de conservatorio, como podrás escuchar en la piezas con influencia de Bach, de la onda de los grupos italianos de rock progresivo. Al igual que Triángulo la economía y la cultura de las disqueras no les dió para más.
En cuento a lo musical, hay que comentar que Sergio de Labra es un músico clásico bien educado y con una técnica casi perfecta y Victor Ruiz un magnífico guitarrista de gran buen gusto y gran eficiencia, la base de bajo, guitarra y saxo (continúan sin batería como algo del sonido propio del grupo)
realizado por Sergio Galván y Mauricio Greene sirve para el despliegue de los dos intérpretes.
Convengamos que creo que el disco no es para todos los gustos, aquí no hay nada de rock, aquí no hay baterías, y si ya no es la música suave y relajante del primer disco, que muchos podrían encasillar dentro del neoclásico o del new age con algunos toques electrónicos, y al incorporar más elementos electrónicos (con el típico toque ochentoso) y algo de jazz rock, ya no hay tantas influencias de Bach, Chopin o Eric Satie.

Casi no hay referencias ni documentación, casi no hay nada de esta banda y este disco, por lo que dejo parte de la documentación del primer disco que también sirve para ilustrar a éste, segundo y ahora sí, último disco de Flüght.


He buscado algunas referencias en Internet y la verdad que mucho no he encontrado.


En 1982, editado de forma independiente, comenzó a circular en el mercado uno de los álbumes seminales del rock progresivo en México, una obra que se destacó por su calidad, su inclinación al sinfonismo y por servir de guía a obras posteriores.
Amparados bajo el nombre de Flüght, Sergio De Labra (piano y sintetizadores) y Víctor Ruiz (guitarras acústica y eléctrica), más la colaboración de Armando González (bajo), entregaron un par de composiciones que se caracterizaron por su orientación progresiva, en un momento en el cual el rock que se hacía en México erraba en busca de identidad.
El grupo se formó de una manera casual por Jesús Benítez y Sergio De Labra quienes, dice el pianista, “nos aventuramos a grabar dos temas de dos minutos cada uno, en un pequeño estudio, de los que sólo él y yo poseemos el demo”. En 1976, De Labra tomó esa grabación, la llevó a Alemania y consiguió únicamente sonrisas al presentarlo. A su regreso a México, colocó un anuncio en un diario de circulación local de la zona norte de la ciudad y “trabajé con dos personas con quienes compuse cinco o seis temas de índole progresiva”.
Entre 1978 y 1979, por la banda (ya entonces bautizada como Flüght –vocablo sin significado alguno–) circularon muchos integrantes, pero no pudieron con la disciplina exigida, al grado de que, cuenta su fundador, “siempre pensé que sólo era un taller para componer y arreglar ideas que tuviera cualquiera”.
Para 1981, ese taller se había reducido a Ruiz y De Labra: “Diariamente ensayábamos tres o cuatro horas, componíamos y arreglábamos temas que proponía, sin tener claro el objetivo. Al darme cuenta de esto, me fijé una meta y le dije a Víctor que nos concretáramos en una composición [“Transparencias”] y al concluirlo lo grabamos en Estudios Golden. Paco Rosas, el ingeniero del lugar, me dijo que era muy buen material, convenciéndonos de grabar la cara B del acetato [“En un viejo castillo”], el cual nos llevamos varios meses para componer y arreglar; por ello existen siete meses de distancia entre uno y otro tema. Se grababa de 12:00 pm a 06:00 am. La presión fue tremenda porque había que tener muy presente cada una de las composiciones, pues no hubo overdubs; por tanto, lo que tú escuchas en la grabación es como si lo hiciéramos en vivo en un concierto”.
Cuando Flüght, el disco, finalmente vio la luz, de inmediato se distinguió por su musicalidad, “fue un parteaguas en las producciones mexicanas por su contenido musical, dificultad técnica, estilo, arte gráfico y por el mensaje que proponía”, dice De Labra.
Daniel Rivadeneyra, fundador de Delirium, guitarrista de Rafael Catana durante una temporada y actualmente líder de La Forja, recuerda el impacto que tuvo en él Füght: “Lejos del academicismo de la Superior y la Nacional de Música, este dueto logro trasladar sentimiento e inspiración en sus composiciones. Los pude ver dos veces y lo disfruté mucho. En aquel tiempo teníamos caminos diferentes, pero nos hermanaba la búsqueda de un sonido progresivo”.
“En un viejo castillo” es el relato sonoro de la visita a un castillo medieval abandonado y la composición realiza un itinerario por pasillos, jardines y habitaciones; pero, más que una travesía por los espacios físicos, Flüght plasmó la gama de emociones y sentimientos que embargaron a los habitantes del lugar. En “Transparencias”, la dupla se adentró en la interioridad humana, en las diferentes etapas de una vida marcada por aciertos y errores.
Ricardo Ortegón, quien fuera guitarrista de Iconoclasta, cuenta de su encuentro con ese disco: “Lo debimos de escuchar recién salió y fue apabullante oír esa música tan bien hecha y ejecutada por esos músicos tan virtuosos. El acabose fue escucharlos en vivo en el Conservatorio, sonaban igual de bien que en la grabación. Ese álbum es una obra maestra del rock progresivo mexicano que influyó como algo aspiracional para Iconoclasta en lo que pensábamos debía ser un grupo de rock. Desgraciadamente, De Labra y Ruiz rompieron y no dejaron más música. Ahora mismo escucho el álbum completo y surge de nuevo la magia de esa maravilla que debe estar en las más completas colecciones del mundo”.
Grupo y disco se convirtieron en objeto de culto. Sus presentaciones eran esporádicas, como las de la mayoría de sus congéneres. Su labor era titánica, autogestiva y siempre con la adversidad como compañera.
José Luis Fernández Ledesma, fundador de Nirgal Vallis, banda contemporánea de Flüght y quien cuenta con una amplia discografía en solitario, señala: “Es un trabajo en el que la producción y la ejecución son de primera. Tuve oportunidad de verlos en directo y era muy adelantado para lo que se hacía en México, tanto en ejecución, como en grabación y producción. Causó mucho impacto”.
Flüght es un trabajo equilibrado, con hermosas composiciones, una declaración sublime de los comienzos del rock progresivo en México y poseedor de una alta cuota de sinfonismo. Es una placa infaltable en cualquier colección y demanda una urgente reedición en CD que la ponga al alcance de nuevos escuchas.
Han pasado 35 años desde su aparición, pero el tiempo no lo ha mellado. Concluye Sergio De Labra: “Hace poco lo volví a escuchar y me quedé sin saber qué decir. Me reconozco, es algo que llevo en mí, la esencia de lo que soy. En su momento se acusó a Flüght de ser elitista, ja ja. Quiero mucho a ese disco por la forma en que se trabajó, es un trabajo honesto, audaz; me gusta cómo se desarrollaron los temas y el fluir de las intenciones que no pueden expresarse con palabras, son sentimientos que están plasmados ahí, sí, ahí, en mi música”.
David Cortés  

Por último, espero que lo disfruten porque esto es único e inconseguible...



2 comentarios:

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