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martes, 25 de abril de 2017

El Fin de la Privacidad II: Represión y Censura 2.0


En la época en que las noticias se imprimían en papel, la censura era una actividad rudimentaria que implicaba la labor de funcionarios gubernamentales con bolígrafos de tinta negra, la confiscación de rotativas y los allanamientos a redacciones. La complejidad y centralización de los medios audiovisuales también hacía que la radio y la televisión fueran vulnerables a la censura incluso cuando los Gobiernos no ejercían el control directo del espectro radioeléctrico. Después de todo, las frecuencias de transmisión se pueden negar; los equipos se pueden confiscar; se puede presionar a los propietarios de medios. Las nuevas tecnologías de la información -la Internet global e interconectada; las omnipresentes plataformas de medios sociales; los teléfonos inteligentes con cámaras- debían convertir en obsoleta la censura. En lugar de ello, simplemente la han vuelto más compleja. ¿Acaso alguien todavía cree los pensamientos utópicos de que la información quiere ser libre y de que es imposible censurar o controlar la Internet?

Todos usamos Internet y la teleraña mundial, y lo celebramos por haber nivelado el campo de juego de la información. Ha facilitado la comunicación no mediada entre pares (p2p), y colocado a todos los contenidos en un nivel de igualdad. Quienes inventaron la Internet y la web lo ofrendaron al mundo para promover el bien común. Las entidades clave encargadas de establecer los estándares de Internet, como la Internet Engineering Task Force y la World Wide Web Consortium (W3C), estaban igualmente preocupadas por salvaguardar los valores fundamentales de Internet de igualdad y apertura.
Pero Internet ha evolucionado y, para quienes detentan el poder económico, se ha convertido también en una oportunidad clave para la dominación y la explotación. Las distintas entidades que ahora desarrollan los estándares de Internet se encuentran hoy dominadas por corporaciones digitales transnacionales. No es de sorprenderse, entonces, que los nuevos estándares de la Internet/ Web respondan cada vez más a las necesidades de estas corporaciones, en lugar de las del público en general.


"El manejo de la imprenta facilitó mucho el manejo de la opinión pública, y el cine y la radio contribuyeron en gran escala a acentuar este proceso. Con el desarrollo de la televisión y el adelanto técnico que hizo posible recibir y transmitir simultáneamente en el mismo aparato, terminó la vida privada. Todos los ciudadanos o por lo menos todos aquellos ciudadanos que poseían la suficiente importancia para que mereciese la pena vigilarlos, podían ser tenidos durante las veinticuatro horas del día bajo constante observación de la policía y rodeados sin cesar de la propaganda oficial, mientras que se les cortaba toda comunicación con el mundo exterior".
George Orwell

Si bien estamos inundados de información, existen enormes vacíos en nuestro conocimiento del mundo. Los vacíos crecen a medida que los ataques violentos contra los medios aumentan bruscamente, a medida que los gobiernos crean nuevos sistemas de control de la información, y a medida que la tecnología que permite la circulación de la información es manipulada y utilizada para silenciar la libre expresión.
Arturo Jauretche analizó y dilucidó con claridad la matriz de poder que está detrás de los constructores de cultura e información en los países dependientes. En el año 1941 sostuvo que "Grupos capitalistas tienen en sus manos la universidad, la escuela, el libro, el periodismo y la radiotelefonía". Motivadas por las demandas de los grandes proveedores de contenidos, como las empresas tradicionales de cine y televisión, los nuevos gigantes tecnológicos como Apple, Google, Microsoft y Netflix se ha coligado para desarrollar, a través del W3C, un nuevo estándar web que les permitirá acumular cada vez más poder sobre la vida cultural y económica de la humanidad. El nuevo estándar de Internet promueve el encerramiento de la información.
Hace tiempo que Internet se apartó de su ideario fundacional, el de un instrumento abierto y libre, en el que los usuarios pudieran adoptar decisiones con autonomía. Grandes corporaciones se apropiaron de la herramienta y la explotan al máximo. Vigilan a los usuarios, se apropian de sus datos y tratan de influir en sus decisiones. Pero a esto se agrega la posibilidad de un avance en la restricción de formatos. Está el riesgo de una privatización de la red o, lo que es lo mismo, la expansión de grandes proveedores que acaparan porciones crecientes de una autopista en la que, se suponía, todos íbamos a poder circular.

A raíz del polarizante triunfo electoral de Trumpeta Trump en Estados Unidos, se suscitaron inquietudes sobre el auge de las noticias falsas y el ambiente hostil e intimidatorio creado por la acalorada locura del nuevo presidente. Hace unas semanas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto a legisladores republicanos, aprobó una ley que permite a las empresas de telecomunicaciones vender la información de navegación en Internet de sus usuarios. La norma pone fin a la regulación del ex presidente Barack Obama, que obligaba a que los usuarios den su consentimiento para que puedan vender su historial de búsqueda, sus hábitos de consumo, su localización u otra información implícita en su "huella digital". La avanzada republicana fue presentada como el “fin de la privacidad en Internet” por la mayor parte de la prensa mundial, incluyendo la Argentina.
Sin embargo, la privacidad en Internet ya se encontraba bastante limitada. Por un lado, las agencias de inteligencia de Estados Unidos están autorizadas no sólo a conocer la huella digital, sino también almacenar y filtrar las comunicaciones vía mail, chat, celular y hasta las pronunciadas frente a los televisores inteligentes, tal como mostró un reciente documento filtrado por Wikileaks. El fundador de WikiLeaks Julian Assange se refirió en varias oportunidades a los vínculos existentes entre las corporaciones Facebook (whats App, Messenger, etc.), Google y el Departamento de Estado norteamericano. Assange viene denunciando públicamente que Google y Facebook entregan la información privada y confidencial de los individuos a la Agencia de Seguridad Nacional, a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y a la Casa Blanca, demostrando que Internet y las redes sociales están siendo utilizadas como instrumentos de control político de alcance planetario. A su vez, Richard Stallman, fundador del Movimiento por Software Libre, sostuvo que "los teléfonos móviles serían el sueño de Stalin (...) es un gran hermano que permite seguir a la gente y escucharle siempre (...) Es una amenaza a la libertad". Stallman sostiene que la empresa Apple reúne los datos generados en todas las tablet, teléfonos o Apps y los utiliza comercial y políticamente. Skype guarda las conversaciones de las personas. Facebook hace lo mismo con el agravante de que ya reconoce lugares y rostros en las fotos y archiva las ideas religiosas, políticas o sexuales de sus usuarios. Los gustos y las opiniones personales son ordenados con imágenes, zonas y por nivel de aceptación (me encanta, me divierte, me alegra, me asombra, me entristece y me enfada).
Stallman recalcó que las corporaciones espían permanentemente sobre las acciones de cada individuo consumidor, que los titulares de Windows espían a los usuarios y que conjuntamente a Google implementaron un aplicativo para regular los sistemas operativos de todos los procesadoresla "puerta trasera" que permite borrar o bloquear software de los dispositivos personales sin que los individuos lo sepan y menos aún que lo aprueben.

En la actualidad, las estrategias para controlar y administrar la información caen en amplias categorías que, según el libro "The New Censorship" (La nueva censura) publicado en 2014, es la base de la represión 2.0: control político encubierto y captación de tecnología.

"Represión 2.0" es una actualización de las peores tácticas antiguas, desde la censura estatal hasta el encarcelamiento de los críticos, donde las nuevas tecnologías de la información como por ejemplo los teléfonos inteligentes y los medios sociales producen una imagen de ablandamiento. El control político encubierto significa un intento sistemático por ocultar actos represivos disfrazándolos con el ropaje de las normas democráticas. Por ejemplo, los Gobiernos podrían justificar una oleada represiva contra la Internet con el argumento de que ello es necesario para suprimir expresiones de odio y la incitación a cometer actos de violencia. Ellos podrían describir el encarcelamiento de decenas de periodistas críticos como un elemento esencial en el combate global contra el terrorismo.

Por último, la captación de tecnología significa utilizar las mismas tecnologías que han generado el auge global de la información para acallar a la disidencia, monitoreando y vigilando a los críticos, bloqueando sitios web y utilizando a los troles cibernéticos para silenciar voces críticas. Lo más insidioso de todo es sembrar la confusión mediante la propaganda y las noticias falsas. Verdad y verosimilitud se trocan y, en espacios como Facebook o Twitter, la mentira se propaga como un acto performativo y no puede ser declarada "falsa". El mensaje social no circuló por ser verdadero, sino porque nos une afectivamente. Luego de todo lo que nos hizo vivir, a quién le importa si es falsa. La comunidad es presentada como terreno fértil para la circulación de discursos falsos y se enraiza bajo el sesgo de la confirmación, definido como la tendencia a buscar, interpretar y recordar la información que confirma las creencias propias.

Estas estrategias han contribuido al aumento de los asesinatos y encarcelamientos de periodistas en todo el mundo. De hecho, a finales de 2016 había 259 periodistas encarcelados, la mayor cifra jamás documentada. Por otra parte, fuerzas violentas -desde islamistas radicales hasta los carteles del narcotráfico- han explotado las nuevas tecnologías de la información para eludir a los medios y comunicarse directamente con el público, y a menudo han utilizado videos de violencia explícita para transmitir un mensaje de terror y crueldad. Pero otras veces, la amenaza de la violencia está restringiendo la cobertura de cruciales zonas de conflicto del mundo, desde Siria y Somalia hasta la frontera entre México y Estados Unidos, lo cual ha creado un peligroso vacío informativo.

Las nuevas tecnologías que les permiten a las organizaciones criminales y radicales eludir a los medios y dirigirse directamente al público han provocado que el mundo sea excepcionalmente peligroso para resistencias y oposiciones a regímenes dominantes. Pero este mismo proceso de desintermediación supone desafíos para los regímenes autoritarios de todo el mundo que, en el pasado, con frecuencia han administrado la información gracias al control directo de los medios de comunicación masivos. Los últimos movimientos populares de todo el mundo se han alimentado de la información compartida en los medios sociales, y dado que cualquier persona con un teléfono inteligente puede realizar actos de periodismo, es imposible encarcelarlas a todas. En el libro "The Dictator's Learning Curve" (La curva de aprendizaje del dictador), William J. Dobson describió cómo una generación de líderes autócratas utiliza el ropaje de la democracia, como por ejemplo las elecciones, para encubrir la represión. He denominado "democratadores" a estos autócratas elegidos. Los enemigos de la libertad de expresión han atacado el nuevo sistema informativo global a cada nivel, y han empleado la violencia y la represión contra periodistas, con el objetivo de controlar las tecnologías de las cuales dependen para transmitir las noticias, y han sembrado la confusión y la desinformación para que información crítica no llegue al público de ninguna manera significativa.

El presidente Recep Tayyip Erdoğan, de Turquía, es quizás un modelo, y si bien su Gobierno encarcela a más periodistas que cualquier otro, Andrew Finkel muestra en su ensayo cómo el Gobierno de Erdoğan también ejerce el control sobre los medios privados, utilizando la presión directa, la autoridad regulatoria y la ley como un instrumento contundente para asegurar la obediencia. De manera similar, en la Argentina Amarilla de Corporación Cambiemos el gobierno se puede mantener gracias al apoyo incondicional de los medios de comunicación y las permanente campañas de marketing político, poniendo las condiciones de una verdadera cacería contra la oposición que incluye cárceles y tortura, apelando a violencia institucional como la respuesta frente a su incapacidad para resolver demandas sociales. En Egipto, país que ha presenciado un marcado aumento de la represión, el Gobierno del presidente Abdel Fattah el-Sisi ha dedicado considerable energía y esfuerzo para crear una prensa obediente. En México, país que ha experimentado una transición a la democracia, el tristemente notorio y casi perfecto historial en materia de impunidad por el asesinato de periodistas, sumado a la manipulación de la publicidad oficial y estratégicas querellas, han tenido un efecto inhibidor sobre los medios nacionales.
Otros Gobiernos, entre ellos China, también innovan. Uno de los ejemplos más dramáticos y perturbadores lo constituye la creación de un sistema de seguimiento centrado en el historial crediticio de una persona. Los periodistas chinos que publiquen contenido crítico en los medios sociales, podrían recibir calificaciones crediticias bajas, lo cual traería como resultado la negación de préstamos o la oferta de elevadas tasas de interés. Otros Gobiernos, entre ellos el estadounidense, promueven el concepto de transparencia divulgando enormes cantidades de datos que, si bien se agradecen, con frecuencia son de limitada utilidad. Y los periodistas que presentan solicitudes en virtud de la ley de acceso a la información enfrentan impedimentos que van desde tácticas dilatorias hasta cargos exorbitantes.

En el caso de EEUU, el resultado de las elecciones presidenciales puso en tela de juicio la difusión que tuvieron las noticias falsas durante la campaña y la creencia del impacto que estas tuvieron entre los votantes habilitaron una explicación posible: la llamaron "posverdad". Argentina no es la excepción en lo referido a la circulación –y viralización– de información falsa, y los recientes hechos ocurridos en Santa Cruz son un ejemplo, así como estigmatizaciones varias contra sindicalistas, opositores, ex presidentes, jueces, y todo aquel que intente oponerse al régimen del Felino Macri.

Estas estrategias se centran en la manipulación y el control político. Pero, desde luego, los Gobiernos también buscan captar la tecnología de la cual los periodistas y otros se valen para diseminar información crítica. Estas mismas tecnologías se pueden utilizar para vigilar, bloquear, actuar como troll y diseminar propaganda. Pero es importante tener en cuenta que el repunte de la violencia y la represión contra los medios, y la creación de nuevas estrategias represivas, son respuestas al poder liberador de la información independiente.
¿Dónde queda la búsqueda de la "verdad" si los usuarios y las audiencias sólo consumen aquello que ya sabían o que no pone en crisis su ideología? ¿Qué pasa si la mediación algorítmica se vuelve insoslayable? ¿Qué futuro le depara al periodismo si la "verdad" se manifiesta como un espectro fagocitado por lo verosímil y se despliega en un universo donde la polarización de la información –la tan mentada grieta– crece y consolida a diario?. A las ya habituales denuncias de fascismo en los comentarios en las redes sociales podemos sumar las injurias y los insultos que inundan estos espacios. Estas prácticas, encuentran su fundamento en la fugacidad y en la volatilidad de las emociones y, por sobre todas las cosas, en el anonimato. Al conjugarse estos elementos emerge la posibilidad de decir cualquier cosa a cualquier persona y en cualquier lugar.

Entonces, las preguntas aquí son: ¿hay que salir de las redes sociales para eludir la mediación algorítmica? Y si no salimos de Facebook o Twitter, ¿cómo atravesamos la mediación algorítmica? ¿Cómo atenazamos la verdad en el contexto cada vez más urgente de la difusión de información y de noticias fuera del cana hegemónico? ¿Cómo devolvemos la verdad, al centro de una escena donde la postverdad vive gracias a la viralización?. Esta última afirmación esconde una esperanza. Si podemos hablar de segregación informativa, si detectamos las noticias falsas e identificamos fácilmente a los trolls, debe ser porque, de alguna forma, estamos viendo los hilos que comandan la organización y la difusión de la información y las noticias en este teatro de operaciones de las redes sociales y el mundo moderno. Y la verdad no se pierde en la marea informacional, sólo tenemos que aprender a hacerla circular y difundir en este mundo de verdades a medias... cómo viralizar la "verdad" será una tarea donde deberemos aprender a expresarnos en un mundo nuevo.


¿El fin de la democracia popular?

Las denuncias públicas efectuadas por Richard Stallman, Julián Assange o por Martin Hilbert son un serio llamado de atención que debería llevar a los pueblos, gobiernos y organismos internacionales a abordar la cuestión del uso y de los peligros potenciales que conlleva que Internet sea controlado por un grupo reducido de corporaciones con finalidades comerciales y geopolíticas imperiales. Los análisis muestran una faceta del inmenso poder de los grupos informativos que pueden mentirle a la opinión pública mundial, con la única finalidad de apropiarse de los recursos de países que son totalmente destruidos. La democracia está siendo severamente debilitada frente a las operaciones desinformativas y de control emocional que son ejecutadas por un grupo reducido de factores de poder económico, político y cultural.

Las nuevas tecnologías y sus centros administradores están ocupando el lugar educativo que cumplían históricamente las iglesias, escuelas, universidades o partidos políticos y las potencialidades o perjuicios que ello conlleva debería preocupar a la humanidad.
De no democratizarse o regularse socialmente el inmenso poder que hoy adquieren las corporaciones de medios de comunicación y los administradores de Internet y del software, se pone en riesgo la soberanía cultural y política de las naciones y de los pueblos.
De continuarse la tendencia actual, los derechos individuales de las personas y de sus familias pueden perderse en un sistema de control total que hará realidad la ficción de Orwell.



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