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viernes, 21 de abril de 2017

Días y Noches que Estremecen: Apuntes sobre la Represión


En la Escuela Pública Itinerante que montaron los docentes en la plaza Congreso se desplegó un pelotón de la guardia de Infantería, mientras los becarios del CONICET resisten nueva embestida anticientífica de Macri. En los últimos días fuimos dolorosos testigos de un uso permanente de la violencia por parte de las fuerzas policiales. No es que esto sea algo nuevo; la facultad de golpear, de acorralar, de disparar siempre encuentra ocasiones para concretarse, aún en los gobiernos que se pronuncian en contra de estas prácticas.


Claro que cuando notamos que la potencia de reprimir se instala con mayor frecuencia y naturalidad, e incluso se defiende desde el ámbito discursivo, resulta difícil no estremecerse.

"Existe una cita secreta entre las generaciones que fueron y la nuestra. Y como a cada generación que vivió antes que nosotros, nos ha sido dada una flaca fuerza mesiánica sobre la que el pasado exige derechos. No se debe despachar esta exigencia a la ligera".
Walter Benjamin


Cuarenta y un años del inicio de la más feroz de las dictaduras vividas en el continente es un lapso de tiempo breve. Si lo pensamos a la inversa, treinta y cuatro años de democracia, luego de una marca a fuego del terror, es aún un período más breve. Un relámpago de años en el que coexistimos ex genocidas, los que mataron y desaparecieron a Julio López, las Madres de Plaza de Mayo, los nietos recuperados, los nietos que desconocen su identidad, las y los que iban del trabajo a su casa sin meterse en cosas raras, los que leyeron el Nunca Más con sus mismos demonios adentro y el fantasma esquivo de los que ya no están.



Cronología del dolor

El tiempo, que intenta inscribirse como pasado, es aún una pervivencia de experiencias que se superponen con las de nuevas generaciones; una amalgama de signos que todavía puja por configurarse sentido.

No es tarea fácil la de desatar esas marcas dolorosas para las cuales la palabra pasado se torna apenas un recurso literario, una metáfora espacial del atrás o de lo acabado. No es pasado lo que aún está vivo. Mucho menos lo que no termina de comprenderse.

La metáfora que usa Benjamin en su Tesis de Filosofía de la Historia es una representación adecuada de este enredo temporal. El ángel de la historia mira horrorizado las ruinas del pasado, mientras el huracán del progreso lo arrastra hacia adelante.

Tal vez, sin darse cuenta, Mauricio Macri alude a esta fuerza imperiosa cuando habla de dar vuelta la página. Vamos hacia adelante sin comprender hacia donde nos dirigimos, con el horror inscripto en nuestra mirada. Vamos hacia el futuro, pero dándole la espalda.


Ayer y hoy: una política de Estado

Los hechos estremecen: reprimen a docentes frente al Congreso mientras arman una Escuela Itinerante, los golpean, se llevan detenidos; entra la policía a la Universidad en Jujuy, se lleva detenidos a dos estudiantes; reprimen piquetes durante un paro general, se llevan detenidos. El gobierno muestra un camión antipiquetes. La lamentable Ministra de Seguridad se jacta de la extrema violencia, lo anota como un logro de su gestión, pone en duda el prejuicio negativo sobre la palabra represión.

La sucesión de hechos, inevitablemente, devuelve un escalofrío al cuerpo. El tratamiento mediático y los silencios justificatorios traen el fantasma del terror que no supimos, ni pudimos conjurar.

Pero, ¿de qué modo es posible hablar del terror en estos tiempos? ¿O acaso el fantasma enfermo y débil es el de la democracia? ¿Qué ideales sublimamos cuando hablamos de democracia?

Para quienes entendemos que el terror no solo es un uso abusivo de la violencia sobre los cuerpos, sino, precisamente, la convicción interior de que esa violencia ejercida es legítima, la tarea consiste en no dejar que el gélido miedo nos gane.

Se le gana al terror en las calles, en las reuniones, en los espacios que encuentran y que transforman la vivencia individual en un drama colectivo.

El desafío es alto, porque no se trata del arribismo de un gobierno ignorante y atropellado. Se trata, en realidad, de enfrentar esas ruinas vivas que son, aunque las hayamos ignorado, elementos constitutivos de nuestra sociedad; carne viva que todavía sangra. Y el PRO, un producto acabado de esta herida.
Ana Paula Marangoni





Manipulación

El rumbo económico del gobierno de Corporación Cambiemos S.A. no ha logrado la mentada reactivación, ni atrajo las inversiones prometidas para la creación de puestos de trabajo. La inflación se ha duplicado con respecto a 2015, parece irrefrenable y profundiza la pérdida de poder adquisitivo mientras el continuo y desmesurado aumento de tarifas hunde las posibilidades de pequeños y medianos empresarios y comerciantes.
Pero además la inmensa mayoría de la población sufre de hecho el ajuste no declarado. El tope o la negación de paritarias, los despidos masivos, la desocupación creciente de los empleados informales y el cierre de miles de empresas y emprendimientos están aumentando dramáticamente la pobreza y es ya indisimulable la reaparición del hambre en las barriadas populares. Así, la vida cotidiana se torna cada vez más difícil, y empuja al crecimiento de la resistencia y del movimiento opositor en todo el territorio nacional.
Frente a esta ya obvia realidad, el actual gobierno viene desarrollando una gigantesca campaña de manipulación pública en todo el país, buscando presentar a los que protestan como violentos y desestabilizadores mientras los medios hegemónicos, todos oficialistas, exigen dureza frente a los ciudadanos que reclaman. El objetivo evidente es autojustificar la represión abierta contra las movilizaciones populares.

Este peligroso deslizamiento hacia un autoritarismo de supuestos "ley y orden", que se basa en la amenaza de durísima represión para controlar a los sectores populares y a toda protesta opositora, los lleva a conductas ilegales desde el Estado que el pueblo argentino ya conoce. El desconocimiento de los derechos constitucionales y el discurso amenazante sólo conducen a que las fuerzas de seguridad actúen con permiso abierto para la arbitrariedad y la fuerza bruta contra la ciudadanía.


La escalada represiva


La convocatoria de la marcha y la descalificación agresiva de las formas de protesta popular por parte de un sector de la sociedad que llama al "orden", pareció envalentonar al gobierno de Cambiemos, que recrudeció sus medidas represivas, mientras fue aplaudido por los medios hegemónicos de comunicación. En un contexto de escalada represiva, el gobierno de Cambiemos anunció un proyecto de ley que criminaliza la protesta social, agravando penas y estableciendo otras nuevas de hasta diez años de cárcel. La iniciativa contó con una amplia adhesión de los medios de comunicación, que disfrazaron las represiones de las últimas semanas con eufemismos y justificativos, en especial desde la denominada "Marcha por la democracia", ocurrida el 1 de abril. La movilización instó al disciplinamiento de la protesta y a la consecuente naturalización de la violencia hacia los manifestantes.
La posverdad del relato Felinezco también es represión: violencia es mentir. El relato diario de los Amarillos asegura que las ventas en supermercados y shoppings "tienen variaciones positivas" en los últimos meses, a pesar de que el Indec informó que la facturación en febrero fue 20 puntos menos que la inflación. Además, el funcionario macrista Nicolás Dujovne (ministro de Hacienda) sostuvo que "el crecimiento se está acelerando" y ratificó que se alcanzará la pauta inflacionaria del 17 por ciento.
La grieta entre la realidad económica y la percepción que tiene el gobierno de Corporación Cambiemos S.A. se va ampliando. Y se va a sostener con palos y a la fuerza.
Aplicar recetas de las políticas neoliberales no dio resultados para frenar el proceso inflacionario y los números lo confirman cada mes. Mientras te dibujan otro país que no es el real.





La considerable porción del pueblo todavía continuaría apoyando a esa entelequia denominada macrismo, controlada por los poderes fácticos económicos y financieros corporativos, la oligarquía terrateniente y otros sectores primario-exportadores, acompañados por los importadores especulativos y oportunistas de bienes terminados, constituye la base material de la coalición gerenciadora privatista "pro". Algunos son los beneficiados directos de la administración plutocrática, mientras que el otro grupo de adherentes a este modelo desindustrializador y excluyente está compuesto por sujetos atomizados, variopintos y pertenecientes a distintos estratos sociales, a quienes solo los "une" el odio errático de clase y el antiperonismo K.
Estos segmentos de personas resultan ahora la "clientela" a la que el oficialismo pretende mantener, de cara a los sufragios de octubre próximo, potenciando su accionar represivo contra "negros, vagos, y choriplaneros", recurriendo a esa estimable proporción de votantes racistas y xenófobos, con falsa conciencia clasista, que fogonea la "mano dura" dirigida a los actores marginados, los cuales conforman la amplia mayoría de los habitantes del país, ante el fracaso rotundo de su model” económico.

Desde una perspectiva de la base social, la tarea continua siendo la construcción de una nueva mayoría popular, la coyuntura requiere la unidad de acción para frenar el daño que ocasiona el neoliberalismo; la responsabilidad inmediata nos exige dar contenido al concepto de unidad, así una posible acepción sería la conformación del Frente Anti–Neoliberal o Frente Anti–Macri como plataforma primaria. Sus márgenes deben ser flexibles, metabolizando todas las contradicciones con carácter de accesorias. No se trata de licuar identidades políticas, sino comprender éste escalón necesario de la lucha que debe encaminarse detrás de diez puntos de consenso que calen en los huesos del neoliberalismo. Nadie desconoce la simultaneidad de la construcción de alternativa política que se expresara electoralmente, pero al pescado se lo come por partes, y enfrentar al neoliberalismo neo-dictatorial es parte de nuestra responsabilidad personal, social e histórica.





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