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miércoles, 15 de marzo de 2017

Heidi-Thatcher, el Montaje y el Fin de la Farsa


El conflicto de los maestros ya trasciende Argentina y el gobierno Cambiario se hace conocido en todos lados no sólo por sus presos políticos a lo Milagro Sala. La siguiente es el título y la nota que apareció hace algunas horas El País de España sobre la Heidi versiòn Forra. Y no es que uno lo tome mucho en serio, no comparto la opinión de un Clarín ibérico, con mejor estilo de redacción, eso sí. Pero sí me parece interesante como muestra de un discurso de exportación. Esto no es, ciertamente, para consumo interno.

Una vez más el neoliberalismo quiso presentarse como panacea para resolver los problemas de países latinoamericanos. Y una vez más produce desastres y no soluciones. Luego del levantamiento de planes de acceso a la educación y la eliminación de entrega de computadoras; y con un Ministro de Educación que se considera Gerente de Recursos Humanos, el gobierno consideró que puede doblegar las aspiraciones salariales de los docentes como un equivalente de lo que hizo Margaret Thatcher con los mineros: un caso testigo y ejemplificador. Antes el gobierno había fracasado con los bancarios.
Los maestros concretaron una manifestación de notables proporciones y por lo tanto deberán ser escarmentados.
Aquí más que una planilla de Excel hay un porcentaje de aumento a cumplir. Para ello la sensible gobernadora de la Provincia de Buenos Aires no vaciló en amenazar con voluntarios, que en el lenguaje político se denominan rompehuelgas y en idioma barrial "carneros".
El sentido común que logró imponer el discurso de Cambiemos coloca del lado del populismo al engaño y la mentira, pero también a la igualdad, la justicia social y las aspiraciones de las mayorías. Del otro lado queda la verdad inexorable, que conduce al único camino posible (léase no populista), honesto y verdadero: el capitalismo neoliberal. "Cambiar es incómodo y cuesta después de muchos años de mentiras dice el Felino presidente. "Siempre les voy a decir la verdad. El futuro de la Argentina es que se le diga la verdad. Decir la verdad es asumir la realidad tal cual es para enfrentarla" son otras frases del repertorio presidencial. El riesgo que asume Macri con este ardid discursivo es evidente: si la verdad que invoca no es tal, la farsa queda en el centro del escenario e iluminada por todos los reflectores. Algo de esto empieza a ser evidente por estos días, incluso para muchos votantes de Cambiemos.


Ah! independientemente de la Heidi Forra, hoy a partir de las 20 hs. se va a hacer un nuevo ruidazo contra el aumento de tarifas en varios puntos del país. En la Ciudad de Buenos Aires, habrá manifestaciones en la totalidad de las comunas. Y hablando de los maestros, el barrio de Caballito hizo escuchar su apoyo a los docentes que luchan por un salario digno. El Gobierno de la Ciudad, nuevamente, ofreció un aumento de del 18% en dos cuotas


En 6 meses los docentes perdieron más del 20% del salario en medio de un conflicto que aparece como interminable pero los medios dicen que lo importante es el Indio Solari. El conflicto docente continúa extendiéndose y ya transita su segunda semana de paro en la provincia de Buenos Aires., mientras l gobierno provincial se niega a ofrecer una propuesta salarial cercana a los reclamos de los sindicatos y el conflicto se estanca cada día más, con la "Heidi" María Eugenia Vidal diciendo "Los docentes tienen vocación de conflicto".
Los medios de comunicación suelen ubicar a los docentes como héroes de guardapolvo blanco o como inconscientes que solo trabajan 4 horas por día y, con 3 meses de vacaciones, exigen un salario no correspondido. Estas últimas semanas el conflicto docente se ha visto reducido en las pantallas y en las páginas de los diarios a un enfrentamiento personal entre el líder de SUTEBA, Roberto Baradel, y la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal.

Corporación Cambiemos S.A. es la máxima expresión de la trampa, la mentira y el engaño que haya conocido la historia política e institucional de la República Argentina. Sin embargo, es justo señalar que no es el único responsable del sainete actual. Son muchos los impostores. Unos cuantos integran el gabinete nacional. Otros se ubican en el Parlamento y hasta visten camiseta de opositores. También los hay en la Justicia, entre los empresarios y en la CGT, cuyo triunvirato viene de producir una pantomima que rozó el grotesco. Y por supuesto, ahí están además los dueños de los medios grandes y sus voceros más afamados. Y la tenemos a la Heidi en Provincia de Buenos Aires en su ofensiva contra los maestros.
Pero la gran estafa es posible también por la complicidad de muchísimos argentinos. Por acción u omisión, por odios genéticos o pereza intelectual, un ejército de pregoneros de lo que dicen las grandes usinas de información sostienen niveles aceptables de ponderación favorable al peor gobierno del que den cuenta las estadísticas y la memoria.



Aquí, la nota de El País que da la idea a esta entrada anti-neoliberal del día de hoy.

María Eugenia Vidal, ¿la Thatcher argentina?
La gobernadora de Buenos Aires abre una guerra a muerte con los sindicatos de maestros que marcará todas las demás
Prácticamente un año entero, entre el 6 de marzo de 1984 y el 3 de marzo de 1985, aguantaron los mineros británicos un pulso en forma de huelga contra Margaret Thatcher. Pero perdieron, y esa derrota convirtió a la primera ministra en la heroína del liberalismo. Desde entonces en cada pulso sindical en todo el planeta se recurre a ese ejemplo. Argentina vive estos días uno muy intenso y la protagonista, del lado del poder político, también es una mujer: María Eugenia Vidal, la gobernadora de Buenos Aires, la provincia más poblada, más rica, más corrupta, más compleja. El corazón del peronismo. Y enfrente tiene a los poderosos sindicatos de maestros públicos, peronistas y cercanos a Cristina Fernández de Kirchner, la expresidenta. A los macristas no les gustan los debates ideológicos y menos que se les asocie con la derecha. Thatcher, además, no tiene buena prensa en Argentina desde la guerra por el control de las Islas Malvinas, en 1982. Pero esta batalla podría convertir a Vidal en la Thatcher del macrismo, la única que consiguió vencer un pulso a los sindicatos peronistas.
Vidal es la política mejor valorada de Argentina, por encima de su propio jefe, Mauricio Macri. Logró arrebatar Buenos Aires al peronismo, una hazaña impensable. Y ahora se enfrenta con toda la dureza posible a una huelga de maestros que parece el momento clave del Gobierno de Macri después de 15 meses en el poder. Cuatro millones de niños que acuden a la escuela pública llevan casi dos semanas sin clase, mientras las privadas arrancan sin problemas. Los padres están cada día más desesperados y la presión crece. A esas escuelas acude no solo la clase media, sino sobre todo los niños más pobres, con lo que no solo están perdiendo clase, también el comedor donde se alimentan a diario. Por eso la presión hacia el Gobierno para que negocie un mejor aumento de sueldo con los maestros es cada día mayor. Pero también los sindicatos reciben críticas y tienen sus debates internos. Ambos parecen dispuestos a aguantar hasta el final y la batalla se recrudece. De momento el Gobierno lo ha intentado sin éxito con medidas legales. Ahora parece dispuesto a sacar la artillería en modo de información interna de las finanzas de los sindicatos.
La sensación de que esta guerra es a todo o nada se ha instalado en la política argentina. El Gobierno ve detrás a Kirchner y sostiene que utilizan esta huelga para intentar derribarlo, como hicieron los sindicatos peronistas con los radicales Raúl Alfonsín en 1989 y Fernando De la Rúa en 2001. “Macri no es De La Rúa, no lo conocen. Es muy duro. Y María Eugenia está decidida a llevar adelante esta cruzada. Esto es una batalla política, Baradel [jefe del sindicato de maestros de Buenos Aires] está muy vinculado a Cristina Kirchner. Vamos a aguantar”, explica un miembro del Gobierno que está al corriente de las negociaciones. La batalla, lejos de suavizarse, se recrudece.
La situación económica, que está tardando en recuperarse mucho más de lo que preveía el Gobierno, hace que los sindicatos vean débil a Macri. Y él necesita una demostración de fuerza. La guerra con los maestros parece el escenario elegido para una batalla tal vez inevitable en un año electoral –hay comicios en octubre para renovar buena parte del Parlamento- y con el peronismo en plena pelea para ver quién se hace con el liderazgo.
En Argentina hay otro componente inesperado: el trotskismo tiene más fuerza que en otros países, y presiona dentro de los sindicatos. El propio Baradel tiene una batalla interna con los trotskistas que le empujan para que sea aún más duro.
La decisión final la tiene Macri. Vidal, con una provincia prácticamente quebrada que está endeudándose para sobrevivir, insiste en que no puede ofrecer más que el 18% de aumento (los maestros piden un 35%, en un país que tuvo el año pasado un 40% de inflación y este se espera que supere el 20%). Si al final del año la inflación es superior a ese 18% -todo parece indicar que será así- promete compensarles. Para pagar más ahora, tendría que ayudarle el Gobierno nacional, en manos de su jefe. Pero Macri también parece dispuesto a dar esta pelea hasta el final para mostrarle a los sindicatos quién controla el país.
Toda la política argentina está concentrada en esta batalla. El lunes Rogelio Frigerio, ministro de Interior y hombre clave del macrismo, recibía a un grupo de corresponsales. Llegó tarde porque estaba con Macri hablando de los maestros. Terminó y se volvió otra vez al despacho presidencial, justo encima del suyo, para seguir con el único tema del momento en Argentina. Los macristas buscan fórmulas políticas para debilitar a su rival y forzarle a ceder. Hasta ahora, Macri había buscado pactos con todos, había evitado huelgas en su primer año de mandato, decidió no hacer reformas duras. Se llamó “gradualismo”. “El gradualismo no es una opción, es una necesidad en un país con estos problemas de inflación, de déficit, de pobreza”, aseguraba Frigerio a los corresponsales.
Las cosas están cambiando. Tanto el presidente como Vidal parecen dispuestos a aguantar un pulso clave. Los maestros también. El resultado marcará un momento en el que por primera vez el Gobierno tiene que salir a decir que aguantarán hasta el final de la legislatura. Porque ya hay quien lo duda.
Carlos E. Cué


"Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada", escribió Mark Twain hace más de un siglo. Todo indica que no estaba errado y que su reflexión mantiene plena vigencia. Corporación Cambiemos S.A. con el Felino Macri a la cabeza, accedió al poder falsificando la realidad y montando escenarios ficticios. Mantuvo esa estrategia ya en el gobierno y su táctica, ahora, es negar las consecuencias de sus propias decisiones.
El calendario electoral elevará las dosis de cinismo e hipocresía. Los mejores intérpretes del staff oficial recitaran sus guiones para la celada. Se impone no callar ni ceder ante quienes justifican las barbaridades del presente, muchas de las cuales creyeron ver y condenar en el pasado reciente. Así las cosas guarda validez el llamamiento a una gran "batalla cultural" que permita poner en evidencia los engaños y manipulaciones mediante un profundo ejercicio argumental.

Es imprescindible, además, encontrar formatos que permitan potenciar los mensajes que estimulen la conciencia crítica y organizar la emisión de las ideas en clave de emancipación con verdadera vocación de masas. Solo desde allí se podrá promover el diálogo entre quienes tienen coincidencias básicas para romper el cerco de la posverdad y hacer crecer la fuerza que haga posible el fin de la farsa.



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