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jueves, 5 de enero de 2017

La Mentira del Bipartidismo


El efecto Bin Laden de la Era Cambiemos: el neoliberalismo legitimado a través de una ficción democrática: el bipartidismo. Para los más informados, la política económica neoliberal implementada por Corporación Cambiemos S.A. no es una sorpresa, aunque sí probablemente su intensidad y falta de oposición. Lo que sí sorprende, en cambio, quizá porque para la política y la economía el marketing permanente no era el estándar, es la persistencia en el discurso público del "reino del revés". Nada, absolutamente nada, es como se relata, un reino de mentiras establecidas por los formadores de opinión y que gran parte del ingenuo pueblo consume como si fuera la realidad misma.

Esta nota derivo de una respuesta por Fachebook (como le dice el Pirata) a la entrada titulada Argentina: La No Patria, donde una persona me responde, de manera totalmente descolgada, con la réplica:



Por lo que me llevó a pensar que el personaje en cuestión puede no estar de acuerdo conmigo y pensar que el gobierno amarillo es más patriota que San Martín y Belgrano juntos, pero... ¿qué relación hay (más allá de un profundo odio de clase y mucha superstición social) entre el choripán y el texto de la nota?. La relación está en que se tiene la errada creencia, impuesta ante las huestes no demasiado inteligente de los globitos, que si uno ataca a las políticas de Marioneta Macri es porque es un K (y por ende, le regalan choripanes, es analfabeto, descerabrado, vago, inútil y un sinúmero de divagaciones discriminadoras muy similares a la del "Aluvión zoológico", y cómo esa vaguedad donde mucha gente siente que tiene que tomar partido sirve para dominar la opinión de grandes sectores con muy poco esfuerzo (simplemente basta con desacredita al bando opuesto).

El deterioro en las condiciones de vida de los segmentos medios y bajos es tan contundente que finalmente terminaron erosionando la base de popularidad de la gestión macrista, aunque aún con niveles de aceptación en torno al 40%, muy por sobre lo esperable en función del daño social que el ajuste neoliberal ha impreso sobre los sectores populares en un solo año.
El economista Andrés Asiain señaló que en 2016 los trabajadores que ganan un salario vital y móvil perdieron un salario mensual. Esta erosión increíble del salario, unida a los ochenta despidos por hora que se producen desde que asumió Mauricio Macri, nos releva de mayores comentarios respecto del salvajismo del ajuste que queda muy bien contrastado en sus aspectos socioeconómicos en la evolución de los indicadores que reportan desde la Fundación Germán Abdala y el CEPA, entre otros centros de estudios no oficialistas.
La pregunta, entonces, no es si hay deterioro en la popularidad de la gestión y la imagen del presidente, sino cómo es que no hay más deterioro que el actual. La respuesta no surge de ninguna encuesta, como casi nada surge de encuestas. Sucede que el nivel de polarización de la opinión pública se mantiene inalterable respecto del año 2015, cuando a la hora de votar los argentinos se partieron en dos. Esta circunstancia permite la dominación y produce las parajodas que explican la actual dinámica de opinión pública, en un esenario bipolar que es otra muestra de la creación del "sentido común" impuesto, y de cómo las mayorías aceptan las lógicas (que no tienen nada de lógicas) impuestas, para volver a una receta repetida y con resultado conocido.


El editor jefe del diario Clarín, Julio Blank, reconoció que en los años kirchneristas hicieron "periodismo de guerra". Este columnista político reconoció que eso no fue periodismo. Sin embargo, la guerra no concluyó con la salida del kirchnerismo del poder. La centralidad política que conserva Cristina Fernández de Kirchner los obligó a continuar en esa senda. El objetivo principal del círculo rojo es apuntalar un régimen bipartidista amigable con los mercados. En ese marco, las alternativas políticas quedan reducidas a realizar meros cambios cosméticos dentro de una hoja de ruta previamente trazada. Es lo que pasó en la Argentina en la década del noventa. El sociólogo argentino Atilio Borón supo decir que el gobierno de la Alianza fue un "menemismo sin Menem".


Las posiciones ideológicas que sostienen el bipartidismo simulan diferencias pero en lo estructural coinciden y pactan. La unidad del peronismo es la jugada política que el bipartidismo necesita para afianzarse en el poder, y esa puesta en escena todos están en sus roles salvo Cristina Fernández que amenaza como única líder articuladora de un proceso de transformación popular, ya sea desde el peronismo o por fuera de él.

Hay dos grandes partidos, que organizan esta lógica donde el único ganador es el neoliberalismo; por un lado Corporación Cambiemos S.A. para representar el credo neoliberal, habla siempre de una fiesta donde se derrochó todo, donde se gastó lo que no se tuvo nunca, la herencia que hay que poner en orden, etc. Por el otro lado, se habla de que hay que aflojar, que es inhumano el ajuste, que habría que hacer otra política social, etc. Este bipartidismo exige permanentemente su reconstrucción, cambio de figuras y una izquierda anacrónica y "de manual" que garantice que nunca construirá una mayoría social transformadora. Esta condición de permanente "eterno retorno de lo mismo" es la mostración misma de que la democracia bajo el neoliberalismo está emplazada, a disposición de las corporaciones, e incluso atravesada por distintas crisis de representación, porque finalmente por razones estructurales el neoliberalismo actual es un nuevo tipo de "razón" y "sentido común" que se apoderó del pueblo y del Estado y que permanentemente desborda el sistema democrático.


La salida estará en construir una alternativa distinta de la masa alienada al bipartidismo. Por ello es necesario difundir su falsedad. Ese estado de guerra permanente entre dos bandos (similar al que se dió en el voto "Si/No" a la guerra en Colombia) permite una polarización que son funcionales a quienes detentan el poder (ya sea político, o económico, o mediático, etc.). Ese sistema es que rije a EEUU, Brasil, Europa y la mayoría de países del mundo, donde el pueblo es "cautivo" de su propia forma de pensar condicionada por los medios. Por esta razón, la condición de posibilidad del bipartidismo democrático imposibilita un proceso de transformación real.



Este "relato" de la bipolaridad mantiene los niveles de enfrentamiento ocurridos durante la etapa anterior, en especial a partir del año 2007 al asumir Cristina Kirchner su primer mandato (y que le sirvieron para mantener su gobierno), y que fue escalando hasta los actuales niveles de enfrentamiento que llegan a la persecución mediática y su modalidad judicial lisa y llana, al punto de mantener presos políticos contra todos los reclamos de organismos internacionales a los que el gobierno neoliberal dice ser muy receptivo.


Esta binladelinzación (muy conocida en la estrategia de dominación de masas del capitalismo; demonización que le permitió a EEUU atacar y entrometerse en cualquier lugar del mundo desde sus comienzos y que se profundizó luego del gobierno de George Bush y todo el relato de las "armas de destrucción masiva" que ha sido uno de los clichés más determinantes en la política y la propaganda de esta primera década del siglo XXI) produce efectos que explican la dirección de los formadores de opinión pública: por un lado la figura de Cristina Kirchner, que se ubica de manera nítida como única oposición al ajuste neoliberal que encarna el Gobierno, apoyada en su firme liderazgo sobre un amplio segmento ciudadano que toma fuerte preferencia por la ex presidenta (que explica la persecución mediática y judicial a la que es sometida desde el primer día del gobierno neoliberal), y promoviendo la polarización sostenida de la sociedad para mantener la figura de Marioneta Macri como única alternativa a Cristina Kirchner, recostado en el discurso de la pesada herencia propalado con sagrada furia por todo el sistema de medios.

Este nivel de polarización sostenida configura entonces un dispositivo de amortiguación de la caída de popularidad de la gestión e imagen del presidente Macri pese al muy pobre rendimiento socio económico del año 2016, configurando un mecanismo del que el gobierno hace uso y abuso y cuya eficacia a mediano plazo será puesta a prueba en el curso de este año 2017, año electoral.


"Unir a los argentinos" parece una broma de mal gusto frente a la realidad de un gobierno revanchista cuya práctica cotidiana es la estigmatización y la persecución mediática y judicial de los funcionarios precedentes. Las arengas contra "la grieta", o el viejo "Argen y Tina" no cuadran con el encarcelamiento arbitrario de opositores. La exaltación de la República, choca de frente con el avasallamiento de la división de poderes –de Morales a los vetos presidenciales, de Bonadío a Ercolini, de Sáenz a Marijuan– y con el desdén frente a los reclamos de los organismos internacionales de derechos humanos. En el gobierno de los ricos, "pobreza cero" pertenece al ranking del absurdo. Los números del propio Indec eximen de mayores comentarios. El 32,3 por ciento de pobres de la última medición oficial significó una suba de 4,3 puntos respecto al 28 por ciento que se registraba en noviembre de 2015. Siguiendo al investigador Daniel Schteingart, si en 2002 se hubiese aplicado la misma y súper exigente canasta del Indec macrista, la pobreza habría sido del 67 por ciento.
Otro leitmotiv: "combatir al narcotráfico", fue apenas un componente exitoso del ardid de campaña contra el principal oponente en la provincia de Buenos Aires, como quedó judicialmente demostrado esta semana. Ello suponiendo que un resultado generado por el viciado Poder Judicial, que este año alcanzó la degradación institucional de la invención sistemática de causas contra opositores, significa todavía algo.

Pero el reino del revés discursivo alcanza grados máximos en la economía. Por un lado porque la persecución mediático-judicial sirve para desviar la atención de la catarata de números negativos de la economía, por otro; porque también se mantiene el debate sobre si la fuerte recesión fue el resultado de la mala praxis o si se buscó deliberadamente inducirla para legitimar el nuevo endeudamiento público externo y las potentes transferencias desde los asalariados a las clases altas. Una vía para superar las dudas es concentrarse directamente en los resultados de los agregados más tradicionales. Entre los picos de inconsistencia entre discurso y resultados se encuentra la inflación. Cualquiera sea el número oficial final de 2016 se descuenta que ronda el 45 por ciento, cifra que es inevitable comparar contra el 27 de 2015 o el 23 de 2014 (según cifras de Cepal).
Otra transmutación entre discurso y resultados se encuentra en dos agregados clave, el consumo y la inversión. Según el relato PRO todas las medidas "dolorosas" tenían por objetivo principal mejorar las condiciones de la inversión productiva para, luego, avanzar al crecimiento genuino y la generación de empleo de calidad; la trillada fraseología neoliberal jamás validada por los hechos. El discurso del revés también sostenía que la devaluación y la quita de retenciones harían explotar las economías regionales, pero el resultado fue poco visible para el comercio exterior.

La perspectiva de cara a las elecciones del año entrante señalan que habrá poco espacio para las terceras alternativas, en sintonía por otra parte con la dinámica electoral regional y que está presente en la mayoría de las democracias occidentales impactadas por la crisis de la globalización post Lehman Brothers, cuya característica distintiva es la polarización creciente del electorado y el colapso de las terceras vías, dispositivos electorales muy eficaces desde finales de los años 80 hasta mediados de la pasada década.

El agotamiento de las experiencias socialdemócratas europeas a mano de experiencias nacionales radicales, muchas de derecha, se corresponde con la polarización que hoy se observa en las elecciones en USA y el avance de la derecha conservadora en América Latina. Agoniza la "amplia avenida del medio", las experiencias de centro "moderado" de los años ochenta, sostenida en su momento en las figuras como Bill Clinton en los EEUU, Tony Blair en Inglaterra, Felipe González en España, François Mitterrand en Francia, Raúl Ricardo Alfonsín en Argentina, Fernando Cardoso en Brasil. Esa socialdemocracia de apariencia moderada pero en el fondo lo suficientemente hueca ideológicamente como para que sea "poseída" por el neoliberalismo.
La pretensión del establishment argentino es retornar a ese "estado de gracia" a imagen y semejanza de lo que ocurre en Europa, donde el vaciamiento ideológico de la socialdemocracia (postura política gobernante en prácticamente toda Europa) determinó la inmutabilidad de la política económica neoliberal con independencia de quien triunfe en las elecciones (socialdemocracia = socialdesgracia). En el caso argentino, que no deja de ser una concreción de una variante mundial, el bipartidismo puede cambiar todas las fichas: Massa, Macri, etc.; introducir incluso una crisis orgánica como la del 2001.
El proceso de descomposición de la socialdemocracia europea comenzó hace tiempo, y hay quienes sostienen que la socialdemocracia europea se convirtió en un social liberalismo; con pilares como la desregulación financiera, la flexibilización laboral, y el sector financiero como motor de la economía.


Todo muy parecido a la Argentina de Corporación Cambiemos S.A.



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