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viernes, 11 de noviembre de 2016

Brian Eno Sobre Trump


La verdad es que no me entusiasma escribir tanto sobre la victoria del Papaguayo Donald Trump en las elecciones presidenciales norteamericanas, que representa sin duda el triunfo del anti-humanismo en su forma más racista, xenófoba, fanática, misógina y neo-fachista, pero ello también a impulsado una serie de reflecciones y reacciones de lo más interesantes, desde Brian Eno hasta Evo Morales.

Las personas que se autodefinen como "políticamente correctas" están alarmadas por el triunfo en las elecciones estadounidenses del candidato -¿republicano o antipartido?- Marioneta Macri... ehhhh.... perdón.... Pato Donald Trump. Son los mismos que auspiciaban desde programas de radio preguntas a sus oyentes sobre quién convenía que ganara en "el país del norte"; toda una confesión de ignorancia política o de adhesión incondicional al modelo estadounidense. Patético. Pensar que a los argentinos nos beneficia uno u otro de los presidentes que se alternan al servicio del poder establecido e inamovible -hasta ahora- en el país imperial es un desatino. Pero en los EE.UU ha ganado un candidato anti establishment y eso no es moco de pavo. Evo Morales dijo: "He escuchado en los medios de comunicación que es un nacionalista. Si es nacionalista, que deje el intervencionismo en el mundo y respete la soberanía de todos los países". Con sus profundas diferencias con el sistema capitalista, Evo se mostró convencido de que en Estados Unidos no decide el pueblo, sino "los banqueros, empresarios y las transnacionales"


Trump ganó pues Estados Unidos es mayoritariamente blanco, rural y pobre. Al contrario de la que gente cree, Estados Unidos tiene un gran porcentaje de población que no ha tenido la oportunidad de educarse con estudios superiores, y que tampoco vive en las costas desarrolladas como Washington DC, Nueva York o California. Hay una gran frustración en el medio del país y en el sur profundo, donde los salarios de la clase media y media-baja han venido cayendo sostenidamente, y donde el mensaje de Trump contra la globalización como factor de ese desastre personal caló sin tapujos. Las cifras concuerdan: Trump arrasó entre la población blanca y en las zonas rurales. Como se esperaba, perdió entre las mujeres (más del 60% para Clinton), los afroestadounidenses (88% para la ex canciller), aunque un 30% de los latinos votó por Pato Trumpeta.
Al igual que en la Argentina de Marioneta Macri, gran parte del pueblo aceptó el mensaje plano, directo y decididamente estúpido y sin ningún tipo de sustento (si quieren vuelvo a nombrar a las 10 Estrategias de Manipulación de Masas). En Argentina caló el mensaje del Cambio y la Revolución de la Alegría, y en EEUU ganó el discurso del pleno trabajo y del volver al primer puesto en el top ten de los Imperios. Pato Donald ganó entre la población blanca, especialmente en aquella más golpeada económicamente, la que no tiene pasaporte, que no puede viajar de vacaciones, que no tiene seguro médico para ir al dentista, la que buscaba desesperadamente un cambio, quizás cualquier cambio le quedaba bien, acogiendo selectivamente el mensaje anti-globalización y a favor de mejorar sus economías familiares y locales y (en un ejercicio de verdadero "doblepensar") descartaron valóricamente todo aquello que riñe profundamente con los valores morales y cristianos de los republicanos: abuso sexual, racismo, violencia, intolerancia religiosa y mil etcéteras.

Lo real es que Pato Trump tendrá que gobernar un país dividido. Trump ha dicho en sus discursos que su movimiento -algo mayor que un partido- es un "movimiento de trabajadores" algo que lo instala en la franja más denostada por el establishment, el populismo de derecha. Neofascismo diríamos otros. Una verdadera ensalada de condimentos dispares que va a desatar todo tipo de controversias como controversial han sido las elecciones.


Aposté con mi amigo norteamericano Stewart Brand que Trump ganaría. Esta mañana me ha escrito diciéndome: “Apostaste bien y yo aposté mal. Quejido. Se acercan tiempos extraños”.
Le contesté:

Bienvenido al mundo postliberal. Sé perfectamente como te sientes —me acuerdo del día después del Brexit y de darme cuenta de que vivía en un país del que, en realidad, nada sabía—.

Es una auténtica revolución —pero no nos dimos cuenta porque no tuvimos nada que ver con su andadura—. Siempre hemos pensado estar en el centro del Universo, pero resulta que no. Somos nosotros, y no ellos, quienes estamos viviendo en una burbuja.

¿Hay algo positivo en todo esto? Mi sensación tras el Brexit —superados el shock y la decepción iniciales— es que sí, junto a grandes dosis de peligro e incertidumbre. Los liberales norteamericanos tendrán que hacer ahora examen de conciencia, igual que han hecho los liberales ingleses. Ahora hay más debates sociopolíticos sobre el futuro que nunca, más que nunca se tiene la sensación de “no hemos prestado atención a lo que ocurría”. Aparecen a diario nuevos grupos y coaliciones y todo se está transformando. Todo el mundo está pensando… intentando salvar, o reinventar, si es necesario, la democracia liberal.

Lo bueno es, además, que esto está acabando con las teorías conspirativas sobre cábalas secretas moviendo hilos en la sombra. No estaban. Llama mucho la atención que pillara a FOX desprevenida; que ni siquiera los repulsivos Koch se involucraran. Fue, para bien o para mal, una auténtica revolución llevada a cabo por el pueblo (de modo que sí, puede ocurrir)”.

Contemplo lo acontecido como una oportunidad —por eso me preocupa menos que a mis amigos norteamericanos. Llevo años escuchando a muchos intelectuales repetir la frase “no me meto en política” —como si fuera algo de lo que avergonzarse, un poco como si se tratara de masturbación pública—. Quizá dejemos ahora de lado a nuestros iPads con su realidad virtual y nuestros sueños de colonizar Marte, durante una temporada, para empezar a pensar en lo que está ocurriendo aquí, en la Tierra.

Esto es un toque de atención para mucha gente. Me alegra ver que DIEM25 ya está atenta".
Brian Eno

"Ya no sé que hacer con este mundo que no entiendo" debe ser la frase de muchos ciudadanos estadounidenses. Trump, con su simpleza enganchó naturalmente con el cúmulo de temores que viene flotando en el ambiente, el miedo a la pobreza, el miedo a que EEUU pierda su sitial de grandeza y que eso repercuta en la calidad de vida y en el ideario simbólico estadounidense de éxito individual. Efectivamente, EEUU tiene un nivel de pobreza que se asemeja al de países subdesarrollados, que bordea el 16%. Hay millones de estadounidenses, niños y adultos, que enfrentan hambre. Las cifras lo confirman: más de 13 millones de niños tienen "inseguridad alimentaria", o sea, hambre. Los medios de comunicación difunden una vida de elite de las costas lejanas del país, mientras al ciudadano común (medio racista, medio bruto, religioso, individualista y al que le metieron durante toda su vida el verso del "American way of life") le embargan la casa que estaba pagando, se elige a un presidente negro, y aparece una candidata presidencial mujer, se aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo, se legaliza la marihuana y se aceptan a decenas de miles de refugiados y encima "potencialmente musulmanes terroristas" (parafraseando al señor Trumpeta), las escuelas públicas se van llenando de inmigrantes, mientras las comunidades de piel morena van creciendo. Para el ciudadano medio, blanco, bastante bruto, medio racista, que sueña con su propia casa y vivir en el "American way of life", eso no se parece al país que sueña y que quiere vivir...

Estamos en medio de un período oscuro y peligroso. Todos los cambios de etapa lo son, pero son necesarios para pasar a una nueva estadía (o morir en el intento). y como lo dije en los posteos pasados, lo que hagamos con nuestra propia vida no es indiferente al futuro que le espera a toda la Humanidad.


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