En abril de 1978 Dolores vuelve a los studios Fonogram con Tito Azores a los mandos de la consola de grabación para hacer este LP, que aparecería ya bajo el nombre único de Dolores. Un long play tan desconocido como recomendable, que nunca volvió a ser editado y que guarda la quintaesencia del grupo. En total seis temas, tres compuestos por Pedro Ruy-Blas y otros tres por Jorge Pardo, que ya se había convertido en el referente de la banda. Para el primer corte de la cara A: “¿Por qué caminas?” contarían con la guitarra sabia de Paco de Lucía.
La citada “¿Por qué caminas?” es algo cercano a una rumba movida y festiva en la que la guitarra del maestro y la flauta de Jorge desenvuelven una maravilla sonora. Hay que escuchar esa flauta doblada por la voz de Pedro Ruy-Blas filtrada por un sintetizador o vocoder para paladear la calidad de esta gente. Un cálido ambiente festivo que volvemos a encontrarnos al inicio de la cara B con “Sandunga”, una pieza cercana a lo que Gato Barbieri hacía en aquella época, pero que a pesar de toda su carga experimental, guarda un algo inequívocamente hispano. El saxo tenor de Jorge se muestra más poderoso que nunca, llevándonos de la bulla a la melancolía y de allí al lamento del blues para volver a renacer en un abanico de tempos enlazados sin solución de continuidad. A destacar también aquí el papel del piano y los sintetizadores de su hermano Jesús, recién entrado en el grupo en sustitución de Jean Luc Vallet.
Mayor intimidad tiene la introspectiva “La escuela” en la que Jorge Pardo navega por una atmósfera de guitarra eléctrica, piano y percusión, luciendo su maestría con el saxo soprano, el tenor y la flauta. Una pieza difícil y atractiva para un oyente ávido de nuevas sensaciones sonoras.
Con “La canción para celebrar el nacimiento de un niño” la voz onomatopéyica de Pedro Ruy-Blas nos lleva a un bautizo en la que las partes vocales quedan suspendidas en el aire, colgadas de las congas y otras percusiones. El papel de Pedro aquí sencillamente es la de un virtuoso de la garganta.
“Makakos” es el tema más breve, apenas un par de minutos, en el que las diferentes fusionessonoras del grupo quedan bien patentes. La libertad de un ritmo hiperacelerado para apoyar una melodía de notas largas y acordes eternos la convierten en un número formalmente muy interesante.
Cierra el disco otra pieza más hispana que española: “A place to face” en la que el saxo de Jorge Pardo y las percusiones de Rubem Dantas y el propio Pedro compiten por captar la atención del oyente con la guitarra y el piano eléctrico atentos a rellenar cualquier resquicio sonoro.
En suma, un álbum olvidado muy a tener en cuenta. Seguramente una de las desconocidas cumbres del jazz fusión hecho en nuestro país.