Aclaración...

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martes, 27 de septiembre de 2016

La Tecnocracia al Poder


El Gran Hermano modernizado, en un mundo donde la forma de vida que impone el neoliberalismo forma individulistas-consumistas desde la cuna, donde los tecnócratas vienen ocupando lugares de peso en el armado de la nueva política a su vez que impulsa sistemas de pensamiento que llevan a agrupaciones como Corporación Cambiemos S. A. al poder... aquí un pequeño análisis del aparentemente nuevo (aunque no haya nada nuevo bajo el sol) esquema social que crea monstruos suicidas en todo el mundo.



La política será tecnocrática o no será, podría ser la máxima que define, parcialmente, al nuevo elenco de "los que mandan" en este teatro de la realidad. Desde su nacimiento, en 2001, el Pro de Marioneta Macri desplegó mecanismos que se apartaron notoriamente de los modos imperantes de hacer política en una buena parte de la centuria pasada, cuya praxis tenía a la masa como sujeto político por excelencia.
Corporación Cambiemos S.A. puede jactarse haber creado un nuevo método para el hacer política del siglo XX: es no sólo superficial y teatral, sino que también atravesado por las maneras que rigen el mundo empresarial, basta ver los CEOs en los distintos ministerios, y como modelo cultural. Imponiendo el individualismo neoliberal y jugando al blanco o negro (sindicándo la política como prebendaria y casi enferma terminal, en una traaspolación del sector privado a lo público), diseminando una visión de país, de organización, de estructura social donde las Corporaciones se meten en el todo social y abarcan también las subjetividades de cada individuo, convirtiéndose en un Gran Hermano todopoderoso y tecnocrático que intenta controlar no sólo lo que se hace sino también lo que se piensa, aunque poco en su relato tenga mucho sentido.


¿Qué lleva a ciudadanos apolíticos y a un sector de jóvenes no sólo a votar a ofertas de derechas y/o neoliberales, sino incluso a militar abiertamente en partidos de estos signos?. La nueva derecha le encuentra la vuelta para acomodarse a los tiempos que corren y utilizan todos los medios que están en su poder: mercadotecnia, propaganda, operaciones mediáticas y formadores de opinión para que bastos sectores de la sociedad aprendar del los beneficios del individualismo, del egosísmo y del consumismo exacerbado, mientras que se lanza contra la solidaridad social, la política tradicional, en un lavado de cabeza a nivel social que convierte a la antigua fraternidad e igualdad en un sálvese quien pueda donde hay un únido ganador: el Gran Hermano formado por 1% de la población, la concentración protagonizada por Corporaciones, Banca y Sintema Financiero.

La tecnocracia y los asesores de marketing político manejan no solamente la imagen del poder, ellos hacen toda la puesta en escena, el arte del simulacro sobre el que se cimenta el relato del poder, esa burda puesta en escena de la que hablamos en la nota de ayer (Crimen de Lesa Comunicación: La Farsa y el Genocidio de la Lógica) aún alcanza para hipnotizar a algunos fanatizados consumidores de relatos de un supuesto librepensamiento de mercado, esa farsa que teatraliza la realidad y la política en todo un ejemplo del "doblepensar" en la sociedad mercantilista y neoliberal actual. Orwell tendría que haber conocido esta tecnocracia teatral.
Hoy, justamente, me topo con esta nota, en relación a este tema.




La política teatralizada: Una mirada a la manipulación y control social del Gran Hermano


El arte del simulacro; una especie de demiurgo contemporáneo que construye una realidad sobre la base de un relato que hoy vive la política argentina. Algo peligroso si proviene del propio Gobierno.
Mauricio Macri y su enorme comité de campaña permanente escribieron recientemente un nuevo capítulo en la extensa saga de puestas en escena. La política vivió un episodio burlesco al exhibir al Presidente rodeado de ciudadanos en un ómnibus de línea, transitando las calles polvorientas de la provincia de Buenos Aires.
El objetivo primero era mostrar al mandatario cerca de la gente y en un lugar donde conviven la marginalidad con las mil y una vulnerabilidades de un tejido social hilachento. El intento hubiese sido exitoso de no haberse conocido -casi inmediatamente- el ‘detrás de cámaras’ que probaba la nula espontaneidad del acto.
Pero los asesores de Macri renovaron la apuesta. Hicieron desfilar a todo el gabinete nacional, y dirigentes del partido oficialista de Cambiemos, por los domicilios de cientos de vecinos -celosamente seleccionados [muchos de ellos militantes del propio partido]- para dar el mismo mensaje de proximidad.
Un ‘show’ que de tantas repeticiones resulta patético. El pretendido efecto sorpresa y ‘humanizante’ de nuestro Presidente y compañía no es más que un engaño que a esta altura de la crisis social que vive el país termina por convertirse en ofensivo.
Estos ‘pases de comedia’ también tuvieron sus capítulos internacionales. En el reciente viaje de Macri a Nueva York para participar de una nueva edición de la Asamblea General de las Naciones Unidas, mostró al presidente argentino paseando relajadamente junto a su esposa por los verdes paisajes de Central Park. Una foto novelada, sin duda.
Sin embargo, nada fue lo que pareció. El paseo en bicicleta de Mauricio y Juliana, como felices enamorados, resultó una postal ideada por sus asesores de imágenes y de comunicación. Una vez más se buscó mostrar una política teatralizada, de fuerte impacto visual pero peleada con las fidelidades de la ética. Hacer política es otra cosa.
Sin detenernos en los papelones diplomáticos que el presidente argentino hiciera en torno a una causa nacional tan sensible como el reclamo de soberanía por las Islas Malvinas -episodio en el cual la propia canciller, Susana Malcorra tuvo que salir rápidamente a desdecirlo- la política perdió la calle y se adueño de las redes sociales.
Y esa derrota cultural, de reacción fáctica con los problemas diarios, hoy se desenvuelve en fotomontajes y relatos afiebrados aprovechando el anonimato y la masividad que permite Internet y sus infinitas posibilidades de ramificación. Si bien resulta un fenómeno mundial en Argentina, bajo este gobierno, adoptó la condición de axioma.
Ahora bien: en una política teatralizada los problemas no se solucionan sino que se enmascaran, y ese es el conflicto en pugna: descifrar la dimensión real del peligro que oculta una gestión maquillada y puesta a simular gobernabilidad.
Gastón Fiorda

Pero, más allá de la puesta en escena y la farsa ¿qué es lo que lleva a una sociedad a apoyar a una revolución neoliberal que notoriamente va en contra de las grandes mayorías? Por ejemplo, unos 3.200 comercios de Capital Federal y Gran Buenos Aires cerraron sus puertas en los últimos cuatro meses (13.000 trabajadores que se sumanal ejército de desocupados que deja este modelo), a raíz de la recesión económica. Los tarifazos, la inflación... pero la culpa no es del chancho ni de los psicópatas que vinieron para afanarse todo a cuatro manos antes de que los corran hasta el helicóptero, sino de los cretinos que los apoyan y justifican, aún siendo perjudicados.
¿Y cómo uno encuentra una lógica a esta situación?

No es posible entender la lógica en el genocidio de la lógica, no es posible entender quienes creen en la puesta en escena sin entender qué es lo que quiere ver el público que DESEA ver esta mentira porque lo único que le interesa es consumir incansablemente, y por ello hoy vivimos una realidad únicamente posible porque en la escala de valores sociales prima el dinero y lo material por sobre el desarrollo del ser humano...



Los cachorros de la derecha
 

¿Cuáles son los motivos que llevan a amplios sectores de jóvenes a alinearse con dos partidos descarnadamente neoliberales? ¿En qué se basa la capacidad de seducción del Gran Hermano? A continuación se desgranan algunas intuiciones a partir de las cuales investigar este aspecto:
Los procesos de emancipación latinoamericanos se están viendo con grandes dificultades para seducir a los jóvenes. El primero es la situación económica actual del subcontinente, muy alejada de la bonanza de la primera década del siglo. Pero no es el único factor. También influyen el aumento de expectativas por parte de unos jóvenes con una capacitación muy superior a la de sus progenitores; su autopercepción como clase media; su elevada demanda de consumo (con todo el imaginario que conlleva); la naturalización de derechos que en épocas pasadas no existían; el cansancio ante opciones gobernantes que en algunos casos llevan en el poder más de tres lustros y, por tanto, son las únicas que muchos jóvenes han conocido.
A pesar de este pragmatismo, es importante no caer en el estereotipo fácil de catalogar a gran parte de la nueva juventud latinoamericana como descreída, cómoda, cínica, desideologizada, materialista... Ellos no se ven así, y lo que concoen es su "esfuerzo" por lograr una vida digna, cómoda, tranquila, lo más ostentosa posible y sin que los negros vagos vengan a quietarles lo que tanto esfuerzo les llevó conseguir.

La derecha neoliberal ha tomado la apariecia de modernidad, ha sabido apropiarse del discurso de lo nuevo y todo lo que este concepto lleva aparejado: modernidad, progreso, desarrollo, avance. Ya desde su supremacía en las redes sociales como campo de batalla desde el cual ganar la guerra ideológica. En su relato, la solidaridad y cualquier tipo de factor de cohesión social son de otra época. El discurso también es estético, se mueven con soltura en las redes sociales, donde son hegemónicos. Este imaginario, obviamente, mira hacia Estados Unidos y Europa occidental. Rompe así con la reivindicación latinoamericana, retornando a la subordinación a las culturas colonizadoras.
Utilización de la palabra. Significativos como "libertad" son caracterizados contra la "dictadura" populista que está plagada de "negros vagos" que no quieren trabajar y sólo pretenden vivir de los planes sociales, mientras se acentúa el sentimiento de pertenecer a una élite que se eleva por encima de una sociedad a la que consideran pasiva, conformista y clientelar en pos de la "meritocracia" reclamada hasta en comerciales de TV para promocionar autos. Lo mismo sucede con la trangiversación de palabras como "progreso", "patria" (muy utilizada, junto con la escarapela, el campo y la vaquita, en el conflicto de la 125, por ejemplo) o la "democracia" y "libertad". Ya hemos hablado de la utilización de la palabra por parte del sistema de dominación es permanente y podríamos enumerar millones de ejemplos, pero la siguiente nota referida a la utilización política solamente de Facebook es una excelente síntesis.






Facebook y el algoritmo de la "curación de contenidos"

Durante el primer semestre el gobierno de Macri repartió pauta oficial a discreción por 800 millones de pesos. Clarín, Crónica, La Nación, Facebook y Google los mayores beneficiados con incrementos de hasta un 530%. Los más perjudicados, todos los medios críticos al gobierno. Este lineamiento no solo con los diarios oficialistas Clarín y La Nación es entendible, y también su acercamiento a Facebook y Google, en esta sintonía de modernización tan fashion.



Este grupo de grandes medios encabezados por Clarín, Crónica, La Nación, Facebook y Google con una línea editorial claramente a favor del gobierno, recibieron un incremento en el volumen de la pauta de hasta 530% respecto al primer semestre del 2015, quitándosela a otros medios que mantiene una línea opositora. Y si alguien duda de la capacidad de la aficacia en la influencia social y la
manipulación de sus contenidos de los gigantes de la red, les traigo la siguiente nota que invito a leerlas completa.

Cada viernes, Mark Zuckerberg, creador y CEO de Facebook, dedica una sesión de una hora a responder las preguntas que le dirigen sus empleados. Antes de las sesiones, la empresa manda un cuestionario a los trabajadores para que indiquen los temas de los que creen que el CEO debería hablar. El pasado 4 de marzo, observando la deriva que estaban tomando las primarias republicanas con Donald Trump a la cabeza, los empleados de la red social pidieron tratar este tema y le lanzaron a Zuckerberg la siguiente pregunta: ¿Qué puede hacer Facebook para ayudar a prevenir que Trump sea presidente en 2017?

Este episodio, que fue publicado por el portal tecnológico Gizmodo, provocó especulaciones sobre las intenciones y las prácticas secretas de Facebook. Ante ello, un portavoz de la red social respondió con el mismo mensaje que la compañía ha utilizado en ocasiones similares: “Votar es la base de un sistema democrático y nosotros creemos que dar apoyo a la participación cívica es una contribución importante que podemos hacer a la comunidad. Como compañía somos neutrales. Ni hemos utilizado, ni vamos a utilizar nuestros productos de forma que podamos influenciar cómo vota la gente”.

Pero las especulaciones sobre las intenciones de la red social no se detuvieron. En Gizmodo apuntaban que la compañía podría estar ocultando deliberadamente el contenido relacionado con Trump o con el partido conservador. Un par de meses después, el conflicto se agravó cuando varios extrabajadores de Facebook acusaron a la red de omitir de forma sistemática contenido de interés para lectores conservadores. Los propios trabajadores admitían que recibieron formación para hacer un trabajo manual como curadores de noticias. Una parte importante de este trabajo consistía en incluir determinadas noticias y omitir otras en el módulo de “tendencias”, donde la red social ubica aquellos temas de los que más se está hablando en cada momento (una herramienta similar a los trending topics de Twitter). Uno de estos extrabajadores citado en Gizmodo admitía que “Aquello no era una muestra neutral de las tendencias, sino una selección subjetiva, era opinión”.

En esta ocasión la respuesta de Facebook fue alegar que las directrices para curar noticias en la red social no permiten eliminar ningún tipo de contenido político, ni tampoco priorizar una opinión por encima de otra. De hecho, según el vicepresidente del departamento de búsquedas, Tom Stocky, el propio sistema de curación funciona a partir de un algoritmo y la revisión manual tan sólo tiene como objetivo el control de contenidos no apropiados o bien que no son reales.

Este caso ha abierto el debate sobre el papel que la red social puede desempeñar en la esfera pública, por ejemplo, influenciando a la opinión pública hasta el punto de condicionar sus decisiones ante unas elecciones. El problema, según han apuntado muchos analistas, es que existe una opacidad absoluta respecto a lo que hace o deja de hacer Facebook. Además, la red social siempre tiene una doble capa de protección que utiliza en casos como el de la curación de contenidos. La compañía se defiende alegando que es el algoritmo, y su aparente neutralidad, el que decide la suerte de estos contenidos. Este es un argumento débil, ya que, como apunta el periodista Seth Fiegerman, al final, “algoritmo” es tan sólo una palabra para describir una fórmula matemática escrita por humanos. En otras palabras, los algoritmos no son neutrales.

En realidad, estamos ante uno de los grandes debates a los que los grandes gigantes de la red tendrán que hacer frente. Son muchos los que, como el propio Fiegerman, apuntan que las tecnológicas deberán ir incrementando sus niveles de transparencia. El motivo es muy simple: sus algoritmos han pasado a tener una gran importancia en nuestras vidas.

Facebook tiene un papel fundamental en el proceso de información de la ciudadanía. Un ejemplo: el 50% de los universitarios estadounidenses admiten que siguen la actualidad de las elecciones presidenciales a través de la red. En pocos años el invento de Mark Zuckerberg y sus compañeros de Harvard se ha convertido en la principal puerta de entrada a la información política para buena parte de la ciudadanía, hasta el punto de que los principales medios de comunicación consideran a Facebook como la primera fuente de acceso a sus noticias.

Pero su capacidad de influencia va más allá. En la red no sólo podemos encontrar las noticias, sino también la reacción de nuestra comunidad hacia la actualidad. Esto es, si cabe, más importante. Los estudios sobre el comportamiento de los usuarios han concluido que estos tienden a prestar más atención a los posts de sus contactos que a los de los medios o a los de los propios partidos.

Uno de estos estudios analizó un experimentó que Facebook llevó a cabo en 2010. Este experimento se llevó a cabo durante las midterms americanas y consistió en activar una opción para que determinados usuarios pudieran enviar un mensaje de aviso una vez que habían votado. El análisis concluyó que el mensaje había movilizado a 60.000 votantes y que estos, a su vez, habían sido capaces de contagiar a 280.000 votantes más. Quedó demostrado que los usuarios que veían que sus contactos habían ido a votar tenían un 3% más de posibilidades de ir a votar que aquellos a los que no les aparecía el mensaje.

Este descubrimiento fue uno de los primeros “incendios” con los que la red social tuvo que lidiar. A los problemas éticos de realizar experimentos en la vida real –unas elecciones al Congreso–, se sumaba otro gran interrogante que en su momento ya apuntaron analistas como Micah Sifry: ¿cuántos experimentos ha hecho Facebook sin que supiéramos de su existencia?

Como apunta el periodista Jason Abbruzzese, con el actual nivel de transparencia todo lo que podemos hacer es creernos la palabra de Zuckerberg y de su equipo. Aunque después de las últimas acusaciones, esto es cada vez más difícil. Ya no es sólo la sospecha vertida por los exempleados sobre la manipulación de sus contenidos, es que la propia pregunta de la actual plantilla ya es por sí misma una declaración de intenciones, cuando no una prueba de que estos consideran que la red social debe ser una herramienta con unos objetivos políticos concretos. Zuckerberg, por su parte, no lo ve así. Es consciente de que la neutralidad de la red social es un aspecto fundamental para el futuro de Facebook y de su negocio. Y no va mal encaminado. Si pierde la confianza de los usuarios por problemas de posicionamiento político, todo el modelo puede verse afectado. Y lo que es peor, en el camino habría hecho un flaco favor a la democracia.
Edgar Rovira



Yo nunca me metí en política, soy macrista

Gran parte de la clase media considera estéril la dinámica política, al estar manipulada por la ideologías (como si el neoliberalismo no fuese una ideología disfrazada como la verdad misma). La desidiologización también se convierte en un elemento relevante de la autodefinición de muchas personas y especialmente los jóvenes; la izquierda o el populismo es visto como cercanos a la violencia y crispación, a las crisis de la inflación, la corrupción, etc.
La cercanía de muchas personas a ideas de derecha, radica en su deseo de tener un país seguro, con oportunidades para el desarrollo de sus carreras profesionales y donde los límites al consumo, el disfrute, la diversión, el entretenimiento y el bienestar individual no existan.

 

Las derechas prestan especial atención a la educación (eso siempre lo han hecho). La educación es un área fácil de desideologizar, por eso las ofertas políticas del neoliberalismo hacen tanto hincapié en ella. 
Una de las lógicas y valores que promueven es el mérito, como legitimación de la aspiración y el posterior logro (el ideario neoliberal hasta crea publicacidades en base a la "meritocracia"). Es la receta infalible, la poción mágica que permitirá a las personas salir de su situación y emprender el camino del ascenso social. Si no lo logra, la culpa será suya puesto que no ha aprovechado las oportunidades. De esta forma, se elimina la cuestión de clase. Cualquiera puede llegar a la cúspide (pero ojo que "cualquiera" no significa "todos").

Huelga decir que la educación no es entendida como formación integral de la persona ni mucho menos como fomentar la visión crítica para la transformación de la realidad, sino como el pasaporte para el mercado laboral.
Hoy, más que nunca, los referentes son globales, especialmente los culturales y de ocio. El capitalismo encuentra aquí un importante productor de sentido común dirigido, sobre todo a la juventud. Mitos e ídolos son funcionales al sistema. No es casual que la derecha latinoamericana busque apoyo en esos referentes para llegar a los jóvenes.

El individualismo, el comsumismo, la superficialidad, y la exaltación del bienestar propio son los medios por el cual el Gran Hermano Capitalista está barriendo con toda la ideología que podría poner palos en las ruedas, al mismo tiempo que impone formas de vida y reglas de juego funcionales al establishment.




Juventud divino tesoro

La dinámica de la globalización y el desarrollo de las nuevas teconologías les permiten a los jóvenes estar interconectados y acceder a un paisaje psicosocial aparentemente muy amplio y libre, pero la realidad no es tan así. Cada año millones de jóvenes alcanzan y obtienen el derecho al voto. Constituyen una fuerza decisoria en cada nueva elección que se convoca, pero su influencia no es sólo electoral. Tienen una fuerza creciente en la instalación de sentido común y, en muchas ocasiones, de liderazgo. Estas nuevas hornadas de votantes se decantan en un buen porcentaje por opciones de derecha o por la abstención, siendo cada vez más exiguo el número de nuevos electores que se adhieren a las propuestas progresistas. Así se explican las recientes derrotas en Argentina o Bolivia. Y es una tendencia que continúa al alza.

El voto joven está optando por propuestas de derecha o por la abstención. La explicación más obvia es la decepción ante unas opciones de izquierda que en la coyuntura económica actual no son capaces de mantener los niveles de consumo, de satisfacción de aspiraciones y de provisión de derechos y necesidades.
 
Las nuevas tecnologías, las redes sociales, la televisión, la apertura al exterior con viajes incluidos y una perspectiva decididamente urbana le proporcionan una mirada que se aboca por continuo hacia afuera y más en concreto hacia aquellas sociedades que entiende más avanzadas (Estados Unidos y Europa, preferentemente) expresa un anhelo de modernidad y rechaza todos
los estereotipos negativos que asocia con Latinoamérica: atraso, ineficiencia, desorganización, corrupción... odiarían estar más aislados, con poca
capacidad de acceso a tecnología y medios de comunicación. Por otra parte, han naturalizado los derechos individuales y sociales, cuyo disfrute dan por sentado con independencia de quién gobierne.

Las derechas han sabido reacomodarse, y están consiguiendo conectar con buena parte del electorado joven:  se están apropiando del mensaje de cambio y futuro que demandan los jóvenes. En la guerra de las expectativas, las diferentes oposiciones cobran ventaja mientras que los Gobiernos progresistas y partidos y movimientos que lo sustentan parecen haberse quedado anclados en el pasado. El mensaje no deja lugar a dudas: "Cambio". Este cambio se presenta como un valor simbólico en sí mismo, el tótem del cambio por el cambio, el trayecto hacia unos conceptos difusos (mejora, progreso, eficiencia, desarrollo) que se logrará a través de unos instrumentos también poco concretos (gestión, capacitación, merito, honradez) y evitando cualquier mención a nociones como "ideología", "política", "disputa partidaria", "enfrentamiento de clases", etc... Con respecto a esta última idea, las derechas abogan por una unidad en torno a la nacionalidad ("todos somos argentinos...") como superación de la supuesta polarización y crispasión a la que el gobierno "progresista" ha sumido al país.

Esta oferta difusa, líquida, gelatinosa, está demostrando que es capaz de conectar con grandes masas de jóvenes. El manto de modernidad, de oferta para el presente y el futuro frente a unos movimientos a los que se dibuja como anacrónicos, como propios de un tiempo que ya pasó, les confiere un mayor atractivo a los ojos de un elector sin pasado que no ve el regreso del neoliberalismo, sino la irrupción de una nueva fuerza que conecta con
su imaginario.




De cómo derrertir cerebros

Las fórmulas hechas, los juicios estereotipados, las afirmaciones contundentes repetidas hasta el hartazgo todos los días del año y todos los años de una vida por los medios catequizadores del sistema (el llamado poder simbólico), son verdaderos kits de interpretaciones, concepciones y explicaciones listas para usar: traen la ventaja de no fatigar el cerebro operando trabajosamente por propia cuenta. El poder simbólico orienta, dirige, tutela el pensamiento, particularmente, el pensamiento político y con él las prácticas electorales, los apoyos y los rechazos. El poder simbólico suele valerse de fórmulas, algunas de probada eficacia (sin entrar en detalles inquietantes) en otras comarcas de la tierra. En los días que corren, la fórmula del odio se sitúa entre las preferidas y reconoce ilustres progenitores. Quien fue en vida un célebre personaje germano (aun cuenta con devotos admiradores), sostenía lo siguiente: para afirmarse sólidamente contra un rival o adversario, es necesario pintarlo con los más negros colores, valiéndose de todos los medios disponibles e imaginables. Esta ¿idea?, es de Adolfo Hitler, capítulo V de Mein Kampf (Mi Lucha).

El sistema capitalista necesita que sus dominados se adapten (se conformen, se resignen) de la mejor manera a cada una de las coyunturas económicas, políticas y sociales que atraviesa. El punto de partida es la personalidad básica que el sistema inocula en el proceso de socialización, que con todas las modificaciones y variedades que se le quiera atribuir, no para de operar un solo minuto y con el irrenunciable objetivo de mantener la dominación. El eminente Jean Piaget escribía: “Más aún que el medio físico, la sociedad transforma al individuo en su misma estructura, porque no sólo lo obliga a reconocer los hechos, sino que le provee de un sistema enteramente construido de signos que modifican su pensamiento, le propone nuevos valores y le impone una serie indefinida de obligaciones” (La Psychologie de l´Inteligence, Armando Colin, Paris, 1967, pág 167). Como se verá enseguida, el sistema va más allá de la modelación de los tipos humanos que precisa: necesita controlarlos en su día a día.

El Gran Hermano detesta que se revelen las causas profundas de los males que provoca: lo que impacta en la percepción debe quedar apenas en un superficial desliz sobre hechos ajenos a la matriz que les da sentido. Es claro que la gente común necesita creer en algo, sobre todo en algo que satisfaga al sistema y al gobierno: creer, por ejemplo, en el libre mercado, en la libertad de iniciativa y en el progreso mediante el esfuerzo personal, hoy con la colaboración de una supuestamente liberadora tecnología que debe ser vorazmente consumida; creer en la política como actividad enteramente corrupta, particularmente cuando ejercida por los que quedaron fuera del gobierno y son tratados como escoria humana irrecuperable; y sobre todo creer en un estilo de vida (y practicarlo sin concesiones), en que cada cual debe ocuparse exclusivamente de lo suyo sin importar que el prójimo flote o se esté hundiendo, si fue arrojado violentamente de su empleo, obsequiado con persuasivas balas de goma y esté viviendo la angustia del que vio derrumbar de un día para otro su estructura de vida personal y familiar. “El otro no me importa”, sintetizo Bernardo Kliksberg, esa actitud que el sistema divulga como la sensatez personificada. Si se quiere dar un nombre a esta modalidad de estar en el mundo, (porque induce a establecer ciertos tipos de relaciones y a privilegiar indiferencias y insensibilidades) la llamaremos egoísmo patológico. En definitiva: hay que “hacerle” la cabeza a la gente para que piense mal, para que no irrumpa en su cerebro un pensar autónomo que ponga en riesgo la cultura de la dominación en su específica manifestación coyuntural, para que se instalen en el cerebro las barreras que impidan el advenimiento de un pensar que dispensa la heteronomía. Hablar y pensar son facultades humanas. No se nace sabiendo hablar ni sabiendo pensar: se aprende. Y el aprendizaje ocurre en un medio socio - cultural específico. La facultad del habla puede servir para emitir incoherencias e inanidades y la facultad de pensar para revolcarse en un permanente galimatías. O para los mayores logros intelectuales. El dicho popular advierte que el individuo desconcertado anda como turco en la neblina. Hoy son demasiados los que deambulan en la neblina y no son turcos (con todo respeto hacia ese pueblo).

Pasemos rápida revista a algunas...

La percepción de una realidad construida para el engaño, es un formidable instrumento del poder. Leamos lo siguiente: “Ahora somos un imperio y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras ustedes estudian esa realidad, juiciosamente, como ustedes quieren, nosotros actuamos nuevamente y creamos otras realidades nuevas, que ustedes pueden estudiar igualmente y así suceden las cosas. Nosotros somos los actores de la historia (…) y ustedes, todos ustedes, sólo pueden estudiar lo que nosotros hacemos”.

El autor de estas palabras, pronunciadas en 2004 cuando era consejero mayor y principal estratega político del presidente Geoge W. Busch, de los Estados Unidos, se llama Karl Rove. Mientras los Rove fabrican realidades, advierte el filósofo y novelista italiano Roberto Quaglia, “sentados frente al televisor y observando películas made en Hollywood, incorporamos los estándares hollywoodenses de interpretación de la realidad, que influyen en la manera de pensar, de vestirse, lo que debemos comer y beber y… cómo expresar la disidencia”.

En una nota firmada por Germán Gorraiz López (¿Nuevo Mayo del 68 en Europa?, Telesur.net, 2/9/2015) leemos lo siguiente: “Edward L. Bernays, sobrino de Sigmund Freud y uno de los pioneros en el estudio de la psicología de masas, escribió en su libro Propaganda (atención a la fecha de publicación: 1928): “La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país (Estados Unidos. L.P.). Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas por hombres de los que nunca hemos escuchado hablar”. En un libro posterior, Cristalizando la Opinión Pública, Bermays se propuso desentrañar mecanismos cerebrales y la influencia de la propaganda como método para unificar el pensamiento de millones de seres. Finalmente, escribe Gorraiz López: “El actual sistema dominante (…) utilizaría la dictadura invisible del consumismo compulsivo de bienes materiales para anular los ideales del individuo primigenio y transformarlo en un ser acrítico, miedoso y conformista…”

Hace más de ocho décadas, el señor Bernays descorría el velo (no precisamente el único) que ocultaba y aún oculta, para los no avisados, la verdad de la democracia capitalista que suele mentarse como “democracia” sin adjetivos; el nieto del ilustre abuelo denunciaba una gigantesca operación heteronómica: una modelación de masas, una reducción del pensar a pura fantasía.

Veinte años más tarde, en Las formas ocultas de la propaganda (de 1957), Vance Packard describió un “extraño y más bien exótico” tipo de influencia que estaba surgiendo rápidamente en Estados Unidos: los ejecutivos corporativos y los políticos estadounidenses estaban empezando a emplear métodos, completamente indetectables, para cambiar el pensamiento, las emociones y el comportamiento de las personas, basados en la psiquiatría y las ciencias sociales. Se trataba de la estimulación subliminal, o lo que Packard denominó “efectos por debajo del umbral”: presentación de mensajes muy breves – una fracción de segundo - que ordenan lo que debemos hacer, sin que tengamos conciencia de haberlos visto.

Packard denunciaba que las corporaciones más poderosas buscaban y en muchos casos ya estaban aplicando, una gran variedad de técnicas de control de las personas sin el conocimiento de estas. En estrecha colaboración con científicos sociales, intentaban conseguir que la gente comprara cosas que no necesitaba (el consumismo, que le dicen) y de condicionar a los niños pequeños para que devinieran buenos consumidores. Aconsejadas por las ciencias sociales, las corporaciones aprendieron rápidamente los procedimientos para aprovechar las inseguridades, las flaquezas, los temores inconscientes, la agresividad y el deseo sexual de las personas para modificar su forma de pensar, sus emociones y comportamientos, sin que supieran que eran manipuladas. Packard citaba al economista inglés Kenneth Boulding: “Es concebible un mundo de dictadores ocultos que continúen empleando formas democráticas de gobierno”.

Las fuerzas descriptas por Packard se han hecho aún más sutiles, denuncia Robert Epstein: “La música relajante que oímos en el supermercado hace que caminemos más lentamente y compremos más alimentos, los necesitemos o no. Muchos de los insustanciales pensamientos e intensos sentimientos que viven nuestros adolescentes desde que se levantan hasta que se acuestan están cuidadosamente orquestados por habilísimos profesionales del marketing que trabajan en las industrias de la moda y el entretenimiento. Los políticos se valen de una gran variedad de consultores que estudian las maneras de atraer jovencitos; la vestimenta, la entonación, la expresión facial, el maquillaje, el peinado y el discurso, todo es optimizado al máximo, tal como se hace con el envase de la leche para el desayuno”.

Para entender cómo funcionan las nuevas herramientas de control mental se necesita examinar los motores de búsqueda en Internet, propone Epstein, sobre todo Google, el mayor y el mejor de todos ellos, hoy convertido en el verbo “guglear” en todos los idiomas. La mayoría de los usuarios de computadoras en el mundo entero “guglean” para conseguir la mayor parte de la información que necesitan acerca de cualquier cosa. Google ha llegado a ser la principal puerta de entrada de virtualmente todo el conocimiento, porque nos da la información que estamos buscando, casi instantáneamente y casi siempre en la primera posición de la lista que aparece cuando iniciamos la búsqueda.

La ordenación de esa lista es tan buena, prosigue Epstein, que alrededor del 50% de lo que buscamos está en los dos primeros ítems y más del 90 % entre los 10 ítems de la primera página de resultados; muy pocas personas miran las demás páginas de resultados, a pesar que a menudo puede haber mucha información valiosa. Google decide cuál – de los miles de millones de páginas web – será la página web que aparecerá en nuestra lista de resultados; también decide el orden en que las presentará. Cómo decide estas cosas es un secreto profundo y oscuro; uno de los mejor guardados del mundo, como la fórmula de la Coca-Cola. Debido a que es muy probable que los navegantes lean los primeros ítems de la lista de resultados y hagan click en alguno de ellos, las empresas están gastando miles de millones cada año tratando de engañar al algoritmo de búsqueda – el programa informático que selecciona y ordena los ítems buscados – de Google, para que ponga su página uno o dos escalones más arriba. Un peldaño más arriba puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso de un negocio y estar entre los 10 primeros ítems, puede ser la posibilidad de hacer muchísimo dinero.

“La posición de Google en las búsquedas en Internet es prácticamente monopólica: según el Centro de Investigación Pew, un 83% de los estadounidenses declara que Google es el motor de búsqueda que utiliza con más frecuencia. Por lo tanto, si Google favorece a un candidato en unas elecciones, el impacto en los votantes indecisos podría decidir el resultado de esa votación. Hoy día, Google tiene la posibilidad de darle la vuelta al 25 por ciento de las elecciones nacionales de todo el mundo sin que nadie se dé cuenta. De hecho, los ordenamientos de resultados de la búsqueda de Google han hecho impacto en muchas elecciones durante mucho tiempo, un impacto que crece de año en año. Y debido a que los resultados de la búsqueda son fugaces, no dejan huella escrita y pueden ser negados tajantemente por la compañía”

No es difícil concluir que vivimos en un mundo en que unas pocas corporaciones munidas de alta tecnología y varios gobiernos, en concordancia con aquellas o por su sola cuenta, vigilan nuestras actividades, controlan lo que pensamos y nos imponen una suerte de agenda de lo que debemos pensar y sobre todo, cómo pensarlo. Ciertas frases, harto repetidas por la propaganda comercial y política se transforman en lugares comunes de nuestra verbalización cotidiana y nuestros juicios y opiniones: conforman nuestro saber. La tecnología actual posibilita la manipulación indetectable de poblaciones enteras en un grado que no tiene precedentes en la historia de la humanidad: no deja huella alguna y está fuera de toda ley y regulación. Lo que apuntó Vance Packard es una insignificancia comparado con el instrumental que hoy maneja el sistema de dominación.

No muchos años atrás, Zbigniev Brzezinski, en su libro Entre dos Edades, de 1971, abogaba por el control de la población por una èlite mediante la “manipulación electrónica”: “la era tecnotrónica, afirmaba, involucra la aparición gradual de una sociedad más controlada y dominada por una èlite sin las restricciones de los valores tradicionales, por lo que pronto será posible asegurar la vigilancia casi continua sobre cada ciudadano, archivos que estarán sujetos a la recuperación instantánea de las autoridades”. Ya está ocurriendo.

Pensadores eminentes se vienen ocupando del masivo control del pensamiento y con él, de las prácticas cotidianas. Filósofos de la escuela de Frankfort trabajaron (y actualmente la tercera generación de la estirpe frankfortiana continúa haciéndolo) sobre los procesos sociales que patologizan la razón, o impiden que la humana facultad de pensar supere la más flagrante irracionalidad que supone consentir la dominación que somete a los sujetos a simples marionetas.

Horkheimer advierte sobre la organización de la sociedad: la reputa de irracional. Adorno habla de un mundo administrado y Marcusse de un hombre reducido a una única dimensión en desmedro de sus múltiples potencialidades. Habermas sostiene que el mundo de la vida está colonizado y del análisis de Luckacs, influyente sobre los frankfortianos, se sigue que la forma de la praxis que prevalece en el capitalismo, obliga a ser indiferente a los aspectos de valor de otros seres humanos.

Es decir (para detenernos un minuto en esto último), en lugar de relaciones que entrañen el recíproco reconocimiento por el mero hecho de ser el otro una criatura humana, prevalece la indiferencia o la consideración del otro como alguien que no importa, como fue dicho más arriba, o como un objeto de interés que eventualmente satisface o llegue a satisfacer los más egoístas intereses personales. En el capitalismo, la razón como posibilidad no distorsionada para acceder a las fuentes generadoras del error y la sinrazón estaría impedida estructuralmente. “Las circunstancias sociales que constituyen la patología de la sociedad capitalista, tienen la característica estructural de velar precisamente aquellos hechos que serían motivo de una crítica pública particularmente dura (…) Es un sistema de convicciones y prácticas que tienen la paradójica propiedad de sustraer a la toma de conocimiento las circunstancias sociales que a la vez también lo generaron estructuralmente” (Honneth, Axel, Patologías de la Razón, Katz Editores, Buenos Aires, 2009,p.38). La propia anomalía social obstaculiza su detección y la lucha contra ella.

La patologización de la razón en las clases subalternas y en los sectores medios, con las particularidades propias de cada situación social, de cada momento histórico, de cada tradición cultural, nos da elocuentes ejemplos de aberraciones en el pensar y el obrar que de hecho hacen víctimas que consienten el mal que les es inferido: la Argentina de hoy es un buen ejemplo de conductas que son complicidades objetivas con las políticas destructoras y muestra del anonadamiento reaccional de multitudes victimadas por la impiadosa y vertiginosa demolición de lo que fuera su normalidad cotidiana. El veneno que los medios vierten sistemáticamente desde siempre, seguramente potenciado en los últimos años, ha hecho un buen trabajo; pero atención, el éxito en los cerebros ha sido posible porque el mero proceso de socialización cultural en una sociedad capitalista como la nuestra, que nunca perdió la marca de su origen colonial, crea en la razón de los diversos grupos sociales las condiciones psico – culturales para una receptividad acrítica de ese veneno.

La dominación tiene una cultura que de manera diferenciada alcanza a todas las clases sociales, fijándoles su papel en el todo. La patologización de la razón se sigue de las formas relacionales que caracterizan la sociedad capitalista, de las prácticas cotidianas que de ellas se desprenden y de una cultura dominante que inició su carrera en los comienzos de la colonia y se fue deslizando subrepticiamente, pero no tanto que no haya podido ser encontrado en la entraña de la sociedad durante toda la historia posterior. Hablo de una cultura implícita en las prácticas cotidianas, en los modos de relacionamiento, en las especificidades conductuales de los sectores medios y altos de la sociedad, a los que no escapan los grupos sociales subalternos. Realidad menos notoria que la que se manifiesta en las expresiones literarias, filosóficas etc., pero no tan secreta que no se la pueda percibir perforando su apariencia naturalizada.

La lección es que cada sistema de vínculos interhumanos precisa desarrollar una modalidad de la razón que le sea congruente, lo que equivale a afirmar el carácter históricamente condicionado de la razón, o su modelación por el sistema de que ella emerge y al que refuerza. No hay una razón abstracta. La irracional racionalidad capitalista desestima la presencia en el individuo de metas sociales comunitarias, la autorrealización cooperativa, el interés colectivo como condición indispensable de la satisfacción individual, el reconocimiento del prójimo como un igual. Que todo esto y mucho más, esté ausente, no es producto de la naturaleza humana, es creado en el proceso llamado socialización, que puede ser explicitado como la formación de una estructura humana afín al funcionamiento del sistema.>
León Pomer - Publicado por Los Barracos



2 comentarios:

  1. La tecnocracia es una UTOPÍA en el mundo ciber-tecnológico, como la isla de Utopía de Tomas Moro, todo esto parece una cargada, a pesar de que puede ser posible.
    El único problema es que los que tienen la torta no quieren repartirla, impone las condiciones de vida y la división de las clases sociales, es por eso que la historia de la humanidad no es otra cosa que una gran lucha de clases y hasta el momento las clases bajas vienen perdiendo por afano.

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    1. Más o menos a esa síntesis quería que lleguen los lectores de la nota, por sus propios medios y sin cerrarle el tema.
      La Tecnocracia está cada vez más presente y de manera subliminal, y los medios sociales la están instaurando permanentemente, y más entre los jóvenes, educación mediante. Ponete a hablar con cualquier pibe y te repetirá cada punto tecnocrático casi a la perfección y con la sensación de que la idea es de ellos, esa es lo mejor de todo su modelo de dominación: nadie se da cuenta que son dominados y que sus ideas no son de ellos, es el doblepensar perfecto que ya nos adelantó Chomsky.

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