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viernes, 19 de agosto de 2016

Spinetta / Páez - Performances 86/04 (Bootleg DVD - 1986/2004)


Ya presentamos el disco pero ahora Pedro Rock nos trae algunas de las performances realizadas por el dúo desde los años 1986 hasta el 2004. Una excusa más, además, para celebrar la interminable obra del gran Flaquito. E imagino que en el único lugar que lo vas a encontrar es en nuestro espacio cabezón.

Artista: Spinetta / Paez
Álbum: Performances 86/04
Año: 1986/2004
Género: Rock
Nacionalidad: Argentina


Lista de Temas:
LA LA LA: MAR DEL PLATA 1986
01. Todos estos años de gente.
02. Instant-taneas.
03. Cuando el arte ataque.
LA LA LA: TEATRO CALIFORNIA, CHILE 1986
04. Rezo por vos.
05. Camafeo.
FITO PAEZ: TEATRO GRAN REX: 1990 (PRESENTACIÓN TERCER MUNDO)
06. Hay otra canción.
SPINETTA/PAEZ REUNIÓN EN HACELO POR MI (05/04/1992)
07. Todos estos años de gente.
08. Me gusta ese tajo.
SPINETTA/PAEZ/CERATI: EXPRESIDA (07-1992)
09. Seguir viviendo sin tu amor.
FITO PAEZ: TEATRO GRAN REX 2004 (SPINETTA INVITADO)
10. Las cosas tienen movimiento.
BONUS:
LUIS ALBERTO SPINETTA/CHARLY GARCIA
ÚNICA REUNIÓN EN TELEVISIÓN
11. Rezo por vos.

Alineación:
- Luis Alberto Spinetta / Guitarras eléctricas, sintetizadas y acústicas, voz
- Fito Páez / Teclados, guitarra acústica y voz
- Varios Artistas




En los recitales de este dúo han participado, además de Charly García y Gustavo Cerati (que aparecen en este video) por lo menos estos músicos, y me voy a quedar corto: Daniel Tuerto y Lucio Mazaira en batería, Fabián Llonch y "Machi" Rufino en bajo, Fabián Gallardo en guitarras, Fabiana Cantilo en vos, León Gieco en voz y armónica, y varios, varios más.
No será de lo mejor que sacó el Flaco pero ya que lo tenemos lo compartimos...
Hemos dicho sobre el disco:


En 1986, Luis Alberto Spinetta editó por Interdisc su séptimo álbum solista, Privé. Primero para él luego de dos años de parate (su último registro había sido también el final de Spinetta Jade, Madre En Años Luz), marcó para él dos cuestiones pivotales. La primera es una profundización de la experimentación con los sonidos sintéticos y programaciones en los que había incursionado en gran parte de Mondo Di Cromo (1983), en línea con los avances tecnológicos de la época y sus posibilidades de producción. El resultado, visto con los ojos siempre cínicos del futuro que mira al pasado, es una realización más bien rústica, datada, quizás excesivamente robótica, que le da a ambos álbumes -pero sobre todo a Privé, donde se palpa más fehacientemente- un tono espectral y fantasmagórico, estableciendo aún más distancia entre la aviesa poesía spinetteana y sus destinatarios a través de arreglos e instrumentaciones cuyo sentido melódico está subordinado a los medios por los que fue canalizado. Este ánimo distante que se percibe tanto en las letras como en la música de Spinetta es un reflejo fiel de los constantes coqueteos del querido Flaco con la masividad que le legaran sus proyectos más populares, de los que renegó y bebió casi con la misma asiduidad. Para él, parecía, esa popularidad era un corset innecesario, pues lo supeditaba a ser meramente un médium de aquello que la gente quería escuchar en lugar de dejarse ser y liberarse a la experiencia creativa, tal como le gustaba. La resistencia que tuvo Privé en su tiempo sólo fue empardada por la otra cuestión que demarcó su mismísimo lanzamiento: se trata, en esencia, del primer álbum editado en la vera del fracaso de la que a la postre hubiera sido la alianza compositiva más importante de la historia del rock argentino, aquella que iba a reunir a Spinetta con el otro gran artífice de la música del país en los años ‘80, Charly García. En 1984, Charly había editado su tercer disco solista Piano Bar, en el que se encontraba hacia el final “Total Interferencia”, un tema escrito a cuatro manos entre las dos deidades del rock de acá que sería el primer antecedente de la unión en la que decidirían incursionar al año siguiente. Por supuesto, la genialidad no alcanza como pretexto único para el éxito de un proyecto tan ambicioso, y así fue que lo que parecía una gran idea en la teoría tuvo una praxis tan equívoca como predecible. Aunque disfrazado bajo otros pretextos, lo que ocasionó el derrumbe de la sociedad Spinetta-García fue, esencialmente, el ego; la potestad de la manija de la proverbial sartén. El Charly de mediados de los ‘80 era una bola de energía, un músico tan prolífico como errático, un noctámbulo incurable con una profusa afición por los excesos y las noches de vigilia creativa. En tanto, el Flaco de ese mismo tiempo ya se había convertido en todo un padre de familia, lo que a su vez precipitó la disolución de su popular proyecto Spinetta Jade en favor de una vida más reposada y atenta a las vicisitudes de su círculo de afectos en vez de esclava de los avatares del comercialismo. Las colisiones, entonces, eran más que anunciadas: García llamando a Spinetta desde el estudio a contraturno, Luis estipulando horarios de ensayo y grabación estrictos en derredor de su actividad familiar sólo para que Charly no los respetara, noches extensas de droga y creación que el espíritu y la energía de García querían expandir todavía más. Spinetta diría que en ese tiempo se sintió “demasiado necesitado” por una personalidad expansiva y avasallante, lo que lo alejó del proyecto cuando apenas sí habían grabado una única canción, la archiconocida “Rezo Por Vos”, cuya presentación en televisión es a su vez memorable documento y sanción final para la unión: cuenta la leyenda que una videocasetera programada para grabar el momento ocasionó un incendio que destruyó el departamento donde vivía Charly, funesto momento que decretó, para ellos, el momento de abandonar una alianza tan prometedora como maldita.
Toda la rabia por este proceso trunco fue reflejada por el Spinetta de Privé, que le dedicaría varios momentos a los pormenores que hicieron fracasar la grabación del disco a dúo, siempre mediante su esquiva poética: “Pobre Amor, Llámenlo” menciona directamente a García en versos -“hoy Carlos partió sin esperas desde un no lugar, y algo que noquea nos quedó aquí como el speed de la luz; acaso un adiós”- donde se entremezclan la frustración y el dolor con magistralidad, y a su vez “La Pelícana Y El Androide” y la consabida “Rezo Por Vos” (aunque tocada en otra tonalidad, el Flaco siempre dijo que era más de Charly que suya) son parte de la lista de canciones de un disco compuesto casi exclusivamente con la ayuda de una máquina de ritmos propiedad, justamente, del propio García. Como puede verse, para Spinetta lo que quedó detrás no fue apenas un proyecto de álbum: se trata de un necesario ejercicio de concordia, devenido seguramente de los pocos años que habían transcurrido entre el agudo dolor del Proceso y la aún precoz democracia que, con su apertura, sugería los nuevos caminos por los que crear. Seguramente el Flaco pensó que Charly y él mismo serían los voceros ideales de toda la novedad que se venía dibujando en el rock de entonces, García con su acopio y uso inteligente de las máquinas y sintetizadores como manera pivotal de expresar emociones y él con su curiosidad infatigable y capacidad inimitable para la composición. Pero no todo fueron malas noticias para el Spinetta modelo ‘86, ya que lejos de hundirse en la desilusión del fracaso supo capitalizar lo aprendido en nuevas maneras creativas, bien fiel como siempre fue a la estirpe que le indicaba siempre que la forma de salir era hacer, poner a laburar la cabeza, y que lo demás lo seguiría. Una de las figuras de la renovación del rock argentino durante la democracia fue, como ya lo hemos dicho por aquí, un joven rosarino llamado Fito Páez. Páez empezó a vislumbrarse como una figura desde su rol de arreglador y pianista de algunos de los más populares intérpretes de la llamada trova rosarina, en especial Juan Carlos Baglietto. De ahí su salto fue exponencial, como pasar del secundario a la universidad: lo convocó el propio García para que fuera parte de la banda que lo ayudaría a presentar su transgresor y brillante Clics Modernos, en 1983, reemplazando nada menos que a Andrés Calamaro. Páez, a su turno, aprovechó ese lugar (bien ganado) como gran cosa nueva del rock nuestro para agenciarse un contrato discográfico como solista con EMI, que en años sucesivos le editaría los magníficos Del 63 (1984) y Giros (1985), confirmándolo como un digno aspirante al nivel de preponderancia que por entonces ya ostentaban sobradamente tanto Charly como el Flaco. Caliente como estaba con la idea de una alianza que fuera representativa de aquel momento álgido, Luis le propuso a Fito grabar un álbum de canciones a dúo, compartiendo en partes iguales las responsabilidades de composición y arreglos, lo cual Páez aceptó sin dudar, maravillado por la posibilidad de trabajar consecutivamente con sus dos mayores ídolos, esos que lo habían hecho volcarse a la música. Por esos días Spinetta se hallaba enfrascado en una lectura comprehensiva de los textos del francés Michel Foucault, cuyas ideas sobre sexualidad, violencia y poder -que estaban muy en boga allá por los ‘80- lo seducían particularmente. Este conocimiento, transmitido a su turno al propio Fito, demarcó de manera clave el elefantiásico álbum doble que escribieron a dúo, que se llamó La La La y salió por EMI (que renegó mucho de él, porque quería otro disco solista de Páez y no uno a dúo con el esquivo Spinetta) en diciembre del ‘86, pocos días después de la funesta tragedia que inspiraría el incendiario y rabioso Ciudad De Pobres Corazones que sería la consagración de Páez en 1987. Pero antes está este La La La, un álbum heterogéneo en tanto es la cruza directa de los estilos de ambos (un Fito más directo con un Luis más volador, un Páez melódico y un Spinetta experimental) en un marco de plena aceptación y complacencia, donde nada parecía estar prohibido sino que la regla era que el producto final mostrara todo lo que ambos podían dar. Obras maestras del rock argentino como “Cuando El Arte Ataque”, “Parte Del Aire”, “Todos Estos Años De Gente” y “Un Niño Nace” son apenas botones de muestra de una unión que además de ser importante para su tiempo lo es aún más hoy en día, cuando los egos y ambiciones impiden que aquellos cuyas voces resuenan más fuerte en el corazón del pueblo reúnan sus voluntades y las hagan sonar en armonía.
Una excusa más, además, para celebrar la interminable obra del gran Flaquito.
De Mi Discoteca






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