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miércoles, 27 de abril de 2016

La Dictadura Mediática I


Las gigantes transnacionales, convertidas en el verdadero imperio que domina el mundo, han impuesto a través del complejo "mass media" (medios de comunicación masivos) industrial-ideológico-político. Hay que hacer algo, casi todos estamos de acuerdo en que debiéramos hacer algo, pero quizás lo más urgente sea esto: detenerse a pensar.

El gran capital concentrado se sirve de empresas especializadas en formar opinión: desde tendencias políticas, candidatos presidenciales, nuevos tabués sociales, nuevos productos de venta, conductas, estereotipos, modelos a seguir, etc. La "Dictadura Mediática" se nutre de instrumentos que permiten una difusión colectiva de contenidos del mismo tenor a los individuos y a los diversos grupos que componen la sociedad.


Medios de comunicación masivos o de masas son los medios de comunicación recibidos simultáneamente por una gran audiencia, equivalente al concepto sociológico de masas o al concepto comunicativo del público.
La finalidad de estos medios de comunicación podría ser, según la fórmula acuñada específicamente para la televisión, formar, informar y entretener al público que tiene acceso a ellos. Atendiendo a los intereses que defienden, buscan el beneficio económico del empresario o grupo empresarial que los dirige, habitualmente concentrado en grandes grupos de comunicación multimedia, e influir en su público ideológicamente y mediante la publicidad.
Todos los ciudadanos del mundo están expuestos a unos u otros medios, que resultan indispensables como herramienta de comunicación y presencia pública para todo tipo de agentes económicos, sociales y políticos.
La comunicación de masas es el nombre que recibe la interacción entre un emisor único (o comunicador) y un receptor masivo (o audiencia), un grupo numeroso de personas que cumpla simultáneamente con tres condiciones: ser grande, ser heterogéneo y ser anónimo. Los medios de comunicación de masas son sólo instrumentos de la comunicación de masas y no el acto comunicativo en sí.
Wikipedia

La hegemonía política, cultural y simbólica que sufren nuestras sociedades se expresa en muchos ámbitos. Tal vez el más angustioso de todos sea el abatimiento de nuestras capacidades para levantar, como siempre hizo el genio humano, una alternativa de cambio viable frente a los aparentes callejones sin salida de la historia.
Hoy en día, y como venimos repitiendo reiteradas veces en nuestros posteos, la comunicación se ha convertido en campo de lucha político, y por ello mismo el pensamiento de la comunicación se debe convertir a su vez en campo de lucha liberadora. Quizás éste mismo blog sea un ejemplo, en pequeña escala, de cómo utilizar la comunicación no ingenuamente, ni tampoco para vender o engañar, sino como herramienta para el despertar de nuevos puntos de vista que pueden llegar a derivar, en el mejor de los casos, en verdaderas alternativas hoy por hoy inexistentes.
Vista la realidad de la perspectiva de que la dictadura mediática va mejorando sus mecanismos día a día, no es tan dificil descubrir el transfondo por el cual las derechas son apoyadas por sus principales perjudicados, produciéndose hechos inéditos que serían muy difíciles de entender de otra manera...


Por algún raro misterio que la Sociología y las Ciencias Políticas todavía no saben explicar, las derechas, en todo el mundo, ganan elecciones con los votos de los explotados. Un fenómeno similar al de las personas maltratadas que reeligen a sus maltratadores. Ahí están los casos Trump, Le Pen, Fujimori y ahora el suicidio político de las clases medias brasileñas.
Para Voltaire, “el arte de gobernar consiste en tomar la mayor cantidad de dinero de una parte de los ciudadanos, para dársela a otros”. Verdad evidente que niegan tozudamente tanto despojados como explotadores, quienes suelen hermanarse también al repetir frases remanidas como “todos los políticos son corruptos por igual” o “no hay demasiadas diferencias entre las políticas de izquierda y las de derecha”.
Es obvio: quienes repiten esas zonceras son gentes de derechas.
Mempo Giardinelli



Forman parte de los mass-media: la prensa, el cine, la radio, la televisión, así como los libros, los discos, las cintas magnetofónicas, los vídeos... pero además, los medios de comunicación de masas constituyen un complejo imperial que articula empresas, satélites, telefónicas, compañías informáticas, campañas de publicidad, Internet, y todas las tecnologías de comunicación.
En oposición a la comunicación interpersonal que caracteriza a las relaciones directas, propias de las pequeñas comunidades, la comunicación social designa el intercambio de noticias, ideas y opiniones que se establece en las grandes sociedades, especialmente en la sociedad industrial, gracias a las nuevas técnicas. Hay quienes ven en ellos, como nosotros, un poderoso instrumento de homogeneización cultural, de aplastamiento general a base de lugares comunes, de pasividad y de ausencia de sentido crítico. Al contrario, otros los valoran como instrumentos eficaces de universalización de la cultura y como factores positivos de participación social. No valen ni las condenaciones fáciles ni los optimismos ingenuos, propios de quienes ignoran los aspectos negativos en los modernos instrumentos de comunicación. Se trata de una realidad que hay que, mínimamente, conocer y resguardarse, con la única herramienta del sentido crítico.

Como ejemplo, existen mecanismos dialécticos que facilitan que una sociedad que sabía que un candidato (Marioneta Macri en este caso) es el jefe de una asociación ilícita que saquea al país desde hace décadas, ya que la corrupción con firma macrista es un bien de familia, que se viene repitiendo en todos los gobiernos, y prefiere hacerse la distraída y elegirlo presidente invocando su republicanismo, dialoguismo y manos limpias, ya que por ser un empresario exitoso no necesita dinero... tales falacias sociales son impuestas y aceptadas de por sí, sólo porque se lo escuchó a Mirtha Legrand o alguien parecido. Inclusive llegan a militar gratuitamente para quienes van en contra de sus propios intereses, enarbolando banderas tales como la libertad, la democracia, la pluralidad, la anticorrupción y un sinfín de relatos discursivos que no tienen la menor asidera, salvo el ilusionismo mental impuesto por los medios.
Tal es el enajenamiento de el discurso oficialista creado por el marketing político de Cambiemos apoyado por el mass media, que los macristas aún apelan al doble discurso permanente de la anti-corrupción cuando está visto que no les interesa la propia corrupción de su gobierno: cuando se conoció que desde el Pro se repartían millones a sus amigos armando contratos truchos (Niembro, Majul, Amadeo, Tagliaferro) los tipos como ese anónimo los votaron sin dudar agitando los globos muy contentos... ¿Qué los habrá llevado a apoyar a esta asociación ilícita llena de cuentas en Panamá (y en muchos otrso lugares que aún no sabemos) y disfrazada de proyecto político que ahora se prepara para endeudarnos para la eternidad mientras ya abrieron la puerta trasera para fugar capitales a lo loco?.


La coherencia discursiva no es algo que deba cuestionársele al gobierno de Macri. Muy por el contrario, tanto él como sus funcionarios siguen ensamblándose casi a la perfección en torno de la cajita feliz que pronto, o ya mismo, comenzará a desparramarse entre los argentinos. De hecho, y como si nada, festejan volver a endeudarse en dólares para pagarles a los buitres. (...) Los medios hegemónicos ganaron por media cabeza la batalla cultural de coyuntura y, a través de ese pelito de distancia, en un ballotage acabó aconteciendo que el malo por conocer fue interpretado como más potable que lo malo conocido. (...) Con todos los grandes medios a favor, se votó una propuesta conservadora feroz, menemista, revestida de honestidad republicana cuando no se tardaría ni un ratito en descubrir a un oficialismo de ejecutivos multinacionales y grupos locales ultraconcentrados, el Gobierno celebra la felicidad de un pase de manos financiero, como si fuera un acto fundacional de prosperidad.
Lo que debiera ser el escándalo del Panamacri, que en mucha prensa internacional tuvo y aún tiene –menos– ribetes enormes, como coletazo de los funcionarios de todo nivel involucrados en las maniobras offshore, aquí parece ser un juego de niños; de capitalistas que al fin y al cabo no cometieron delito sino, y apenas, travesuras para zafar del Estado asfixiante. Les va bastante bien con eso. Con esa estructura de propaganda descomunal.
Eduardo Aliverti

Lograron que muchos "militaran" por causas ajenas. En los 90 el desprestigio sobre las empresas públicas dio vía libre a las privatizaciones. Los ajustes que pedía el Fondo eran necesarios para el derrame que tocaría a todos (¿les suena?). La reforma laboral (perder derechos logrados con luchas y vidas obreras) era la llave para más trabajo (y ojo que se van a venir con una nueva oleada de flexibilizaciones laborales). Más acá en el tiempo la restricción a la compra de dólares movilizó a un colectivo que no se caracterizaba para ahorrar en verdes.

Nunca como hoy ha sido tan evidente la vertiente política de la comunicación. Si en etapas pasadas ella se instalaba en determinados nichos mediáticos, como en las campañas electorales, hoy se podría afirmar que el sesgo político está presente en todo, a todas horas, en cada escenario de la actividad de los medios. Nos movemos en el campo de la guerra de cuarta generación, donde se libra una lucha feroz por acuñar y afirmar los símbolos que rigen la conducta humana, un campo en el que los paradigmas noeliberales se han posesionado con singular fuerza, y desde el cual los centros de poder ejercen una violencia simbólica sostenida, desmesurada y arrasadora, encaminada hacia el totalitarismo con intenciones de convertir al mundo en un mercado único, con un gobierno neoliberal único y un pensamiento único. Todo pobre diablo repitiendo como loros lo que dicta un tal Lanata desde su piso de 2 millones de dólares en Miami.

Los medios quieren presentarse ante la sociedad como defensores de la paz, pero en el fondo han jugado papeles muy importantes en la creación del odio y legitimación de conflictos. Y sino miren el asqueroso Face del mismo Lanata y su "Show del Fuck You" generando una auténtica fábrica de odio... todo un ejemplo de lo que estamos exponiendo: la industria del enajenamiento social.

El periodista Pascual Serrano escribe a propósito de los medios de comunicación sistémica: "en realidad los medios son dados a mantener ese doble discurso y normalmente alardean de lo que no son. Es como con el tema de neutralidad o la objetividad, ambos son inversamente proporcionales a las veces que dicen serlo. Todos quieren presentarse ante la sociedad como defensores de la paz, pero en el fondo han jugado papeles muy importantes en la creación del odio y legitimación de conflictos.

Las transnacionales han impuesto a través del complejo mass media industrial-ideológico-político, una dictadura mediática, dedicada a la industria de la enajenación. El gran capital trasnacional se sirve de las empresas trasnacionales de difusión masiva, para producir y reproducir mensajes y formas de vida, moda, conductas, estereotipos, acorde a los intereses de la gran empresa para poder enajenar a la sociedad. La producción de pensamiento único e ideología neoliberal genera en sus consumidores de mentes débiles, consumidores compulsivos, gente dócil, apocada, modelizada, obediente, competitiva, homogénea, individualista y ambiciosa, buscadora del éxito, colonizada, sin identidad ni memoria. También gobiernos lacayos y pueblos alienados atrapados por el ideario capitalista.
Esto explicaría, en parte, el predominio de la apatía, la desmovilización y antipolítica (que ha servido a la campaña de Cambiemos al mostrarse como a-políticos), los prejuicios ideológicos (recuerden el discurso de los "militontos"), la frivolidad con Tinelli y compañía a la cabeza, el individualismo exacerbado, la hegemonía del pensamiento único, el simplismo (como el de creer que si no estás de acuerdo con el gobierno sos kirchnerista, ese tipo de pensamiento ingenuo e impuesto por los medios lo vemos cotidianamente en nuestros posteos políticos) y la banalidad en grandes sectores de la sociedad.
La dictadura mediática crea una opinión pública hecha a la medida de los intereses del gran capital, forma naciones deshistorizadas, ignorantes y despolitizadas, naciones conformadas por ciudadanos formateados con creencias únicas e inamovibles (recuerden los dichos repetidos una y mil veces en programas como el de Lanata, las campañas lanzadas en el mientemedios de Clarín que lidera la dictadura mediática en Argentina, y hasta el slogan de los seguidores de Marioneta Macri: el "Sí, se puede" es exactamente igual al del ex gerente de Coca Cola, Vicente Fox en México), generando individuos despojados de su memoria y realidad, como sucede en Estados Unidos según consta en las siguientes líneas:

(...) allí los medios de comunicación son compañías de entretenimiento que no informan de nada. El ciudadano desconoce más allá de lo que ocurre en su condado y, salvo de los sucesos del país, no tiene conocimiento alguno de lo que pasa en el mundo. Sus preocupaciones se ciñen a cuestiones locales que les han inculcado con leguajes y formatos sensacionalistas. De ahí que su visión de las cosas esté generalmente alienada por actitudes y "tics" enfermizos que responden a sensaciones que retuvo al recibir el mensaje: paranoia, tragedia, miedo. (...) Los medios han aislado a los estadounidenses en un provincialismo absoluto (...).
Mario Hidalgo

En este orden de cosas, las tecnologías de comunicación/informacións se han transformado en las tecnologías del poder imperial. Poder que excluye, avasalla y tiende a privatizarlo y venderlo todo, incluido ciudadanos, seres humanos, ideas, valores y naturaleza. Asimismo, los mass media son una trama orgánica ideológica trasnacional, que posibilita la realización de las mercancías materiales y espirituales en los circuitos del mercado global y la dialéctica del poder imperial en los diversos escenarios electorales y de la lucha de clases, como en las actuales guerras de recolonización estadounidense, donde las nuevas tecnologías de la información, le sirven a EE.UU. para implementar sus siniestros planes de desinformación, espionaje, seguridad y propaganda de guerra. Si la construcción de sistemas de inteligencia artificial, espionaje, rastreo y teledetección satelital han venido reforzando los tradicionales sistemas de control en las comunicaciones electrónicas, hoy, además el Pentágono ha extendido a la red Internet y a los sistemas de telefonía móvil la política de supervisión y control social para responder a los nuevos retos de los medios y tecnologías de la comunicación, reformulando incluso las bases del pensamiento político-militar sobre seguridad pública y hasta la propia cultura informativa y la doctrina del derecho a la información (...)
De acuerdo a la nueva doctrina militar colonial estadounidense, el espacio y la actividad del ejército de la comunicación global es un eslabón estratégico del cordón militar de protección y vigilancia del sistema imperialista mundial. Por lo mismo, en este circuito geopolítico mediático, el papel de las nuevas tecnologías es decisivo para el logro de los objetivos militares, las guerras imperiales.


Las nuevas tecnologías han permitido romper antiguos patrones doctrinales, al emplearlas para aplicar nuevos modos de acción militar y nuevas formas para influir en las mentes, ya sean amigas, neutrales o enemigas. Las acciones en ambos campos, el militar y (en) el de la comunicación, son necesariamente complementarias, ya que el éxito en el terreno operativo no será completo sin el triunfo en el de la comunicación.
Alejandro Pizarroso Quintero - "Guerra y comunicación. Propaganda, desinformación y guerra psicológica en los conflictos armados" (2004)

Entonces, si la dictadura mediática puede infuir en ganar guerras (físicas o culturales) ¿Cómo no va a contribuír a derrocar gobiernos?, lo vemos muy cerquita geográficamente en el caso de Allende, en el pasado, o de Dilma, en la actualidad.
Evidentemente la propaganda es un arma de guerra, a menudo es más eficaz que las demás armas, no sólo para "conquistar mentes y espíritus" y para las "cirugías estéticas de guerra", sino y sobre todo para matar en silencio y consumar el dominio imperial (por favor, miren el post sobre los sicarios económicos). Con justeza Stella Callón nos dice: "En los permanentemente renovados esquemas de seguridad nacional de Estados Unidos, la manipulación informativa se ha convertido en el arma más poderosa que antecede al disparo de los misiles y a los bombardeos. Ahora la palabra mata, oculta crímenes brutales bajo envolturas de mensajes muy bien preparados, en diseños de guerras reales y cibernéticas, con comandos especializados, con criminales atípicos, que no llevan armas sino discursos mediáticos tan destructivos como un misil".
No es casual la publicación de revistas norteamericanizadas donde lo "mejor" es el modo de vida estadounidense. La TV está al servicio de las grandes compañías transnacionales para promocionar productos y vender mercancías, enajenando a la población que adolece de una programación cultural propia de cada país. Estos medios, más que medios de entretenimiento, son medios de dominación ideológica sobre el pueblo trabajador, creando una gran industria de ganancias económicas y manipulación constante: en cada hogar se cuenta con un televisor, un celular, una PC o un radio, y los mensajes tienden a reforzar la ideología dominante. La filosofía, la psicología, las ciencias y las humanidades se incorporan a los laberintos de la creación de necesidades de consumo, guiadas por la mercadotecnia, dinamizando el negocio mediático real y virtual.

Por ello, se entiende el peligro que les acarreaba la Ley de Medios. Marioneta Macri y su socio-sucio Clarín hicieron lo imposible para ponerla fuera de práctica ni bien asumido el actual gobierno neoliberal, ya que la necesidad de enfrentar la dictadura mediática pocas veces pasa las fronteras de la crítica teórica al campo práctico, orientado a la creación de medios de comunicación alternativos, antisistémicos, comunitarios, autogestionarios, insurgentes y críticos, en la tarea de generar conciencias críticas. Leyes similares al gérmen nacido en la Ley de Medios son una de las pocas herramientas con las que se puede batallar contra el monopolio de la dictadura mediática.

Y para cerrar ésta primera parte de éste tema que tendrá saga, que mejor que un poco de poesía que también previene contra la alienación y el enajenamiento. Cada poesía, cada emoción, cada muestra de humanidad, cada melodía, cada obra de arte es un arma mortal contra la tecnocracia liberal de mercado.


De los medios de comunicación
en este mundo tan codificado
con internet y otras navegaciones
yo sigo prefiriendo
el viejo beso artesanal
que desde siempre comunica tanto
Mass media - Mario Benedetti



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