Aclaración...

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martes, 16 de febrero de 2016

La Nueva Globalización


Hoy asistimos a la culminación del proceso mercantilizador llevado a cabo en el transcurso del siglo pasado. Este nuevo tipo de sociedad origina cambios en la estructura social y política. Tales procesos generan dificultades para la comprensión de muchos factores de los acontecimientos, vistos desde una perspectiva de un mundo que ya no existe. Este marco sirve para una interesantísima nota de José Pablo Feinmann que da título a esta entrada y nos dispara varias reflexiones.

Es necesario entender este esquema para comprender el proceso de derechización que vive actualmente América Latina luego de una década y media de estabilidad y relativa prosperidad cono gobiernos populistas de centro-izquierda que mitiguó, en parte, la desigualdad social y la marginación histórica en ésta región, y que actualmente está atravesando por un periodo de profundas contradicciones, ya que si bien todos los gobiernos de corte progresistas tienen problemas y son atacados por fuerzas internas y externas, por otro lado aquellos gobiernos más abiertos al libre mercado y al neoliberalismo, también están teniendo serias dificultades con su economía y la cuestión socio política en general: Colombia, México, Chile y Perú están siendo aqueadas por demandas democráticas y de una distribución más equitativa de las riquezas.
Parece que ninguna ecuación hoy tiene un buen resultado. Sin embargo, las sociedades viven un bombardeo mediático como nunca antes y hacen que nuestros gustos, opiniones, distracciones y ambiciones sean llevados hacia el apoyo de movimientos neoliberales que tan mal han dejado a esta parte del mundo.



Entender la "Nueva Globalización" como parte fundamental del proceso de manipulaciòn de masas es clave para entender este proceso que no solamente se da en latinoamérica sino en todos los rincones del mundo. Y acá va nuestro granito de arena.


Desde un remoto pasado las diversas etnias y civilizaciones se desarrollaron en aislamiento. A través de un largo proceso se fueron relacionando entre sí y cada cultura tuvo algo que aportar a las otras que entraron en contacto con ellas. Hoy en día, gracias a la aceleración de los avances tecnológicos, en particular las comunicaciones y el transporte. Las grandes culturas hoy incorporan elementos de regiones antes separadas y distantes, y las grandes metrópolis se van haciendo multiculturales. Esto es la "mundialización", alejada del concepto de "globalización".


Este último se corresponde con la corriente homogeneizadora que impulsan el imperialismo, los grupos financieros y la banca internacional. La globalización trata de montarse en el proceso de mundialización y de extienderse a expensas de los estados nacionales, de la identidad de las culturas y subculturas. Los mentores de la globalización pretenden montar un sistema mundial (Nuevo Orden) basado en la economía de mercado, llamado también "Neoliberalismo".



 

La Nueva Globalización

En este proceso donde confluyen mundialización con globalización, y donde el neoliberalismo se lleva puestos a los Estados Nacionales en todos los rincones del planeta.Ante este enmarque, presentamos el texto de Feinmann que fue el disparador de este post:
La política imperial de los actuales EE.UU. es nueva: quiere, sin más, el dominio del mundo. Tiene, se sabe, serios rivales. Pero nadie posee el armamento y la industria de armamentos de EE.UU. Ni –menos aún– nadie tiene ni por asomo su aparato mediático ideológico-propagandístico. Estamos, sin más, ante un imperio que lo quiere todo. Que no se conformará con menos. Su formidable poder mediático convence a su pueblo (no difícil de ser convencido) de que hoy más que nunca el destino manifiesto debe hacerse realidad. (Además, EE.UU. es ahora –junto a sus fuertes aliados europeos: Alemania, Francia, Gran Bretaña– el Occidente capitalista, un bloque con unidad de miras y objetivos, tan poderoso que su única posible derrota es su implosión.)
El Big Brother Panóptico es la culminación de una obra maestra: someter por medio del goce. Pasen horas frente a Internet, jueguen a todo lo que quieran jugar, escríbanse mails con sus amigos, métanse en Facebook, escriban esas breves, ingeniosas y limitadas palabras en Twitter. Cuando lleguen al final empiecen otro. Twitter puede no terminar nunca, ser infinito. Exhiban su ingenio que antes acaso algún tonto jefe de redacción no supo reconocer y los echó rumbo a cualquier parte que no estuviera dentro del diario. Algo más (y sustancial): insulten. Llenen de insultos a quienes quieran. Es gratis. Es impune. Es anónimo. Se sacan las ganas y se acabó. Siguen siendo los mismos de siempre: simples, oscuras personas sumergidas en una vida sin objetivos, errática, que chapotean en la infinitamente poblada ciénaga de los mediocres y no ignorando que la orilla está lejos, cada vez más, para siempre inalcanzable. Al Big Brother Panóptico eso no le importa mucho. Sólo quiere saber qué hacen. Incluso a quiénes insultan. ¿Insultan a quiénes ellos quieren o insultan a sus representantes en cada rincón del mundo? El Big Brother informa: en Ecuador se está insultando mucho a la oposición del dictador Correa, ese enemigo de la prensa libre, ese autoritario fanático de la Ley Mordaza que cierra la boca del periodismo libre y con ella la boca de la libertad de expresión y con ella, sin más, la boca de la libertad que nosotros defendemos. Recuerden a nuestros niños diciendo: Freedom, Freedom, Freedom. Como zombies, de acuerdo. Los hemos sepultado con films de zombies últimamente tratando de hacer uno más de cada uno de ellos. Sin embargo, América prefiere un zombie que diga libertad a otro que diga Castro o Lenin.
En el campo estrictamente filosófico, el Big Brother Panóptico implica una revolución. El sujeto se ha centrado. Se acabó su trizamiento, su deconstrucción, su fragmentación. Este sujeto –el Panóptico– es tan perverso como Heidegger (ese olvidado filósofo campesino) solía describirlo. Sí, está al servicio de la técnica. Palabra vieja, de comienzos del siglo XX. Antes de Heidegger, Oswald Spengler escribió un libro que llevaba por nombre La Decadencia de Occidente y luego otro llamado El hombre y la técnica. La palabra técnica, para nuestros científicos, huele a naftalina. Estamos mucho más allá de eso.
Este sujeto centrado, no en la razón sino en el poder bélico y comunicacional, se entrega a constituir a los restantes sujetos. Nos van a entretener hasta morir. No es la primera vez que lanzamos esta advertencia. Porque eso quieren de nosotros: erosionar nuestra subjetividad obligándonos a ver lo que nos dan. Y eso que nos dan nos lo dan para idiotizarnos. Es la cultura de estupidización.
Pero la globalización ha cambiado. Se ha hecho más profunda. Hasta ayer apenas implicaba el dominio del imperio y el control del mundo por medio del poder bélico y el comunicacional. Ahora van por más. Hunden sus raíces en los territorios que quieren manejar, controlar. En Argentina, esta segunda derrota de la izquierda peronista debe ser analizada adecuadamente. Pareciera –por decirlo tersamente– que los sueños de unidad continental, que la unidad bolivariana, que la América latina unida que predicó Felipe Varela, luego Manuel Ugarte, luego Forja y luego muchos otros hasta llegar al último intento en el siglo XXI con Hugo Chávez a la cabeza y el Mercosur y el triunfo sobre el ALCA ha llegado a su ocaso. Pero no se vuelve a los noventa. La nueva globalización siglo XXI toma el Estado por asalto. En el siglo XIX, en el Parlamento británico, notables políticos como Richard Cobden dijeron: nada de invadir las colonias, que tengan lo suyo, que tengan bandera, himno y Estado nacional. Pero que hagan negocios sólo con nosotros. Con los negocios nos alcanza. Con eso los dominaremos. A fines del siglo XX todo el mundo académico hablaba de la caída del Estado-nación. Hay un libro paradigmático: Las culturas de fin de siglo en América Latina (1994), se trata de una compilación llevada a cabo por Josefina Ludmer de una serie de ponencias en un Coloquio de Yale. Vale la pena comparar las posiciones de este Coloquio con las del Foro realizado en 2015, en Tucumán, organizado por Ricardo Forster. El de Yale daba por terminado el Estado-nación. El de Tucumán se deslizaba en su exaltación a-crítica. El primero era expresión de gobiernos como el de Carlos Menem, que habían destrozado la noción de soberanía. El segundo aún creía vivir los días de gloria del Estado nacional. Derrotado éste, se nos presenta la administración-Macri que globaliza al Estado desnacionalizándolo. Dejando atrás todas esas "viejas" ideas de soberanía, anticolonialismo, unidad latinoamericana, Mercosur, licuación de las desigualdades y los sueños de nuestros "padres fundadores": Moreno, Bolívar, Artigas, Varela, Mariátegui, Ugarte, Forja, Perón, Hugo Chávez y los Kirchner. Hasta se dejan atrás las tesis de los parlamentaristas británicos. Esta globalización es nueva, más profunda. Los agentes de la globalización toman en sus propias manos el manejo del Estado. El 3 de enero de este año, en este diario, Fernando Krakowiak publicó un estudio de alto valor teórico. Su título era: El país atendido por sus propios dueños. Para quienes aman las nociones de patria, Estado nacional y soberanía el panorama es trágico. Por ahora, luego de una derrota que nadie ha explicado aún, y antes de lamentarse al extremo de no pensar, tratemos de (precisamente) pensar la originalidad de la nueva situación. Se han acentuado dos cosas: 1) el dominio del imperio capitalista occidental; 2) la inserción del país en la globalización que ese imperio propugna. La Cancillería está en manos de Telecom e IBM. El Ministerio de Hacienda en manos de JP Morgan. El Ministerio de Energía, Shell. La Secretaría de Finanzas, Deutsche Bank. El Directorio del Banco Central, JP Morgan y Goldman Sachs. Y así sucesivamente. Las empresas son: Thomson Reuters, Morgan Stanley, Exxon-Esso, Axion, General Motors, Techint, Coca Cola, Banco de Galicia, Edesur y Edenor, Pan American Energy y muchas más. La globalización, que sostiene la teoría del mercado libre, no es para todos. Ama más la economía que la política y la democracia. Suele ser expulsiva y no inclusiva. La expulsión genera delincuencia e inseguridad. Algo que la lleva a incurrir en la represión y a darle un peligroso vuelo autónomo a una policía no preparada para tenerlo. Todo esto le genera problemas que llevan a ponderar el autoritarismo como etapa necesaria para consolidar la balanza de pagos, la macroeconomía. Cuando Marx –en cierta etapa– dio su apoyo a las conquistas británicas en la India citó unas líneas de Goethe: "¿Quién lamenta los estragos/ si los frutos son placeres/ no mató a miles de seres/ Tamerlán en su reinado?" Un funcionario del Gobierno-Macri, sabiéndolo o no, dijo algo semejante: "Es espantoso, pero necesario".
José Pablo Feinmann
 



 

El Neoliberalismo cultural
 

Esta nueva globalización trae aparejadas varios cambios culturales, trato de enumerar al menos algunas que se me ocurren (ojo, se me pueden escapar unas cuantas, éstas se me ocurrieron, si descubren más avisen...):
  • La era del marketing: La función del marketing ha cambiado a lo largo de los años, a medida que la venta de la experiencia desplazaba a la venta del producto. En la era industrial, cuando el principal objetivo era la venta de bienes, el marketing desempeñaba un papel subordinado. Ahora los trabajadores culturales de la industria del marketing se ocupan principalmente de seleccionar retazos de significado, fundamentalmente, de la cultura popular, con ayuda de las artes —música, cine, diseño, publicidad—, envasan un producto para provocar cierta reacción emocional en el cliente. La venta del producto se vuelve algo secundario con respecto a la venta de la experiencia, de tal modo que determinadas marcas comerciales no venden tanto el producto que las identifica como la imagen externa (superficial, por ello mismo) de lo que supondría su consumo o su compra: la imagen no representa el producto, sino que el producto representa la imagen. Hoy, comprar significa acceder a un estilo de vida, a la "imagen" de un estilo de vida que nos gustaría tener y experimentar, al tiempo que la producción cultural va dominando la economía, se monta un escenario para la representación de elaborados significados culturales con mucha importancia simbólica. El marketing es el de gestor de la producción cultural: los especialistas en marketing crean elaboradas fantasías y ficciones con piezas y fragmentos de la cultura contemporánea. El marketing, en definitiva, construye "la realidad" en el mundo moderno. Todo ellos está esbozado en las "Las 10 Estrategias de Manipulación de Masas", busquen las relaciones...
  • El marketing reemplaza a la política, al más puro estilo EEUU: la última elección presidencial puso sobre la mesa -como pocas- la importancia de la comunicación política, y en el caso de "Cambiemos", liderado por Durán Barba y bancado por los medios hegemónicos, catapultando a M&M a la presidencia.
  • El uso político de los medios: esto no es nuevo pero cada vez la capacidad para influir en las subjetividades es más eficaz y su influencia es más basta. En el caso de Argentina, por poner un ejemplo, abundan las imágenes de Antonia (la hija de M&M) y la familia presidencial, la "humanización" del candidato-presidente y sus funcionarios, la idea de "gente común" igual a cualquiera de nosotros que intentan transmitirnos yendo al supermercado; y por supuesto, la sobre explotación del recurso de la "pesada herencia recibida" del gobierno anterior y el miedo (si pedís aumento te quedarás sin trabajo) para disciplinar a la población, todo desde los mismos medios. Esta la generosa predisposición de los medios informáticos (parte inescindible del dispotivo político que sustenta a M&M) se instalan en la agenda cotidiana las denuncias de corrupción, los "cazabobos" distractivos (la fuga de los acusados del triple crimen, la búsqueda de Pérez Corradi, las cajas de los ex gerentes de Télam, Milagro Sala, y quien pueda ponerse a tiro viene bien y sin importar si es falso o verdadero) puestos como cebos para concitar la atención de la opinión pública; desviándola de preocupaciones más acuciantes, en especial las que vienen del lado de la economía.
  • Las crisis son globales: el mundo está interconectado y lo que pasa en un punto incide en todo el planeta. Entonces, una burbuja inmobiliaria en EEUU incide en la economía mundial, por ejemplo.
  • El uso de la tecnología en la información: la inclusión de la tecnología en el mundo personal, en la subjetividad, da el marco para que quienes controlan la tecnología "invadan" la subjetidad de las personas sin resistencia alguna. Ello moldea la opinión de amplios sectores de la sociedad, y ocasiona maneras de vivir bajo determinadas reglas de juego.
  • Los servicios tienen más importancia que la producción: el sector de servicios reemplazó como generador de bienes al sector de la fabricación y producción, desplazando medios de producción por servicios, produciendo una suerte de "capitalismo cultural" en las nuevas formas de comunicación, las redes sociales y en los dispositivos tecnológicos en general. A medida que una cultura compartida (tradición, familia, amistad, estado, etnia, religión, etc.) se descompone en experiencias comerciales fragmentadas, los derechos se trasladan desde el dominio común hacia el ámbito comercial. Para "pertenecer" hay que pagar su valor en el mercado, y esto moldea una forma de pensar, de sentir, de estar en el mundo, un sentido de la realidad donde lo "normal" son las leyes de mercado, quedando como incomprendidas cualquier lógica que se sitúe fuera de este esquema de pensamiento.
  • Suplantación de trabajo humano: con la tecnología y la competencia empresarial a escala planetaria junto a la caída de los salarios, el imperialismo busca dividir a los individuos para disimular el crecimiento de la desigualdad en medio del agravamiento de la crisis desde 2007. La crisis actual es global. Dispositivos materiales y virtuales derivados de la revolución tecnológica, se implementan para sustituir la mano de obra humana por procesos virtuales o robóticos.
  • Las personas se vuelven más incultas, desideologizadas, ignorantes, superficiales, consumistas, individualistas y ambiciosas: en su continua publicidad, marketing y formación de opinión el modelo Neoliberal (aquel tipo social que en los noventas se los denominó "yuppies") a logrado la transferencia de patrones y estereotipos hacia la mayor parte de la población. La sociedad toda hace suyo el modo de vida pregonado cotidianamente por los medios en la estructura misma de sus mensajes, formando la "masa" que cree estar fuera de la masa. En los contenidos transmitidos, las industrias imponen los gustos y las preferencias que en un determinado momento suelen considerarse las más aceptadas, las que a todos les gusta. Estudiosos del tema llegaron a calificar este fenómeno como "Estandarización Cultural" luego de un estudio realizado sobre la música "On popular music", donde llegaron a la conclusión que numerosos musicales de determinado tipo son impuestos por los monopolios de la industria cultural para ser promovidos masivamente (nada nuevo para nosotros, melómanos de estilso de música de difícil inserción comercial), y llegamos así a lo que es la "música de masas". Lo mismo podemos hacer en otras franjas de la cultura y medios de producción, estos gustos o preferencias también son impuestos sutilmente en el ámbito de la política, cuando contribuyen -a través de la transmisión de constantes propagandas- al apoyo de ciertas causas y actores.
    Esto también está comentado en "Las 10 Estrategias de Manipulación de Masas".



El sesgo conservador y neoliberal de los medios de comunicación

Este estudio sobre la importancia de los medios de comunicación y su influencia ha sido publicado en España, pero bien podemos hacer un paralelismo con Argentina o cualquier otro país:

Uno de los problemas mayores que tienen las democracias occidentales ha sido la gran concentración de la riqueza y de las rentas en estos países en manos de sectores muy minoritarios de la población y que ejercen una enorme influencia en las instituciones representativas y en los mayores medios de tales países, con el consiguiente deterioro de la calidad democrática en estas sociedades. Consecuencia de ello es que la información a la cual tiene acceso la ciudadanía es, por lo general, muy sesgada además de deficiente.
Muchos estudios científicos han mostrado de una manera muy convincente y contundente de que a mayor desigualdad en una sociedad (con mayor concentración de la riqueza y de las rentas) menor es la calidad democrática de sus instituciones, y más limitada y sesgada es la información que la ciudadanía recibe a través de los mayores medios de información.
Uno de los ejemplos de ello es la cobertura mediática de las elecciones al Congreso y a la Presidencia de EE.UU. Debido a la gran importancia que hoy juega EE.UU. en la vida económica, financiera y política de todo el mundo occidental, es comprensivo que estas elecciones pasen a ser noticia en los mayores medios de información, no solo del propio EE.UU., sino también de todos los países llamados democráticos, incluyendo España. Pero esta cobertura mediática tiene, por lo general, un sesgo muy marcado a favor de unos candidatos a costa de otros. Un caso muy presente es la presentación mediática de dos de los candidatos a la Presidencia de EE.UU. más llamativos existentes hoy en la vida política estadounidense. Uno es el Senador socialista Bernie Sanders (el único socialista del Senado) que está atrayendo una gran atención popular movilizando a la población y consiguiendo grandes multitudes en sus actos políticos, nunca vistos en aquel país desde tiempos de Franklin Roosevelt. En realidad, le han llamado el nuevo Franklin Roosevelt por su discurso anti-establishment financiero y económico, que según él, controla las instituciones políticas del país. Habla como ningún otro político ha hablado en los últimos años. Sus propuestas encajan en la tradición socialdemócrata de orientación escandinava, enfatizando la enorme explotación que existe en aquel país por una minoría sobre la mayoría de las clases populares, centrada en la clase trabajadora (referida erróneamente y comúnmente en la narrativa mediática como la “clase media”). Y lo que es bastante único y nuevo es que se presenta, sin ningún rubor o tono defensivo, como socialista. Es interesante señalar que lo mismo hace en su estado de Vermont, de donde ha sido senador por muchos años, a pesar de ser un estado de orientación, en general, conservadora. Lo que parece paradójico es que es un estado que había sido conservador antes de que le votara a él.
El otro candidato a la Presidencia de EE.UU. es el Republicano Donald Trump, que es la otra figura que se presenta también como anti-establishment, crítico del aparato y del establishment del Partido Republicano. Donald Trump es un superbillonario que ha hecho una enorme fortuna con sus negocios especulativos sobre temas inmobiliarios, comprando a políticos para conseguir prebendas, de lo cual hace gala. Es una persona de la ultraderecha representativa del sector empresarial inmobiliario corrupto hasta la médula, que le encanta ridiculizar lo que él considera como “la opresión en la narrativa oficial del país de lo políticamente correcto”, menospreciando a todos los sectores (desde las mujeres a los afroamericanos y hispanos) que han sido discriminados en aquel país. Es también profundamente contrario a los sindicatos, siendo parte de su fortuna (originada en sectores turísticos como Las Vegas) consecuencia de una superexplotación de sus trabajadores, muchos de ellos, inmigrantes. En realidad, han sido estos inmigrantes (víctimas de su explotación) los que han contribuido en gran manera a aumentar su riqueza proveniente de Las Vegas. Hoy, uno de los conflictos mayores de aquella parte del país es el de los trabajadores de las empresas Trump que quieren sindicalizarse (véase Michelle Chen “No Surprise: Trump Is a Union Buster at His Own Hotel”). Pues bien, Donald Trump, con su hipocresía extrema, ha hecho tema central de su campaña expulsar a todos los inmigrantes (que se consideran ilegales) de EE.UU., y también retirar la nacionalidad automática a cualquier persona nacida en suelo estadounidense, negando la nacionalidad a los hijos de los inmigrantes ilegales.
La cobertura mediática de Trump vs Sanders en EE.UU. y en España
Los dos candidatos han tenido un gran éxito en este periodo de la carrera electoral. Trump ha superado su apoyo popular (desde el 1 de julio) de un 6% a un 22% ahora, un crecimiento muy notable. Pero el apoyo actual es mayor por Sanders (25% desde el 1 de julio), habiendo también crecido notablemente desde aquella fecha (de un 12’7% a un 25%). En realidad, el crecimiento de Sanders es incluso mayor, pues según las encuestas del primer estado que realiza la elección, New Hampshire, Sanders está incluso por encima de Hillary Clinton, y a nivel nacional, Sanders está también por encima de Trump. Y lo que es muy importante es que en el caso de Trump, en el público estadounidense despierta mucha mayor oposición popular que Sanders. En realidad, Sanders es uno de los políticos que despierta menor negatividad en la población.
Parecería, en base a estos datos, que Sanders tendría que tener igual cobertura mediática, sino incluso mayor, que Trump, y sin embargo, los medios están dando mucha mayor cobertura a Trump que a Sanders. Así, la revista Fair (que analiza críticamente el sesgo conservador y neoliberal de los medios estadounidenses) indica que en los tres mayores canales de televisión estadounidense, ABC, CBS y NBC, por cada seis veces que aparece Trump, Sanders aparece solo una vez. El más sesgado a favor de Trump era, además de la ultraconservadora Fox, la CNN. En los mayores rotativos del país – The New York Times, The Washington Post, Wall Street Journal, Los Angeles Times, USA Today – Trump es citado sistemáticamente de tres a cinco veces más frecuentemente que Sanders. Este sesgo es incluso más acentuado en España, donde los mayores medios de comunicación han dado gran cobertura a Trump y muy poca (en la mayoría, nada) atención a Sanders. ¿Por qué?
Por qué unos reciben mayor cobertura que otros
La respuesta a esta pregunta es obvia. Trump no amenaza a la distribución de poder económico y financiero de EE.UU. Sanders sí. Y de ahí el sesgo. Y a más concentración de la riqueza y de las rentas en un país, mayor es el sesgo conservador y neoliberal de los mayores medios de información de la realidad que nos rodea. En España hemos visto situaciones muy semejantes (e incluso peores) de gran hostilidad hacia políticos que cuestionan y denuncian las enormes desigualdades en España (la segunda más alta después de EE.UU.), como han sido los dirigentes de Podemos o de IU (Izquierda Unida), presentando en cambio reportajes favorables a aquellos políticos que ni siquiera hablan del tema, como, por ejemplo, los dirigentes de Ciudadanos. Sería de una enorme importancia que, en España, hubieran revistas como Fair que señalaran el sesgo sistemático de los medios en la cobertura de la vida política del país.
Vicenç Navarro. Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona


Epílogo

El empleo de la tecnología facilita el control social; la misma ofrece a los grandes monopolios y/o transnacionales la posibilidad de transmitir al público más que un producto sino un modo de vida. "En las sociedades capitalistas con la excusa de 'entretener', y en las socialistas bajo la de 'educar', lo que se persigue es que la inmensa mayoría de la gente piense, sienta y se comporte como lo pautan las instituciones". Los medios de comunicación social están enfocado a crear y afianzar de forma continua, la ideología y conducta de consumo en el espectador, aspecto que favorece a los que tienen hegemonía económica.

Por todo lo expuesto, varios estudiosos de las industrias culturales consideran a los medios de comunicación social el primer poder en la sociedad actual, no ya el cuarto poder: una industria necesaria dentro del sistema porque va formando actitudes y tendencis en las masas, y si éstas son similares (uniformidad en la sociedad), el trabajo es más fácil para los grupos hegemónicos y, en definitiva, del Imperio: mientras menor variedad haya, más fácil es ejercer el control social.





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