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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Sigur Rós - Taak (2005)


Artista: Sigur Rós
Álbum: Taak
Año: 2005
Género: Post-Rock
Nacionalidad: Islandia


Lista de Temas:
01 - Takk...
02 - Glósóli
03 - Hoppípolla
04 - Með blóðnasir
05 - Sé lest
06 - Sæglópur
07 - Mílanó
08 - Gong
09 - Andvari
10 - Svo hljótt
11 - Heysátan

Alineación:
- Jónsi Birgisson / Voz y guitarras
- Georg Holm / Bajo
- Orri Páll Dýrason / Batería
- Kjartan Sveinsson / Teclados
Músicos invitados:
Amiina / strings
Kristín Lárusdóttir / cello
Júlía Mogensen / cello
Stefanía Ólafsdóttir / viola
Eyjólfur Bjarni Alfreðsson / viola
Ingrid Karlsdóttir / violin
Gréta Salóme Stefánsdóttir / violin
Matthías Stefánsson / violin
Ólöf Júlía Kjartansdóttir / violin
Eiríkur Orri Ólafsson / trumpet
Snorri Sigurðarson / trumpet
Helgi Hrafn Jónsson / trombone
Samúel Jón Samúelsson Big Band / trombone
Össur Geirsson / tuba


Gabi nos comparte otro de los gélidos y bucólicos islandeses, siguiendo con su estilo propio, quizás cansando a alguno más que a otro (ami me cansan) pero sin dejar de desmerecerlos poruqe encontraron su sonido y despliegan su musicalidad.
Para un día feo, lluvioso sobre Buenos Aires, pegale una escuchada a los emocionales islandeses como para completarla...

Takk... (Gracias...) es el cuarto álbum de estudio del grupo musical de post-rock islandés Sigur Rós. Fue lanzado el 12 de septiembre de 2005.
Los primeros singles, Glósóli y Sæglópur, fueron lanzados el 15 y el 16 de agosto de 2005, respectivamente. El single Hoppípolla fue lanzado en el Reino Unido el 28 de noviembre de 2005 y entró al UK Singles Chart en el puesto #35 el 4 de diciembre. Tras su relanzamiento en mayo de 2006, alcanzó el puesto #24.
En Estados Unidos, Takk... vendió cerca de 30.000 copias durante su primera semana tras el lanzamiento. El 7 de abril de 2006 el álbum fue certificado como disco de oro por la British Phonographic Industry tras registrar más de 100.000 copias compradas en el Reino Unido. En total, Takk... ha vendido más de 800.000 discos en todo el mundo.[cita requerida]
La BBC ha usado frecuentemente canciones de Takk... para sus programas. Hoppípolla fue utilizado como música de fondo para los trailers de la aclamada serie documental Planeta Tierra.
El tema Hoppípolla tema fue utilizado también por RTVE para una campaña de promoción interna de sus canales temáticos.
Wikipedia

Sigur Rós es uno de los grupos de Post-Rock más creativos e inclasificables, y de hecho, el mero intento de catalogarlos ya es un acto más bien osado. Incluso como Post-Rock, pero bueno, en algún lugar los tenemos que meter... por lo que sé, la mitad de las canciones las cantan en "Vonleska", un idioma guay que se inventó el vocal (cualquier parecido con Magma es producto de la imaginación de alguna mente afiebrada, aclaro), que consiste en fonemas sin ningún léxico y sin ningún significado, con el cual la persona que lo escucha puede imaginar lo que quiera que signifique. Y la otra mitad las canta en islandés, que no creo que tenga mucha diferencia con el vonleska, al menos para nosotros.
Nos guste más o menos el grupo hay que reconocer que las aportaciones de la banda en cuanto a lo musical son, cuanto menos, destacables.

La experimentación post-rock de algunos grupos como estos islandeses Sigur Rós podrá cautivar a algunos con sus disposiciones noise-art-pop e irritar a otros con un coñazo insufrible de ruidos ambientales y texturas autocomplacientes. Aunque bueno, siempre, y para bien, existe un término medio.
“Takk” (2005) es el cuarto disco del grupo y otro recorrido emocional a través de un mejunje entre art-pop, new age, música orquestal y ambientes psicoprogresivos con lujosos arreglos etéreo-espaciales.
Todo ello enfocado en la creación de atmósferas preciosistas-noise con voces andrógino-evocativas (en ocasiones fantasmagóricas y operísticas) en piezas lentas (muy extensas) con crescendos en clímax intensos a nivel sensorial, ornamentados con arreglos de cuerda, glockenspiel, celeste, pianos, trompetas...
A veces el álbum resulta bastante aburrido, pretencioso, y repetitivo (en especial la voz, en muchas ocasiones bastante insoportable), y otras detenta una extraña sensación de placentera belleza en la exposición post-rock de pasajes sonoros que dibujan escenarios relajantes, cautivadores, fríos pero emocionales, generados por una combinación de instrumentación experimental y voces ululantes.
Probablemente lo mejor del álbum se encuentre en piezas como “Saeglopur”, con un sencillo piano y un glockenspiel que parece simular gotas de lluvia. El desarrollo del tema alcanza en su crescendo momentos de épica emocional con la percusión, el fondo noise, la intensa voz de Jonsi Birgisson y los épicos arreglos de cuerda.
La balada “Hoppipolla”, contiene también bellos pianos y una disposición pop (orquestal) más asequible para los menos gustosos de la experimentación, “Glosoli”, es como mezclar a Enya con My Bloody Valentine y el desfile del ejército ruso por la Plaza Roja, mientras que “Sé Lest” tiene una interesante sonoridad con xilófono y celeste, un desarrollo bastante pelmazo y una parte final divertida en plan dixieland.
“Gong” es otro de los cortes más escuchables (por lo menos no dura doce minutos en un desarrollo onanista), con una melodía dream-pop, elegantes cuerdas, una suave batería, guitarras jangle y la voz afectada, caricaturesca e insufrible de siempre intentando transferirnos emocionalidad en crescendo. Lo conseguirá con algunos. Les estremecerá. Les fascinará. A mí me termina hastiando tanta pomposidad, tanta grandilocuencia repetitiva.
AlohaCriticón

Les decía, a mi me resultan monótonos y me cansan aunque no dejo de reconocer su arte. Pero no voy a escribir tanto si en este comentario dicen más o menos lo mismo que pienso yo:

La cuestión Sigur Rós es una de las más imposibles de abordar desde la falsa equidistancia. Es un tópico: o los amas o los odias. Resulta sorprendente, no en vano, que dicho tópico se haya adherido con tanta firmeza a la música de los islandeses. A priori no debería ser un grupo que provocara enconados debates. A priori no debería ser un grupo que provocara debates. Sigur Rós navegan entre cierta popularidad que choca frontalmente con la naturaleza de su sonido: al principio denso, posteriormente más ligero, de larguísimos desarrollos, casi ambiental, demasiado onírico, fastuoso, excesivamente elegíaco. Nada hace indicar que la suya debiera ser una historia de éxito, pero lo es. Sigur Rós rompieron el molde de su género y, de algún modo aún hoy fascinante, traspasaron los límites de la irrelevancia popular.
Las dos caras de una misma moneda
Como suele suceder, este hecho ha provocado el surgimiento de una masa acrítica de fans que defienden todos y cada uno de los pasos del grupo y, en contraposición, un núcleo de férreos opositores a cualquiera de sus derivas sonoras. Como en muchas otras ocasiones, nunca he sabido demasiado bien dónde posicionarme. Sigur Rós tienen tantos motivos en sus canciones para amarles como para odiarles. Desgraciadamente el término medio es lo peor que puede existir en el pop, así que tiendo a mirar los discos de los islandeses desde cierta atalaya de respetable indiferencia. Es lo peor porque me impide sumergirme en ellos, para bien o para mal.
Pero no es siempre así. A lo largo de sus años de existencia, Sigur Rós me han regalado momentos de goce y momentos de tedio. Por el momento los primeros ganan a los segundos, pero la tendencia es preocupante tras su soporífero Valtari. Aquel fue un disco recibido entre aplausos por los seguidores más acérrimos del grupo, pero tras las texturas ambientales y las guitarras escarchadas no había nada más que aburrimiento. Ni frío ni calidez emocional. Valtari no transmitía nada. Sigur Rós a veces no transmiten nada. Se pierden entre sus gélidas ideas, se autohomenajean con demasiada frecuencia. ¿Cuál es el camino que lleva desde su debut Von hasta Valtari?
Seguramente ese camino sea () o la segunda mitad de Takk… Sigur Rós hacen discos tan largos y tan grandes que inevitablemente terminan perdiendo peso por alguna de sus esquinas. Y eso que Takk… es el disco que les catapultó a la popularidad con cierto merecimiento. Cuando se alejaron del post-rock, a Sigur Rós le salieron himnos de naturaleza alegre para todos los públicos. ‘Hoppípolla’ fue hasta ese momento la única canción hasta la fecha que merecía el apelativo de hit. Lo fue con mayúsculas: anuncios en televisión, promociones, vídeos caseros. Era una música de acompañamiento idónea y resumía muchas de las virtudes del grupo: el amable histrionismo emocional, los sonidos paisajísticos, el piano que salta por la pesadez rítmica de la batería.
El brillo de un buen comienzo
En Takk… había dos o tres canciones más que daban forma a los Sigur Rós del futuro. Por ahí aparecían ‘Glósóli’ o ‘Milano’ para llevar la honda severidad de () a un terreno más liviano. Pero cuando Takk… entraba en barrena no quedaba apenas nada de la inspiración que les condujo a Ágætis Byrjun. Pocos grupos han tocado las teclas del post-rock y los sonidos ambientales con tanta emoción como ellos lo hicieron en su segundo disco, aclamado por la crítica y merecidamente uno de los mejores trabajos de la pasada década, aunque fuera publicado en las postimetrías de los noventa. Ágætis Byrjun es su disco. El que sobrevivirá al paso del tiempo y les hará ser una banda que merezca la pena recordar. Es justo decirlo, porque es justo lo que se desprende de sus canciones.
Cabe preguntarse si ‘Viorar Vel Til Loftarasa’ es una de las canciones más sinceras que un grupo ha escrito jamás. Diez minutos de progresión melancólica al ritmo de guitarras estratosféricas que son como sierras mecánicas arrasando el corazón de Jón Þór Birgisson. Sin falsete ni exageración, Birgisson, homosexual, relata su drama y el de miles de niños que simplemente fueron presa de un entorno social demasiado conservador. Sigur Rós suenan tan sinceros en esta canción que casi da miedo acercarse a ellos. Nunca jamás lograrían tal nivel de abstracción emocional, y su discografía posterior tendría más de sus inquietudes artísticas que de sus obsesiones emocionales.
El resto de Ágætis Byrjun roza el sobresaliente, con otros momentos brillantes como la homónima ‘Ágætis Byrjun’ o ‘Svefn-g-englar’. Efectivamente, aquel fue un buen comienzo. Su continuación nunca desprendería el mismo magentismo. Pero () es un buen disco igualmente. Por entonces, Sigur Rós sabían que querían de sí mismos y hacia dónde querían llevarse. () no tiene nombre, es tan sólo un paréntesis. Sus canciones, a ratos inspiradas (número 4) a ratos no (número 7), presagian su debilidad por la irrelevancia ambiental y evocan su talento para inspirar emociones heladas. Se puede mirar a los ojos de aquel () y hacerlo sin condescendencia.
Enroscados en sí mismos
Hay muchas cosas que a partir de entonces no me gustarían de Sigur Rós, como su necesidad de crear un universo paralelo a su música. A veces Sigur Rós han caído en la tentación de alimentar innecesariamente su personaje. Los títulos de las canciones, que traducidos del islandés resultan de un coelhismo que espantan, son una pista. Sigur Rós pecan de demasiada espiritualidad. Y la espiritualidad excesiva es, de largo, de lo peor que puede pecar un grupo de sus características. Por aquí se cuelan y levantan la mano casi todos sus detractores: no podéis creer tanto en vuestra música. Esa suerte de experiencia mística que afina los sentidos y limpia el alma. Una nueva religión para miles de creyentes cuya devoción es fe. Nada real que lo sustente detrás.
Valtari tocaba este terreno descaradamente. No sé si conscientes de ello, en su anterior disco, Sigur Rós probaron con instrumentos de corte más folk y ambientes dream pop. O directamente pop. El experimento no fue el mayor acierto del grupo, pero tampoco un error monumental. El único problema de Með suð í eyrum við spilum endalaust es que les llevaba a un terreno donde otros miles de grupos eran capaces de hacer exactamente lo mismo. Con la misma gracia: relativa. Es el camino que Jónsi trató de continuar en solitario y que arrojó el mismo resultado. ¿Cuál puede ser el futuro, entonces, de Sigur Rós? Es su encrucijada y deben resolverla.
La respuesta la tendremos no demasiado tarde. Ya sabemos que van a publicar un nuevo disco este año, en una sorprendente productividad tras el no tan lejano anuncio de su cese temporal de la actividad. Se llamará Kveikur y ya tenemos algún adelanto que otro, como ‘Brennisteinn’. No lo he escuchado pero ya he leído los mismos comentarios enconados de siempre: por un lado, la maravilla mística de guitarras paisajísticas; por otro, el sublime aburrimiento que produce el post-rock que se mira al ombligo, en un uróboro musical. ¿Serán Sigur Rós un Saturno que devora no a sus hijos, sino a sí mismo? Pienso que tienen margen de maniobra, pero que no sé si son conscientes de ello.
mohorte

Takk… es un álbum soleado, pero en su mundo el Sol es frío y siempre parece otoño. El grupo Sigur Rós es conocido por sus temas largos, sus violines y la voz siempre aguda y encantadora de Jónsi (que a veces habla en un idioma inventado). Todo esto suena a sinónimo de música inaccesible, pero no: escuchá el disco -no importa que no entiendas las letras o que no estés acostumbrado a estos sonidos- y vas a entender de lo que hablo.
Ya arrancamos con una intro que deslumbra en menos de dos minutos, y luego continúan temas elegantes y pausados. Pero no creas que vas a dormir: “Hoppípolla”, lo más conocido de la banda, es radiante y estalla en optimismo, mientras que la impresionante “Sæglópur” abandona rápidamente la calma para atacar con baterías espeluznantes. Así como cada tema puede variar entre la calma y la tormenta, el disco está formado por un abanico de paisajes distintos. Casi nunca uso la palabra “hermoso” como descripción, pero este viaje sinceramente la merece.
postrockero

Aunque Takk sigue siendo apabullante y es mucho más accesible, pierde el efecto obra maestra de su predecesor. Aparte del hecho de encontrarnos algun relleno pasando a la segunda parte del disco.
Pero más allá de estilos, Sigur Ros transimten sensaciones: ¿potencia y energía en Saeglópur? (y con potencia no me refiero a una banda de metal), ¿Sosiego en Glósóli? No, escucha su final. ¿Grandilocuencia musical en Hopipolla? Sí, escucha su final, pero aclarando que dicha grandilocuencia es necesaria para convertir a Hopipolla en lo que es, un himno. Un himno done te viene a la cabeza la palabra "VIDA".
starbolt

Y para completar, algunos comentarios en inglés.

"I love the smell of post-rock in the morning"
When listening to great post-rock, I enter a spiritual seance which I can't get out of until the music stops. GYBE and Sigur Rós are two of the bands that put me in that mood, and sometimes the experience is just out of this world.
Takk... was pretty much bound to be a letdown after the release of two legend-making records. To state that Sigur Rós went mainstream is wrong, they never went mainstream, but they did polish it up a bit, and made their sound more user accessible. Songs like "Hoppípolla" are frequently used in commercials, nature programs, and "my perfect summer" videos on YouTube. However, when a song is really, really good, commercial appeal figures. In no way do I feel Sigur Rós has abandoned their original sound, it's still there, and it's still good.
Most albums have highs and lows, this album kinda do to, but I can't point to a specific song I think is bad, I can only point to parts of the album. If a person uttered the words 'Icelandic post-rock" pre-99, I don't think anyone would have known what this person was saying, today however, Sigur Rós has played an important role in both putting post-rock back on the musical agenda, and raising awareness of Icelandic music(and landscape).
"Sæglópur" is a powerful, piano-driven post-rock piece, and it kinda sums up the album. It's an eternal build-up into a clash of magic and instruments, and words most of its listeners will never understand. It's weird, it's refreshing, it's massive, and I love it. No matter what, where or when, I will always love the smell of post-rock in the morning.
eraserbrain

If a burglar were to break into my home on some broad daylight hour, and I were to still have my laziness parked indoors, they'd probably assume that I have a guest over based on the incessant chatter that would be emanating from under my door crack. I'm one of those oddities who, despite what media norms and societal convictions may shout down, talks to himself on a regular basis; I've only recently caught and acknowledged the habit that, yes, I am reading every word aloud as I type them out. Often, the conversations will simply be the regular shit that we all keep in our heads for convenience's (and the depiction of sanity's) sake. This tends to run out fairly quickly, and by the time I've gotten myself into a speaking mood, I explore different ways to make nonsense up for 'enlightened discussions.' I'll tell myself stories about myself, embellishing the particularly humiliating parts and imagining a laugh track of an live audience being so amused at the sort of shit I get myself into. I pretend to have discussions with friends, be they old (or new [or fictional]), about the most mundane things imaginable (did you know that the bananas we eat are entirely different from natural bananas?). I don't think that any man is capable of enduring solitary confinement, but I know that I'd get by for the first couple of hours at least, based on this quirky recurrence.
The reason this happens is largely reliant on the past situation that reared its ugly head daily: I was alone for a better portion of my life. Encouraged to be a recluse, and detesting of the outdoors, I locked myself into my room while playing video games and eating saturated fats, slowly transforming from that cute skinny kid who talked too little, to a grotesque blob with no interpersonal skills to flaunt and no redeeming qualities to represent (well, except for achieving the highest score for EVERY possible monster in Pokemon Snap). My company was fleeting, and finally, there wasn't any at all. I became frantic in knowing that I had no friends, but without the tools to successfully introduce myself to people (and the stigma surrounding knowing me from the community of 6th graders at the time), I had cornered myself into a place of no outlet. Nobody to direct my insights and thoughts of the world to, and the few who came by being too disgusted to give me a chance. It was at this time that the habit began, and its transformation and evolution over nearly half of my life has brought it to where we are today: a regular college student who hasn't met a single person in his new hometown.
I meander a lot (a byproduct of all of this communal malnourishment), which makes me want to say, 'I'm sorry,' but I also apologize too much. Also, I wouldn't actually mean it. If I said nothing, I'd wonder all day about whether or not I've offended the person in question, imagining their portrayals of a vindictive, cruel version of myself who needs to have punishment enacted upon me because of my rudeness. I imagine what sort of crafty revenges are being schemed in the minds of people I've 'wronged,' and a wave of relief hits me once my next interaction with the none-to-slightly jilted individual is cordial or neutral. What is wrong with me? Why do I step over myself via these little ridiculous certainties I've made about my fellow species? My complete ignorance over the human mind is probably what has titillated me into interest of a psychology major. That's one thing. The other? Inspiration of the human mind.
Takk is a record that has seemingly sprung from the womb of man's deepest, most intricate thought processes. All of these little annoyances and movements that I procure daily seem to melt away with the message that Sigur Ros (whether one exists or not) delivers. Centered around a language whose gobbledygook is no secret, and whose intensity seems to wretch and contract like the condensed desperation of a neutron star, Takk is a swelling masterpiece of human celebration. It's an album that has so much to say, yet has so few resources and comforts in its capabilities to help get those words out there. I think the first time I heard this, I did nothing but lay and absorb the timbres and beauties that the record presented. It's like taking a walk through the subconscious of some troubled, highly artistic champion, allowing his every feeling to manifest and come forth for personal representation. It's almost too much to handle.
I awoke one night with the opening tones of "Sæglópur" bouncing innocently around my room, and the love I felt for everything in that ridiculously warm memory was one that even the subconscious pitfall of followed sleep couldn't get me to part ways with. I think it's the optimistically desolate (two words that you don't see paired often) growth that Takk harnesses that causes me to envision its likes on an intrapersonal scale: two people walk down a street and into a dazzling sunlight, both of their eyes hazed while their hands are locked together in some unnerving bond. They walk for as long as they possibly can, until their cognitive switches both light up and activate simultaneously to the same response: turning to one another, looking each other in the eyes, and departing in opposite directions. Or one of them continues back the way she came, and the one left standing is poignantly looking down at his shoes.
Takk makes me joyous and frustrated, terrified and enlightened, nihilistic and altruistic, and every other array of polar opposite emotions one can think to list. There are times that I want to stand up and shout into this album's face, "You idiot! You could be doing so much better for yourself!". Even more vitally, this release seems to nourish the thought that I'm not as crazy for all those times I've sat alone in deep conversation, as if keeping up such exercises is something to be incessantly praised. All of this is self-fulfilled meaning, I know, but... that's really what musical discovery comes down to: finding pieces of yourself in other people. I've done just that with this album over the course of a couple years, and I don't think my gratitude could be anymore packed to the brim. This is one of the pinnacles of sound, expression, and human doing.
tryptavitoxytocin

There are reasons why Pirates bury their treasure, draw out maps to guide them back there, and then bury the maps as well, with no map guiding you to the main map to be seen or heard of. Primarily it is because they are all dogs, and they will die like dogs, and therefore, inevitably, they will dig and bury things like dogs too. But they also bury their treasure because they are greedy and want to keep it all to themselves.
In the latter sense, I am a Pirate. Sure, I don't lick my own balls, but I am extremely possessive and defensive over things that present themselves to me for having a kind of precious quality. I kind of wish that I had taken Sigur Rós out in a boat about a year ago, found a secluded island, asked them politely to lie down and then covered them in sand. It would have hurt me to hear them beg and plead, but at least I wouldn't have been hurt further down the line.
Once, there was a time when you could say to people, "Have you heard of Sigur Rós?" and they would respond "Ciggy Wha?" and you could smile smugly at your stunning musical knowledge and taste. Nowadays, thanks largely to BBC Wildlife programmes, soppy, deeply meaningful films and stylish commercials, every Tom, Dick and Harry knows who they are, and most of them have got the T-Shirt, or at least Takk..., an album of profound beauty with just the right commercial edge to sell millions of copies, especially when Jo Whiley and other "serious" DJs hop on the band wagon and tell me things like "Takk is a life affirming record," or "Takk is simply breathtaking." I know this already, I just don't want to be told something I knew long before the Jo Whileys of this world came on the scene.
Whether they intended to or not, Sigur Rós made a very accessible record which still embodies their unique sound, thus teleporting them to a massive audience who are tired of Coldplay, and want something with real emotionally crippling potential to drown their sorrows to. They seem to have become more accessible through finding a formula, which is soft, slow beginning, build around a riff (counterpointing - and I didn't even study music at Oxford!), build it, keep it coming, then finally release, play everything at once as loud as it will go, bring in the drums and then slow slow slow, back to where we were again.
Admittedly this is not a formula that is new to Sigur Rós, the key difference with Takk... is probably the fact that there are some catchy hooks on here, and some of the songs are marginally shorter than usual, short enough to be played on the radio even!
I really like the record, it is symphonic and rumbles along at a quicker pace than previous offerings, and the depth of sound is quite impressive, but it does have the downside, for me at least, of being immensely likeable and catchy, some might say life affirming, the sort of record your Mum would borrow off you and dream of life further afield, beyond the kitchen sink. It has mass appeal, it sounds as though it was created with that in mind, and for this reason I have a slight, if barely noticeable, problem with it. It doesn't outmatch it's two predecessors in thematic style and continuity either, and therefore needs to be docked a few crucial points.
So, I'm off to bury ( ), Von and Ágætis byrjun before some trendy bar frequenters turn up and start explaining to me what an essential and life affirming group the Rós are, to which I shall have to explain that, yes, I bloody know, and get that bloody spliff out your mouth you big hippy, this isn't a sodding chill out band either.
ozzystylez

I admit that I am a quite emotional human being. Some would probably call me "overly emotional¨, and perhaps those people are right. It has absolutely nothing whatsoever to do with trying to be emotional or wanting attention; it just seems to be who I am. Perhaps it is my age, perhaps it is hormones, or perhaps it is simply my individual essence that is responsible for my ongoing need to feel emotions.
Sigur Ros is a 4-piece post-rock band from Iceland. The band's name translates directly to "Victory Rose", which sums up the band's sound perfectly. Using the standard guitar, bass, drums, keyboards and vocals with some occasional strings and brass, the band has been able to create some of the most beautiful and overwhelmingly emotional music that I have ever had the privilege to experience. The band's most recent release, "Takk..." (which means "Thanks...") has taken the band's sound to new heights.
Imagine standing on the top of a high, snowy mountain right as the sun is rising. All of a sudden you see the sun come up over the hills, warming the snow-covered land. As the snow begins the melt and the sun continues to rise, you feel an overwhelming rush of emotions. This beautiful experience is what Takk is like. The album begins with some soft keyboards and strings, giving you a hint of the beauty to come. The title track is more of an introduction than anything, but is perfectly fitting. It sets the mood for the album and flows wonderfully into the next track, Glosoli. The beginning of Glosoli is one of the most beautiful things I have ever experienced. It begins with a few soft bass notes and what sounds like bells, accompanied by strings, and then Jonsi's voice. The combination of the title track's ambience and Glosoli's beauty makes for one of the greatest album openers I have ever heard.
In my opinion, lead vocalist/guitarist Jonsi is the greatest vocalist of all time. He does not simply sing, he expresses exactly what he is feeling at the moment. Every crisp, clear note that escapes his mouth is as beautiful and majestic as you could ever dream a human being's voice to be. The perfect word to describe his voice is "angelic". His voice is so sweet and high, he often sounds like child singing in a church. His unique falsetto tone has always played a major part in Sigur Ros' unmatched, peerless sound.
As you may know, all the lyrics on this album are in Icelandic (although at times, Jonsi does not use lyrics, he simply sings random syllables, using the words as a scapegoat for his voice). Icelandic is such a beautiful language to listen to, and it flows so well with the music that you will sometimes be tempted to play back certain parts of the music just to hear Jonsi say a certain word. He often speaks words that are so beautiful and different that you will find yourself trying to pronounce them. I actually think that if the words where in English, I would enjoy this album less than I do.
The music, although quite simple, is wonderful. Each member of the band stands out individually at some point in the album. Whether it be the ambient, slow bass guitar notes in Glosoli, the fast, poppy drumming in Gong, or the sweet piano at the beginning of Saeglopur, the band is at their best on this album. Strings are used in almost every track on Takk..., which only enhances the beauty of the album. At some moments on Takk..., Jonsi even plays his electric guitar with a cello bow, which makes a breathtaking sound.
I like to think of Takk... and the band's earlier album () as one story. () represents winter, with its cold, sad sound, and Takk... represents spring, with its warm, upbeat, hopeful sound. The artwork of () is white and cold, while the artwork of this album includes birds flying in all directions and trees covered in leaves. It would be impossible for me to choose one of these albums over the other. They are very different albums and, in my eyes, are both classics.
In conclusion, this record is a masterpiece. It must be heard. I apologize for my lack of a better word, but at this point I am truly speechless. The beauty, the emotion, the power of this record is almost too much for me to bear. Takk... is one of my favorite albums. I highly, highly recommend it to anyone who wants to hear a groundbreaking album.
Pros:
-Overwhelmingly emotional
-Beautiful, beautiful music
-More accessible than the band's other works. Whether you are an indie guy, a punk rocker, a proghead or a metal head, you can probably still enjoy this album.
-Jonsi's amazing voice
-Great instrumentation
-There are pretty much no fillers or skip-over tracks
Cons:
I honestly cannot think of one bad thing about this album.
Influenza

Aquí les dejo, gracias a Gabi, otro disquito de la banda islandesa más famosa (al menos no recuerdo otra, si me equivoco avisen, no soy infalible) ya que Bjork es una artista en solitario. Para completar este día de miércoles, acá les dejamos a los Sigur Rós... un hermoso disco para quien lo sepa disfrutar y no se aburra en el camino...




1 comentario:

  1. Download: (Más flacs en otro aporte de Gabi)
    http://pastebin.com/1xULCkPr

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