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Juana Molina - Un Día (2008)



Artista: Juana Molina
Álbum: Un Día
Año: 2008
Género: Folktrónica
Duración: 50:29.000
Nacionalidad: Argentina


Lista de Temas:
1. Un día
2. Vive solo

3. Lo dejamos
4. Los hongos de marosa
5. ¿Quién? (Suite)
6. El vestido
7. No llama
8. Dar (Qué difícil)

Alineación:
Música y letra por Juana Molina
Guitarra entre 3 y 4, 6 y 7 / Gareth Dickson
Tapa por Alejandro Ros
Post mezcla por Revolver
Mastering por Eduardo Bergallo en Puro Mastering


Juana Molina La Tundra Revista

«Hay que ser la mujer más libre del mundo para componer esas canciones. No hay más que picar sus discos en random. Son cinco: Rara, 1996 (producido por Gustavo Santaolalla); Segundo, 2003; Tres cosas, 2004; Son, 2006; Un día, 2008. La placa Tres cosas fue elegida por el New York Times entre los diez álbumes de pop más importantes del año junto a discos de Björk y U2, entre otros. Tocó en el Festival Coachella. Salió de gira con David Byrne, con Feist. Grabó voces para un tema de los Chemical Brothers. Pero todo eso fue después. Cuando dejó su carrera de actriz televisiva en el pico del estrellato para dedicarse a la música, sintió que la pusieron en penitencia. “Fueron años de insistir sufriendo”, resume. A fines de los ’90 se instaló en Los Ángeles porque había una radio muy importante que la pasaba todos los días. Programaban “Rara” o “Los días de humedad” de su primer disco: “Un amigo me llamó y me preguntó si había puesto plata porque me pasaban todos los días, no fallaba”.
–¿Fue una especie de escape?
–No sabía muy bien qué hacer, todavía estaba con el fantasma del programa de televisión y me costaba mucho ese tema. Siempre que aparecían los medios era para hablar de por qué había dejado la televisión y nunca el motivo era la música. Entonces me pareció un buen plan irme donde me iban a dar bola como música. Pero sí: fue una prueba para escaparme de la presión que sentía acá. Quería irme de esa especie de penitencia que me ponía el afuera por haber cambiado…
–¿Cuándo dejó de “estar en penitencia”?
–Ahora que pasó el tiempo puedo notar que era un tema mío… Si me hubiese relajado un poco más, no necesitaba irme tan lejos para hacer lo que tenía ganas de hacer. Son puntos de vista que una tiene en el momento, cosas que una piensa y considera que son la gran verdad y al tiempo se diluye. Viví un año y medio allá. Después siempre viví en Buenos Aires pero quedó ese mito de que yo vivo afuera. Viajo mucho, nomás.
* * *
A los 5 años le regalaron la “primera guitarrita”. Entonces el desafío era tratar de cantar y tocar al mismo tiempo. “Cuando yo abría la boca para empezar a cantar –recuerda y se ríe–, la mano inmediatamente dejaba de tocar, en la música siempre fue así: terapéutico”. Al tiempo ya tenía un portaestudio y jugaba a grabarse cuando estaba sola. En su casa siempre había música. Pero si había una reunión o alguien le pedía cantar, ella no podía. “La música siempre me pareció algo tan profundo e importante que me resultaba imposible hacerlo frente a otros, sentía un pudor infinito”, dice Juana y no es contradictoria. La televisión no le costaba. Cuando ella actuaba, no tenía que mostrar nada muy íntimo. No era ella. Se había metido en televisión para hacer plata, hacer música era el fin. Después se le fue de las manos por la magnitud del éxito. Durante su primer embarazo, se dio cuenta y pudo reflexionar: “Si no hacía música me iba a morir de depresión”.
–A su música hay que escucharla más de una vez, hay que entenderla. ¿A usted también le pasa con la música que escucha? ¿Los discos que más le gustan son los que necesitan más tiempo?
–Absolutamente. Qué halago si pasa eso con mi música. En general, si escucho algo y no sé muy bien qué me pasa y me quedo perpleja, sin demasiada opinión, tengo que volver a escuchar. Entonces el oído forma un nuevo molde, que es el molde que necesita ese disco que estás escuchando en ese momento. Me parece que es importante esa posibilidad que uno tiene de cambiar y moldearse según lo que recibe. Es la capacidad de poder escuchar música y ser blando para poder recibirla. Por lo general lo que más me gusta, en un principio me resultó extraño, no lo entendí o no me llamó la atención.
–¿Con qué músicos le pasó?
–Me acuerdo algunos casos de la infancia. Una vez mi papá me trajo un disco de King Crimson (Larks’ Tongues in Aspic), en la época en que la música era otra cosa acá: pasé de Palito Ortega a King Crimson, bueno, en realidad de los Beatles a King Crimson, que es un cambio muy drástico igual. Mi padre me hacía sentir que yo era importante teniendo ese disco (se ríe). Me impactó: pasé de no entender nada a inventarme un cuento para esa música. Como para mí las letras eran un sonido más, había un momento en que yo veía una ventana de noche desde afuera y veía siluetas a través de una cortina. Una mujer gritándole a alguien, recriminándole cosas, todo muy angustiante. Y para mí era eso: la banda se había propuesto meter a una mujer en una ventana a la que le pasaba todo eso. Listo, fue magia.
* * *
A Juana le gusta la música que tiene pedal. Entonces cuenta una anécdota repetida mil veces: ella sola, de visita en la casa de su abuela, rogando que nadie se subiera al ascensor para poder cantar melodías con el ruido de fondo al subir. Una nota pedal es un sonido que se sostiene durante toda una canción mientras las melodías se mueven arriba. La música celta y la hindú, por ejemplo, usan notas pedales. “Hay un casete muy importante –afirma como contando un secreto–. Yo tenía 14 años y me puse a grabar canciones de cuna de Asia y África de un programa de radio de Francia… y después sí, quizás terminé haciendo alguno de esos sonidos”. Juana Molina sigue explorando música: “No escucho un género por sobre otro. Me gusta cuando aparece alguien detrás o delante de un estilo. Cuando hay algo personal y único, ahí se pone interesante”.
En 2011, el sello belga Crammed Discs la contrató para formar parte de un proyecto ambicioso: armar una súper grupo con la revelación africana, Konono nº 1, de Congo, Deerhoof (una banda de rock experimental de California) y Kasai Allstars, un colectivo también de Congo. Así se formó Congotronics vs. Rockers. Compusieron en Bélgica y viajaron por toda Europa presentando acalorados recitales.
–¿Cómo fue participar del experimento Congotronics vs. Rockers?
–Finalmente, estuve cerca de África. Fue una experiencia de una excitación enorme y también fue difícil. Son culturas realmente muy distintas y todo lo que uno cree, el mito del swing africano… uno lo entiende más desde otro lado y deja de ser esa cosa inalcanzable. Me di cuenta que lo que hay es otro punto de partida. Todos los occidentales estábamos muy al tanto de un montón de música que no es la nuestra y ellos no conocían más que la música de ellos. La sensación que se podía tener al final es que éramos unos blanquitos que nos habíamos subido al proyecto africano, pero lo cierto es que era más fácil para nosotros montarnos sobre los africanos que para ellos sumarse a nosotros. Yo quería que ellos hicieran palmas en dos y en cuatro, y no había manera, entraban en uno y en tres. Era muy difícil hacerlos salir de su propio esquema. Yo aprendí muchísimo porque tuve que desestructurar la cabeza.
–Le permitió ejercitar esa capacidad del “ser blando” para la música que decía recién…
–Claro, la música es ejercicio. Me pasa a veces cuando grabo una guitarra, y después grabo una voz. Después quiero tocar la guitarra mientras lo canto y es imposible y tengo que estudiarlo. Tengo que inventarme un camino en el cerebro para poder aprender que primero va tal voz y después tal dedo, después viene tal sílaba y después otro dedo. Es importante aprender nuevos caminos para hacer nuevas cosas. Para mí también es importante no siempre cantar mientras toco, sino grabar y cantar encima para que la melodía sea más libre. Cuando estás tocando un ritmo, tenés la cabeza armada para ese ritmo y si cantás encima lo más probable es que armes algo encima de ese ritmo que no tenga mucho contrapunto.
–¿Cómo surgen sus momentos creativos?
–Hay épocas en las que estoy muy productiva. No es que de golpe me vino la inspiración y entonces voy a grabar. Nunca me pasa eso. Simplemente estoy tocando la guitarra, medio paveando y en algún momento se me ocurre algo y después lo empiezo a trabajar. Va creciendo poco a poco, se va armando. Las cosas van apareciendo medio solas. De lo contrario, entro en una especie de trance, lo que hago no es muy interesante. O, al menos, si no estoy en trance, después tiro todo lo que hago porque no me gusta.
–Para que aparezca el trance, ¿trabaja todos los días?
–Soy medio hija del rigor. Para el último disco me dijeron: si querés que el disco salga este año, me lo tenés que entregar en mayo, yo en febrero no tenía nada, en marzo me puse a trabajar y lo entregué a tiempo (ríe). Si tengo un incentivo, una presión, entonces trabajo y viene la inspiración.
–En la canción “Un día” dice que va a cantar las canciones sin letra para que cada uno imagine lo que quiera. ¿Qué tan cerca está de eso?
–Menos de lo que pensaba. Hay ciertas melodías que no pueden ser cantadas sin letra, me gustaría resolverlo. Hay melodías muy protagonistas que no se interpretan bien si estás cantando lalalá. A mí me gusta lo abstracto de la música, al poner una letra, la canción se vuelve más terrenal. El próximo disco está muy avanzado, pero le faltan todas las letras. Siempre es lo último que hago. No me resulta un momento muy inspirador el de poner las letras, me está dando fiaca. Pero bueno, sería más difícil todavía llegar a la gente, todos están acostumbrados a escuchar canciones con letras. En cambio lo instrumental o lo que no tiene ningún mensaje hablado es más libre.
–La mujer en la ventana del disco de King Crimson.
–Ahí está, el disco de King Crimson que me regaló mi papá. Cuando escuché el CD remasterizando y llegó esa parte, de golpe había una guitarra clarita: apareció el instrumento y desapareció toda la magia. Se ve que Robert Fripp cuando remasterizó el disco, consideró que el solo no se entendía muy bien, pensó que la guitarra estaba muy lejos y la puso más al frente… entonces desapareció mi cuento por completo y apareció un señor tocando la guitarra. Para mí, lo importante de la música es cuando los instrumentos y las personas que los ejecutan desaparecen. La música por sí sola te tiene que provocar, te tiene que llevar de viaje. No tenés que estar imaginándote “ay, mirá que lindo cómo entró el bajo; ah, acá salió la guitarra; mmm, este teclado, ¿con qué lo habrá tocado?”. Si pasa eso para mí es una depresión total. La música tiene que sugerir cosas que no tengan nada que ver con la música, justamente. Me parece muy triste cuando se ve la intención del músico».

Entrevista Miradas al Sur









«Hace tan sólo un año que Juana Molina expresaba cierto cansancio de su fórmula exitosa y su deseo de encontrar otras formas para sus canciones, reduciendo, entre otras cosas, el uso de loops producidos por su pedalera Boss. Buscaba unos “novios musicales” —como ella misma los había definido— que la acompañaran en su recorrido escénico.


Edición impresa – Entrevista por Silvia Demetilla
Traducción al inglés: Nabihah Parkar
AUDIO de la Entrevista
ENGLISH BELOW


¿Qué ocurrió desde aquel entonces? Al recordárselo, en nuestro encuentro en Record-Play en el barrio de moda de Shoreditch, y antes de su presentación esa misma noche, se sorprende: “¿Yo dije eso? Ah, pero los novios son más difíciles. Encontré amigos musicales…”.
Para los shows de WED 21, el disco que grabó y produjo y que estrenó recientemente, ya no se encuentra sola:
“Después de que terminé el disco, me di cuenta de que no había forma de que lo presentara yo sola. No quería que se pareciera a los discos anteriores, y, finalmente, somos tres”. Su Boss RC 20-XL, una loopera que le permitió resolver en su momento las presentaciones en vivo, parece haber quedado un poco relegada. “Sigue estando presente, un poco menos. A mí me gustaría erradicarla o reivindicarla, una de las dos cosas… Ahora está en un momento de muy baja estima”.
Quienes la vienen siguiendo desde sus trabajos anteriores, podrán leer entre líneas que éste es un nuevo ciclo de su música, una puerta que se entreabre con algunos adioses que, aunque ella misma no los confiese directamente, es evidente que están ocurriendo.
La Tundra —¿Tiene algo que ver con una etapa que estás pasando?
Juana M. —Y… debe ser seguramente porque las letras son inconscientes, salen solas.
L. T. —¿Existió un concepto general en el álbum, o las canciones son como pequeñas islitas?
J. M. —Nunca hay una idea preconcebida de lo que voy a hacer porque me parece que el concepto mata la espontaneidad, por lo menos en mi caso. Lo único que yo quería era no hacer las canciones de la misma manera que había hecho las anteriores.
L. T. —¿Te cansaste de la “marca registrada”Juana Molina?
J. M. —Realmente siento que llegué a una fórmula que sirve, que está muy buena y que funciona, pero no la quiero usar más.
Su cambio de sello, de Domino Records al sello belga Crammed Discs, tampoco es una mudanza casual. Juana había conocido a Mark durante el tour Congotronics vs. Rockers: “Mark es alguien a quien no tengo que explicarle, me comprende y me cuida. Siento que es uno de esos encuentros raros que se dan en la vida. Estoy feliz con el cambio”.
Juana se reinventa todo el tiempo, precisamente porque se aburre: “Me pasó lo mismo con el programa de televisión. Yo ya no tenía más nada que decir y, cuando siento que me repito, me parece que ya no vale la pena. Antes de empezar a sentir eso, prefiero buscar nuevas maneras de hacer las cosas, aunque no sea un cambio radical. ¿Si me aburro fácil? De algunas cosas me aburro fácil y de otras no me aburro nunca, como de los drones (notas pedal). Es algo que me estimula desde muy chica. Intento cambiarlo, acortarlo, pero vuelvo. Es como un surco que está armado y voy patinando y me caigo en eso con naturalidad”
¿Juana era actriz o es actriz? La letra de “Eras”, la canción que abre el disco, resulta simbólica en ese sentido: “Eras, eras todo, nada me hará feliz. Verás, nunca lo sabrás, soy buena actriz…”, tararea para aclarar la frase que mucha gente no entiende… “Pero soy buena actriz porque lo voy a disimular, y nunca te vas a dar cuenta. Soy buena actriz y no sólo una actriz como muchos creen escuchar, que es un chiste por mi pasado obviamente”.Desde su alejamiento de la televisión argentina, donde tuvo un programa de muchísimo éxito allá por los años noventa —Juana y sus hermanas—, todavía hoy día hay personas que siguen pidiéndole que regrese ignorando que ella no era feliz actuando y que necesitaba, precisamente, ser fiel a su deseo de hacer música. ¿Por qué siguen reclamando tanto? “Porque no todos saben lo que yo pienso, y a ellos les gustará que yo actúe y querrán que vuelva. Mucha gente ni lo registra, aunque yo se los diga: ‘Ay, pero ¿por qué no estás más en la tele? Pero ¿no trabajás más?’ Sí, sí —me respondo a mí misma—, hace veinte años que estoy haciendo música… ‘¡Ay, qué pena que no trabajes más!’ No se registra la idea de que estoy haciendo otra cosa. Entonces es un problema de ellos. No puedo hacer nada al respecto”.
Pero parte de ese público aceptó que haya decidido cambiar de rumbo, o eso se supone. “Yo creo que es otro público, algunos coincidirán, pero creo que, en general, se armó un público nuevo. No sé cuántos de los que me siguen con la música eran fans del programa. Hay mucha gente joven que nunca lo vio”.
Ella juega a aparecer y desaparecer detrás de su pelo, se esconde detrás de su máscara en el caso de la tapa del disco. Y precisamente el personaje que protagoniza el video del single “Eras” tiene toda una historia. ¿Quién es “el Bichapong”?

Juana Molina y “El Bichapong”

“Surgió la idea de ese bicho cuando Alejandro Ros quería usar unas fotos que a mí no me gustaban, entonces las cubrió de azul y le hizo a una un agujerito en los ojos. Después le puso ese ojo, y nos reímos, nos pareció que había aparecido una criatura que tenía una vida y una historia”. Junto a Mario Caporali, inventaron una historia para el video, y él consiguió una casa en Rosario: “Igual de siniestra que el personaje: muy lúgubre, no sólo depresiva, sino con un pasado y con muchos objetos”.

“Bichapong” es un nombre que inventó Juana como un juego de palabras (¿otra vez inventando palabras?) cuando vio las fotos y le hicieron acordar a una imagen de una película de Apichatpong Weerasethakul que se llama Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives).
Las canciones de Juana Molina son idiomáticas, si cabe la definición, o, en todo caso, me permito crearla. Juana no quiere cantar en inglés y no porque no lo hable, al igual que el francés, sino porque no los considera necesarios o no vienen de la mano de la composición en este momento de su carrera. “Me siento incómoda con otros idiomas. Quizás si viviera en un lugar donde se hablaran a diario, después de un rato me dirigiría a esas personas en inglés, pero ahora no. No es que falten ganas, sino que no me siento cómoda”.
Sin embargo esta vez, se permitió incluir un come quickly! en “Eras” y para “WED 21” se animó a cantar en un idioma propio: “La melodía de “WED 21” tiene una intención que para mí ya dice bastante. Traté de ponerle letra, pero le quitaba gracia”. Existe un eterno debate entre músicos sobre la primacía de la música sobre la letra. “Yo siento que la melodía, cuando no tiene la letra, está flotando en un lugar bastante abstracto, como suspendida, y que, cuando le ponés la letra, la bajás de un hondazo a lo terrenal con una única opción. Por eso me gusta “Ay, no se ofendan”, porque voy tirando ideas para que el resto se imagine la historia que quiera. Te ubica en una situación, pero no te limita”.

Juana Molina Foto: Matías Galán
Juana Molina Foto: Matías Galán

Bajar a nivel terrenal, escribir una letra, levar anclas y un mundo lleno de ratas. “El mundo está lleno de ratas, yo soy una”, confiesa refiriéndose a otro de sus temas, “La rata”. “La canción no habla de materialismo, sino de vivir en un lugar lleno de porquerías, de juntar. Es encontrar una chapita en la calle, y ver esta etiqueta que te hace acordar a algo, y la guardás. Cada cosa que la rata guarda es como guardar una foto de la vida, todo le hace acordar a algo. Yo tengo un ropero lleno de cortes de tela divinas que ya no se consiguen porque eran de mis abuelas o de mis tías abuelas. Siempre me quiero hacer algo con eso, pero me da miedo de meter el tijeretazo y que no haya más posibilidad. Entonces estoy siempre esperando una mejor ocasión. Y sigo guardando, y comprando otras”.
L. T. —¿Y a la hora de viajar?
J. M. —Viajo con muy pocas cosas.
L. T. —Pero debés padecer en los aeropuertos…
J. M. —Mucho.
L. T. —¿Te gusta viajar?
J. M. —No. En avión ni hablar… No me gusta viajar, en todo caso preferiría viajar en auto. Prefiero viajar una semana para ir a un lugar que tomarme siete aviones.
Juana vive en una casa que era de su abuela, lejos del centro de Buenos Aires. Su estudio tiene algo poco habitual: ventanas que dan al verde. De todos modos, no es primordial para sentarse a componer: “El universo musical es abstracto, no tiene un lugar físico, el entorno desaparece por completo cuando estoy componiendo”.
L. T. —¿Seguís con la idea de irte a vivir al campo?
J. M. —Y todavía no lo hice… Siempre la idea de ir al campo, el oeste y un tero, pero va pasando el tiempo, y no me muevo.
L. T. —¿Qué te sigue atando?
J. M. —Esas patas invisibles… Soltar es difícil, y lo que hay que hacer es soltar.
Hace mucho, un productor quiso retenerla en los Estados Unidos, guardándose todo su trabajo y no queriéndole devolver su música. Ella se llevó todos sus casettes y se volvió a Argentina. Desde aquel tiempo, pasaron muchos años. Por supuesto que nunca se arrepintió. “Claro que no, es como que alguien se arrepienta de haber escapado de una prisión injusta”.
L. T. —Te están comparando con Spinetta, por ahí.
J. M. —¿Eh?
L. T. —Lo leí, yo no lo dije.
J. M. —Qué raro. Me parece raro.
L. T. —Tal vez porque al principio de su carrera no era muy comprendido, o porque es una música que, con el tiempo, se convierte en algo de culto.
J. M. —Puede ser, o quizás porque cada uno tiene su estilo y definido. Es el punto más común. Escuchás medio compás de Spinetta y ya sabés que es él. Y escuchás una de mis canciones y no tenés dudas de que soy yo.
L. T. —¿O porque no transaron?
J. M. —No, no es por no transar. Es por hacer lo que sentís y nada más. Lo que te sale, tener un universo propio. Me muevo en un lugar que es totalmente mío.
L. T.  —¿Cómo sigue tu historia?
J. M. —Quién sabe…
L. T. —Tenés algún plan concreto, ¿o dejás que la vida te lleve y vas sorprendiéndote?
J. M. —La vida no te lleva mucho, hay que ir. Si vos te quedás parado en la cinta transportadora, todos los demás te pasan, tenés que caminar por la cinta y no quedarte ahí esperando que te transporten. Algo hay que hacer. Hay gente que no hace nada, pero…
L. T. —No es tu naturaleza…
J. M. —Sí, sí, mi naturaleza es no hacer un carajo, pero me doy cuenta de que, en un momento, me tengo que poner a hacer algo, por eso sé que hay que hacer algo, precisamente porque sé muy bien lo que es no hacer nada. Perfectamente. Pero la cinta pasa, la vida pasa, los años pasan, y vos te quedaste.
L. T —¿Cómo te trata Londres?
J. M. —Londres es una ciudad un poco flaky».

  

Comentarios

  1. Scans HD + Wav + PCM + 16bits + 1411 kbps + 44100 Hz


    Link:http://pastebin.com/EFSUYtih

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  2. una pregunta me pide clave para descargar sabes cual es te lo agradeceria gracias

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  3. Buenas! Está caído. Aviso. Excelente el blog!

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    1. Buenas Marty. Lo ponemos en el listado de los discos por resubir. Gracias

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